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Dos de noviembre: al borde de la tumba de nuestros seres queridos

Blas Lara

A muchos de nosotros se nos han ido para siempre padres, familiares y amigos queridos.

Personas sencillas de nuestros pueblos, personas humildes, gentes de otros tiempos. Seres que atravesaron la Historia con las pocas palabras y los poquísimos conceptos de que disponían.

Fueron mudos, sin derecho ni posibilidad de decir o de pensar. Fueron los excluidos de aquellas épocas. Seres que nada tuvieron que decir en su paso por la vida y por el tiempo. Pasaron y pasaron, sin enterarse siquiera de las grandes convulsiones de la Historia que se producían a su alrededor. Nada supieron de la relatividad, de la física cuántica, ni de la fisión del átomo, ni de la comunicación por ondas electromagnéticas, del surrealismo o de la caída de los imperios centrales de Europa. Atravesaron el formidable huracán de la guerra civil, sin apenas enterarse del porqué.

Recordarlos hoy con el paso del tiempo, no es sentimentalismo morboso. Más que dolor, es sosegada melancolía. No los evoco para llorar, sino para intentar comprender el sentido o el sinsentido de sus vidas. Sus imágenes, cada día más evanescentes, pero siempre tan cargadas de afectos, nos plantean preguntas fundamentales sobre el efímero paso del ser humano por la tierra y el tiempo.

¿Para qué nacieron esos seres? ¿Con qué designio de lo Alto? En su magnificencia espiritual fueron como la belleza inútil de los corales o los maravillosos peces ignorados en los fondos marinos. O como los cristales preciosos, estéril y eternamente sepultados en el vientre de las montañas.

Ya de niños trabajaron. Algunos de ellos, pobrecitos, guardaron cerdos y ovejas desde que supieron tenerse en pie. El nacer era ya una deuda. De su infancia, poca reserva de sueños; poco que llevarse para alimentar con recuerdos y añoranzas los años viejos del atardecer de la vida.

De mayores, como los asnos de la noria –el tiempo siempre igual para ellos– porque el tiempo sólo existe para los poderosos.

No eran proyecto, eran solamente un estar aquí, un simple pasar. De la gloria de la infancia sólo les quedaba el cariño de la madre, el olor y el calor sensual de la tierra, la inmensidad del cielo, el libre gozo del vuelo de los pájaros, la fraternidad animal con un gato o un perro, compartiendo y aceptando sin protesta la común sinrazón de la existencia. Pero quizá esto sea lo esencial de toda vida humana.

Hoy me inunda el recuerdo de hombres y mujeres de otros tiempos que se fueron y no volverán más. Ni las personas, ni los tiempos.

Un pasado que ya no volverá más. Un mundo de entonces que quizás nos haya abandonado definitivamente.

En nuestros pueblos, durante siglos, desde la alegría bulliciosa de la cuna hasta la quietud del cementerio, las generaciones se sucedían unas tras otras para afrontar siempre las mismas ocupaciones, las mismas preocupaciones, los mismos problemas del ser humano, que no cambiaban de una generación a otra. El tiempo era un eterno ciclo que se repetía y se regeneraba, y no esta ininterrumpida progresión lineal, esta febril marcha hacia adelante que vivimos hoy.

En el ciclo perpetuo del tiempo, cada nueva hornada humana venía al gran teatro del mundo a jugar los mismos juegos de niños (los tintos, las bolas). Las niñas a cantar en corro las mismas cantinelas de Dónde están las llaves, Al pasar la barca me dijo el barquero…; a oír los mismos cuentos de los abuelos y abuelas, durante siglos enteros repetidos junto a la candela en invierno, o sentados en la puerta de la calle, tomando el fresco en las noches de verano.

Cada nueva hornada humana venía al gran teatro del mundo a aprender desde muy pronto las mismas técnicas de arar y sembrar, de cortar la espiga, de hacer el pan, de reparar las sillas con la anea, de echar suelas a los zapatos, de remendar las vestimentas las costureras, de reparar las ollas. (¡El silbido del afilador por las calles!). Y tantas y tantas cosas que se repetían y pasaban de una generación a otra.

¡Hasta que llegó nuestra época! Algo serio ha acontecido sin que apenas nos hayamos dado cuenta. Algo muy profundo hemos perdido con la invasión de la modernidad. Algo que las futuras generaciones van a tener que pagar con doblones de oro, porque en nuestro tiempo se ha roto quizás para siempre el cordón umbilical de la Historia.

Tanto en lo que se refiere al cuidado de la casa, como al cultivo del campo o a las miles de mañas y artimañas del artesanado… ¿Quién conoce hoy las técnicas del viejo saber de nuestros bisabuelos, aquellos hombres y mujeres del XIX y de principios del XX?

Es posible que ninguna generación en los últimos siglos haya padecido un tan gran despojo de lo esencial como la nuestra.

– o – o – o –

RodrigoAnexo de Ana Rodrigo

El bonito artículo de Blas, al mismo tiempo que entrañable y melancólico, se cierra con el fin de una etapa que muchas de las personas de cierta edad recordamos con melancolía cada vez que intentamos volver a nuestras raíces, fundamentadas, como dice Blas, en lo más humano, como son nuestros seres queridos que en estas fechas recordamos.

La irrupción de la nueva etapa de la historia en la que vivimos, como se dice en el post anterior, ha supuesto tanta y tantas novedades que nuestra generación se ha visto inmersa en una nueva “historia” con sus pros y su contra, a la que hemos tenido que adaptarnos por imperiosa necesidad.

Quizá esta nueva etapa olvidará muchos valores del pasado, al mismo tiempo que también muchos sufrimientos y muchas injusticias y mucha pobreza y muchas calamidades, cuestión que sería una nueva injusticia, entre otras razones, porque la nueva etapa en la que vivimos no ha surgido de la nada, sino que nuestras generaciones pasadas han ido poniendo su granito de arena para hacer posible lo que ahora vivimos.

Quizá tengamos la tentación de mirar al pasado en aquello que tuvo de entrañable especialmente cuando recordamos nuestra infancia, juventud…., pero también podríamos caer en la tentación en que mucha gente mayor incurre frecuentemente como es perder la esperanza del futuro ante una juventud que, como tópico social, se le adjudica todo tipo de vicios y degeneración.

La historia no es la quietud de un estanque, sino más bien un riachuelo con sus ritmos históricos más o menos revolucionarios, rompedores y enriquecedores. Ese riachuelo se ha hecho río caudaloso y nunca en la historia de la humanidad habíamos visto tanta aceleración en todos los campos de la vida, en lo bueno y en lo peor. Sería casi infinito el relato de hechos y acontecimientos que día a día vemos y que ya casi ni no sorprenden.

La intención de este anexo sería la de alimentar la confianza y la esperanza en que las generaciones presentes y la inmediatas futuras encaucen  el avance de la humanidad en valores cada vez más necesarios, más universalizables (dados los medios de comunicación y la globalización en sí misma), y no cerrar el horizonte a nuevas aportaciones para construir un mundo, nuestro mundo mejor.

Así pues, hagamos un homenaje al pasado por justicia, y abramos puertas y ventanas a la esperanza en el ser humano.

9 comentarios

  • Antonio Vicedo

    -. ¿Tan seguro estás de esto, Blas?: (“-A muchos de nosotros se nos han ido para siempre padres, familiares y amigos queridos.”)
    Yo, en mi ya larga vida, y habiendo sido testigo de tantas muertes de familiares, amigos, conocidos, y por  diferentes noticias -testimonios,  de miles de millones de desconocidos, no he podido llegar nunca a la certeza de lo que tu afirmas y por la que yo, con un poco de retraso (4 días después) te cuestiono.
     
    Porque una cosa es que su presencia material corporal haya dejado de estar al alcance de nuestros sentidos, incluso como en otras ocasiones superando circunstancias de distancias superables o no, pero con esperanza de que por fin no impidieran la cercanía y la presencia física y otra, que el ser vivo (del que ni siquiera sabemos dar razón de que sea su vida que vivifica la materia corporal), haya dejado  de ser viviente con otro modo de vida, sin perder su identidad  específica humana.
     
    ¿No te parece que ese “se nos han ido para siempre” no resiste la coherencia del componente total humano?
     
    ¿Acaso nuestra proporción de animalidad (barro o polvo en lenguaje bíblico y constatación científica) abarca la totalidad de nuestra realidad existencial?
    ¿Qué pasa de eso que vivenciamos sin poderlo reducir a la simple animalidad material?
     
    ¿La ciencia ya nos prueba con evidencia irrefutable que no somas más que energía de la que se intercambia en materia?
     
    ¿Estamos respaldados para llegar a la conclusión de que nuestra realidad humana se enmarca en esa realidad que identifica energía y matera, pues, de lo contrario,nos  damos de bruces con el absurdo?
     
    Dentro, pues, de esa holgada contextura vivencial, bien podemos tener el convencimiento de que la vida humana no tiene punto final en lo que llamamos muerte y la identidad del ser humano permanece en la existencia y sin limitación de la materia, de la que,por ahora se libera que lo que lo situaba en las coordenadas de tiempo y lugar concretos,  su identidad presencial bien puede hacerse real junto a nosotros, sin agotar dimensión de presencia.
     
    Por ello cro deberíamos cultivar este modo de sentir sus presencias vitales y no admitir ni que se van, ni que esto sea para siempre.
     
    Tal vez haya que practicar esta amorosa y fraternal convivencia con los ojos mejor cerrados y los corazones (en tanto referencia sedentaria ¿?del amor) mas abiertos.
     
    San Pablo nos orienta al asegurarnos de que: TOD*S, en ÉL VIVIMOS, NOS MOVEMOS y EXISTIMOS, temporal y locálmente en proceso y, eternamente, en PLENITUD DIVINA por PATERNAL ADOPCION.
     
    “La muerte humana no es verdadera MUERTE, sino verdadero NACIMIENTO CELESTIAL que nos sitúa en la OMNIPRESENCIA del Padre Celestial de quien SOMOS ¿?, DIVINA ACCIÓN.”
     
    Y nuestra fe cristiana, aún nos empuja y mantiene con esperanza de que, como Jesús y María su Madre, nuestra  humana materia también  quedará  divinamente vivificada. Un esperanzado abrazo.

  • h.cadarso

    Aquí hay mucha tela que cortar,amigos/as. No conviene, creo yo, quedarse en una pura nostalgia del tiempo pasado. Tampoco sería justo atribuir los males del presente a la acción del pueblo, cuando esta sociedad que vivimos ha sido modelada por un capitalismo neoliberal-tatcheriano-bushiano; en realidad el pueblo va o intenta ir por derroteros distintos, y si no que lo digan los de los Movimientos populares que han estado en Roma con el Papa Francisco.
    Y que lo diga el filósofo Bifo que leemos más arriba, y que a su manera de filósofo de laboratorio y de universidad hace el diagnóstico del presente. Yo recojo en mi libro Romero y yo que algunos conocéis una página de la vida que se nos fue. Pero el problema está en seguir peleando para inocular en esta sociedad presidida por la informática y el trabajo puramente mecánico el sentido humano necesario para sobrevivir.
    En realidad es preciso jugarnos la vida por devolver al pueblo y a los pobres el protagonismo que les pertenece, y que según se dice en otro lugar de Atrio el mismo Papa Francisco no acaba de encontrar, dado que mira a los pobres más como “beneficiarios” de la acción revolucionaria que como agentes y hasta protagonistas de esa revolución. Hacen falta muchas Teresa Romero y Hermanas Paciencia para erradicar el ébola, y muchos 15-M y primaveras árabes, y…
    Jesús llegó a decir algo así como “deja a los muertos que entierren a sus muertos, y ven, sígueme”. Jesús no enterraba muertos, Jesús ponía en movimiento a los pobres y se sentía uno más entre ellos.
    ¿No es así, profesor Bifo? Y por favor, hable usted un poco más a lo llano, como habla la gente del pueblo…
     

  • ana rodrigo

     
    Sois muy amables. Gracias  a vosotros y a vosotras, gracias a atrio por haber hecho posible este tándem en esta “Red para conectar personas desde lo profundo”. Blas y Ana
     

  • mª pilar

    Que tanden tan hermoso habéis completado los Blas y Ana.
     
    Mientras leía a Blas, en esa remembranza tan entrañable… me iban viniendo a la mente, que también en aquellos tiempos…había personas que destacaban por su gran imaginación y ofrecían mejoras a los costosos trabajos que realizaban nuestros mayores.

    Y en mi corazón se quedó muy marcado… y sigue tan vivo como entonces… la dureza de corazón de los caciques en los pequeños pueblos de esta tierra dura y reseca de Aragón.

    Hombres como tantos otros, capaces de acogotar al resto de aquellos pequeños pueblos, acaparando toda la tierra que no tenía dueño… la roturaban ellos, sin dar la oportunidad de alquilar pequeños campos al resto, para poder conseguir su pan de cada día.

    Es un pequeño ejemplo de que no todo era limpio y entrañable en los XX… y entonces… leo a Ana:
     
    Me había adelantado… porque también en aquellos tiempos, existían personas que iban un poco por delante del resto, ofreciendo nuevas posibilidades de mejorar la vida.

    Para mí, no solo la juventud es el futuro, cada persona capaz de seguir “creando” caminos con nuevos avances en todos los campos, es importante.

    Importante en el pensamiento, en el hacer, en el ser…
     
    Si miro atrás, veo con claridad, esas personas que han pasado por mi vida, y ya traían aires nuevos, algunos eran jóvenes… pero la mayoría, eran personas, que siempre estaban mirando la vida y como se movían en ellas quienes les  rodeaban; esa manera de mirar, abría en algunas de ellas la capacidad de mejorar la situación de entonces.

    Quizá eran pequeñas cosas (o grandes, según quien las recibía) pero siempre eran un pasito hacia delante para el bien de la humanidad.

    Lo que hoy es vertiginoso, es la consecuencia, que ya se cernía en aquellos caciques… quien tienen más fuerza o picardía  para el “truco-trato” y se ha hecho ricos, inmerecidamente ricos, a cualquier precio.
    Han puesto encima de la mesa “inventos” que no son suyos, que alguien a su alrededor, han presentado y otros explotan.

    Ahí está la maldad de nuestro tiempo… cuando todo es lucha por el poder y el poseer, destrozando cuanto tienen a su paso; y es la pasividad del pueblo, que entra a ciegas en esa vorágine del “posible” ¡yo también quiero un trozo de esa tarta!

    Tristemente eso no es nuevo, la humanidad lo ha ido arrastrando a lo largo de la historia y ahora estamos en un momento qué, como nos trae Blas, o paramos y nos retrotraemos a lo bueno perdido, o me temo que el final no será esperanzador.

    Y ahí viene Ana a sacarnos de la pesadumbre sembrando esperanza… pues ánimo y a luchar por mantener la barca de la dignidad humana a flote, con la esperanza, no solo en los jóvenes, sino en toda persona capaz de sacar todo lo bueno que lleva adentro en servicio de toda la humanidad.

    Recordar de dónde venimos y quienes lo hicieron posible, es justo, necesario, para mostrarles nuestro amor y agradecimiento por cómo lucharon por darnos un mundo mejor y en paz… aunque de momento lo estemos estropeando.

    ¡Gracias Blas y Ana!
    mª pilar

  • ELOY

    Gracias, muchas gracias a Blas y a Ana por estas reflexiones, que comparto en gran parte, que me han tocado muchas fibras y han hecho aflorar muchos recuerdos y sentimientos.

  • Asun Poudereux

    Muchas gracias a los dos, Blas y Ana, por  este aire fresco  del recuerdo, que no para de sorprendernos, de asombrarnos tras el aparente olvido de sus formas y estructuras que perduraron durante milenios.
     
    Sí, las formas desaparecen, pero lo que las hizo posible, la Vida, continúa, así como sus huellas, en lo más hondo del ser humano permanecen. En realidad todo en nuestro sustrato está presente.
     
    Creo que nuestros antepasados supieron  cuidar del Planeta tierra, porque tenían mucho más claro que la posteridad que no era suya, que  era un préstamo al que había que cuidar para  las generaciones futuras.  Vivieron poniendo sus pies en tierra.
     
    Y al no desviarse de lo esencial y aprender de ellas, es  decir, de  las cosas sencillas que son lo que son y simplemente están en su constante pasar en forma de nacimiento y muerte, se alineaban con la vida que se les regalaba. Eran más agradecidos y humildes. Por lo mismo felices en su lo que viene, conviene.
     
    Se vivían o despertaban a esta sabiduría interior, quizá mucho antes que ahora, pero hoy y mañana también se van introduciendo todos los ingredientes para ese despertar consciente, y posiblemente en mayor amplitud y profundidad, dados los conocimientos y medios imparables de la ciencia y  de la Humanidad  y  del Universo entero.  
     
    Las involuciones y evoluciones, que así calificamos  situados en el devenir histórico,  son solo formas aparentes en el no-tiempo. Las puertas y ventanas quedan abiertas.

    Un abrazo grande a los dos.

  • oscar varela

    Hola!
     
    ¿Será un “ADIÓS MUCHACHOS“?
     
    http://www.kboing.com.br/libertad-lamarque/1-1176614/
     

  • Román Díaz Ayala

    Me uno al homenaje de Blas y Ana ( ¡Qué grata sorpresa anunciada!)
    Inmediatamente pensé en mis abuelos y mis padres. No se puede decir que estuviesen habitados por el inmovilismo de sus vidas, desde sus Islas Canarias, de sus ancestros llegados, quizás de la península y que sin embargo sentirían el mismo vértigo de quien escribe tan hermoso homenaje y conmovidos por el canto de esperanza de Ana.
    Cuando  he leído alguna que otra vez, que el ser humano empezó a dejar vestigios de su cultura desde hace 250.000 años (Paleolítico) y que hace apenas 30.000 años fué capaz de dejar muestras de su arte en Lascaux y Altamira, que el Neolítico es de apenas diez mil años atrás y que  el urbanismo se iniciara poco después acompañado de la agricultura y el cuidado de los animales con fines económicos, entonces comprendo que es la propia historía,  este período que nos ha tocado vivir con la comunicación condicionada por la expresión simbólica de la escritura. tan breve, tan breve…
    Y Jesús fue enviado desde la alto, justo en el momento en que la humanidad alcanzaba su madurez. Lo que la Biblia llama el Fnal de los Tiempos,  cuando Dios envió a su Hijo, nacido de mujer….

  • oscar varela

    Hola!
     
    “SUS OJOS SE CERRARON
    Y EL MUNDO SIGUE ANDANDO
    …”
     
    “LA VIDA ES UNA HERIDA ABSURDA
    …”
     
    http://www.todotango.com/english/music/song/322/La-ultima-curda/
     
    ¿cómo seguir todavía? – Oscar.

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