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Noosfera

pont

Continuación del anterior artículo Del pino a la noosfera

            La función fundamental que desempeña la noosfera en el pensamiento de Vladimir Vernadski (1863-1945) y de Teilhard de Chardin (1881-1955), dos figuras altamente reconocidas respectivamente en el mundo soviético y en el católico, tendría que ser motivo suficiente para preguntarse si ahí puede residir la clave para superar la crisis en que está sumida la humanidad a principios del siglo veintiuno.

            La pregunta recibe una respuesta afirmativa si atendemos al fino olfato de los poderosos para percibir lo que puede ser una amenaza para su poder, y por eso se han apresurado a darle los giros necesarios para que, en este aspecto, nada cambie, y entre ellos: alegando que la noosfera ya ha sido superada por la tecnosfera, adjetivándola como noosfera democrática, o colocándola bajo la tutela de la noocracia, un gobierno de tecnócratas elegidos por el pueblo, pero sujetos a las directrices de un consejo de sabios.

Uno de los argumentos a favor de la noocracia es que ya Platón la consideraba como sistema político superior a la democracia, aunque Platón utilizó el término sofocracia. En griego, sofos significa sabio; noos, inteligencia. Aunque los dos términos están muy relacionados, la diferencia más fundamental es que mientras sabio supone el logro de una determinada plenitud, la inteligencia se refiere a la facultad o camino para avanzar hacia esa plenitud o, al menos, hacia una mayor comprensión de lo que nos ocurre y de lo que ocurre en nuestro entorno. Ambos términos exigen también unas distinciones.

La gran cantidad de saber acumulado por la humanidad obliga a diferenciar entre tres tipos de sabios, los científicos o investigadores que saben casi todo de casi nada, los filósofos o humanistas que saben casi nada de casi todo y los socráticos, que al reconocer lo mucho que ignoran, descubren la necesidad que tienen del saber ajeno, sin renunciar por ello a su aportación personal que tienen que alumbrar mediante la mayéutica.

En cuanto a la inteligencia, la creciente importancia que están adquiriendo la inteligencia emocional y la inteligencia artificial, y el reconocimiento de cierta inteligencia animal e incluso vegetal obliga a superar viejos narcicismos y prepotencias humanas y reconocer una condición dinámica y evolutiva de la inteligencia con formas que nos han precedido y posiblemente nos sobrepasarán.

Estas matizaciones son fundamentales para afrontar la problemática de la humanidad, pero son relativizadas e incluso ninguneadas debido al total fracaso de la noocracia/sofocracia. Los considerados actualmente como sabios en las distintas modalidades antes indicadas, ya han hablado y siguen hablando con creciente claridad y alarma sobre la necesidad de cambiar las actitudes predominantes de la humanidad para evitar la degradación irreversible del planeta, sin que los gobiernos, los poderes fácticos y la mayoría de la población responda a sus requerimientos. En junio de 1992 tuvo lugar en Río de Janeiro, la Cumbre de la Tierra, primera Conferencia de la ONU sobre la progresiva degradación de la biosfera a causa de la actuación humana, veinte años después de que se hubiera mostrado su enorme gravedad por varios irrebatibles informes, y sin que hasta la fecha se hayan tomado las radicales medidas que la situación exige.

Ante este fracaso es necesario volver a Vernadski y Teilhard y situarse en su perspectiva evolutiva, y en la dinámica del espacio-tiempo. Un tiempo en el que el pasado ya no se puede modificar y sobre el futuro no se puede actuar porque todavía no existe. Lo único operativo es el presente, de naturaleza efímera pues consiste en la continua conversión del futuro en pasado. En cuanto al espacio hay que distinguir entre el individuo, su entorno y la interacción entre ambos. Una distinción que el individuo realiza para hacer efectiva su singularidad y libertad, y que tiene como resultado que el Ser, que es el conjunto formado por el individuo, su entorno y su mutua interacción, no sea producto de un proceso determinista, de un destino fijado e inevitable, sino de una dinámica que se debate entre el egoísmo, el altruismo y el mutualismo, según que en la interacción prevalezcan los intereses del individuo, los del entorno o sepan armonizarse en una colaboración que resulte beneficiosa para ambas partes.

El hecho de que este mutuo beneficio no se pueda garantizar de antemano, justifica una tendencia inicial al egoísmo, pero la aparición de los organismos autótrofos, que enriquecieron el entorno cuando los heterótrofos habían agotado las moléculas orgánicas constituyentes, significa que la creatividad y no la competitividad es la base de la evolución. Así mismo, la sexualidad, aparecida hace 400 millones de años, cuando nuestro universo llevaba ya más de 14.000 millones de años de evolución y reproducción asexual, hay que interpretarla desde esa perspectiva mutualista, puesto que consiste en que el individuo se desprenda de la mitad de su identidad genética, para con la mitad del otro, que es un componente de su entorno, formar un tercero singular y, como tal, diferente a quienes lo han creado.

La evolución no es un proceso lineal y limitándonos a la especie humana para no extendernos demasiado, hay que distinguir varias fases. La primera se inicia hace unos tres millones de años al surgir de un brote del árbol genealógico que comparte con los bonobos y chimpancés, y cuya características común es la desaparición del estro en las hembras, lo que les confiere mayor libertad sexual al desligarla de la reproducción. Libertad que es utilizada de forma muy desigual por cada especie. En el caso del homo, su evolución descansa en el trabajo, la industria lítica, el control del fuego que transforma el refugio en hogar y el logro de la palabra, que permite un mejor intercambio de experiencias, proyectos, problemas y sentimientos.

Hace unos diez mil años inició un cambio fundamental con el cultivo de plantas y la domesticación de animales. Cultivar es cuidar y domesticar es introducir en el domo, en la casa. Plantas y animales les recompensan proporcionándoles mayores recursos y más disponibilidad de tiempo para incrementar y diversificar su creatividad. Las tribus se unen formando la ciudad. Los restos y pinturas de Çatal Huyuk, realizados hace unos siete mil años, nos muestran una compleja cosmología igualitaria y circular.

Mil años después se emprendió la épica tarea de transformar las inmensas llanuras de Mesopotamia en cultivos de regadío. La tarea exigía una dirección técnica cualificada que parcelara los campos y trazara los canales que llevara el agua a todos ellos y una abundante mano de obra que los realizara. La cosmología igualitaria y circular se concretó en la numeración sexagesimal basada en el hexágono inscrito y en la creación de una contabilidad que intentó distribuir con equidad esfuerzos y beneficios. Pero hace 4.500 años una disputa sobre unos terrenos entre dos ciudades vecinas provocó lo que National Geographic ha calificado como “la primera guerra de la historia”. El resultado fue la transformación de la cosmología circular en piramidal y la asignación de funciones diferentes a los distintos estadios que afectan a la misma naturaleza del Ser, que lo restringen al individuo, prescindiendo del entorno y de su mutua interacción.

Este planteamiento nos sitúa en una dinámica involutiva de confrontación excluyente y destructiva, contraria a la colaboración generadora de simbiosis y sinergia y aunque ha sido dominante durante todo este tiempo hay que tener en cuenta que 4.500 años es poco tiempo comparado con los miles de millones de años evolutivos y que, hasta mediados del siglo pasado, la involución tenía un carácter regional y de baja intensidad que no afectaba a la atmósfera, ni a los mares, y hacía posible la regeneración del suelo y de las plantas, pero en los últimos 70 u 80 años, la involución se ha hecho global y de alta intensidad, alejando cada vez más una posible regeneración, lo que nos obliga a todos a plantearnos colectivamente las distintas perspectivas de futuro.

Vernadski y Teilhard difieren en su proyecto de futuro, algo totalmente asumible y normal pues el futuro ni está escrito, ni lo puede escribir nadie, pues depende de la interacción de todos los individuos que conforman el entorno de cada presente. Donde sí coinciden es en su mirada al pasado, en el que descubren el lento y laborioso triunfo del mutualismo gracias al universal registro de experiencias, sin detenerse en ningún determinado acontecimiento, como hacen los nacionalismos, y ni siquiera en la aparición del individuo humano que conduce al antropocentrismo, pues intentan comprender el pasado evolutivo en su totalidad.

            Ambos coinciden también en el análisis de su presente, pues su condición efímera se compensa con la superposición de diferentes ritmos y duraciones.     Lo fundamental en el Ser considerado por estos dos autores, es que fija un entorno, inequívocamente definido, que es el planeta Tierra en su conjunto, que da continuidad a todo el proceso, y unos individuos, que en un principio fueron los átomos y las moléculas, después fueron las células y ahora es el individuo humano, que al tiempo que muestran quienes son los agentes del cambio, muestra la creciente simbiosis que produce la evolución, puesto que el individuo humano consiste en una compleja simbiosis de células, como éstas lo son de moléculas y átomos, sin que esto suponga la anulación de los componentes, pues éstos mantienen todo su vigor y singularidad.

            Los cambios que han tenido lugar con posterioridad a estos dos adelantados, confirman plenamente la esencia de su mirada, pues ha generado un presente cuyas nuevas características afectan a los tres componentes del Ser, al entorno común, que queda claramente fijado en el planeta Tierra, al individuo humano como agente fundamental del proceso, y a las características de su mutua interacción.

            Con respecto al entorno, el desarrollo, a partir de 1957, de la carrera espacial, ha reforzado la simbiosis planetaria, especialmente a través de tres vías complementarias: 1) El efecto espejo. La Tierra se ve a sí misma desde fuera, como pueden ver otros al planeta azul, y ver su dinámica viva a través del desplazamiento de las nubes que reparten el agua sin distinguir fronteras ni razas. 2) La posibilidad de utilizar los satélites de comunicación para un diálogo global, prácticamente instantáneo, entre todos los habitantes del planeta, lo que puede llevar a la Tierra más allá de la simbiosis para convertirla en una individualidad en la que todas sus partes son igualmente consideradas en su diferente funcionalidad. 3) La Tierra genera órganos para relacionarse con su exterior, como son los observatorios astronómicos situados fuera de la atmósfera, o las sondas que envía a explorar el Sistema Solar, e incluso más allá de la Nube de Oort, su máxima envolvente.

            El otro componente del Ser llamado a gestionar la interacción con la totalidad del planeta Tierra es el individuo humano, tal como indican, de nuevo coincidiendo, Vernadski y Teilhard. Pero ninguno de los dos parece que llegaron a conocer los trabajos que Christofredo Jakob empezó a publicar en 1908 sobre el cerebro triuno. Su condición de argentino-alemán y las dos guerras mundiales impidieron una adecuada divulgación hasta que en 1949 el estadounidense Paul D. MacLean lo investigó de tal forma que este concepto pasó ya a formar parte del cuerpo doctrinal de la comunidad científica internacional y a diferenciar entre cerebro reptiliano, límbico y cortical. Otros prefieren hablar de mente, más que de cerebro, aunque parece más conveniente referirse a la inteligencia y distinguir entre instintiva/conservativa, vinculante y analítico/prospectiva.

            Situarlo en un espacio físico concreto como es el cerebro, ha llevado a designar la parte más primaria como cerebro reptiliano, aunque para formar el cerebro del reptil, la evolución ha hecho un recorrido de muchos millones de años que es imposible ignorar puesto que una misma dinámica impulsa a la evolución cósmica y a la planetaria, a la llamada materia inanimada y a la biológica y exige penetrar en el fondo de todo individuo, cualquier que sea su rango evolutivo, e intentar comprender las específicas características de su inteligencia triuna.

            Un caso que permite distinguir la función primordial de la inteligencia instintiva/conservativa es su capacidad para mantener en pleno funcionamiento al individuo humano en estado de coma, cuando las otras dos inteligencias están inactivas. El caso muestra también la superposición y complementación de los diferentes rangos evolutivos, pues, en este caso, la inteligencia vinculante y analítico/prospectiva son desempeñadas por la sociedad, es decir, por el entorno, que se vincula al individuo con la esperanza de su recuperación y le aporta cuantos elementos precisa para que el organismo pueda regenerarse por sí mismo.

            El tamaño del cráneo ha desempeñado una importante función para, a través de sus restos fósiles situar los primeros pasos de la evolución humana, aunque actualmente se sabe que lo fundamental no es el tamaño sino su estructuración interior y su capacidad para diferenciar, analizar, transformar y relacionar los diferentes componentes de su entorno. Para ello ha sido fundamental el poder precisar sus dataciones a partir de 1949, mediante el carbono-14, y relacionarlo con el desarrollo de la industria lítica y la presencia de cenizas

            Afrontar todo lo que converge en cada presente es función del cerebro límbico o inteligencia emocional y vinculante. El reciente descubrimiento de que las neuronas pertenecientes al sistema cardíaco tienen una potencia muy superior a la del cortical, ha confirmado esa función vinculante, tanto en lo que se refiere a los distintos componentes del individuo como a la interacción entre individuo y entorno, por lo que con el nombre de inteligencia emocional ha pasado a ocupar un lugar fundamental, y ha hecho que se le preste creciente atención al lenguaje corporal, pues está claramente comprobado que es el que mejor expresa la verdad, entendiendo por verdad la plena concordancia entre sentimientos, pensamientos y comportamientos.

La noosfera debe entenderse pues, como la convergencia de las inteligencias vinculantes de todos los humanos, capaces, a su vez, de interpretar e integrar a los individuos que nos han precedido y sostienen. No es un problema de complejidad. El número de células de un cuerpo humano es más de diez mil veces superior al de individuos humanos que hay en la Tierra y entre ellas hay una eficiente estructurada solidaridad. Es un problema de prepotencia. El enorme poder alcanzado por “algunos pocos” individuos, reside en el control sobre el dinero, que es el instrumento especulativo del tener, contrario al mutualismo y la simbiosis generadoras del progreso evolutivo; sobre las armas, que sirven para destruir al otro, con lo cual se destruyen a sí mismos, puesto que el otro forma parte del entorno constitutivo de su Ser y sobre los medios de comunicación de la humanidad, que son elementos fundamentales para el desarrollo del saber.

La humanidad necesita someterse a una profunda catarsis que le libere de los profundos reflejos dejados en su inconsciente por los muchos siglos de imperios y esclavismos de distinto tipo que caracterizan a las diferentes civilizaciones, de tal forma que el individualismo se ha introducido tanto en los opresores como en los oprimidos, hasta el punto de situar la disyuntiva entre egoísmo y altruismo, marginando el mutualismo que es el que, al responder a la naturaleza triuna del Ser, puede generar sinergia y hacer progresar la evolución de la noosfera.

Aunque se considere la inteligencia vinculante como el componente nuclear de la inteligencia triuna, los tres forman una unidad indisoluble, por lo que la eficacia y sostenibilidad de los vínculos que se establezcan en el ámbito planetario va a depender del desarrollo de las otras dos, pero antes de entrar en ese ámbito conviene recordar la función fundamental que en la biosfera desempeñan los biotopos y la biocenosis, al igual que en la salud del individuo la tienen todos sus componentes, pues basta, por ejemplo, una caries para malograr el estado físico global del individuo. Es lo que suele resumirse diciendo que “todo está en todo” y que “lo local y lo global están vinculados”

En el caso de la inteligencia instintiva/conservativa, hay que tener en cuenta la importancia de la palabra, que en ella hay un componente fisiológico que consiste en el descenso de la laringe por debajo de la faringe, con la mayor libertad de la lengua y el desarrollo de las cuerdas vocales, que es endógeno y está registrado en la genética, y un componente cultural que es el corpus lingüístico, que es exógeno en cuanto que procede del entorno, que para hablar tiene que primero escuchar, que todo individuo parte de cero, que los primero pasos los da a través de la lengua materna y la vernácula, que éstas no siempre coinciden e incluso tienen que competir con una lengua oficial diferente, lo que tiene como resultado el idiolecto, es decir, la manera particular que cada individuo tiene de hablar una lengua, en la que además de lo indicado intervienen también las circunstancias sociales y geográficas. Aunque la palabra es fundamental en la totalidad de la inteligencia triuna, es en la instintiva/conservativa donde el individuo la adquiere, lo que resulta decisivo en el desarrollo de su personalidad, para estimar su lengua de forma especial y provocar la diglosia

Otro aspecto fundamental es la aplicación del principio solidario “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad” en los primeros años del individuo, pues cualquiera que sea la capacidad del entorno, lo que es incuestionable y con carácter universal es que el individuo, en sus primeras fases de vida, y a pesar de su dinámica endógena, tiene una necesidad absoluta del entorno y aunque el primer entorno que debe responder son sus padres y el círculo más próximo, éstos no tienen ni los conocimientos ni los recursos de los diferentes profesionales especializados en el desarrollo del feto, del parto y de los primeros años de vida, por lo que, como ya se ha indicado en el estado de coma, es la sociedad como conjunto solidario de individuos humanos la que tiene que responder ante las necesidades de los individuos más dependientes.

Por eso, uno de los datos que mejor indican el progreso de la solidaridad social respecto a los más necesitados es el índice de mortalidad infantil, que nos indica la cantidad de niños nacidos vivos que mueren antes de cumplir un año. La ONU viene elaborando este índice desde 1950 para todos los países del mundo y su estudio es muy interesante para comparar el progreso que en cada país ha tenido la civilización, así como el grado de justicia social existente. Por ello es especialmente significativo comparar los índices de Cuba, que en 1950 era de 80,69 y en 2010 de 6,41, con una relación de progreso de 12,59, con los de Estados Unidos, que eran de 30,48 y 7,11, con lo que la relación de progreso es de 4,29. Es decir, que Cuba ha progresado el triple que Estados Unidos, a pesar del boicot y ataques de todo tipo por parte del poderoso vecino y de disponer de muchos menos recursos técnicos y económicos.

Podríamos aportar muchos más datos e informaciones sobre la interacción entre estas dos naciones y su incidencia tanto sobre su propia población como sobre la globalidad del planeta, y ver hasta qué punto son de aplicación las palabras de Albert Schweitzer, en Oslo, en 1952, al recibir el Premio Nobel de la Paz: “El mundo tiene que atreverse a enfrentar la situación… El hombre se ha convertido en un superhombre… En la medida en que su poder aumente se convertirá cada vez más en un pobre hombre… Debe despertar nuestra conciencia el hecho de que todos nos volvemos más inhumanos a medida que nos convertimos en superhombre”. Muchos antes, Newton nos había mostrado un posible camino para no caer en esa inhumanidad: La naturaleza no hace nada en vano; y el más es vano, si el menos es suficiente; pues la naturaleza ama la simplicidad.

Ese comportamiento de la naturaleza se va a manifestar aportando, al desarrollo de la noosfera, cuatro elementos de extrema sencillez pero decisivos para que la inteligencia triuna alcance una plenitud planetaria. Estos elementos son: el cuanto de energía, el fotón, el grafeno y el electrón.

El cuanto de energía fue descubierto por Planck en 1900, y constituye el Ser absolutamente primario, que se manifiesta en la interacción individuo-entorno, y goza de libertad y singularidad. Estas características revolucionan no sólo la física, sino los planteamientos sobre el sentido de la existencia, puesto que el cuanto de energía constituye el componente fundamental de todo lo existente. La dificultad de asumirlo con todas sus consecuencias, queda patente en la resistencia que le opuso Einstein, que todavía en 1954, poco antes de morir, mostró a Heisenberg su preferencia por la física newtoniana.

La física cuántica no anula la mecánica newtoniana, pero va más allá, exige mirar el interior. Para la mecánica newtoniana lo único que diferencia a la Tierra de cualquier otro planeta, es la masa. No valora la existencia de una dinámica endógena, ni las transformaciones de la energía que puedan producir sus respectivas interacciones. Leibniz sí que intentó considerar ese interior y con su monadología ya apuntaba a la endosimbiosis de Margulis y a la mirada evolutiva de Lamarck.

Todos nosotros y todo cuanto nos rodea tenemos como componente fundamental al cuanto de energía. Comprender su naturaleza y su comportamiento, es fundamental para comprendernos a nosotros mismos, a los otros y al sentido de la existencia, radicalmente diferente al sentido actualmente dominante, pues, entre otras cosas, es totalmente contraria a las pretensiones de dominio de los poderosos.

Si en colaboración con la clorofila el fotón hace posible que en el desarrollo biológico contribuya por igual la pequeña hierba de ciclo anual y el árbol más grande y longevo, ahora va a encontrar en la colaboración con el grafeno la posibilidad de que los individuos humanos dispongan de la energía suficiente para su quehacer privado y profesional sin depender de las poderosas compañías eléctricas, sin necesidad de agotar los combustibles fósiles, necesarios para otras funciones, ni de contaminar la atmósfera, ni de tener que recurrir a la energía nuclear que muestra, con su larga secuela de residuos radioactivos cancerígenos, que la destrucción de la simbiosis nuclear lograda en la evolución cósmica, es un proceso involutivo de extrema gravedad.

El electrón, membrana dinámica de los átomos, es el agente que los relaciona y estructura en sistemas cada vez más complejos, capaces de volver sobre sí mismos, reproducirse y sentir con los demás, formando simbiosis generadoras de sinergias y de sutiles interacciones que pueden tener carácter espiritual en los casos en que, a la interacción en sí, no se le conoce componente material. La capacidad humana de manejar y transformar la naturaleza le ha llevado a una amplia y eficaz utilización de la electricidad, la electrónica, los cerebros electrónicos y la inteligencia artificial.

La Inteligencia Artificial ha sido, y sigue siendo, objeto de discusiones, temores y esperanzas, pero como obra humana todo depende de su uso. Actualmente el uso más espectacular está orientado a mostrar que puede sustituir al hombre. Así, el coche inteligente puede circular de forma autónoma sin necesidad de mano humana y la casa inteligente hacer muchas de las tareas de un servicio doméstico y un secretario eficientes. En el ámbito productivo la robotización ha conducido a que las fábricas produzcan más con menos mano de obra.

En cualquier caso, la valoración tendría que realizarse en una economía global justa y sostenible, en el que se contabilizase la contaminación, el agotamiento de recursos, la deslocalización, la obsolescencia, el índice de Gini, el porcentaje de gente que está por debajo del umbral de la pobreza, entre otras cuestiones a considerar. Todas pueden ser analizadas y jerarquizadas por la Inteligencia Artificial si hay disposición humana para ello y sobre todo para ponerla en manos de toda la humanidad y al servicio del desarrollo armónico de todo el planeta. En ese caso habría que llamarla Inteligencia Común Artificial, y ocupar una parte fundamental de la Noosfera, y en concreto la parte analítico/prospectiva de la inteligencia triuna. La parte vinculante seguiría residiendo en el cerebro límbico de cada individuo humano, pues serán los sentimientos de empatía, paz y armonía, los que desarrollen un mutualismo global. En cuanto al componente instintivo/conservativo, parece ser que al igual que la biosfera se asienta sobre el biotopo y la biocenosis, de forma similar la noosfera tendrá que asentarse sobre una especie de nootopo y noocenosis, de tal forma que la noosfera al tiempo que progresa en unidad lo haga también en diversidad, para lo cual serán necesarios tres tipos de conectores, los que articulen el tener y los que lo hagan con el sentir y con el saber.

Desarrollar estos conectores tiene que ser objeto de estudios específicos que estamos intentando desarrollar y que publicaremos cuando estén más madurados. Pero no podemos dejar de aludir a unos hechos recientes que abonan la importancia de la sencillez y la frugalidad en los esfuerzos por la comprensión y estructuración de la existencia.

            En enero de 2016, científicos de Debrecen, Hungría, publicaron un artículo informando de una rara anomía en la descomposición radioactiva de átomos de Berilio 8, que podía corresponder a un nuevo tipo de partícula. Nadie pareció darse por enterado hasta que el 25 de abril se publicó una consideración teórica basada en este hecho y realizada por un equipo de la Universidad de California Irvine, sugiriendo que podían estar ante el hallazgo del bosón protofóbico y de la quinta interacción fundamental. Esto cambiaría por completo el Modelo Estándar y permitiría entender la materia oscura, para la que no hay explicación todavía.

            Es posible que tardemos incluso varios años en situar la función de esta partícula, pero de momento se ha logrado algo fundamental: que el descubrimiento lo haya realizado un equipo modesto de una universidad relativamente pequeña y con medios que permiten que en estos momentos centenares de pequeños laboratorios estén trabajando sobre ella, con tecnología que ya se tenía en 1950.

13 comentarios

  • Luis Troyano

    *************************************************************************************************************************************“Uno de los argumentos a favor de la noocracia es que ya Platón la consideraba como sistema político superior a la democracia, aunque Platón utilizó el término sofocracia. En griego, sofos significa sabio; noos, inteligencia. Aunque los dos términos están muy relacionados, la diferencia más fundamental es que mientras sabio supone el logro de una determinada plenitud, la inteligencia se refiere a la facultad o camino para avanzar hacia esa plenitud o, al menos, hacia una mayor comprensión de lo que nos ocurre y de lo que ocurre en nuestro entorno.”
                                                                      ****************************

    ¿Que Hacer?
    “No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”
    -Albert Einstein-

    Si, ternemos un morrocotudo problema, que es el problema de la crisis sistémica, de la que todo el mundo sabe…, al menos algo… le llega….
    Ya no nos vale la democracia. Sabemos que está pervertida e invalidada por los poderosos hijos del Diablo, para nuestro autogobierno.
    Poder demoniaco global, soluciones locales. Y las instituciones globales son las de los amos de la economía, los “amos del mundo”. No nos valen los partidos, por muy democráticos que estos sean, los han invalidado los banqueros con su especulación despiadada. Carente del más elemental sentido humanitario, con una crueldad. Que al percatarse uno de toda su extensión. Hiela la sangre.
    La solución, no es ni hacerles frente, algo harto difícil por otra parte. Ni huir de ellos, porque además es imposible.
    ¿Qué hacemos?
    -Construir- en la medida de nuestras capacidades. Lo más efectivo para construir. Es elevarnos ante el problema que todos de alguna manera, hemos creado. Porque los “demonios” los hemos creado nosotros mismos. Son la resultante, la parte del iceberg que se ve. De un nivel de consciencia primitivo y egoico.

    ¿Cómo nos elevamos, por sobre el problema?. Recurriendo a la sabiduría, que da el serenar la mente y pensar con el corazón. Supeditando esta mente a este corazón. Para ello hay mil métodos llamados la mayoría de ellos, métodos espirituales.

    A partir de un trabajo introspectivo. Tendremos altura de miras y lucidez, para actuar en cada situación acertadamente y como convenga.
    Después viene el organizarse los muchos, lucidos. Viene lo siguiente a la democracia. Viene la noocracia de Platon.
    Sabio es el que ha descubierto el mundo deformado, de sombras, de la caverna de Platon. Sale a la luz, y ve la realidad luminosa. Ese es el sabio. Un científico puede ser sabio, como lo fue en buena medida Einstein. Pero todos los científicos no son sabios. Aunque sean premios Nobel…
    Lo que si es cierto, es que ante el poder del Diablo en el mundo. La única arma efectiva es recurriendo a nuestra naturaleza divina. La que nos permite elevarnos por sobre los egos monstruosos de los cabrones del mundo, con ojos vidriosos de cabron. No podrán alcanzarnos a menos que ellos se transformen, se “conviertan” y pasen a nuestro bando. Con lo cual habremos ganado.
    No es imposible esa “conversión” a que me refiero. Los “demonios, cabrones” son personas a amar. Este mundo que corre inusitadamente hoy, hacia la transformación en base a un bien mayor. Podría ver que a los cabrones, se les derrite el hielo de sus corazones, como se derrite el hielo del Ártico. Confiemos en ello, y amémosles. De lo contrario bajamos a la arena, a combatir en su mismo nivel de consciencia.

    Alberto Revuelta

    Uno de los momentos que recuerdo con más agrado era el de la presentación que hacías, Pascual, del borrador de la campaña de aprendices, cada año, en el piso de Reina y luego en Alfonso XII. Hace sesenta años. La lógica, la precisión, la reducción de las contradicciones, el estilo lúcido y fácil de leer. Hoy al leer este trabajo y releer el de hace quince días, asombrado y deslumbrado, me he dicho ” es Pascual con mucho más conocimientos y capacidad de relaciones entre lo que paladea, pero el mismo que me hacía disfrutar entonces”. He dejado para mañana tomar notas y reflexionar. Pero no quiero dejar de escribirte esta nota, esta noche.

  • Eduardo Manzanas

    Confieso mi ignorancia sobre este lenguaje científico y, sin embargo, quiero felicitar al autor por su capacidad para “popularizar” sus conocimientos, de modo que ha despertado en mi la necesidad de seguir leyendo aunque no comprendiera todo. Algo parecido me pasó de joven leyendo algunos libros de Teilhard de Chardin . Gracias porque a los que andamos a ras de tierra empeñados en construir relaciones fraternas, nos suena bien esta música.

     

  • Isidoro García

    La estructura cerebral triuna, a la que muy sabiamente, Pascual Pont se refiere, con los sucesivos cerebros reptiliano, límbico y cortical, (una vez llegados a éste último, el que nos hace humanos), conviene complementarla, con una posterior evolución de la conciencia, (el software de la mente), que se produce desde la aparición del hombre.

    Jean Gebser, en la década de los sesenta, (en pleno inicio del despegue de la edad contemporánea), encontró la existencia de varios tipos de conciencia, que se han ido desarrollando sucesivamente en la evolución cultural humana desde su aparición.

    La primera la arcaica, (prehomínidos), luego la mágica, (Paleolítico),  luego la mítica, (Neolítico), y hacia el siglo XII a.C., (inicio de la edad del hierro), se inicia la actual, la racional-mental, o egoica autoreflexiva, con el inicio del pensamiento tal como lo conocemos, y de la intuición personal.

    Curiosamente, la fechación del inicio de esta nueva conciencia, se da al observar que en la Ilíada, (que se supone que proviene de tradiciones orales de la guerra de Troya), los protagonistas nunca tienen ideas o intuiciones, sino que siempre lo atribuyen a dictados de los “dioses”. (Sin negar la existencia de la influencia espiritual exterior, en la mente humana, todas las experiencias con un exceso de dictados divinos, son muy sospechas de ser fruto de la conciencia mítica).

    Gebser sostiene que antes de la aparición de la nueva estructura, la estructura previa entra en un modo “deficiente” caracterizado por su colapso; lo que antes había sido un “mérito” y una ventaja ahora se convierte en un “déficit” y una desventaja.

    Gebser creía que la estructura racional mental entró en su modo “deficiente”, a mitad del siglo XIV, con el surgimiento de la perspectiva y el cambio desde la visión “bidimensional” del mundo común en la Edad Media. Y este colapso se ha agudizado con la Era industrial, por lo que estamos en vías del surgimiento de una nueva conciencia, “integral” más perfecta.

    Gebser afirma que todas las estructuras de conciencia previas están aun presentes en la conciencia de hoy, (en forma de arquetipos subconscientes sepultados en el fondo de la mente), y en muchas personas contemporáneas, algunas de las conciencias inferiores han accedido a ser la conciencia habitual.

    Por ejemplo, la estructura mágica se pone en funcionamiento en todas las experiencias de “conciencia grupal”. Y esto explicaría las acciones irracionales de la masa en situaciones extremas, guerras, manifestaciones, partidos de fútbol, etc.

    Incluso en actividades espirituales grupales, ya en religiones organizadas, tipo reuniones carismáticas, (en busca de la “efusión del Espíritu”), o más aún en muchas espiritualidades Nueva Era comunales, no siempre se produce, una elevación de la conciencia a niveles superiores, sino lo que se da es una regresión a esa conciencia mágica subyacente, mediante la provocación, (mediante ciertos ritos, músicas y repetición de mantras), de pequeños episodios psicóticos, catarsis, que afloran al exterior, mediante proyecciones psicológicas, el arquetipo subconsciente de la antigua conciencia mágica.

    Esa es una de las razones originales de la utilidad de los cultos religiosos comunitarios, lo que pasa es que debido a la rutina y a la vaciedad actual de las formas, los “normales” ya no provocan ningún efecto psicológico.

  • M.Luisa

    Sigo un poco más,  pero todavía dando vueltas  sobre la misma frase en la que se movía mi reflexión anterior  pues  el tiempo y el espacio si les asignamos  entidad propia no hacemos sino que  constreñirlos en meras categorías nuestras.

    Lo que llamamos tiempo y espacio no son sino dimensiones que tienen las cosas, es decir, sin movernos de entre ellas son las cosas las que se nos muestran  espaciosas  y tempóreas.

    Aprovecho también,  con el fin de que se entienda mejor  mi anterior comentario, hacer una corrección en el punto donde decía
    “ (…)Pero, en cuanto el cosmos es pensado por una inteligencia,  en dónde nos deja instalados este cosmos es más allá de él, es decir en un Mundo, el cual para serlo ha tenido que ser   previamente sentido, pues sólo así sentido físico y humanamente puede constituirse un Mundo Justo, es decir, haciendo  respectivo lo cósmico y lo mundanal.

    Ya se me perdonará  que mi reflexión  haya sido hecha por entregas… en lo que me queda lo reservaré  para mañana.

  • oscar varela

    Hola!

    PRIMERO: decir que todo lo expuesto por Pascual es apreciable y hasta “verdadero”: una Evolución yendo siempre p’alante!

    Una imagen ocurrente sería la de una “creación-contínua” que -apoyada sobre sí misma- se va sacando del pozo energético una multiplicidad de creaciones “tirándose de los pelos!

    SEGUNDO: decir que a este vehículo le ha fallado una de las piezas-órganos más in-sospechados: la MARCHA-ATRÁS.

    Esto se nota en la misma “Evolución” cuando, mirando hacia atrás, encontramos una inmensidad de “fósiles” y ensayos de “ir p’alante” empantanados, porque no tenían la MARCHA-ATRÁS.

    …………….

    Esta consideración pareciera estar -por momentos- en algunas consideraciones que hace Manuel, pero no veo que la destaque en el plano primerísimo que tiene y que descubriría la HISTORIA, que es lo propio en la APARICIÓN de la VIDA HUMANA, y que NO ESTABA PREVISTA en los “posibles” de la Evolución.

    …………….

    El citado Leibniz anduvo hurgueteando en esa “posibilidad” -que tenía delante de sus narices y una principal de ellas era él mismo.

    * Si se apretara un poquito lo de Leibniz llegaríamos al siguiente PATAS ARRIBA de toda la Ontología tradicional:

    1- que el SER no solo es BUENO (ens et bonum convertuntur)

    2- que el SER (también e igualmente) es MALO.

    3- que el SER, entonces, “puede” LOGRARSE

    4- que el SER, entonces, “puede” (igualmente) MALOGRARSE.

    …………………

    Este extrañísimo tipo de SER se dio en algún momento y lugar en la inmensa trayectoria de la Evolución con la ya mencianada MARCHA ATRÁS.

    Este extrañísimo tipo de SER resultó de una In-firmidad para seguir yendo p’alante porque se halló DELIRANDO,

    *  desconectado (de a ratitos) del Mundo “exterior” empezaba a ATENDER la LÍRICA IMAGINATIVA de un Mundo “interior” que lo en-loquecía (des-colocándolo).

    Este extrañísimo tipo de SER (metido dentro de sí mismo, “en-sí-mismado”) fuimos y somos cada uno de nosotros que, ahora Manuel y atrieros, andamos acumulando pautas y señales para comprender cómo hacer frente a los atolladeros y caminos sin salida que “pueden” antorpecer o facilitar nuestro anhelado LOGRO de una Vida digna de ser vivida.

    ¿Será?

    ¡Voy todavía! – Óscar.

  • M.Luisa

    Lo primero, no puedo estarme de felicitar al autor por este magnífico articulo que rezuma  ciencia por todas partes!

    Ahora me gustaría entrar  con alguna discrepancia en el comentario de Isidoro sólo que, limitada por el tiempo, no podré fijarme nada más que en lo que apunta ya al comienzo del mismo  donde nos dice:

    La clave del evolucionismo es situarnos en el Cosmos, tanto en el tiempo, como en el espacio.

    ¿De verdad que en perspectiva humana la evolución no nos deja más que situados en el Cosmos? Comprendo que fuera así  si sólo consistiéramos en tener biológicamente sentidos  pero aquí se habla de Noosfera  y por tanto a lo que alude el vocablo es a la inteligencia  y con ella nos lleva a lo pensado del Cosmos  que es en donde, en efecto,  estamos.

    Ahora bien, en cuanto el Cosmos es pensado por una inteligencia ,  en donde la evolución nos deja es más allá de él, es decir, este cosmos pensado  nos deja instalados en un Mundo, es decir en un Mundo  el cual para serlo ha sido  previamente sentido.

    Seguramente encontraré más cosas en las que disentiré, pero de momento lo dejo aquí…

  • Isidoro García

    La clave del evolucionismo es situarnos en el Cosmos, tanto en el tiempo, como en el espacio.

    En el tiempo nos sitúa en una dinámica imparable, que tuvo un origen en el momento cero, y que después de casi catorce mil millones de años, nos ha llevado hasta aquí.

    Pero si realmente comprendemos bien la dinámica evolucionista, nos hace ser conscientes de que seguimos montados en un tiovivo que sigue en movimiento.

    Conocer el pasado, está bien, pero solo si nos sirve para comprender las leyes que nos siguen impulsando en este presente y en el futuro.

    Pero el evolucionismo también nos sitúa en el espacio. Los avances en la cosmología moderna, no solo en el conocimiento de las zonas más alejadas del Cosmos, sino sobre todo en las más cercanas, es algo de un potencial abrumador para adquirir una conciencia de nuestra realidad.

    El mapa-foto-recreación de nuestra galaxia “La Vía Láctea”, con una crucecita señalando nuestra situación en un rincón de la misma, debería ser la foto de cabecera de todo manual y libro de filosofía y antropología.

    Porque esta resituación en el tiempo y en espacio, nos hace conscientes del papel verdadero que debemos desarrollar en nuestra vida.

    Este papel, lo debemos jugar sin caer en caminos extremos, o de una vida vacía, sin objetivos trascendentes, llena de un hedonismo que no llena nuestros anhelos, o en una dinámica personal de escapismo en una espiritualidad abstracta, que para evitar los excesos del yo narcisista y egocéntrico, pretende despojarse y anular su propio yo, desarmándose así de toda creatividad y empuje, con lo que uno se autoanula en la tarea comunal de lograr un progreso y evolución de la humanidad.

    En el otro extremo, podemos caer en una vida neuróticamente empeñada en un activismo ciego de rueda de hámster, que al final no llega a ningún lado, y no hace más que llenar el camino de huellas, y autoengañarnos con  la gran importancia de nuestra actuación.

    En este autoengaño, florece el “wishful thinking”, o pensamiento ilusorio, que es el  proceso de pensamiento, deducción, conclusión y toma de decisiones basadas en lo que sería más placentero de imaginar en lugar de comprobar dichas decisiones y fundamentarlas en la evidencia o racionalidad. De esta forma el pensamiento ilusorio se apoya directamente en las emociones.

    Total, que esto del “evolucionismo”, empezó al principio con una polémica sobre si nuestros abuelos habían sido unos simples monos, y ha acabado por constituir un cimiento firme, donde apuntalar la filosofía, que nos hace pensar sobre nuestro mejor papel en el mundo.

  • oscar varela

    Hola Pascual!

    Los Comentarios de M. Pilar, Olga, y Rodrigo subrayan una misma dirección: la “mutualidad”.

    Creo que la mayoría de las Gentes tiene la misma estimación.

    ¿Dónde metes, en tu esquema comprensivo de la evolución, el sentimiento y casi certeza de que este momento de ella (mejor dicho de la “Historia”) es un “patas-arriba”; e.d. un “p’atrás”?

    ¿De qué “anti-quantum energético” se trataría y cuáles serían sus causas y función en esa diseñada y limpita “evolución-noosférica”?

    Gracias – Óscar.

  • Rodrigo Olvera

    Querida Pili, cercanía, servicio, amor, afecto, atención, comprensión, ayuda… no son poca cosa; muchas veces, para la persona en vulnerabilidad, lo son TODO.

     

    Quizá recuerdes esto que compartí hace algunos ayeres, y en el que compartiste un comentario

    http://rodrigolverab.blogspot.mx/2010/11/confirma-tus-hermanas-y-hermanos.html

     

    Yo nunca he comprado la dicotomía entre intelectual y activista. Para mí, atender al sufrimiento humano requiere  cercanía, servicio, amor, afecto, atención, comprensión, ayuda y conocimiento.
    Y, parafraseando a Silvio Rodríguez, me va la vida en ello.

     

    Abrazos y esperanzas

     

     

  • olga larrazabal

    Muy bueno Pascual y muy aclarativa la noción de que la evolución humana se debe más a la colaboración que a la competencia, y que no hay que dejar que 5000 años de involución en esta materia, que no son nada al lado de los millones que nos ha costado llegar donde llegamos, nos haga creer en nuestra prepotencia que es la vía adecuada para crear un futuro para nuestra especie.

     

  • mª pilar

    Uffff… ¡Que maravilla, poseer tanta capacidad, preparación, conocimiento!!!

    Me alegra infinitamente leerle, porque puedo comprender lo que nos presenta y le doy gracias por ello.

    Y al mismo tiempo, me quedo en silencio pensando con asombro:

    ¡Que no se nada de nada!

    Que ya estoy en el tramo final de mi vida, y lo poco que he podido aportar a mi entorno… Solo  cercanía, servicio, amor, afecto, atención, comprensión, ayuda en la medida de mis posibilidades.

    Mi saber, cada día me parece más insignificante… pero admiro y escucho, a las personas que tienen capacidad para ir descubriendo el gran misterio que nos rodea sobre la vida, y que parece ser, que es el estudio de las ciencias, lo que cada día nos va acercando a nuevas esperanzas, si el ser humano es capaz de bajar de las alturas de upesr-hombres.

    ¡¡¡Gracias de corazón  Pascual!!!

    mª pilar

  • oscar varela

    Ok, ok!

    Vale la pena pensar un poquito

    sobre esto que nos ofrece el Cumpa Pascual.

    Gracias y ¡Vamos odavía! – Óscar.

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