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¿Quién era Marcos?

Hay acuerdo entre los especialistas respecto a la identidad del autor del evangelio más antiguo. Sin embargo tienen razón, a mi juicio, quienes defienden la imposibilidad de saber con absoluta certeza quién lo escribió. Carecemos de datos externos concluyentes relacionados con la personalidad de Marcos y él tampoco indica nada en el texto sobre sí mismo.

1. Alguna pista

El documento que aporta la noticia más importante relacionada con este evangelio fue escrito por Eusebio en el siglo IV, siendo Constantino emperador del imperio dominante. La indicación (Historia eclesiástica III, XXXIX, 15) recoge la cita de una obra perdida de Papías (hacia mitad del s.II) que, a su vez, comenta la afirmación incluida en un libro también extraviado de un contemporáneo suyo al que llama el Anciano. Así se lee el referido texto del Anciano:

“Marcos, que fue intérprete de Pedro, escribió con exactitud, aunque sin orden, todo lo que recordaba de lo que el Señor dijo e hizo”.

2. Marcos: conocido, fiable y ¿desordenado?

La nota elude identificar a Marcos. Da por sabido quién es. Reconoce, por tanto, implícitamente que se trata de una persona muy conocida.

El objetivo del apunte persigue neutralizar una extendida opinión que infravaloraba al autor del citado evangelio debido al presunto desorden de su escrito. El Anciano admite también desorganización en el texto, pero usa dos argumentos en defensa de Marcos:

–       Su fiabilidad en la transcripción  del mensaje y la praxis de Jesús

–       El respaldo de Pedro como su fuente principal.

3. Relegado al olvido

Al parecer los alegatos del Anciano y de Papías gozaron de escaso éxito. De hecho el primer evangelio escrito quedó relegado a un papel menor y fue olvidado por los especialistas hasta casi el siglo XIX.

No resulta extraño. Marcos no imaginó relatos de la infancia ni escenas de testigos asegurando la resurrección. Consideró innecesario idealizar la figura del Galileo y eludió la idea de rehabilitar al ambicioso colectivo de seguidores ávidos de poder y nunca comprometidos con su proyecto.

Al ser  absorbido con ciertas enmiendas por los evangelios de Mateo y Lucas, el manuscrito original de Marcos pasó a segundo plano y se juzgó desconcertante.

4. Pero, ¿quién era Marcos?

Presumiblemente, un tipo de fuerte carácter, resuelto  e inconformista. Con seguridad, inteligente y atrevido. A él se debe la idea de usar un formato singular para poner por escrito la praxis del Galileo en clave pedagógica. Llevó a cabo la tarea sin ocultar su oscura procedencia (“el hijo de María”; Mc 6,3) y mostrando a todas luces cómo evolucionó gracias a su contacto con la cultura griega (ver Art. La sirofenicia en La semilla de la igualdad 10).

Por si fuera poco, Marcos tuvo la valentía de finalizar su evangelio de manera insólita: ¡con una conjunción! La escribió precedida por un verbo que expresaba con crudeza la cobarde actitud de los discípulos, el miedo:

Lit.:“… tenían miedo, pues” (Mc 16,8),

una persistente postura criticada por el Galileo por contraponerse a la adhesión leal (fe) a su Proyecto:

“¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe?” (Mc 4,40).

5. Marcos maquillado

Años después de ser escrito el evangelio de Marcos trataron de corregir su duro final para amoldarlo al de los otros dos sinópticos. El remiendo se nota. El parche fue adosado al texto original con mala mano y escaso talento (Mc 16,9-20. Otro apéndice breve, continuación de este, ni siquiera está recogido en muchas traducciones).

6. Enfocando algunos textos

Desde siempre se ha identificado al autor del primer evangelio con un personaje que aparece en el NT. Se impone, pues, aplicar el foco a los textos que aportan algún dato relacionado con tal individuo.

El sujeto en cuestión es nombrado de tres formas diferentes:

–       Juan Marcos (Hech 12,12.25; 15,37)

–       Marcos (Hech 15,39; Col 4,10; II Tim 4,11; Flm 24; I Pe 5,13)

–       Juan (Hech 13,5.13)

7. Pedro en la casa de la madre de Marcos

Encontramos la primera noticia sobre él en Hech 12,12:

“Una vez que (Pedro) cayó en la cuenta fue a la casa de María, la madre de Juan, el llamado Marcos, donde había buen número de personas reunidas orando”.

Tras librarse Pedro de las rejas que le encarcelaban: su obsesión mesiánica nacionalista basada en la consecución del poder (Hech 12,5-11. Obsérvese el detalle final: “…el Señor ha enviado a su ángel para librarme… de toda la expectación del pueblo judío), no acude a la comunidad oficial dirigida por Santiago, se encamina a otra, la que se reúne en casa de una tal María (El lugar propio de la sociedad alternativa es doméstico: la casa). Pero a María se la reconoce por un hijo suyo de nombre Juan y conocido por Marcos. Marcos destaca, pues, como seña de identidad de esa casa. María, su madre, acoge; Marcos distingue. La primera imagen de Marcos se nos presenta asociada a una comunidad.

Una vez liberado, Pedro referirá ante el colectivo reunido en esa casa su inigualable experiencia. Marcos, por lo que parece, no perderá detalle. En I Pe 5,13 Pedro llama a Marcos “mi hijo” en sentido figurado. De ese modo reconocía cariñosamente su fidelidad a cuanto le había confiado:

“Os manda recuerdos la (comunidad) que está en Babilonia, elegida como vosotros, y en particular mi hijo Marcos”.

8. Marcos: Garante del mensaje

En Hech 12,24-25, Marcos reaparece vinculado a la expansión del Proyecto. Bernabé y Saulo lo llevan consigo:

“El proyecto (lógos) de Dios iba cundiendo y se propagaba. Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, regresaron de Jerusalén llevándose con ellos a Juan, el llamado Marcos”.

Bernabé y Saulo no actúan como francotiradores, han sido enviados por la comunidad en la que están integrados (Hech 13,1-4). Marcos desempeña un papel esencial definido en Hech 13,5:

“Llegados a Salamina, se pusieron a anunciar el Proyecto de Dios en las sinagogas judías, aunque tenían a Juan como garante”.

Saulo y Bernabé se responsabilizan de la presentación del Proyecto. Marcos los acompaña como avalista de lo que ellos exponen. El valor de Marcos se desvela. Su presencia asegura la autenticidad del anuncio que han de realizar Saulo y Bernabé. Marcos interviene para respaldar sus explicaciones sobre el Proyecto. Se sabe, por tanto, quién es Marcos y la función que desempeña.

El término griego que expresa esta condición singular de Marcos (uperetes; etimológicamente: “remero al servicio de”) evoca directamente al Proyecto. Marcos lo acredita como fiel depositario. Lucas emplea esa expresión de singular significado  en la presentación de su evangelio:

“Lo que nos trasmitieron los que desde un principio fueron testigos oculares y llegaron a ser garantes del Proyecto” (Lc 1,2).

Ahora bien, sorprende que la afirmación relativa a Marcos como garante posea un carácter fuertemente adversativo: aunque tenían a Juan como garante”. Extraña igualmente que a Marcos se le llame Juan.

La razón se descubre en el hecho de que Saulo y Bernabé, en vez de lanzar el mensaje abierta e indiscriminadamente al pueblo, decidieron presentarlo en las sinagogas judías en contra de la universalidad que Marcos garantizaba. El papel de Marcos perdía su contenido. Así pues, su nombre se omite; se le denomina solo Juan.

9. Marcos deja plantado a Pablo

De igual modo aparece nombrado en Hech 13,13:

“Pablo y sus compañeros se hicieron a la vela en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Juan se separó de ellos y regresó a la ciudad de Jerusalén”.

Marcos toma ahora la iniciativa. Deja plantado a Pablo y regresa a su comunidad. No está por la labor. Rechaza un mensaje viciado por sus principios judaizantes. El Proyecto es otro. El garante Marcos desaparece. También aquí se silencia el nombre de Marcos y se le llama: Juan. Pablo viajará a partir de ahora sin su aval. Tal vez estos datos inviten a considerar los escritos de Pablo desde el filtro de lo que Marcos representa.

El enfrentamiento entre Pablo y Marcos llegó a mayores y acabó en ruptura:

“Bernabé quería llevarse con ellos a Juan el llamado Marcos. Pablo, en cambio, opinaba que a uno que, en vez de acompañarlos en la obra, los había dejados plantados en Panfilia, no debían llevarlo con ellos” (Hech 13, 37-38).

Pablo planteaba entonces a Bernabé emprender un nuevo viaje (Hech 13,36), pero Bernabé exigía ir respaldados con la garantía de Marcos. Pablo se opondrá abiertamente. La determinación de Bernabé y Marcos resultó acertada. Hech 16,4 da cuenta de que Pablo volverá por sus fueros e impondrá preceptos judaizantes a los miembros de las comunidades visitadas por él:

“Al pasar por las ciudades (Pablo, Silas y Timoteo) les comunicaban los decretos sancionados por los apóstoles y responsables de la ciudad de Jerusalén, para que los observasen”.

Resulta obvio que Pablo, sabiendo lo que hacía, rechazó a Marcos como garante de sus discursos.

Pablo y Bernabé siguieron distintos rumbos. Bernabé dejó a Pablo y decidió regresar con Marcos al punto de partida (Chipre):

“El conflicto se agudizó tanto que se separaron uno de otro: Bernabé se llevó a Marcos y se embarcó para Chipre” (Hech 13,39).

Desconocemos si Pablo se cayó o no del burro y terminó por aceptar el aval de Marcos. Dejando de lado el tema de la autenticidad de algunas de sus cartas, en ciertas despedidas asoma de diferentes maneras el nombre de Marcos:

“Recuerdos de Aristarco, que está preso conmigo; de Marcos, el primo de Bernabé (ya tenéis instrucciones sobre él; en caso de que vaya a visitaros, recibidlo” (Col 4,10).

“…solo Lucas está conmigo. Tráete contigo a Marcos, que me va a ser útil en la tarea” (II Tim 4,11).

“Recuerdos… de Marcos, Aristarco, Dimas y Lucas, mis colaboradores” (Flm 24).

10. ¿Será este, Marcos?

Marcos, como hemos indicado antes, no dejó en su texto ningún registro personal.

Cabe pensar que no fue este Marcos quien escribió el evangelio más antiguo, pero en ese caso habría que buscar a otro con ese mismo nombre y con un perfil similar.

11 comentarios

  • oscar varela

    Hola!

    En anterior Artículo aparecido en ATRIO “¿Quién era Marcos?”, 03-Diciembre-2013, Salvador Santos luego de recorrer variados Textos (Hechos y Cartas de Pablo) donde se hace mención de alguien con el nombre de “Marcos”, se pregunta:

    10. ¿Será éste, Marcos?
    Cabe pensar que no fue este Marcos quien escribió el evangelio más antiguo, pero en ese caso habría que buscar a otro con ese mismo nombre y con un perfil similar.
    ………………..

    Pregunto:

    1.- ¿En qué medida y proporción le cabría una tal “duda” a Salvador?

    2.- ¿En qué medida afectaría la investigación de “Una fecha para Marcos” si “en ese caso habría que buscar a otro con ese mismo nombre y con un perfil similar.”
    ………………….

     
    ¡Voy todavía! – Oscar.

  • Gonzalo Haya

    Gracias, Salvador, si algún día vinieras por Madrid me gustaría seguir dialogando.

  • salvador santos

    Hola Gonzalo

    Respondo a tus preguntas:

    ¿Has estudiado el significado y alcance de Hijo de Dios en Marcos?”

    Sí. Trabajar en la traducción me supuso estudiar el texto fondo y palabra a palabra. Te aporto brevemente unos apuntes:

    El término ‘hijo’ expresa relación con alguien o con algo. Hijo es quien se parece a su padre. Entenderlo en sentido metafísico está fuera de la mentalidad judía de la época.

    Marcos utiliza el título Hijo de Dios en cuatro ocasiones, dos con artículo (3,11; 5,7) y dos sin él (insisto en la importancia de los artículos) (1,1; 15,39).

    Sin artículo:

    1. Al principio. En el título: “Orígenes de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.” se usa en contraposición a la concepción de Mesías (también sin artículo) como hijo de David.

    2. Al final. En el momento de morir: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Un pagano lo reconoce.

    Con artículo:

    La fórmula que representa la ortodoxia: “El Hijo de Dios” aparece en boca de espíritus inmundos y endemoniados (3,11 y 5,7). ¡Curioso!

    “¿Qué añade la resurrección al Jesús histórico?

    La pregunta está planteada en términos muy generales que imposibilitan, por razones de tiempo y espacio, responderla aquí. Necesitaría presentar un análisis de todos los textos relacionados con el tema. Y una respuesta poco matizada por mi parte podría ser mal interpretada. Tal vez si pudieras descomponer el interrogante en cuestiones de rango más específico…

     
    Te mando un abrazo

  • Gonzalo Haya

    Gracias, Salvador, es muy significativo el desencuentro que pones de relieve entre Marcos y Pablo. Creo que en la actualidad se está dando un giro desde el Cristo de Pablo hacia el Jesús histórico de Marcos, y convendría profundizar en esta línea. ¿Has estudiado el significado y alcance de Hijo de Dios en Marcos? o ¿qué añade la resurrección al Jesús histórico?

  • m. pilar

    Sigo…  perdón.
    de los amigos llamados por el Galileo, quiso guardar tal cual se iba manifestando el magnífico Proyecto que el Galileo les ofrecía al tiempo que lo vivía con intensidad absoluta asumiendo todas las dificultades que eso conllevaba.
    Marcos !!!creyó!!! Que no solo era bueno sino necesario para levantarse de la situación decadente a la que estaba sometido el pueblo sencillo, ante la opresión de sus dirigentes, y en eso ocupo su tiempo de manera totalmente entregado al proyecto del Galileo, sin pensar en el, ni en firmar lo acontecido cada día.
    Para mí, eso nos habla de la calidad humana de Marcos y su fidelidad al Galileo y su proyecto.
    El seguimiento es así de sencillo… o me entusiasma, lo deseo, quiero, y lo hago parte fundamental de mi caminar por la vida que a cada cual le toca vivir.
    !Gracias Salvador! Es muy gratificante seguir tu andadura, gracias.
    m pilar

  • m. pilar

    !Gracias Salvador una vez más!
    Me fascina la serena faz de Marcos, totalmente creyente en la propuesta del Galileo, no necesitaba la “gloria” por su labor de narrar lo que iba sucediendo, comprendía que podía suceder con ese tesoro que vivía junto al Maestro.
    No necesitaba reconocimiento alguno personal, sabía de su gran valor, y un deseo profundo de salvaguardar “La Buena Noticia” por encima de la débil convicción

  • Justiniano Liebl

    Gracias Salvador por todo el trabajo vos y Oscar han dedicado a “Marcos”. A mí, me lo ha encantado.

    Se me occure una idea para ayudar nuestras consideraciones. Michel Clévenot, en los 140 páginas de su excellente libro ”Approches matérialistes de la Bible” en la línea de Fernando Belo, dedica casi la mitad del libro al ”Evangelio según San Marcos o La Narración de la Práctica de Jesús”.

    Son muy sujestivos los nombres de los capítulos:
    1. Cristianos en Roma en año A.D.71
    2. La Narración de una Práctica
    3. Una Narración Abierta: Mitología e Historia
    4. Una Narración Subversiva:
    Un Desgarramiento y Una Subversión
    5. Topografía y Estratégia
    6. La Lectura Clasista de las SS.Escrituras
    7. La Narrativa pregunta: ¿Quién es Jesús?
    8. El Combate de Vida y Muerte
    9. Faltando Poder – Nace Teología
    10.”Tener Fe” – o Practicar Fe, Esperanza y Amor
    11. Insurrección y Resurrección

    Justiniano de Managua

  • George R Porta

    Gracias, de Nuevo. Un abrazo. George

  • salvador santos

    Hola George.
    A tu primera pregunta: ”¿Cuál fuera el propósito de atribuirla a “alguien” casi como contra su propia voluntad de mantenerla oculta?”

    Marcos no pretendía ocultar su identidad como redactor. Sencillamente se desinteresó por situarse en primer plano. Pero la repercusión de su obra evitó que su nombre quedara en el anonimato. Nadie discutió su autoría.

    En el caso del evangelio de Marcos, la autenticidad del texto  no la concedía el nombre del autor, sino su propio contenido y la aceptación por los colectivos de seguidores.

    A la segunda:”¿No tiene un cierto valor (para mí importante) que el Evangelio de Jesús demande la aceptación riesgosa de su legitimidad histórica?”

    No lo dudo. La Buena Noticia (evangelio) es praxis social; historia. Habla de pies, de sandalias, de bastón para la andadura, de equipaje ligerito… Pero ¿quién reconoce esa praxis? No, quien la reclama, desde luego, sino quienes echan el pie adelante.

    A la tercera pregunta: “.¿No tiene un cierto valor al menos simbólico, que no sea demostrable conclusivamente la identidad del autor?”

    Hoy se suele publicar un libro con una tirada de ejemplares calculada en función de la previsible venta. Marcos escribió a mano solo un ejemplar. No pretendía vender, sino mantener vivo un proyecto ofreciendo la pedagogía de esa praxis.

     
    Respecto a su identidad, todos los indicios apuntan al personaje que se cita en el NT. Que no sea demostrable conclusivamente indica que las comunidades que aceptaron, conservaron e hicieron copias del evangelio de Marcos consideraron que aquella era una obra de vital importancia.

  • oscar varela

    Hola!
     
    Leo:
    – “el primer evangelio escrito quedó relegado a un papel menor y fue olvidado por los especialistas hasta casi el siglo XIX.”-

    Me resulta un ¡buen des-ayuno!
    Diría que más bien un ¡SACUDÓN!
     
    Ahora veremos qué hacer con estos “des-pabilamientos”
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar

  • George R Porta

    Gracias Salvador. Extraordinariamente esclarecedora tu investigación y siento alegría al saber que haya una cierta coherencia resultante de la crítica textual que haces muy comprensible y persuasiva.
     
    Permíteme que, no obstante, plantee tres preguntas que afloran partiendo (un hecho, que hacer permanecer como algo  aún investigable) de que el propio “autor” no revelara su identidad (hay una parte críticamente masiva del texto que se distingue por su unidad, por ejemplo de las adiciones finales). (No pretendo con mis explicaciones, ya sabes que sea palabrero, otra cosa que ponerlas en contexto).
     

    ¿Cuál fuera el propósito de atribuirla a “alguien” casi como contra su propia voluntad de mantenerla oculta?  Los textos que sugieren su identidad no son conclusivos como estableces al final al inclinarte por quienes favorecen el anonimato.

     
    Parece comprensible que, sobre todo al principio de la expansión del cristianismo, el problema de la autoría fuera importante como elemento persuasivo para establecer la autenticidad de la enseñanza, sobre todo cuando los testigos presenciales se iban extinguiendo o se habían desaparecido y las comunidades quedaban cada vez más distantes unas de las otras y el tiempo, la distancia y las “personalidades” (hermenéuticamente hablando) crearan inconsistencias. Después el “Proyecto” aun antes del siglo IV adquirió peso a pesar de las disensiones hasta contradicciones (herejías) y hoy día es irracional desechar el valor del mismo como alternativa viable.
     

    ¿No tiene un cierto valor (para mí importante) que el Evangelio de Jesús demande la aceptación riesgosa de su legitimidad histórica?  En efecto, o se le acepta o se le rechaza porque tampoco tolera por mucho tiempo las adaptaciones ideológicas, filosóficas, etc.

     
    De cualquier modo en los últimos dos mil años no se puede reconocer ningún otro proyecto o solución que le supere ni que le sea comparable en cuanto a alcance y en cuanto a prometer un Mundo suficientemente “no-mundano” en el sentido de ser suficientemente menos auto-destructivo, menos “diabólico”, o más benigno “a” o para todos. Tampoco es fácilmente concebible un efecto más destructivo sobre el Proyecto propuesto sobre las enseñanzas de Jesús que toda la barbarie que los propios cristianos hemos hecho padecer a la declaración de su misión, de su filosofía, de su propósito (Tradición que originó).
     
    Basta una mínima sensibilidad (me atreviera a llamarla conciencia filantrópica de su existencia) para reconocer este Proyecto jesuano como excepcional. Se sobran las “licitaciones” representadas por cientos de proyectos a lo largo de la historia que, en Occidente, al menos, crearon espacio para la recepción del Evangelio o que, después, hayan tratado inútilmente de quitárselo (las utopías de cualquier clase).
     
    El Evangelio responde precisamente al carácter “amoroso” de la humanidad y lo hace de un modo muy peculiar, casi exclusivo, aunque haya sido al inicio un afluente que “llega”  a un gran río, lo engrosa y lo tiñe de su color con bastante perdurabilidad, y a pesar de que después haya originado muchos afluentes fugados del cauce materno (aunque ya sabemos la historia de los río, los islotes que se van quedando entre afluentes, terminan por ser de nuevo cauce original).
     

    En resumen,  ¿No tiene un cierto valor al menos simbólico, que no sea demostrable conclusivamente la identidad del autor?  Quizás en la línea (por asociación) de la negativa del Dios de siempre (el aludido también de los mitos o en Isaías 45, 15) a mostrar su rostro, algo que en la mitología Náhuatl fue capaz de trastornar hasta al mismo dios. (Cf. Carlos Fuentes, “Espejos Enterrados”).

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