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La Bondad Humana Resiste. ¡Milagro!

ZUGASTIp

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Hay mucha gente que se lleva las manos a la cabeza ante la avalancha de casos de corrupción que aparecen cada día. Pero, ¿de qué se extrañan? a mi me parece que hoy en día la corrupción es lo más natural. Lo admirable es que todavía nos encontremos con mucha buena gente que son fundamentalmente gente honrada y con un agudo sentido de la justicia.

Verdaderamente el que la bondad humana siga resistiendo con la que está cayendo es lo que parece milagroso. Porque no sé si hemos pensado bien en los ataques que desde todos los ángulos está sufriendo la bondad y la honradez en nuestro mundo. Todas las corrientes ideológicas que hoy suenan en el mundo son más o menos negativas para la bondad humana.

Empezaremos con la ideología hoy claramente dominante y la más abiertamente destructora de todo rastro de bondad.

El capitalismo

Es la más extendida y seguramente más radical negación de la bondad humana. Para la ideología de mercado la bondad es un estorbo para el progreso de la humanidad. Uno de sus principios más básicos es que no importa el que los seres humanos nos movamos por los motivos más egoístas, la mano invisible del mercado convierte todo eso en el mayor bien para la humanidad. “Vicios privados, virtudes públicas”. ¿Para qué la bondad, si lo que nos hace progresar es la ambición, el egoísmo, la competencia de unos contra otros? El sentido de responsabilidad de los seres humanos queda eliminado de un plumazo, es el mercado el que se responsabiliza con eficacia inigualable, según dicen, del bienestar de la humanidad.

Hacia 1930 Keynes afirmaba con un candoroso optimismo que llegaría un momento de abundancia total y “entonces valoraremos otra vez más los fines que los medios y preferiremos lo bueno a lo útil… Pero cuidado: la hora para todo esto no ha llegado todavía. Por lo menos durante otros 100 años debemos simular ante nosotros mismos y ante cada uno, que lo bello es sucio y que lo sucio es bello, porque lo sucio es útil y lo bello no lo es. La avaricia, la usura y la desconfianza deben ser nuestros dioses por un poco más de tiempo todavía. Porque sólo ellas pueden guiarnos fuera del túnel de la necesidad económica a la claridad del día”. Después ya vendrá tiempo para el “retorno a algunos de los principios más seguros y ciertos de la religión y la virtud tradicional: que la avaricia es un vicio, que la exacción de la usura es un crimen y el amor al dinero es detestable”. Se puede y debe discutir que esos vicios sean necesarios, pero lo que es clamoroso es la ingenuidad de Keynes al pensar que después de unos siglos aclamando la avaricia y el egoísmo va a llegar un día en que un hombre capitalista va a decir que ya tiene bastante y que volvemos a ser buenos. Lo peor de la ambición capitalista es que nunca se sacia. Ahora mismo, cuando la crisis acentúa la miseria en que vive la mayor parte de la humanidad, la creciente y escandalosa desigualdad a lo que impulsa es a aumentar el consumo de los más ricos.

El marxismo

El problema es que tampoco entre los acérrimos adversarios del capitalismo la bondad sale muy bien parada. La verdad es que no soy ningún experto conocedor de Marx, y lo que voy a decir se refiere a la versión vulgarizada del marxismo que llega a la calle. Especialmente pienso en la realización del marxismo que se experimentó en los regímenes del socialismo real.

Yo creo que Marx era una buena persona, pero no él lo sabía. Pensaba que simplemente era un científico que trabajaba en el campo de las ciencias sociales. Digo que era una buena persona porque, para él, el progreso de los seres humanos consistía en avanzar hacia una civilización solidaria y libre en que todas las personas se realizaran en plenitud. Vamos, el paraíso en la tierra para todos. Por aquellos tiempos un colega suyo, un tal Friedrich Nietzsche, alemán como él, filósofo como él, ateo como él, y parece que también bastante inteligente, aseguraba que “Lo esencial de una aristocracia buena y sana es que acepta con buena conciencia el sacrificio de un sinnúmero de seres humanos, los cuales, por su bien, deben ser rebajados y reducidos a seres defectuosos, a cadáveres e instrumentos. Esa “aristocracia sana”, liberada de toda compasión decadente ante los débiles, capaz de pensar en profundidad y defenderse de toda debilidad sentimental sabe que la vida es esencialmente apropiación, herir y avasallar lo extraño, lo débil, opresión y dureza… y por lo menos explotación”. Y claro pensaba que lo mejor era formar parte de esa aristocracia tan buena y sana. Vamos, un capitalista radical con todas las de la ley. Pienso que ninguna ciencia nos va a decir quién tenía razón. Optar por los objetivos de Marx o de Nietzsche, considerar que el progreso consiste en avanzar en una dirección u otra, no es un problema científico. Es una opción ética, y Marx optó por una aspiración a la igualdad y la felicidad para todos. Lo científico vino después.

Lo malo es que el fundamento ético de la opción de Marx quedó sepultado por el afán de elaborar una teoría científica que lo justificara. Y la pretensión científica desplazó a la bondad del protagonismo que debería tener en la construcción de una sociedad plenamente humana. Ya no eran las opciones éticas de los seres humanos las que actuaban como motor del progreso, era la dinámica imparable de la historia que, gracias a la lucha de clases, avanzaba hacia su culminación. Lo único necesario era tomar conciencia de esta dialéctica histórica y sumarse al proceso. Esta toma de conciencia se veía más como un esclarecimiento intelectual que como una opción ética. La bondad no contaba.

En el sistema soviético las consecuencias fueron demoledoras. Lo importante era el avance de la historia, y si para eso había que aplastar a millones, se aplastaban. El fin justifica los medios. La facilidad con que la nomenclatura soviética se ha transformado en la mafia rusa muestra bien a las claras donde habían quedado los principios éticos en el socialismo realmente existente. Y ese socialismo era el modelo para la gran mayoría de las fuerzas que aspiraban a la eliminación del capitalismo.

La bondad quimérica

Desde el polo opuesto al marxismo también el anarquismo combatía la brutalidad del capitalismo. Y lo hacía apoyado en una confianza ciega (y nunca mejor dicho lo de ciega) en la bondad humana. Para ellos la maldad estaba en la sociedad. “Destruyamos esta sociedad y la bondad natural de los seres humanos construirá una sociedad fraterna y libre”

No voy a meterme en las contradicciones de la teoría anarquista. Pero las consecuencias están claras: en nombre de la bondad y la libertad es necesario destruir, y matar si se tercia a todo el que se oponga. Si el ser humano es naturalmente bueno, siempre que actúe libremente actuará bien. No es necesaria una opción ética. La identificación de sociedad solidaria y justa con sociedad libre, puede llegar a la conciencia individual convertida en la idea de que lo bueno es hacer lo que a uno le de la gana. Y está claro que la bondad no es eso. La bondad que exija esfuerzo, generosidad y sacrificio no sale nada bien parada en la práctica anarquista. Lo cual no niega que en el campo anarquista existieran personalidades de una integridad y de una altura moral formidable. Pero no lo consiguieron transmitir a la masa de sus seguidores, ni al imaginario colectivo anarquista.

Las religiones

Considero que en las religiones la bondad humana también sale bastante malparada. Hablo de religiones en plural, el judaísmo, el Islam, el cristianismo… Hablar de la religión en singular nos metería en un debate sobre qué es el fenómeno religioso. Y lo que tenemos moviéndose por nuestro mundo y mandándonos sus mensajes son las religiones. Tampoco voy a tratar de las intuiciones básicas de los maestros espirituales a partir de los cuales se construyen las religiones. En Japón, en una reunión entre representantes de diversas confesiones religiosas, uno de los participantes señalo una característica que, según él, era común a todas las religiones, la infidelidad al espíritu de sus fundadores.

Conozco muy poco el Islam, pero los bombazos que se atizan chiíes y suníes no parece que estén inspirados en bondadosos sentimientos hacia el prójimo. Y los talibanes, con sus metralletas, sus hermosas barbas, y una piedra en el bolsillo por si de paso pillan a alguna adúltera, tampoco parecen un ejemplo de bondad.

Y viniendo a la religión de nuestros padres, vemos que el cristianismo vive una tremenda contradicción entre el espíritu evangélico de bondad y compasión hacia todo lo humano y la Santa Inquisición que la Santa madre Iglesia ha promocionado por todos los lugares en que ha podido. Además ocurre que el espíritu evangélico es mucho más silencioso que la jerarquía eclesiástica, acostumbrada a que sus voces se impongan en toda la sociedad. Lo que llega a oídos de la gente es la interpretación del cristianismo que realizan los funcionarios de esa religión. Cuanto más clericalizada está una religión, más se ahoga el espíritu de sus fundadores.

Una de las pegas del clero es que fácilmente se dejan invadir por una crecida soberbia. Tienen comunicación directa con lo divino, lo saben todo sobre Dios y el hombre. En nuestra situación concreta saben exactamente en que momento comienza una vida humana y cuando debe acabar. Ponen la norma por encima de la bondad. La inquina que el Bendito 16 mostró repetidamente contra el denostado relativismo, no es más que esa defensa de la norma. De su norma. Es lo que ya pasaba en tiempos de Jesucristo, cuando este, refiriéndose a los fariseos, dice: enseñan doctrinas que sólo son preceptos de hombres. “¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, del anís y del comino y descuidáis lo mas grave de la Ley: la justicia, el buen corazón y la lealtad!” Y no tenemos más que acudir a la emisora de radio de los obispos para ver el ejemplo de bondad humana que todos los días nos proporciona.

Y volvemos al principio. Pues a pesar de todo esto sigue habiendo buena gente. A pesar de todo, en la humanidad se va imponiendo la idea de los derechos humanos, que es la concreción de un espíritu de bondad hacia todos los seres humanos. No digo, ni mucho menos, que hayamos llegado al respeto real de esos derechos, pero por lo menos son aceptados en la conciencia colectiva. Algunos autores aprecian que, en sentido contrario y en extraña mezcla con el cruel egoísmo capitalista, se va extendiendo por nuestras sociedades un sentimiento de compasión hacia las víctimas de todo el mundo.

¿No tendrían que apoyarse más en esta bondad de los seres humanos los intentos de transformar el mundo? El socialismo científico ha quedado prácticamente descartado con el fracaso de los regímenes comunistas, pero hasta ahora no tiene un sucesor claro. Desde luego no lo es la socialburguesía, que actualmente es la versión más extendida de la izquierda, y ha aceptado con el mayor entusiasmo los principios de un sistema que sus mayores pretendieron derrocar. Tampoco parece que el catastrofismo verde, por mucha razón que tengan en lo que dicen, puede ser la raíz de un movimiento de avance de la humanidad. Y al maremagnun de los llamados antisistema precisamente creo que las falta una base clara en la que apoyarse. ¿No podría ser el socialismo ético, apoyado en esa resistente bondad humana el que tomara el relevo del descalificado socialismo científico?

4 comentarios

  • ELOY

    Termina el artículo con una pregunta sobre el sistema posible y deseable:

    “¿No podría ser el socialismo ético, apoyado en esa resistente bondad humana el que tomara el relevo del descalificado socialismo científico?”
     
    Pero  ¿ qué puede calificar, qué puede marcar a un sistema, socialista o no, como ético?.
     
    No dispongo de una solución determinante, pero si me parece que para que eso llegue se necesitan ciertos presupuestos de carácter  personal y social
     
    Por ejemplo, pienso que se necesita , en el plano personal, una honestidad cívica generalizada, que llegue a impregnar el sentido ético social dominante.
     
    Ello requiere, a mi juicio,  la  educación y cultivo en las personas de la bondad genérica a la que se refiere el artículo, y su traducción en una exigencia social activa de comportamiento y exigencia ética en el plano político, económico, e institucional de todo tipo, llegando incluso al plano vecinal.  
     
    Sin ese factor educativo personal y de exigencia social ética, toda intento de construcción social, por muchas leyes de transparencia y normas de ética corporativa e incluso penal que quiera establecerse pienso que estará abocado al fracaso.
     
    En ese sentido considero, por si solos inútiles (y falsos) todos los anuncios que desde el poder se hacen de  lucha contra la corrupción, de leyes de transparencia, de colaboración con la justicia etc., cuando el ejemplo personal  y personal de muchos de los que eso propugnan deja mucho que desear y basan muchas veces su defensa en frases ingeniosas para la prensa, en medias verdades y en enmarañarlo todo.
     
    Dado que la educación no es sólo la de la escuela, sino la de la familia y la que se da en otros medios sociales, entre ellos la que se produce a través de los medios de comunicación, basta con ver los “valores” que en muchos de estos medios se promueven, parar darnos cuenta de cuán lejos estamos del objetivo ético y cuán lejos podemos llegar a estar.
     
    Hay excepciones positivas y he de referirme expresamente a la escuela pública donde, con ejemplares profesores y sobreponiéndose a las trabas del sistema,  siguen cultivándose, en muchas de ellas , valores de solidaridad y crecimiento personal compartido.
    Con el deseo de felicidad y bondad a todos   
     
     
     

  • ana rodrigo

    Parece ser que la bondad es un concepto, una virtud, una actitud y una praxis personal, individual e intransferible. El cómo ese acto individual se transfiere a la colectividad, nos lleva organizaciones, grupos y, sobre todo, a legisladores que hacen posible que cada individuo de una sociedad se beneficie de la bondad de l@s demás. Y aquí entramos en un laberinto sin salida o con salidas parciales, puntuales o temporales. Y sí, hemos avanzado socialmente en algunas cosas, pero….
     
    Y es cierto, el sentido de justicia y bondad en el ser humano, es tan connatural como el de maldad, por eso siguen ahí legiones de gente bondadosa, generosa, solidaria y comprometida. Pero me temo que soluciones globales y/o locales desde sistemas político-económicos (sean del signo ideológico que sean), podemos esperar solamente lo que las sociedades sea capaces de exigir, de pelear, de manifestar en las calles o en los medios de comunicación, de protestar, de inconformismos múltiples, sin miedos a decirles a los gobiernos que está al servicio de las personas y no para machacarlas con leyes injustas.
     
    Respecto a las religiones, creo que casi todas, o todas, tuvieron su origen en creer en un Dios bueno y bondadoso, que quiere a los seres humanos y al que éstos deben imitar en su bondad. Como dice Antonio Z., de la traición a estos principios se han encargado las religiones y sus representantes, todos y siempre varones. No podemos suponer ni sospechar qué hubiese sido de las religiones si hubiesen participado las mujeres; supongo que habrían metido la pata como cualquier ser humano, pero me da que esas virtudes adjudicadas a las mujeres como la ternura, el cuidado, la compasión, el afecto explícito, etc. etc. quizá, digo quizá, hubiesen podido humanizar un poco a esos jerarcas (rabinos, imanes, curas, obispos o papas) y, de paso, a la base doctrinal sustentadora de sus abusos y su soberbia.

    PD.Qué, Antonio Zugasti, qué estupenda reflexión. Y, después de hab3rte tratado  personalmente en Madrid, mejor te puedo interpretar. Gracias

  • George R Porta

    No sé bien a qué pueda llamarse “socialism” ético versus “socialismo científico” sin dejar de hablar de socialismo que en realidad es palabra que se ha vuelto demasiado imprecisa.

    Por otra parte es cierto que hasta ahora las ideologías y los ideólogos a solas, como sostiene el Sr. Zugasti, no parece que puedan cambiar demasiado la injusticia que crece rampante por el mundo.

    Soy optimista pero aun aceptando que haya mucha gente buena, que estoy de acuerdo  que la haya, ¿cómo es que todo ha salido y sigue saliendo mal?
     
    La cuestión no es que no haya gente buena sino que la gente buena no hace el bien que debiera. No debiera haber necesidad de preguntar a nadie por la solución como si alguien tuviera la solución y aún no hubiese hablado. Cada una de esas personas buenas tiene una pieza del rompecabezas.
     
    Marx es solamente útil en su método de analizar las cosas. Acabo de publicar un comentario en otro hilo en el que menciono la segunda de sus tesis sobre Feuerbach en la que el pensador germano señala la necesidad de la práctica para validar el pensamiento (“El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento…”).
     
    Bastaría poner la bondad en práctica, la compasión gratuita, el servicio desinteresado, la solidaridad en ejercicio… Las instituciones y los sistemas ideológicos, todos por igual, según crecen como el cancer, cobran una vida propia y se desentienden de la realidad y de sus promesas originarias.
     
    Jesús de Nazaret no era una institución aunque sus seguidores cometieron el error de crear una y asociarla a un poder imperial. Pero siguiendo lo que propuso como “proyecto de vida” es posible actuar bien, actuar el bien probablemente con efectividad y economía de medios: Basta amar como se ame uno mismo. Eso fuera lo único necesario.
     

    “Estuve hambriento, y vosotros me disteis de comer; estuve sediento, y me disteis de beber; llegué como un extraño, y me recibisteis en vuestra casa; 36 no tenía ropa y me la disteis; estuve enfermo, y me visitasteis; en la
                                                                                                                                                                                                              cárcel, y fuisteis a verme” (Mateo 25, 35-36).

     

     

     

     

     

     

  • ELOY

    Ante todo mostrar mi alegría por esta interesante aportación que haces en ATRIO y felicitarte  por ella.

    Un saludo cordial

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