Otros temas

Autores

Archivo de entradas

Temas

Fechas

Calendario

7240 Artículos. - 110486 Comentarios.

Carta abierta a Alberto Garzón

ZUGASTIpQuerido compañero Alberto

Acabo de leer tu último libro “A pie de escaño”.  Antes había leído “La Tercera República” y algunas cosas que habías escrito junto con Juan Torres y Vicent Navarro. Como viejo militante de IU me alegro que nos estés representando  en el Congreso. Tu pensamiento político me parece de lo más serio y coherente que tenemos hoy en el panorama político español.

Especialmente interesante me resulta la idea con la que cierras esta última obra: “Repensar la Izquierda”.  Este repensar me parece la tarea más importante y decisiva que podemos abordar, y sobre ella quiero aportar algunas reflexiones. Como dices al principio del capítulo, “En estos años no nos jugamos las próximas elecciones sino las próximas generaciones”. Un empeño que no es tarea de un momento, ni creo que se pueda realizar urgidos por la necesidad de presentar unos documentos para una asamblea. Repensar la izquierda es un objetivo que exige una amplia reflexión y un debate tranquilo y sosegado.

Dos motivos fundamentales me parece que nos obligan a emprender esa reflexión. El primero es el evidente fracaso de la izquierda en el mundo actual. Como dices al recordar el hundimiento de la Unión Soviética: “Sin duda estos acontecimientos supusieron un cambio radical para la izquierda, y desde entonces puede decirse que la izquierda ha estado despistada, es decir, carente de pistas e indicaciones sobre el camino a seguir”

El fracaso es especialmente grave, dado que la izquierda pretendía apoyarse en un socialismo científico. Una teoría científica tiene que ser comprobada experimentalmente y, si en un experimento fracasa, la teoría queda totalmente desechada. El experimento de una sociedad socialista en la Unión Soviética fracasó ruidosamente, y lo mismo podemos decir de China. Aunque aquí el fracaso no haya sido ruidoso, no cabe duda de que ha sido tan grave, o más, que el de la Unión Soviética.

Esto le ha permitido al capitalismo quitarse la máscara de Monstruo Amable (título de una obra de Raffaele Simone) con la que se presentó durante unos años -y en una zona del mundo muy determinada-  y mostrar su rostro más demencial e inhumano. Pero la izquierda ha sido incapaz de aprovechar las crisis del capitalismo para lanzarle un golpe decisivo, y es ella la que parece herida de muerte. Tenemos, pues, que aprender de nuestros fracasos y encontrar esos caminos que puedan salvar a la humanidad de la locura capitalista.

Otro motivo que nos empuja a emprender esta reflexión es la situación histórica que hoy atraviesa la humanidad, tan distinta de la que había cuando surgen los movimientos socialistas. No me voy a detener en analizar, ni siquiera mínimamente, esas diferencias. Pero creo que las circunstancias nos obligan a decir que la crisis de hoy no es una simple crisis económica, ni siquiera una crisis de régimen. Estamos ante una acuciante crisis de civilización.

Y eso, en primer lugar,  por un motivo evidente: la crisis medioambiental. Tú mismo fuiste uno de los primeros firmantes del manifiesto Última Llamada.  No hace falta, pues, que insista en la gravedad del problema al que nos enfrentamos. Naomi Klein, refiriéndose sólo a la amenaza del cambio climático, ha escrito una exhaustiva obra titulada “Esto lo cambia Todo”. Ese “Todo” abarca en primer lugar a nuestra civilización productivista-consumista. Si, además, tenemos en cuenta los otros problemas medioambientales como el agotamiento de los recursos, la contaminación galopante y la pérdida de la biodiversidad, una reacción radical contra esta civilización resulta inevitable y apremiante. El mismo Papa Francisco dedica su primera encíclica a la urgente tarea del cuidado de la casa común.

Pero no sólo desde al campo ecológico, también mirada desde el aspecto cultural y ético nuestra civilización capitalista muestra su ruina inevitable. Los lazos que unen a unos seres humanos con otros, y que son básicos para realizarnos como seres sociales, están machacados por una competencia implacable e incesante. El esfuerzo para realizarnos como personas, con todas nuestras posibilidades y nuestras cualidades más elevadas, está sustituido por el afán de lucro, por la búsqueda del beneficio económico a cualquier precio. El sentido moral está arrinconado por “el mercado”. No importa que nos movamos por los motivos más ruines y egoístas, “el mercado lo transforma todo en la mayor riqueza de las naciones”.

Esta civilización produce no sólo la “corrosión del carácter”, sino del sentido moral, de la solidaridad humana, del sentido de justicia. La ceguera moral, la globalización de la indiferencia hacia el sufrimiento de los seres humanos. Difícilmente encontraremos una muestra más clara de todo esto que la unánime decisión de los gobiernos europeos sobre los refugiados. Vivimos en la sociedad “liquida” (Zygmunt Bauman), la “sociedad del riesgo” (Ulrich Beck) donde perdemos pie, y sólo podemos mantenernos a base de sumergirnos en una profunda alienación, con el sueño del gran triunfo económico o la borrachera de la diversión continua. Eso, o levantar la bandera de la rebeldía y luchar contra esa civilización.

Tenemos también que repensar la izquierda ante los obstáculos que se presentan hoy para llevar adelante los viejos ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Es suficientemente conocido el poder de los mercados sobre la política de los diversos estados. Tú hablas de la capacidad de los poderes económicos de “disciplinar a los gobiernos democráticos con tan solo un par de clics de ratón”. Lo que ocurre es que normalmente esta realidad es consciente o inconscientemente olvidada por las formaciones políticas que se califican de “progresistas”.

Pero ¿qué posibilidad tiene cualquier gobierno que se constituya en España de avanzar en una senda de progreso, cuando esos poderes económicos están empeñados en que vayamos de “regreso”? Yo creo que sí, que esas posibilidades existen (si no, ahora estaría dándome un buen paseo por el campo en vez de enredado escribiéndote esta carta). Para buscar esas posibilidades repensamos la izquierda. Pero no las encontraremos si nos dedicamos a hacer “política de mercado”, a buscar votos a cualquier precio… para acabar consiguiendo un “poder” en el que estas atado de pies y manos.

En una entrevista reciente Pepe Mújica afirmaba: El primer requisito de la política es la honradez intelectual; si no existe la honradez intelectual, todo lo demás es inútil porque a la larga no hay mejor lenguaje que la verdad. Y una cosa, que a mí me parece una verdad evidente, es que, por mucho que repensemos la izquierda, no vamos a encontrar una fórmula que nos permita cambiar una situación, que es global, con el resultado de unas elecciones en España. Decir otra cosa es falta de honradez o cortedad intelectual.

Pero también estoy convencido de que el capitalismo es una filosofía −no sólo un sistema económico−, una concepción del hombre y de la sociedad tan irracional y bárbara, que la humanidad acabará superándolo en su secular proceso de humanización. La cuestión es acertar con el camino. Un camino que pueda ser compartido por la gran mayoría de la humanidad.

He hablado del obstáculo que supone el poder económico global, pero hay otra dificultad, de la cual apenas se habla, pero que me parece más decisiva que el poder económico. Esa dificultad está en el campo ideológico. Zygmunt Bauman, en una conferencia pronunciada con motivo del 150 aniversario de la socialdemocracia alemana afirma:

Parafraseando a Antonio Gramsci, podría decirse que la derecha ha ganado la batalla cultural con la izquierda… El imaginario burgués ha triunfado. A continuación indicaré cuáles son sus características más sobresalientes. La panacea para todos los males sociales es un aumento de la producción en términos del PIB; no hay otras formas de mejorar el destino de la humanidad… El segundo supuesto es que la felicidad humana consiste en ir de compras; solo se puede acceder a ella a través de las tiendas comerciales (en otras palabras, del mayor consumo)…  El tercer supuesto del imaginario burgués es algo denominado meritocracia. Desde su punto de vista, aunque la gente es y siempre será distinta, la desigualdad en sí misma no es mala. Es un medio que permite aumentar la prosperidad”.

No sé si habrá encuestas que confirmen esa opinión de Bauman, pero me parece que es algo que se palpa en el ambiente. No sólo en la opinión publicada, que desde luego está abrumadoramente en la línea de ese imaginario burgués, sino en la opinión pública que escuchas y lees, incluso en personas y organizaciones que se afirman muy de izquierdas.

Esta desviación hacia una concepción burguesa de la vida no encontró una resistencia seria por parte de las fuerzas de izquierda, pues como ya advirtió Erich Fromm en la introducción de su excelente obra ¿Tener o Ser?: “El socialismo y el comunismo rápidamente cambiaron, de ser movimientos cuya meta era una nueva sociedad y un nuevo Hombre en movimientos cuyo ideal era ofrecer a todos una vida burguesa, una burguesía universalizada para los hombres y las mujeres del futuro. Se suponía que lograr riquezas y comodidades para todos se traduciría en una felicidad sin límites para todos”. Pero lo que realmente se universalizó fue la mentalidad burguesa y sus ideales de vida. Y en este terreno de los estilos de vida y los modelos de bienestar, la guinda en el pastel la puso, durante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética su secretario general Nikita Jruschov. Proclamó como objetivo para la economía soviética, objetivo que él consideraba perfectamente alcanzable, igualar y superar el nivel de consumo de los Estados Unidos de América. Así les fue, claro.

Volviendo a Pepe Mújica, otra de sus afirmaciones es que “no se pueden construir edificios socialistas con albañiles capitalistas”. Una ciudadanía con un imaginario mayoritariamente burgués no puede construir una sociedad alternativa por muy democráticamente que se proceda. Puede, y eso es lo que se considera más progresista, repartir mejor el pastel. Pero el pastel sigue siendo una buena vida burguesa. Una burguesía generalizada que ni ecológica ni socialmente tiene salida.

Eso nos obliga a dedicar mucha más atención a la batalla ideológica y cultural. No se trata de repartir mejor el pastel, sino de cambiar el pastel. Cambiar el modelo de bienestar, el estilo de vida burgués, no aspirar al desarrollo económico, sino al desarrollo humano. Esto puede parecer una tarea titánica, dado el abrumador bombardeo al que estamos sometidos por parte de los medios de persuasión del sistema. Pero tenemos a nuestro lado lo más lúcido del pensamiento humano a lo largo de los siglos. Para cualquiera de los grandes pensadores clásicos, la pasión capitalista por el beneficio económico sería una postura demencial. El hombre unidimensional de Marcuse sería un ser mutilado, incompleto. Y Jorge Riechmann recapitula: “La investigación contemporánea sobre la felicidad, desde la psicología y las ciencias humanas, redescubre y afianza una antigua propuesta de Aristóteles y Epicuro: la clave son los vínculos sociales satisfactorios”. Vínculos sociales corroídos por el individualismo posesivo y la universal competencia capitalista.

Me estoy alargando mucho, así es que termino rápido. Y lo hago analizando algo que dices en el apéndice. Recuerdas que eras muy aficionado a la informática “Pero por otro lado quería cambiar el mundo, para lo cual había primero que entenderlo”, y apara entenderlo optaste por estudiar economía. Sí, entender el mundo es muy importante, pero hay algo anterior, algo que tú mismo dices: querías cambiarlo. Los motivos para cambiarlo fueron lo más básico, lo primero. Luego vino la economía, pero después. ¿No tendríamos que aplicar eso a todo el movimiento transformador del mundo, a toda la batalla por una sociedad de alguna manera socialista? ¿Qué es primero, el impulso ético o la economía? ¿Una filosofía puramente materialista puede proporcionar el impulso ético? Tendríamos que pensarlo.

Un cordial abrazo

Antonio Zugasti

5 comentarios

  • h.cadarso

    “El experimento de una sociedad socialista fracasó en la Unión Soviética, y lo mismo se puede decir de China”… Perdón, Zugasti, la experiencia china y la soviética creo que presentan serias diferencias en cómo se construyeron y cuáles han sido sus resultados. China era el hazmerreír de las potencias occidentales, un pueblo de muertos de hambre, Rusia no llegaba a tanto, estaba en la órbita de los países europeos. China es hoy un pueblo bien alimentado, segunda potencia económica mundial, con una política internacional netamente propia, como una tercera vía y una tercera voz en el concierto internacional…

    Tu discurso, Zugasti, está hecho a espaldas de la evolución de Asia entera, desde luego a espaldas de la experiencia china, con los mimbres y materiales que manipula y proporciona el sistema del mundo occidental, con el pensamiento de los pensadores occidentales. Pero el mundo y las cabezas pensantes del mundo son muchos más, y las soluciones tienen que llegar a partir de un diálogo entre todas las culturas. Hay que sumar aquí las experiencias de Cuba y toda la América del Sur, los intentos de Africa y las aportaciones del pensamiento africano, de los sabios del mundo musulmán…

    Y por desgracia, creo que los occidentales hemos vuelto la espalda a todas esas aportaciones.

    No estoy de acuerdo en que la superpoblación es un handicap insalvable, no. Existen medios para racionalizar y controlar ese crecimiento, lo grave es más bien que el  crecimiento en los países del tercer mundo es incontrolado, mientras que en el mundo occidental caminamos hacia una natalidad cero. Lo grave es que se tiran a la basura millones de toneladas de alimentos, y los mejores terrenos de cultivo los dedicamos a producir energía de origen orgánico, a cualquier cosa menos a la alimentación. Lo grave es que estamos desertizando y secando millones de hectáreas con métodos de cultivo agotadores de los recursos de la tierra.

    Tenemos el instrumento de la ONU con unas posibilidades infinitas de ordenamiento jurídico, económico, sanitario, educacional, pacificador, que estamos utilizando en solo un 1% o 2%.

    Creo que necesitamos confiar más los unos en los otros; los chinos en el resto del mundo, y nosotros en ellos, los europeos en Africa y en el mundo islámico y sus valores, que los tienen, Nuestramérica en Norteamérica y viceversa…USA en Cuba, y viceversa. El Islam en el cristianismo, y viceversa; el hombre en la mujer, y viceversa…

    Menos Gramsci, más Confucio, más Nelson Mandela y Lumumba, más Che Guevara, etc. etc. Valoremos lo positivo que queda en esta izquierda actual, que algo tiene, aplaudamos el esfuerzo que hace por hacer frente al capitalismo, conjuguemos correctamente reflexión con acción, teoría con praxis…

    Yo me entiendo, pero a lo mejor no me explico bien. Perdonen

  • José Ignacio Calleja

    Voy a guardar esta carta, Atonio Zugasti, para leerla más veces y hacerla leer a mis alumnos. Merece la pena de verdad volver a ella. Agradecido.

     

    (Y el comentario de Isidoro García, y su proverbial fe científica, también. El dato de la superpoblación, unido a la desigualdad radical en nuestros modos de vida, lo comparto desde hace tiempo como un factor de mucho peso en el problema de la concienciación política por la justicia).

  • Isidoro García

    Obispo Ireland, (I Congreso Mundial de las Religiones de Chicago) – citado por el añorado Miret Magdalena:
    “Estoy cansado de lo de siempre; de ello estamos saciados, y esto es lo que ha sumergido a las almas en el sopor”. 

  • Isidoro García

    Un artículo magnífico, y muy esclarecedor de Antonio Zugasti. (De lo mejorcito que he leído últimamente).

    Muy posiblemente esta opinión mía, se basa en que estoy de acuerdo al cien por cien con sus ideas. (Y todo lo que concuerda con lo que nosotros pensamos, nos parece bueno).

    Y yo quiero prolongarlo, con ideas adicionales, que son las que vengo repitiendo desde siempre.

    El amigo Antonio, una vez realizado un análisis certero y lúcido, cae de nuevo en el callejón sin salida del “impulso ético”, y sin remedio acaba convirtiéndose en un nuevo sermón moral; hay que ser anticonsumista, hay que ser ecologista, y hay que preocuparse en buscar el desarrollo personal, mas que en el consumo burgués y superficial.

    Es un sermón, totalmente razonable, pero todo lo que tiene de razonable lo tiene de inútil, de “voz que clama en el desierto”. ¿Por qué?. Porque le falta una vuelta de tuerca más de ese realismo, (conocimiento de la realidad que solo proporciona la ciencia), que decía José Múgica. Hay que ser radicalmente realista, el realismo a medias no vale.

    Y por ello toda la actividad humana, y por ello su comportamiento, (su ética, sus valores por lo que lo rige), deben ir en la dirección de su naturaleza humana. Lo contrario se traduce en una conducta anti-natura, que lo mismo vale para lo animalescamente abyecto, como para lo angelicalmente moralinizante.

    Abraham Maslow, en su escala de necesidades, estima que estas están dispuestos en el humano, de forma  piramidal. Primero hay que cumplir las fisiológicas, luego las de seguridad y afiliación, luego las de recpnocimiento y por último las de la autorrealización.

    (https://es.wikipedia.org/wiki/Pir%C3%A1mide_de_Maslow)

    Estas últimas son de moralidad, creatividad, aceptación de los hechos, resolución de problemas, etc. Es inútil, reconvenir y forzar el cumplimento de estas últimas, si tenemos necesidades importantes inferiores sin satisfacer. Lo intentaremos, pero no lo conseguiremos, y peor aún cuando esta insatisfacción de esas necesidades básicas y medias, nos ocasione neurosis y desequilibrios varios, así como un desarrollo evolutivo deficiente, de la personalidad.

    Pasar al nivel de la búsqueda de la autorrealización, (el desarrollo personal, del que habla Antonio), exige un nivel generalizado y amplio de educación, y formación, en unos humanos,que tengan satisfactoriamente resueltas no solo las necesidades básicas, fisiológicas y de seguridad, sino también las medias de afiliación y reconocimiento personal.

    ¿Cuál es el mayor obstáculo de la izquierda, por desarrollar efectivamente un impulso ético generalizado hacia un mundo mejor?. Yo creo que la superpoblación.

    Con una superpoblación creciente, existen amplias capas de población, que no disponen de las necesidades básicas. Y en un mundo cada vez mas global, con migraciones imparables, su satisfacción exige gran cantidad de recursos, que impiden a la gran masa de personas de los mundos “desarrollados”, satisfacer sus necesidades medias, (empleo, vivienda, educación satisfactoria, con las que tener una vida afectiva, una confianza, un respeto, un auto-reconocimiento necesarios), por lo que difícilmente alcanzarán el estadio de búsqueda de la autorrealización, por muchos sermones morales que se les dedique.

    Mientras no se ponga el dedo en la verdadera llaga, todos los discursos, son una sarta de lloriqueos y de cantinelas a la luna.

    (El reciente artículo de un hombre tan inteligente como Boff, sobre el desastre ecológico y humano que llegan, sin citar en absoluto la superpoblación como causa fundamental, es asombroso).

     

  • Francisca Balaguer

    Dificil esta la cosa señor Zugasti,si vemos las noticias diarias no salen los números. Y en cuanto cambiar el pastel tambien Es dificil ya què nos hemos acostumbrado a este, y resulta què Es adictivo. Hombres como José Mugica, conoce usted a otro.

    Lo Unico que espero Es què algun dia esta gente joven què parece què Es Mas limpia, nos ayude a barrer toda la porqueria què nos Han dejado los “VIEJOS”.

Deja un comentario