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La fe que mueve montañas

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Muchos piensan que hemos llegado en esta crisis a un callejón sin salida o a una plaza, quizás, pero como los ríos al mar que es el morir si no emprendemos otro rumbo a lo desconocido. Llegados al fin de todas las historias particulares, no hay vuelta atrás. Nuestro mundo -la patria y la casa de cada pueblo o nación- ha quedado a la espalda definitivamente. Y el reto es hoy otra historia y otro mundo: una historia verdaderamente universal, humana o de la Humanidad, y otro mundo en el que quepamos todos bajo un mismo sol de justicia. Sin islas de bien-estar ni pateras de mal-vivir o de morir ahogados, esa vergüenza que contradice nuestras grandes palabras.

El lema de la Revolución francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad – cristianismo secularizado hoy y antes humanismo bautizado- se ha quedado en un oscuro sentimiento y un sueño hermoso, increíble, que ya no mueve montañas. Mientras la dura realidad es ya un escándalo monumental que nos cierra el paso y nos hunde en la miseria.

Llegados al punto cero, si queremos ir a un mundo mejor y no quedarnos en éste, en el agujero, o volver a las andadas para caer en el abismo;si queremos salir de éstas, habrá que levantar el corazón y despegar sin el lastre del pasado. Necesitamos un punto y aparte: transformar la estación de termino en punto de partida y ,en trance, la situación. Que la plaza a donde hemos llegado, sea algo más que el mercado único y el rastrillo de todas las historias. Que merezca el nombre de foro de la concordia y del compromiso. O del recuerdo solo para no repetir los errores del pasado, del acuerdo para salvar las diferencias y del coraje para afrontar el futuro.

En la naturaleza no hay milagros, y lo racional es atenerse a lo que se repite naturalmente según sus leyes. Pero en la historia sí hay milagros, en la misma ida al menos en la que somos libres y responsables. Y lo razonable es entonces hacer todo lo que podemos apostando por aquello que estimamos y queremos en el fondo del corazón. Porque solo así, nos cabe esperar incluso -como gracia- aquello a lo que todos aspiramos y nadie podemos hacer.

Ahora bien, para ser verdaderamente humanos y emprender una historia humana de verdad, más que prédicas e ideas, necesitamos mucha moral, una fe que mueva montañas y testigos que anticipen aquí, donde nos encontramos, algo de lo que todos esperamos: una prenda del futuro que soñamos cuando estamos despiertos y un estímulo para seguir despiertos y activos en la práctica. Necesitamos testigos que nos entusiasmen, que inspiren confianza, que nos hagan respirar el aliento de la esperanza y espabilen la llama vacilante en la oscuridad. Necesitamos buenas noticias, y no tanto buenas leyes aunque también, sobre todo de los parlamentos que las hacen; sabiendo, sin embargo, que las leyes no sirven de nada si los ciudadanos no las cumplen y los jueces no las hacen cumplir. Por lo demás entiendo que nadie necesite en una situación crítica como ésta -ayuna de valores y de coraje- del flaco servicio que pueda prestarle una jerárquica eclesiástica que nos venga con la verdad en el bolsillo y la ley en la mano – o con con el palo – en vez de acercarse con el evangelio en la boca y el amor hecho carne a todos los hombres en su corazón: con “divina filantropía”, que es como llamaban los Padres de la Iglesia a la encarnación del Verbo. Si algo echamos en falta no es a los “príncipes de la Iglesia” sino a los “ministros”; es decir, a los servidores, que nadie se confunda: me refiero a los que se ponen de rodillas para lavar los pies a los pobres y, de pie, para caminar con ellos. No a los cortesanos que halagan al Papa y a los ministros que solo sirven al Estado Vaticano. Que esos son “la lepra” de la Curia, y no lo digo yo sino Francisco.

Necesitamos testigos como Jesús y de Jesús, que vino a dar testimonio de la Verdad. No para condenar al mundo, ni para someterlo desde el poder, sino para salvarlo desde la cruz del narcisismo de los poderosos y de cuantos pretenden someterlo en nombre de Dios. Porque Dios es Amor: la Verdad que nos hace libres, y no el Poder que somete a los hombres como esclavos.

Escribo este artículo después de leer con atención la entrevista que le hizo al Papa Francisco el director de La Repubblica, E. Scalfari, publicada el día uno de octubre. Los dos se declaran abiertamente “anticlericales” y reniegan del “proselitismo” de cualquier secta, escuela o partido político. El Papa reconoce la “autonomía de la conciencia” y respeta lo que uno cree en conciencia. Los dos confiesan su fe, la suya, según la entiende cada uno. Su testimonio es estimulante, y eso es lo que creo aunque no conozco a ninguno de los dos personalmente. Gracias por la moral que dan y nos inspiran. Recomiendo su lectura.

4 comentarios

  • Antonio Vicedo

    Me parece que tienes mucha razón, ana, en lo que afirmas que, dando por supuesto el desorden estructural de la Humanidad a consecuencia de la no aceptación de la verdad sobre la realidad personal del ser humano: igualdad general en valor dignidad finalidad  e inalienabilidad, en tanto sujeto racional libre y responsable, si esto no cambia y se mantiene aceptada su falsedad, cosa que tiene muy asegurada la cultura del actual de sistema de poderes, no es posible un cambio o paso de la inhumana, a la humana Humanidad.
     
     
    Una materia falsa, mantiene esa falsedad en cualesquiera piezas y ensamblajes en los que es elemento y factor indispensable y principal.
     
    Y es muy minoritaria en nuestra global sociedad la conciencia de este postulado de la real y radical  igualdad de todos los seres humanos.
     
     
    El poder es como el virus en las pandemias y cuando no se le reconoce como tal, no hay forma de que los efectos mortales de aquella, puedan ser abordados y superados con garantía de eficacia.
     
    En los laboratorios culturales, tanto religiosos como laicos, de este sistema se investigan las posibilidades de los poderes y los fallos de sus deficiencias, pero no la verdadera causa general de al pandemia mortal que destroza el equilibrio de la Humanidad ni el de su relación con toda la Naturaleza.
     
     
    Es consenso, casi globalizado, que el convencimiento teórico y la global práctica del reconocimiento de ese valor igualitario de los seres humanos y sus propias consecuencias estructurales a todos los niveles y ámbitos es algo utópico, imposible de que llegue a poder ser realidad en nuestros tiempos y lugares, pero, mientras, se mantiene esta global conciencia falsa, no caemos en la cuenta de que, lo realmente utópico es, que la Humanidad llegue a ser humana, al modo de cómo es el vivir relacional en la naturaleza no humana, por selvas y mares, bajo la ley de la Razón de la fuerza.

  • Javier Pelaez

    Hombre declararse el Papa anticlerical….Es como si se declararà el Rey antimonàrquico…

  • ana rodrigo

    Creo que en este artículo se superponen varios niveles: uno la crisis económica, otro la crisis de valores, otro la crisis religioso-católica y un último que el titular del mismo: la actitud personal de cada individuo.
     
    Si las actitudes individuales se suman unas a las otras en el pesimismo, en la inacción, en el derrotismo, en el miedo, todo se paraliza, el mundo, la sociedad se convertirá en algo inanimado. Y, por el contrario, cuando nos unimos en buscar alternativas, en denunciar y rechazar lo indeseable, en luchar por mejorar las cosas, es decir en traducir en cuestiones concretas nuestras esperanzas y nuestros deseos, entonces, ese especie de entelequia que son las ilusiones, se harán realidad. Ahí tenemos las “mareas sociales”, el STOP desahucios, las organizaciones solidarias, etc. etc.
     
    Respecto a la crisis de valores a nivel colectivo, pienso que no estamos peor que en otras épocas de la historia. Lo que ocurre es que en una sociedad tan compleja como la actual, los valores éticos, de tipo social, político, económico o religioso, quedan muy diluidos, y, como se suele decir, las buenas noticias no interesan, no son titulares de nada. Creo que hay una conciencia colectiva de valores como nunca la ha habido, entre otras razones por la falta de acceso al conocimiento de las mujeres (siempre encerradas en casa y sometidas a lo que pesase su marido), porque la educación no era universal para toda la infancia y, por tanto, no hace mucho no se conocían ni en teoría. Recuerdo mi experiencia en el aula cuando nos proponíamos entre todos y entre todas hacer un listado de valores, y era increíble, pero llenábamos (yo apenas intervenía) la pizarra con un listado impensable por mí cuando comenzábamos la actividad.

  • ana rodrigo

    Otro capítulo aparte se merece la crisis económica, ante la cual nos encontramos como títeres en manos de quienes nos manipulan la realidad y dirigen nuestros destinos.
     
    Llevamos varios años en que las tertulias, los especialistas en economía, tantos conocimientos como hay sobre todas las materias relacionadas con la materia, no paran de dar vueltas como los burros a una noria, con los ojos tapados para no marearse, pero repitiendo siempre los mismos pasos para no llegar a ninguna parte aunque se acabe el agua de donde la extrae la noria.
     
    El mundo dice organizarse en torno a instituciones mundiales, regionales y locales, (ONU, UE, uniones regionales de todos los continentes y culturas),  y ahí está: ni saben prever, ni saben resolver, si no es a costa de tantas víctimas inocentes, y con indecentes beneficios para unas minorías.
     
    Yo personalmente, soy muy poco optimista en este terreno, primero por lo inútiles que son los y las dirigentes, segundo, por la obscenidad de sus beneficios y sueldos personales, y tercero, y mucho más grave, porque los salvapatrias de ultraderecha, nazis y fascistas, están creciendo en todos los países europeos, la gente los vota, y ya estamos viendo hasta dónde pueden llegar (Grecia, Francia…). Precisamente en Europa, donde aún sangran las víctimas de tales gobiernos antes de la segunda Guerra Mundial.
     
    Ni las primaveras árabes, ni los 15M, ni las intervenciones de EEUU por arreglar algo en el Próximo Oriente, ni la aparente calma chicha de China, India y otros países emergentes, van a resolver nada, si no se cambia del SISTEMA capitalista a nivel mundial.

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