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Lectura liberadora del Nacimiento de Jesús

Benedicto XVI ha escrito un libro sobre La Infancia de Jesús. Pretende ser historia y teología. En las múltiples incertidumbres históricas opta por su manera de entender la fe, su teología desde una Iglesia poderosa. Otros, con todo derecho, hacen lo mismo, pero desde una teología de la liberación, con la atención fija en el hoy. Carlos Escudero Freire es uno de ellos. Y en este largo escrito —tomadlo con calma, a dosis, en estas fiestas— ofrecido por Koinonía dialoga con Ratzinger (lo resaltaremos en rojo) pero sobre todo expone su lectura liberadora de los dos primeros capítulos de Lucas.

Recensión bibliográfica sobre la obra de Benedicto XVI
La infancia de Jesús

Carlos ESCUDERO FREIRE

KOINONIA. RELAT Nº 258


Introducción

He leído con la atención debida el libro de Benedicto XVI sobre la infancia de Jesús (Mateo 1-2 y Lucas 1-2). Los dos evangelios de la infancia utilizan fuentes muy distintas, con relatos y escenas cuya finalidad teológica es también muy diversa. Como conozco mejor la obra lucana, sólo voy a hacer la recensión de Lucas 1-2. Seguro que algún experto en Mateo 1-2 nos obsequiará con otra reseña.

Uno de los criterios a tener en cuenta para entender mejor el contenido teológico de estos pasajes es que Lucas escribe estas escenas en forma de dípticos (de dos en dos) para contraponer y diferenciar mejor el papel de Juan y el de Jesús en la historia de la salvación. Lucas presenta a Juan como el último profeta del Antiguo Testamento, y a Jesús como Mesías, pero con unos títulos que desbordan totalmente las previsiones y los anuncios del Antiguo Testamento sobre él:

“La Ley y los profetas llegaron hasta Juan, a partir de ahí se anuncia el reinado de Dios” (Lc 16,16).

Ahí se produce un corte, una verdadera ruptura, porque Jesús no viene a completar la Antigua Alianza, sino a iniciar algo radicalmente nuevo y definitivo: la llegada del reinado de Dios. Querer mezclar y hacer componendas entre el Antiguo y Nuevo Testamento llevaría a la ruina de ambos:

“Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque, si no, el vino nuevo revienta los odres; el vino se derrama y los odres se echan a perder. No, el vino nuevo hay que echarlo en odres nuevos” (Lc 5,37-38).

Sería bueno también recordar que, aunque el Mesías había sido anunciado de distintas maneras y por diversos profetas, el contenido de estos anuncios difiere cualitativamente de los títulos y prerrogativas con que está adornado Jesús, no sólo después de la resurrección; estas prerrogativas le pertenecen ya desde su concepción y nacimiento. Así el título Santo, aplicado sólo a Yahvé en el AT, se le atribuye también a Jesús en Lucas 1,35; el de Señor, propio de la resurrección, Lucas se lo aplica a Jesús en muchos pasajes de su Evangelio; también se lo atribuye en el Evangelio de la infancia (Lc 1,17; 2,11). El título Hijo de Dios, con el que culmina la cristología de la Anunciación (Lc 1,35), es trascendente y está de acuerdo con las primeras palabras de Jesús (Lc 2,49), donde Jesús contrapone su Padre celeste a su padre terrestre, José. El título de Mesías, siguiendo el linaje de David y con la connotación de poder y dominio sobre todas las naciones de la tierra, es rechazado frontalmente por todos los evangelistas: el mesianismo de Jesús es de servicio y solidaridad con los más pobres y necesitados, no de dominio y poder.

Estas contraposiciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y entre Juan Bautista y Jesús, tienen que ser examinadas con rigor, para entender adecuadamente la teología del Evangelio de la infancia de Lc.

  • Anuncio a Zacarías: Lc 1,5-25.

Lc, después de un pequeño prólogo a toda su obra (Lc 1,1-4), comienza el Evangelio de la infancia con el anuncio de la concepción y nacimiento de Juan Bautista (Lc 1,5-25). Antes de examinar algunas afirmaciones de Benedicto XVI sobre el contenido de esta narración, comprobemos las circunstancias que la rodean.

– Esta escena nos introduce en un ambiente marcadamente sagrado: Zacarías es sacerdote (Lc 1,5). Mientras presta su servicio sacerdotal, entra en el santuario a ofrecer el incienso, pero la muchedumbre del pueblo está fuera (Lc 1,8-10). Es decir, Zacarías se encuentra en lugar sagrado, celebrando uno acto de culto sagrado, que sólo podían celebrar los sacerdotes: está en el lugar oficial de las manifestaciones divinas. El pueblo, que no cuenta para nada, permanece fuera, haciendo su propia oración. Zacarías, en claro contraste con el pueblo, representa lo sagrado; el pueblo, lo profano, lo que pertenece a su vida cotidiana. Pues bien, en este ambiente sagrado es donde se le aparece el ángel del Señor a Zacarías y le anuncia el nacimiento de Juan, a pesar de que él es mayor, y su esposa Isabel mayor y estéril. Anuncia también el carácter profético de Juan y afirma que será precursor de Jesús, el Señor (Lc 1,11-17).

Zacarías, a pesar de ser sacerdote y de estar inmerso en el ámbito de lo sagrado, se muestra incrédulo ante el anuncio del ángel:

“¿Qué garantía me das de eso? Porque yo ya soy viejo y mi mujer de edad avanzada” (Lc 1,18).

Lo que podría considerarse como una simple objeción de Zacarías ante el anuncio del ángel, requerida por el género literario de anuncios, aquí se convierte en falta de fe en el mensaje divino, porque Zacarías conocía sin duda otras concepciones del Antiguo Testamento, similares a la que le había anunciado el ángel: anuncio del nacimiento de Isaac (Gén 18,10-14); anuncio del nacimiento de Samuel (I Sam 1). Por eso esta incredulidad ante el anuncio del ángel lleva consigo un castigo ejemplar:

“Pues mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que eso suceda, por no haber dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento” (Lc 1,20).

La conclusión es clara: Zacarías, sacerdote, celebrando un acto sagrado en el santuario, no tiene fe, no se fía del mensaje del Señor. Puesto que él aparece como el último sacerdote del Antiguo Testamento, antes de la concepción de Jesús, el castigo de quedarse mudo tiene carácter simbólico: Lucas hace enmudecer a toda la casta sacerdotal, porque hacer gala de lo sagrado para distinguirse y distanciarse del pueblo, encumbrarse, ser objeto de honores y celebrar ritos sagrados, sin tener fe; es un verdadero fraude. Al salir del santuario ya no pudo comunicarse de manera normal con la multitud que estaba fuera, sólo por señas. De hecho Zacarías volverá a hablar después del nacimiento de su hijo Juan, pero no como sacerdote, sino como profeta por la irrupción del Espíritu Santo sobre él:

“Zacarías, su padre, lleno de Espíritu Santo, profetizó: – Bendito sea el Señor Dios de Israel”… (Lc 1,67-68).

Así pues, Lucas, desde la primera página de su Evangelio, afirma que el sacerdocio del Antiguo Testamento ya no tiene nada que comunicar al pueblo, a pesar de la tradición sagrada secular y del respeto que esta institución le merecía a la gente. Fiarse de Dios es lo fundamental, y la fe no está relacionada con el sacerdocio, sus ritos y los lugares sagrados.

Benedicto XVI pasa por alto estas conclusiones sobre lo sagrado y la falta de fe del sacerdote Zacarías, y, sobre todo, llama la atención que considere sacerdote a Juan Bautista en este relato. Escribe: “el sacerdocio de Juan Bautista va hacia Jesús”; “en Juan todo el sacerdocio de la Antigua Alianza se convierte en una profecía de Jesús”[1]. Y más adelante: “Juan que ‘se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno’ (Lc 1,15), vive siempre, por así decirlo, ‘en la Tienda del Encuentro’, es sacerdote no sólo en determinados momentos, sino con su existencia entera, anunciando así el nuevo sacerdocio que aparecerá con Jesús”[2].

Con este tipo de afirmaciones, la exégesis se resiente a causa de ideas preconcebidas, porque ni Juan Bautista aparece en esta narración como sacerdote, ni anuncia ningún sacerdocio de Jesús, que nunca aparece como sacerdote en la obra lucana. “Llenarse de Espíritu Santo ya en el vientre materno” (Lc 1,15) se refiere a la condición profética de Juan, que “irá por delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías… preparándole al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc 1,17). Juan aparece, pues, como el último profeta del Antiguo Testamento, “con el espíritu y poder de Elías”. Así es también presentado por su padre Zacarías en el Benedictus:

“A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor, a preparar sus caminos”. (Lc 1,76).

Benedicto XVI se apoya en el hecho de que “no beberá ni vino ni licor” (Lc 1,15) para afirmar que Juan es sacerdote[3], pero esta afirmación no se refiere a su sacerdocio, sino a su vida austera en el desierto, privándose de bebidas alcohólicas, en sintonía con su vestimenta y alimentos: “Juan iba vestido con pelo de camello, con una correa de cuero a la cintura y comía saltamontes y miel silvestre” (Mc 1,16). Su voz profética, desde el desierto, constituye un claro desafío a los sacerdotes y al templo. La afluencia masiva para recibir el bautismo de Juan en el Jordán indica claramente que el templo, con todo lo que representaba, ya estaba desprestigiado en esta época. Pero los mayores ataques contra el templo y los sacerdotes no vinieron de Juan Bautista, sino del mismo Jesús. Los profetas fueron anunciando la reforma del culto; Jesús, su abolición.

En el anuncio de la concepción de Jesús, como contrapunto y contraste dialéctico, captaremos todo lo afirmado con mayor claridad, porque la historia de Jesús corre paralela a la de Juan Bautista en el Evangelio de la infancia; este paralelismo es antitético, es decir, de contraste y confrontación, y resalta de manera muy plástica las prerrogativas de Jesús, y otros aspectos relevantes del Evangelio. Este paralelismo nos lleva a descubrir en Jesús una personalidad misteriosa y compleja: no hay personaje alguno en el Antiguo Testamento que se le pueda aproximar; nos quedamos, pues, sin puntos de referencia. La figura de Jesús con sus prerrogativas desborda también cualitativamente la de Juan Bautista. De hecho, Lucas afirma que con Jesús empieza algo radicalmente nuevo y en su Evangelio lo va resaltando de diversa forma.

  • La Anunciación: Lucas 1,26-38.

Veamos, pues, los rasgos más característicos del anuncio de la concepción y del nacimiento de Jesús (Lc 1,26-38). Al leer detenidamente esta narración, lo primero que salta a la vista de manera global es que la escena de Zacarías y Juan Bautista tiene como paralelo la de Isaac, y la de otros personajes importantes del Antiguo Testamento, cuyos hijos nacieron de madres estériles y de padres de edad avanzada. La narración de Jesús, por el contrario, apunta directamente, a través del Espíritu creador, a la creación de Adán, realizada directamente por Dios. Esta primera creación ha fracasado, y Jesús aparece como la nueva creación, es decir, con él se realiza un nuevo comienzo. Este paralelismo juega a favor de Jesús, nacido también de Dios (de su Espíritu), y principio, no sólo de una nueva creación, sino también de una nueva humanidad[4]. El paralelismo que Lucas establece con Adán[5] exime a Jesús de pertenecer al Antiguo Testamento, y para él cesa la obligación de someterse a los ritos, leyes y lugares sagrados que han ido apareciendo a lo largo de la historia de Israel. Otra cosa es que sus padres, como buenos judíos, hayan cumplido con Jesús los ritos que ordenaba la Ley mosaica.

Benedicto XVI prescinde de detalles importantes, dignos de resaltar en esta narración. Por eso vamos a detenernos, en primer lugar, en aquellos aspectos significativos que establecen una clara contraposición entre lo sagrado y lo profano. El ángel Gabriel, al aparecerse a María, lo hace en Nazaret, población desconocida en el Antiguo Testamento, y por tanto no ligada a las promesas mesiánicas. Además, Nazaret se encuentra en Galilea, provincia alejada del poder político-religioso de las más importantes instituciones judías, cuyo centro era Jerusalén (Judea). No hallamos nada de carácter sagrado en esta escena: no hay sacerdotes intermediarios, ni templo, ni ofrenda ritual, como en el caso de Zacarías. María está en su casa y allí tiene lugar el anuncio del ángel. Es una doncella[6] sin renombre, una desconocida, pero es la agraciada del Señor. Así, por pura gracia, iniciativa y gratuidad de Dios, María queda integrada en lo trascendente; irrumpe de manera directa y con fuerza en la historia de la salvación, inaugurada por Jesús como reinado de Dios, quedando José, padre del niño, y de la estirpe de David, en un discreto segundo plano. El anuncio del nacimiento de Jesús aparece así enmarcado en el desarrollo de una vida normal, en el devenir de lo cotidiano y sin relieve especial alguno: lo sagrado no aparece aquí por ninguna parte.

Llama también la atención que el ángel le diga a María:

— “Alégrate, favorecida, el Señor está contigo” (Lc 1,28).

Así se refleja la alegría asociada siempre a la venida y al encuentro con Jesús. También se refleja esa alegría mesiánica en el anuncio del nacimiento de Jesús; el ángel les dice a los pastores: “Tranquilizaos, mirad que os traigo una buena noticia, una gran alegría”… (Lc 2,10). Favorecida, es lo mismo que agraciada; entre tantas mujeres israelitas que habrían podido ser elegidas como madre de Jesús, Dios, por iniciativa propia, escoge gratuitamente a María sin mérito especial alguno. Era una joven normal de su tiempo, desposada con José; eso sí, una gran desconocida para la clase dirigente y dominante de Israel que esperaba la venida del Mesías con un esplendor y grandeza inusitados, y, por supuesto, con una manifestación apoteósica en el templo, lugar sagrado por excelencia. María proclamará proféticamente esta predilección de Dios por ella en el Magnificat:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor,
Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
Porque se ha fijado en la insignificancia de su sierva(Lc 1,46-48).

Y en el mismo himno Lucas afirma:

    “Derriba del trono a los poderosos
    Y exalta a los insignificantes(Lc 1,52).

Esta idea de que Dios elige a la gente sencilla, a los que no cuentan para los grandes de este mundo, es recurrente en el Evangelio de Lucas.

María escucha el anuncio de Gabriel:

“Pues mira, vas a concebir, darás a luz uno hijo y le pondrás de nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David su antepasado; reinará para siempre en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin” (Lc 1,31-33).

El título principal de este pasaje es Hijo del Altísimo. ¿Qué alcance tiene? Está claro que Hijo del Altísimo se contrapone al título de Juan, profeta del Altísimo (Lc 1,76). ¿En qué sentido? Tanto H. H. Oliver[7], como R. Laurentin[8] afirman la superioridad mesiánica de Jesús sobre el carácter profético de Juan, ya que Jesús nunca aparece como profeta en el Evangelio de la infancia de Lucas. Pienso que el mismo Lucas, en el versículo 33, contexto inmediato en que se encuentra el título Hijo del Altísimo (Lc 1,32), da la respuesta adecuada: se trata del título mesiánico que corresponde a Jesús, y que es superior a la condición profética de Juan. Lo mismo pasa con el título grande, aplicado a Juan (Lc 1,15) y a Jesús (Lc 1,32): grandeza profética de Juan y grandeza mesiánica de Jesús. Estos títulos no son trascendentes.

Terminado el anuncio, María pone una objeción[9]:

“¿Cómo sucederá eso si no vivo con un hombre?

El ángel le contestó:

El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que va a nacer será llamado Santo, Hijo de Dios” (Lc 1,34-35).

En este anuncio de Gabriel se encuentra la cristología más avanzada de toda la obra lucana. Los títulos abiertos a la trascendencia se deben a la irrupción del Espíritu Santo sobre María (Lc 1,35): son los títulos Santo e Hijo de Dios en sentido trascendente. La novedad radical respecto al Antiguo Testamento no estriba en que Jesús aparezca como Mesías, en la línea de la grandeza de David, sino en que se le atribuya el título Santo, sólo aplicado de Yahvé, y que aparezca como Hijo de Dios en sentido misterioso, estricto y trascendente[10]. No hay ningún personaje de la Antigua Alianza con estos títulos. La irrupción del Espíritu Santo sobre María está relacionada con estos títulos trascendentes, aplicados a Jesús, que señalan y marcan un nuevo comienzo. Jesús, pues, desborda los anuncios y previsiones sobre el Mesías del Antiguo Testamento.

En Lc 2,49, Jesús había llamado a Dios: “mi Padre”, contraponiendo y sobreponiendo esta paternidad, a la paternidad natural de José: “¡Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo” (2,48). Hay también una conexión teológica innegable con Lc 10,21-22. El versículo 22 dice así:

“Mi Padre me lo ha enseñado todo. Quién es el Hijo, lo sabe sólo el Padre. Quién es el Padre, lo sabe sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Lc 10,22).

Este versículo trata, pues, de manera directa sobre el conocimiento único y recíproco entre el Padre y el Hijo. Podemos, por eso, afirmar que el conocimiento exclusivo que Jesús, el Hijo, tiene de su Padre entraña una relación profunda, única y misteriosa con él, en sentido trascendente.

María recibe este secreto, lo guarda en su corazón, y lo acepta por la fe, es decir, se fía de Dios, ya que todavía no está capacitada para comprender la profundidad del misterio de su hijo. Es decir, María es presentada como creyente: acepta los acontecimientos que se van a desencadenar sobre la personalidad y la misteriosa condición de su hijo. Ésta es su grandeza y en esto se diferencia de Zacarías. El padre de Juan, sacerdote, no cree en el anuncio del Señor (Lc 1,18-20); María, por el contrario, acepta el mensaje de Dios y responde al ángel:

“Aquí está la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que has dicho” (Lc 1,38).

Su confianza en Dios es total; cree que “para Dios no hay nada imposible” (Lc 1,37), y por eso da su consentimiento al anuncio de Gabriel. Ésta es la verdadera grandeza de María, haber sido la primera creyente en el misterio de Jesús; por eso la primera bienaventuranza del Evangelio de Lucas es para ella (Lc 1,45)[11]. “Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel” (Lc 1,40). Zacarías queda en un discreto segundo plano, y, en la escena, que tiene una riqueza teológica importante, las protagonistas son las dos mujeres, María e Isabel[12]. María saludó a Isabel, y su hijo “dio un salto en su vientre” (Lc 1,41). Isabel, “llena de Espíritu Santo, proclama a voz en grito: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” (Lc 1,41-42). Y un poco más abajo sale de su boca la primera bienaventuranza:

“¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1,45).

El objeto de nuestra fe, como la de María, es Jesús, su persona, su actividad y su mensaje. El reinado de Dios se identifica con él.

Benedicto XVI no distingue con nitidez entre los títulos mesiánicos y los trascendentes de Jesús (Lc 1,32-35). Parece darle a los títulos mesiánicos un mayor realce del que en realidad tienen. Tampoco establece ningún contraste entre lo sagrado de la escena de Zacarías, y lo profano, inaugurado por María en la escena de la Anunciación. Nadie se lo podría pedir, siendo él, en este momento, “Pontifex Maximus”; detenta, por tanto, todo el poder sagrado en su persona. Tampoco nadie espera de él que cambie de opinión en el tema de la virginidad de María, ya que, desde el siglo IV, y, sobre todo desde el s. V, Concilio de Calcedonia (451), la Iglesia oficial y la teología tradicional durante siglos han venido afirmando que María no concibió por medio de varón, como toda mujer que ha sido madre, sino por obra del Espíritu Santo.

Por eso, una vez examinada la posición de Benedicto XVI sobre la virginidad de María, quiero ofrecer una respuesta sencilla y lo más completa posible sobre este tema, ante las dudas de muchos cristianos que están desorientados por lo que escuchan en reuniones, círculos privados, opiniones aisladas, etc., sin saber cómo explicar y poder aceptar lo que va siendo normal en la teología más avanzada de nuestro tiempo, es decir, que la concepción de Jesús se ha realizado por obra de varón, como sucede en el caso de cualquier otra persona.

  • Concepción virginal de María

Benedicto XVI, en el apartado que titula: El nacimiento virginal, ¿mito o verdad histórica?, p. 57, contiene algunas afirmaciones que, a mi juicio, convendría matizar. Refiriéndose a la Anunciación, afirma: “Es la obediencia de María la que abre la puerta a Dios. La Palabra de Dios, su Espíritu, crea en ella al niño. Lo crea a través de la puerta de su obediencia… De este modo se produce una nueva creación, que, no obstante, se vincula al “sí” libre de la persona humana de María”[13]. Dos veces habla de la obediencia de María, cuando lo más correcto es hablar de la fe de María, que renglones más abajo es proclamada “dichosa por haber creído” (Lc 1,45). Tampoco contrapone la fe de María, a la incredulidad del sacerdote Zacarías. Con él enmudece el sacerdocio del Antiguo Testamento.

Más adelante, Benedicto XVI escribe: “Karl Barth ha hecho notar que hay dos puntos en la historia de Jesús en los que la acción de Dios interviene directamente en el mundo material: el parto de la Virgen y la resurrección del sepulcro, en el que Jesús no permaneció ni sufrió la corrupción. Estos dos puntos son un escándalo para el espíritu moderno. A Dios se le permite actuar en las ideas y los pensamientos, en la esfera espiritual, pero no en la materia. Esto nos estorba”[14].

Lo primero que nos sorprende es que se equiparen dos acontecimientos, la resurrección de Jesús y la virginidad de María que tienen poco que ver entre sí: mientras que la resurrección centró el interés, por una necesidad vital de las primeras comunidades cristianas, la virginidad de María ni se plantea en este primer estadio de las comunidades cristianas. Además, Karl Barth habla de la historia de Jesús, y el hecho de la resurrección no pertenece a la historia, ya que no hubo testigos oculares; hay que hablar más bien del misterio de la resurrección, que pertenece a la meta-historia; habla también de la resurrección del sepulcro, pero los relatos sobre el sepulcro vacío, que van surgiendo en diversos lugares, tienen como finalidad expresar la fe en la resurrección. Además, una cosa es que Dios pueda actuar en la materia y, otra es que lo haya hecho. Por lo demás, en la Anunciación no se habla de parto virginal, sino de “concepción virginal”. Por eso, no podemos admitir esta afirmación tajante de Benedicto XVI: estos dos puntos – el parto virginal y la resurrección real del sepulcro – son piedras de toque de la fe… Por eso la concepción y el nacimiento de Jesús de la Virgen María son un elemento fundamental de nuestra fe y un signo luminoso de esperanza”[15]. La resurrección de Jesús sí es piedra de toque o fundamento de nuestra fe; la concepción y el parto virginal de María, no. Lo veremos a continuación.

  • Concepción y nacimiento de Jesús por obra de varón.

1. En relación con la concepción virginal de María, conviene saber que las comunidades cristianas primitivas no se presentaron este problema. Les fue totalmente ajeno. Pablo, que escribe sus cartas a partir de unos veinte años desde la muerte de Jesús, no habla de virginidad de María; escribe:

“Pero cuando se cumplió el plazo envió Dios a su hijo, nacido de mujer” (Gál 4,4).

2. Es verdad que Mateo y Lucas usan fuentes hebreas distintas sobre la infancia de Jesús, y, para algunos teólogos, sólo coinciden en que María concibió sin obra de varón, por la acción del Espíritu Santo. Al comentar Lc 1,35, ya hice ver que la actividad del Espíritu Santo en María está relacionada, no con la virginidad, sino con las prerrogativas de su hijo, al que se aplica el atributo Santo, exclusivo de Yahvé, y del que se afirma que es Hijo de Dios en sentido trascendente.

3. Las mitologías antiguas, desde Egipto hasta Mesopotamia, para destacar la grandeza de un personaje ilustre, afirmaban que dicho personaje había nacido de la unión sexual entre su madre y un dios. Esto se afirma de algunos faraones en Egipto, de emperadores asirios, y de grandes guerreros como Alejandro Magno. También se aplica a algunos emperadores romanos como a Octavio Augusto. En la Palestina del tiempo de Jesús y en Asia Menor se conocían estas tradiciones mitológicas, y Lucas, pagano, de formación helenista, y que escribe para paganos, la utiliza también para resaltar la grandeza y excepcionalidad de Jesús. Eso sí, en la narración de la Anunciación no hay vestigio alguno de la relación sexual de María con ningún dios. Se trata de la fuerza y el poder creativo del Espíritu Santo, que interviene en su seno, para indicar que Jesús desde su concepción tuvo la plenitud de ese Espíritu, y aparece así, con atributos sorprendentes, como la nueva creación (Lc 1,34-35). La referencia a la primera creación y al poder creador del Espíritu de Dios resulta aquí determinante (Gén 1,1-2).

4. Este planteamiento teológico no niega que Jesús haya nacido, como los demás seres humanos, por concurso de un varón, en este caso de José. Con frecuencia encontramos en los evangelios pasajes con un marcado contraste, pero el hecho de ponderar la grandeza o excelencia de uno de esos dos términos no anula la realidad o el contenido del otro. Es evidente que en la escena de la Anunciación se establece un claro contraste entre nacido de varón y nacido del Espíritu. Predomina nacido del Espíritu, por las prerrogativas con que viene adornado Jesús, el Hijo de Dios, pero no se niega la realidad del primer término, es decir, la paternidad de José.

A manera de ejemplo, para clarificar este contraste en la Anunciación, leemos en el Evangelio de Lucas que una mujer dijo a voz en grito:

“¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Pero Jesús repuso:
Mejor: ¡Dichosos los que escuchan el mensaje de Dios y lo cumplen!” (Lc 11,27-28).

Es evidente que Jesús no niega la primera bienaventuranza referida a su madre, pero le da más importancia a la segunda. María cumplió con creces esta segunda bienaventuranza, fiándose totalmente de la palabra de Dios en la escena de la Anunciación.

Algo semejante encontramos en el Prólogo del Evangelio de Juan. Hablando el cuarto evangelista de la Palabra, escribe:

“Vino a su casa, pero los suyos no la recibieron.

Pero a los que la recibieron, los hizo capaces de ser hijos de Dios. A los que le dan su adhesión, y éstos no nacen de linaje humano, ni por impulso de la carne, ni por deseo de varón, sino que nacen de Dios” (Jn 1,11-13).

Aquí también se afirma que “nacer de Dios” es más importante que “nacer de varón”. En otro pasaje, Juan afirma lo mismo de otra manera. En conversación con Nicodemo, Jesús afirma:

“Te aseguro que si uno no nace de nuevo no podrá gozar del reinado de Dios” (Jn 3,3). En el contexto (Jn 3,4-8) se asegura que este segundo nacimiento está relacionado con “nacer del Espíritu.” El Espíritu, creador de algo nuevo, con carácter definitivo, aparece constantemente en los evangelios.

En relación con el dogma de la virginidad de María, que se puede aplicar también a otros dogmas, es conveniente aclarar algunos términos:

En cuanto a la virginidad de María sostenida en los primeros concilios de la Iglesia, hay que decir, ante todo, que en esos concilios se discutieron fundamentalmente verdades, sobre todo, las relacionadas con los títulos y las prerrogativas de Jesús, que, evidentemente implicaban también a María. Estas verdades se debatieron con pasión y con ardor, y siempre hubo vencedores y vencidos. Los vencedores se llamaron a sí mismos ortodoxos, y a los vencidos les pusieron la etiqueta de heterodoxos o herejes. Los ortodoxos proclamaban los dogmas, y a los así llamados herejes se les condenaba o anatematizaba, y eran separados de la comunión de esa Iglesia triunfante. Pasados algunos siglos de la historia de la Iglesia, el concepto de hereje se fue ampliando, y muchos eran torturados por orden de la Santa Inquisición, o mandados al patíbulo, el más frecuente el de la hoguera. Muchos siglos después, algunas de estas herejías dejaron de ser tales porque estaban más conformes con los puntos centrales de los evangelios. Así las cosas, conviene afirmar lo siguiente:

– En los evangelios y el resto del Nuevo Testamento no hay dogmas, es decir, no hay verdades derivadas de una teología especulativa que, a su vez, se apoya en conceptos y argumentos filosóficos, tomados de la filosofía clásica griega, sobre todo de Aristóteles, y de las diversas filosofías contemporáneas a los escritos del Nuevo Testamento, entre las que destaca la influencia del estoicismo.

– También influyeron en la elaboración de los dogmas las circunstancias históricas concretas, casi siempre las de carácter político-económico, que condicionaron incluso el comienzo y la finalización de algunos concilios[16].

Los argumentos sacados de los Evangelios o del resto del Nuevo Testamento y del Antiguo, son con frecuencia inconsistentes, por estar distorsionados o sacados de contexto. Como contrapunto, y, dado el avance de la teología en el siglo XX y en lo que va del XXI, algunos de los dogmas que han ido surgiendo a lo largo de la historia de la Iglesia, han sido sometidos a revisión, por la poca consistencia que tenían, al no encontrar un apoyo serio en el Nuevo Testamento, o al chocar frontalmente contra las tendencias teológicas más actuales y renovadas[17].

  • Lo sagrado y lo profano

La Anunciación y el marcado contraste con Zacarías, en lo tocante al tema de lo sagrado, podríamos resumirlo así:

En la Anunciación, que tiene como centro la concepción de Jesús con sus prerrogativas trascendentes, no hay vestigio alguno de lo sagrado. Tanto el lugar, la casa de María, como la ciudad, Nazaret, como la región, Galilea, están lejos de los lugares y las instituciones sagradas de Israel. María es a su vez una joven sencilla, de linaje desconocido, pero es la escogida gratuitamente por Dios. Nos encontramos, pues, en el terreno de lo secular, de la vida normal, de lo profano.

— El contraste con Zacarías no puede ser mayor. En el anuncio al padre de Juan lo sagrado brilla con todo el esplendor: el anuncio del ángel a Zacarías tiene lugar en el templo; él es sacerdote, y estaba prestando su servicio sacerdotal junto al altar; era una ceremonia sagrada: ofrecía el incienso. Este contraste alcanza su culminación cuando percibimos que, en medio de este ambiente sagrado, Zacarías no tiene fe.

— María, por el contrario, fuera de todo ambiente sagrado, haciendo su vida normal y sin llamar para nada la atención, acepta el mensaje de Gabriel, da su consentimiento y es proclamada dichosa por haberse fiado de Dios. La grandeza de María está en su fe, y la fe es un acto humano libre de adhesión a Dios, y no pertenece al terreno de lo sagrado. María es la primera creyente en Jesús, pero, aunque su vida diaria discurre en la rutina y la normalidad, tendrá que seguir renovando, día a día, su fe ante el desconcierto causado por su propio hijo, debido a su misteriosa personalidad. En esta escena tan importante de la Anunciación ha intervenido directamente Dios, con una revelación gratuita y trascendente, y ha tomado partido, no por el ámbito de lo sagrado, sino de lo profano, de lo cotidiano, de lo secular.

  • María visita a Isabel; el nacimiento de Juan: Lucas 1,39-66.

En la siguiente narración, en la que María visita a Isabel, todo encaja de nuevo en el ámbito de lo profano, de lo cotidiano y de la normalidad. A pesar de que María va a la casa de Zacarías, éste queda relegado en la escena. Todo sucede entre María, su prima Isabel, y los dos niños que están en el vientre de sus madres. Pero la presencia de Jesús en el seno de María hace que Isabel se llene de Espíritu Santo y llame dichosa a María por haber creído (Lc 1,41-45). No hay templo ni mediación alguna sacerdotal. El Espíritu se ha presentado de nuevo al margen de lo sagrado. Jesús posee la plenitud del Espíritu de Dios, y lo derrama aquí sobre Isabel con sola su presencia. El evangelio de Lucas seguirá insistiendo en este hecho, porque con Jesús aparece siempre el influjo del Espíritu Santo, en él y en las personas que lo circundan y le prestan su adhesión. Ni el templo ni los sacerdotes contemporáneos de Jesús podían proporcionar el don del Espíritu, porque a esos sacerdotes les faltaba la fe, como a Zacarías, y realizaban actos de culto llenos de ritos, pero vacíos de contenido.

María proclama luego el Magnificat y, terminado este himno, volvió a su casa (Lc 1,56).

A continuación, Lucas narra el nacimiento de Juan Bautista (Lc 1,57-66). Cuando van a circuncidarlo le quieren poner el nombre de su padre, Zacarías. Interviene la madre diciendo que se va a llamar Juan. Como los acompañantes insistían en que ninguno de los parientes se llamaba así, preguntaron a su padre por señas cómo quería que se llamara. Él, tomando una tablilla, escribió: “su nombre es Juan”. Todos se maravillaron y sólo entonces se desató su lengua y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Se había cumplido lo anunciado por el ángel, y Zacarías, lleno de Espíritu Santo, profetizó(Lc 1,67). En su propia casa, sin ritos ni ceremonias, desaparece el sacerdote de la escena, y, por iniciativa de Dios, surge el profeta. Zacarías entona el Benedictus. Avanzado el himno, habla de la misión de su propio hijo: “Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor, a preparar sus caminos” (Lc 1,76).

Juan aparece, pues, como profeta, y su misión es ir delante del Señor, a preparar sus caminos. Este es uno de los pasajes importantes del Evangelio de la infancia en que Lucas aplica el título de Señor, propio de Yahvé, a Jesús, antes de que éste naciera.

Esta escena termina hablando de Juan: “El niño iba creciendo y su personalidad se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel” (Lc 1,80).

Estas afirmaciones excluyen el carácter sacerdotal de Juan: vivió en el desierto, lejos del templo y de todo contexto sagrado, y desde el desierto comienza su misión de precursor de Jesús. Es decir, Juan vive en el desierto, alejado de todo el aparato religioso y sagrado de su tiempo. Ya no se habla más de él en el Evangelio de la infancia. Lucas lo vuelve a poner en escena con una introducción solemne (Lc 3,1-2), y afirmando que “le llegó un mensaje de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto” (Lc 3,3). De nuevo, por iniciativa divina, se establece línea directa entre Dios y Juan, sin ningún tipo de mediación sagrada, y en el desierto. Aunque el desierto tenga reminiscencias bíblicas, el lugar no es sagrado. El bautismo administrado por Juan tampoco tenía carácter sagrado. Lo realizaba recorriendo toda la comarca del Jordán “para que se arrepintieran y se les personaran los pecados” (Lc 3,3-4).

  • Nacimiento de Jesús: Lucas 2,1-20.

Esta sencilla y grandiosa escena sobre el nacimiento de Jesús, su significado profundo, y sus principales destinatarios, discurre por los caminos de la vida normal de María y José, sometidos, como toda la nación judía, al decreto del emperador Augusto. A su vez, este decreto imperial sitúa la narración del nacimiento de Jesús, no dentro del estrecho marco del judaísmo, sino dentro del panorama universal representado por el Imperio romano. De este modo, Jesús queda insertando en el marco de la historia universal.

Benedicto XVI sitúa perfectamente el marco histórico y teológico del nacimiento de Jesús (pp. 65-71). Incluso da los detalles fundamentales de la inscripción de Priene, año 9 a. C., sobre el Emperador Augusto en una fusión de divinidad-humanidad (pp. 66-67); y destaca la pax augusta (pp.67-68). A continuación se refiere al censo para cobrar los impuestos (pp. 68-70), y, aunque históricamente, este censo está en discusión, teológicamente se acomoda a la profecía de Miqueas 5,1-3, sobre el nacimiento de Jesús en Belén (pp. 71-72). Luego se refiere a la abundante datación histórica, relacionada con el comienzo de la vida pública de Jesús (Lc 3,1s), (pp. 70-71). Me parece, pues, acertado lo que escribe en esta sección: “Jesús no ha nacido y comparecido en público en un tiempo indeterminado, en la intemporalidad del mito. Él pertenece a un tiempo que se puede determinar con precisión y a un entorno geográfico indicado con exactitud: lo universal y lo concreto se tocan recíprocamente”[18].

Es verdad que va a nacer en Belén, ciudad de David, pero el marco de su nacimiento está configurado por los paganos, representados aquí por el emperador Augusto y el Imperio romano, indicando Lucas, de este modo, que Jesús no viene a restablecer el reinado de David, sino que su misión se extenderá hasta los confines del mundo (Hechos 1,8).

A continuación aparece José, sólo para indicar que, como cabeza de familia, toma con él a su esposa, que estaba encinta, y que se dirigen a Belén, ciudad de David, porque José era “de la estirpe y familia de David” (Lc 2,4). Jesús queda, pues, simbólicamente entroncado con la familia de David, pero no va a nacer colmado de honores en la ciudad santa, Jerusalén, sino en medio de una pobreza severa y rodeado de gente pobre, los pastores.

El amplio comentario de Benedicto XVI sobre el NACIMIENTO DE JESÚS[19], a mi manera de ver, deja mucho que desear. No podría ser de otra manera, ya que este relato de Lucas encierra uno de los pilares más sólidos que fundamenta la Teología de la liberación, y bien sabemos que el cardenal Ratzinger fue durante 25 años el incansable fustigador de esta teología, censurando con dureza a muchos teólogos y sus escritos. No obstante, vamos a discurrir por su comentario, antes de ofrecer el punto de vista de la Teología de la liberación sobre este pasaje, que tanto nos puede interpelar y enriquecer.

Benedicto XVI, comentando “no había sitio para ellos en la posada”, primero saca las conclusiones de una breve elucubración teológica, y luego afirma: “Esto debe hacernos pensar y remitirnos al cambio de valores que hay en la figura de Jesucristo, en su mensaje. Ya desde su nacimiento, él no pertenece a ese ambiente que según el mundo es importante y poderoso”[20]. Estoy de acuerdo con esta afirmación, que se me antoja tímida y aislada, dado los comentarios que hace sobre otros textos de esta misma escena. Así, comentando que “María puso a su niño recién nacido en un pesebre”, y siendo este texto parte de la señal dada por el ángel a los pastores, se limita a afirmar que está en consonancia con la tradición de las grutas que había en estos parajes (p. 74). Al comentar “María envolvió al niño en pañales”, afirma que se trata de “una referencia anticipada de la hora de su muerte” (p. 75). En esta misma página, recurre a la interpretación alegórica de San Agustín, que no tiene nada que ver con este texto (p. 75). Luego, con diversas citas del Antiguo Testamento, afirma que “el pesebre sería de algún modo el Arca de la Alianza, en la que Dios, misteriosamente custodiado (por dos querubines) está entre los hombres” (p. 76). Está claro que esto es una sublimación de lo que representa el pesebre.

Benedicto XVI habla a continuación de los pastores y afirma: “Jesús nació fuera de la ciudad, en un ambiente en que por todas partes en sus alrededores había pastos a los que los pastores llevaban sus rebaños. Era normal por tanto que ellos, al estar más cerca del acontecimiento, fueran los primeros llamados al pesebre” (pp. 78-79). Benedicto XVI, a quien tanto le gustan las elucubraciones teológicas, despoja a los pastores de la profunda carga teológica que tienen en este relato. Un poco más abajo, para enmendar un tanto la plana, afirma: “ellos –los pastores– representan a los pobres de Israel, a los pobres en general: los predilectos del amor de Dios” (p. 79). De acuerdo, pero ¡qué trabajo le ha costado llegar a esta breve constatación, por lo demás incompleta! Al final vuelve a recurrir a Augusto para poner de relieve la pax romana, pp. 84-85; la contrapone a la paz de Jesús que el mundo no puede dar (Jn 14,27), y termina con esta afirmación certera: “Augusto pertenece al pasado; Jesucristo en cambio es el presente y es el futuro: “el mismo ayer y hoy y siempre” (Heb 13,8, p. 85). En el último párrafo de esta sección (p. 86) habla de la señal dada por el ángel a los pastores, “encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”, y, como veremos, la despoja también del fuerte y profundo contenido teológico que encierra.

Estando en Belén, “le llegó a María el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada” (Lc 2,7). Jesús fue, pues, hijo primogénito de María, ya que tuvo otros hermanos como nos consta en Lc 8,19-21[21].

Como la Navidad está cerca, y la teología que se contiene en la revelación celeste es exigente, nos interpela y nos llama al compromiso cristiano, ofrezco otra reflexión sobre el nacimiento de Jesús.

La persona de Jesús se convierte en el centro de esta narración y aparece como novedad radical y definitiva. En un buen número de pasajes Lucas nos manifiesta que los nuevos tiempos, inaugurados por Jesús, son precisamente nuevos, porque con Jesús llegan a su cumplimiento las promesas fundamentales del Antiguo Testamento. Ésta es la razón principal por la que el Antiguo Testamento, época importante de salvación, ha llegado a su fin. Sólo está en vigor lo nuevo, lo definitivo, inaugurado por Jesús. Ya hemos comprobado que, en torno al HOY de Lc 2,11, palabra clave en su Evangelio, se encuentran unos títulos o atributos de Jesús trascendentes, que establecen un claro contraste con su condición de debilidad humana.

“Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” (Lc 2,12) es la señal de pobreza y debilidad, dada por el ángel, para que los pastores reconozcan al niño. A través del nacimiento de Jesús en un pesebre, por no tener sitio en una posada, intuimos la condición de María y José, como gente normal y corriente. A la aldea de Belén, ciudad de David, habría ido mucha gente a empadronarse, y sólo los pudientes pudieron pagar los precios excesivos para pernoctar en las pocas posadas que había.

Pero este hecho tiene además un significado real y teológico para el recién nacido: nació pobre entre los pobres (los pastores). Esta narración del nacimiento de Jesús constituye un contraste nítido y claro con las celebraciones de la Navidad en las distintas catedrales, templos y basílicas de todo el mundo cristiano: ministros sagrados, ornamentos con bordados primorosos, ritos y ceremonias ampulosas, vasos sagrados deslumbrantes, entradas y salidas hieráticas de los ministros, lámparas artísticas, incienso… Todo esto agrada y entusiasma a la gente, pero tiene muy poco que ver con la sobria narración evangélica, y puede distraernos de lo esencial de esta celebración. A través de los siglos, se han ido celebrando casi imperceptiblemente estas ceremonias grandiosas, olvidando el mensaje central del nacimiento de Jesús, porque la suntuosidad de lo sagrado ha ido absorbiendo, casi sin darnos cuenta, la realidad cotidiana, sencilla y profana de la vida de María y José y del crudo nacimiento de Jesús en un estado de pobreza dura. Pero para entender todo esto con mayor claridad, examinemos la revelación celeste que el ángel de Señor hace a los pastores.

La revelación celeste (Lc 2,8-12) nos manifiesta, de manera desconcertante, el alcance de esta escena, porque los principales destinatarios del nacimiento de Jesús son los pastores, gente marginada y despreciada en ese tiempo. En Lc 2,11 encontramos también el término griego sêmeron (HOY). Ya hemos visto que no es un simple adverbio de tiempo; tiene una carga teológica profunda, ya que el tercer evangelista lo usa en once ocasiones y, con su uso, se refiere siempre al nuevo comienzo, relacionado con Jesús y su misión, así como a su nuevo modo de actuar. El pueblo llano o sencillo aparece también aquí como destinatario de la revelación celeste.

Así pues, el ángel del Señor comunica el mensaje celeste a los pastores. Este mensaje habla de las prerrogativas con que viene adornado Jesús y encierra una señal desconcertante y de difícil interpretación. Se trata, pues, de una revelación del mismo Dios sobre la identidad de Jesús. El contenido de este mensaje, el primero sobre la persona de Jesús ya presente en nuestra historia, reviste una importancia extraordinaria. Hay que destacar de inmediato que los pastores, al entrar en contacto con la divinidad, “se asustaron mucho” (Lc 2,9). Por eso el ángel les dijo: “no temáis” (2,10). Así, y de manera tan sencilla, se nos presenta un cambio radical entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: cesa el temor en contacto con la divinidad. A través de Jesús, el encuentro con Dios va a resultar normal, porque Jesús de manera inequívoca nos va a revelar a Dios como Padre a lo largo de toda su vida. Pero hay más. El temor normal en la época anterior, se va a convertir ahora en gozo profundo: – “Os traigo una buena noticia, una gran alegría” (Lc 2,10). Se trata de la alegría causada por la venida de Jesús, y por los nuevos tiempos que él inaugura. Se acabó la época de un Dios lejano que infundía temor y hasta terror. En Jesús, Dios se manifiesta cercano, por eso el que se adhiere a Jesús ya no tiene motivos para el temor, sino para rebosar de alegría.

En este pasaje Lucas utiliza el verbo evangelizar (Lc 2,10), que significa traer o anunciar una buena noticia. Lo más importante es que esta buena noticia se identifica con el nacimiento de Jesús. Es decir, Lucas establece una clara identidad entre esta buena noticia y la persona de Jesús. Es el momento de recordar que en Lc 4,18 se utiliza este mismo término evangelizar, aplicado a la actividad liberadora que Jesús va a llevar a cabo durante su vida pública. Así pues, tanto la persona de Jesús, como su actividad liberadora quedan señaladas como la buena noticia en favor de los marginados y oprimidos, representados en este pasaje por los pastores, pobres entre los pobres. Por eso éstos están presentes al aplicarse Jesús a sí mismo la cita importante de Isaías (Lc 4,18):

“El Espíritu del Señor descansa sobre mí…. Me ha enviado a dar la buena noticia (evangelizar) a los pobres…, a poner en libertad a los oprimidos (Isaías 61,1-2).

El término evangelizar, con la carga teológica que comporta, lo volvemos a encontrar en los versículos que cierran las escenas de Nazaret y Cafarnaún, en las que Jesús presenta el programa de su mensaje y actividad. Es importante constatar que aquí el término evangelizar está relacionado explícitamente con el reinado de Dios. Este reinado encierra características de novedad absoluta. Jesús, enviado por Dios Padre, tiene el privilegio de inaugurarlo y proclamarlo. El gentío quería retener a Jesús en Cafarnaún, pero él les dijo:

“También a las otras ciudades tengo que dar la buena noticia (evangelizar) del reinado de Dios, pues para eso he sido enviado” (Lc 4,43).

La buena noticia es, pues, que Jesús ya está proclamando el reino de Dios. Esta proclamación y su realización constituyen el centro de su misión.

Veamos ahora el contenido de los títulos atribuidos a Jesús por la revelación celeste:

“Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc 2,11).

La revelación celeste atribuye a Jesús unas prerrogativas que llaman poderosamente la atención. Dos de estos atributos pertenecen exclusivamente a Dios en el Antiguo Testamento: Salvador y Señor. El otro título, Mesías, es propio de Jesús y está relacionado con su misión terrestre. Por otra parte, la señal dada por Dios a los pastores es desconcertante:

“Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,12). Esta señal resulta paradójica y desconcertante, al compararla con los títulos atribuidos al recién nacido.

  • Jesús, Salvador

El título de Salvador lo emplea sólo Lucas entre los sinópticos. El tercer evangelista estaba impregnado de la cultura greco-romana, por lo que es probable que conociera la célebre Inscripción de Priene, referida a César Augusto, en la que se descubre un paralelismo innegable con la narración del nacimiento de Jesús de su Evangelio. En la narración del nacimiento de Jesús, el tercer evangelista ha recurrido al género literario de los anuncios imperiales para que sus destinatarios paganos comprendieran que Jesús es el único Salvador y Señor.

En efecto, Lucas nombra exclusivamente a César Augusto, prototipo de emperador divinizado, en el marco de la cronología del nacimiento de Jesús (Lc 2,1). Pero hay un contraste significativo: los títulos de salvador y señor, atribuidos a Augusto por decreto imperialInscripción de Priene-, corresponden a Jesús, no por decreto de ningún tipo, sino por revelación directa de Dios (Lc 2,9-11). Por otra parte, el tiempo de paz, asociado al nacimiento del emperador Augusto, para Lucas es el tiempo de la benevolencia divina para con el género humano, a causa del nacimiento de Jesús:

“¡Gloria a Dios en lo alto, y paz en la tierra a los hombres que Dios tanto ama!” (Lc 2,14).

Este texto se refiere sin duda a la paz mesiánica que llegará a las personas que se abran a la acción de Dios a través de Jesús.

Pero lo más importante es que el título de Salvador corresponde al nombre mismo de Jesús, dado por el ángel en la Anunciación (Lc 1,31). Que en el nombre de Jesús está ya indicada su misión es evidente si recurrimos a la etimología hebrea Yeshua (Jesús), que es la abreviación de Yehoshua: “Yahvé es salvación”. Además Lucas, que era pagano y escribe para ellos, está anticipando el tema de la salvación destinada a todas las naciones, propio del libro de Hechos de los Apóstoles.

Así pues, la revelación celeste atribuye a Jesús el título de Salvador. El trasfondo de los anuncios imperiales y la comparación implícita entre César Augusto y Jesús le confieren a este título y a la actividad que representa carácter universal. Jesús desde su nacimiento aparece como Salvador, también de los paganos.

Personalmente, me parece que esta situación se puede aplicar al mundo de hoy. El así llamado Occidente cristiano ha dejado masivamente de ser cristiano. Sus dioses son el dinero, el consumo desenfrenado, y el bienestar refinado a toda costa. No importa que a su lado haya gente sin techo y pasando hambre. Este primer mundo ignora a la mayor parte de la humanidad, postrada, oprimida y humillada por la pobreza y todo tipo de marginación, a la que los ricos y poderosos la han sometido. Probablemente a estos marginados, oprimidos y excluidos por los poderosos y opulentos, está destinada en un futuro inmediato la liberación, proclamada y realizada por Jesús y por sus seguidores, de parte de Dios.

  • Jesús, el Mesías.

Otro título de Jesús en Lc 2,11 es el de Mesías. En la escena de la Anunciación, Lucas ya había subrayado dicho título a través de la profecía de Natán, que alude explícitamente a David como antepasado de Jesús:

“Éste –Jesús– será grande, lo llamarán Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David su antepasado”… (Lc 1,32-33). En la narración del nacimiento, el evangelista hace alusión a Belén como ciudad de David (Lc 2,4). Es más, en el versículo 11 que estamos comentando, están asociados el término Mesías y la expresión en la ciudad de David.

Es evidente que el título de Mesías encierra un carácter particularista, ya que está relacionado solamente con el pueblo de Israel. Además, el título de Mesías, aplicado a Jesús, no responde a las expectativas del pueblo y de sus dirigentes, que esperaban una manifestación espectacular del Mesías con carácter político y guerrero en el Templo. Un Mesías con poder político-religioso, capacitado para derrotar y expulsar a los romanos y devolverle a Israel el poder y esplendor de antaño, teniendo como punto de mira el reinado de David, paradigma de la grandeza de Israel. Esta perspectiva, que no era la de Jesús, constituyó su gran tentación mesiánica durante toda su vida pública (Lc 4,1-13).

  • Jesús, el Señor.

El último título que encontramos en Lc 2,11, y que ayuda a comprender la personalidad de Jesús, es el de Señor, en griego Kyrios. Este título es propio de Jesús resucitado, por eso se halla profusamente en el libro de Hechos de los Apóstoles, pero Lucas también lo atribuye a Jesús durante su vida pública, y hace ver que Jesús ya era Señor desde su nacimiento.

Las primeras comunidades cristianas reconocen e invocan a Jesús como Señor. Lucas transfiere a Jesús el título Kyrios, propio de Yahvé, en una especie de síntesis teológica. Con este procedimiento literario-teológico el evangelista nos indica que, a partir de su nacimiento, las prerrogativas propias de Dios pertenecen también a Jesús.

Llegados a este punto, conviene señalar que en el Antiguo Testamento Kyrios, más que un título, era el nombre mismo de Yahvé. Que Lucas emplea el procedimiento literario-teológico ya reseñado, el de aplicar Kyrios, el nombre de Yahvé, a Jesús, parece cosa manifiesta, porque en el Evangelio de la infancia (Lc 1-2), Kyrios aparece en algunos pasajes aplicado a Dios, y en otros se refiere a Jesús. De esta manera, Lucas nos hace ver que las prerrogativas de Dios en el Antiguo Testamento pertenecen ahora a Jesús desde su nacimiento (Lc 2,11), algo impensable e inaudito, a no ser por la revelación celeste. Por eso Jesús, adornado con estos atributos divinos, aparece como novedad absoluta, e inaugura los nuevos tiempos. El cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento en Jesús desborda con creces la perspectiva y el contenido de dichas promesas.

Aunque Jesús era ya Kyrios desde su nacimiento, comenzó a manifestar y a ejercer las prerrogativas propias de este título, a partir de la resurrección. Las comunidades cristianas comprendieron también que Dios había transferido a Jesús no sólo su nombre de Kyrios, sino también todas las prerrogativas que este nombre entrañaba: influjo sobre la historia de la humanidad y dominio sobre el universo. Jesús resucitado, libre ya de los límites espacio-temporales, está presente en la historia de salvación del nuevo pueblo de Dios, que es la humanidad entera. Es decir, su nueva forma de vida junto al Padre, sin límites espacio-temporales, le permite estar en contacto con los que creen en él y con la gente de buena voluntad en cualquier tiempo y lugar.

Jesús, como Señor que es, está presente en la historia humana, no para someternos ni esclavizarnos, sino para dignificarnos, abriéndonos un horizonte de trascendencia. Los seres humanos somos los protagonistas de nuestra propia historia. Jesús, presente en ella, por medio de su Espíritu nos va concediendo capacidad de amar, abriéndonos así radicalmente a las necesidades de los demás. También nos infunde sabiduría y fortaleza para que actuemos con honestidad y justicia sin desfallecer. De esta manera contribuimos a devolverles a los marginados, oprimidos y excluidos de la sociedad la dignidad que nunca tuvieron o que, en algún momento, les fue arrebatada por los jefes y los poderes económicos, políticos y religiosos de nuestro tiempo.

Así pues, los títulos de Salvador y Señor de Lc 2,11, al mismo tiempo que equiparan las prerrogativas de Jesús a las de Dios, indican también quiénes son los destinatarios de su misión terrestre: todos los pueblos de la tierra. El título de Mesías, aunque se refiere de manera directa al pueblo de Israel, al estar en conexión con los de Salvador y Señor, trasciende también ese ámbito. No ha habido ningún personaje ni profeta del Antiguo Testamento con los títulos y prerrogativas que son propios de Dios. El hecho de que las promesas de la Antigua Alianza se fueran a realizar en Jesús, el Mesías, tampoco hacía prever la hondura, el misterio y la trascendencia de su personalidad. Por eso es correcto hablar de novedad absoluta, al referirnos a Jesús. La revelación celeste, hecha a los pastores, nos indica, como veremos en breve, que el Mesías no viene sólo para Israel, sino también para los paganos. Su misión va a ser universal y eficaz. La universalidad le viene dada por los títulos de Salvador y Señor. La eficacia queda vinculada al hecho de que Jesús, desde su nacimiento, recibe la transferencia de los atributos y prerrogativas propios de Yahvé, en relación con la salvación-liberación del género humano.

Jesús se presenta, pues, como novedad radical, y propuso un mensaje totalmente innovador para la sociedad en que vivió. Debido a ese mensaje y a su realización, Jesús chocó frontalmente con las autoridades político-religiosas de su tiempo. Los creyentes, que le hemos prestado nuestra adhesión, debemos reflexionar sobre su mensaje en profundidad, para trasladarlo, adaptarlo, e intentar dar respuesta a los acuciantes problemas de muchas personas de nuestra sociedad. La confrontación que se pueda originar con las autoridades religiosas o civiles por ser fieles al Evangelio, no nos debe preocupar, a tenor de la última Bienaventuranza:

“Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad, porque ésos tienen a Dios por rey” (Mt 5,10).

  • Los pastores, destinatarios privilegiados del nacimiento de Jesús: Lucas 2,8-12.

La revelación celeste hecha por el ángel del Señor (Lc 2,8-12), interpreta de manera desconcertante el nacimiento de Jesús, al indicar quiénes son los destinatarios primordiales de este nacimiento, así como los títulos divinos con que está adornado el recién nacido. Ya hemos reflexionado sobre los títulos divinos. ¿Qué nos dice, pues, este relato sobre los pastores y el pueblo llano en estrecha relación con ellos? (Lc 2,10). Dios mismo proporciona una señal desconcertante como garantía de lo anunciado (Lc 2,12), que resulta paradójica, sobre todo, si la cotejamos con los títulos trascendentes atribuidos al recién nacido por la misma revelación: Salvador y Señor (Lc 2,11). El texto que nos atañe dice así:

“En las cercanías –de Belén donde había nacido el niño (Lc 2,4-7)– había unos pastores que pasaban la noche a la intemperie velando el rebaño por turno. Se les presentó el ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió de claridad y se asustaron mucho. El ángel les dijo:

Tranquilizaos; mirad que os traigo una buena noticia, una gran alegría que lo será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y os doy esta señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,8-12).

Este es el texto de Lucas que incluye la revelación celeste y sus principales destinatarios, los pastores, a los que se les da una señal para que reconozcan al recién nacido. Para comprender el alcance de esta revelación, habrá que preguntarse quiénes son los pastores y a quiénes representan en este relato. Por otra parte, puesto que ya hemos analizado los títulos que corresponden a Jesús desde su nacimiento y la señal dada por Dios, brota espontánea esta pregunta: los pastores y la señal dada por Dios, ¿están en consonancia con las prerrogativas atribuidas a Jesús? Enseguida veremos que el hecho de que los pastores sean los destinatarios directos de la revelación celeste produce sorpresa y desconcierto, pero es Dios mismo quien se dirige a ellos para hablarles sobre el niño. Hay otros textos importantes en el Evangelio de Lucas –entre los que destaca Lc 4,18-21, al que ya hemos aludido– por los que se puede comprobar que el contenido de esta manifestación celeste está anticipando y otorgándole credenciales divinas a Jesús, y a su actividad y mensaje durante su vida pública.

  • Los pastores: su función en esta escena[22].

¿Quiénes son y a quiénes representan, pues, los pastores en esta narración? Es verdad que hay una tradición bíblica favorable a los pastores, que refleja el honor debido a los patriarcas o al mismo David, porque todos ellos fueron pastores. Dios mismo ha sido considerado pastor de Israel [23]. Nuestro texto, sin embargo, no recoge estas tradiciones. El contexto inmediato, otros pasajes de Lucas, en clara conexión con los pastores, y el horizonte de su propio Evangelio están a favor de la interpretación peyorativa de los pastores. La historia, la sociología y otras fuentes, contemporáneas a Jesús, vienen en nuestra ayuda.

Para los contemporáneos de Jesús, los pastores eran gente peligrosa, siempre dispuesta al atropello. Por eso eran menospreciados y estaban totalmente marginados por la sociedad de su tiempo [24], ya que no tenían derechos civiles ni religiosos. Eran considerados como delincuentes habituales, dispuestos siempre al robo y al pillaje, por lo que no merecían confianza alguna[25]. De aquí que no pudieran testimoniar en juicio. En este sentido, eran equiparados a los recaudadores de impuestos, considerados por los judíos como gente pagana e indeseable. Éstos tampoco podían testimoniar en juicio[26].

Para Lucas y las comunidades cristianas primitivas, con las que compartía la fe en Jesús, esta gente pobre y despreciada, de manera especial por los dirigentes del pueblo, es precisamente la elegida por Dios para recibir la revelación celeste sobre el recién nacido, como destinatarios privilegiados. A ellos va dirigido en primer lugar este mensaje de Dios, llamado buena noticia, y por eso destinado a causar gran alegría. Estamos tratando uno de los puntos que conforman el corazón del Evangelio y que fundamentan la Teología de la liberación tan denostada y combatida por el Vaticano desde su nacimiento, allá por los años sesenta[27]. Los pastores pertenecían sin duda a la amplia y variada categoría de los pobres de Yahvé. Los fariseos además los despreciaban porque, dada su vida nómada, no podían observar las prescripciones de la Ley[28].

Hay un contraste manifiesto entre la sociedad judía del tiempo de Jesús, con sus complicados mecanismos socio-económicos, con criterios selectivos y excluyentes por parte de los jefes del pueblo, dado el tenor de vida de esta clase dirigente, por una parte, y el proyecto definitivo de Dios en Jesús, por otra, que, a través de una revelación celeste, escoge y señala a los pastores como destinatarios privilegiados del Evangelio. Este contraste resulta desconcertante y hasta escandaloso. Los pastores, prototipo de la gente marginada, vilipendiada y menospreciada, son precisamente los elegidos por Dios para recibir los primeros, de manera directa, la buena noticia del nacimiento de Jesús. Éste, adornado de prerrogativas divinas, viene a devolverles la dignidad perdida a los pastores, y a las clases marginadas, oprimidas y explotadas de todos los tiempos, a quienes los pastores representan.

Hemos visto que los pastores eran una clase social completamente marginada y despreciada. Ahora vamos a conocer otro aspecto importante. Por no cumplir la Ley, eran excluidos del pueblo de Dios, eran considerados no-pueblo. En la práctica eran tenidos como paganos o gentiles. Los dirigentes religiosos también consideraban a los recaudadores como gente excluida del pueblo de Israel. Por colaborar con los romanos, cobrando sus impuestos y enriqueciéndose con la extorsión que practicaban habitualmente, eran considerados pecadores públicos. Así pues, tampoco ellos formaban parte del pueblo elegido. Lucas, que era pagano, de manera velada, sutil e irónica está afirmando que Jesús viene en primer lugar para ofrecer su salvación-liberación a los gentiles. Por otra parte, al añadir (…) “una gran alegría que lo será para todo el pueblo” (Lc 2,10), está considerando también al pueblo de Israel como destinatario de la revelación y salvación que ha venido a traer Jesús, aunque en un segundo plano [29].

Por lo comentado hasta ahora, en esta escena la revelación celeste y el nacimiento de Jesús tienen lugar en un ámbito marcadamente profano; no hay atisbo alguno de ambiente sagrado. Sin duda alguna, se trata de una revelación divina, gratuita y trascendente, por provenir de Dios, pero la categoría de sagrado no se puede aplicar a Dios. Lo sagrado ha sido creado por el ser humano para hacerse intermediario entre lo divino y lo humano. Así van surgiendo en todas las religiones los sacerdotes, personas sagradas, intermediarios entre Dios y el pueblo, con un variado escalafón entre ellos; se levantan templos y santuarios para realizar los sacrificios, las ofrendas y los diversos actos de culto con una enorme variedad de ritos. En la revelación celeste de esta narración, no aparece ningún intermediario con carácter sagrado. Dios se comunica directamente con los pastores que, como hemos visto, era la clase más menospreciada y marginada de su tiempo. Lo sagrado está completamente ausente de esta escena. Por lo demás, el niño acostado en un pesebre en el escenario y ambiente de los pastores, dista de lo sagrado como el cielo de la tierra; se trata de un lugar y de un ambiente marcadamente profanos.

Llegados a este punto es importante conocer el mensaje que el ángel del Señor –Dios mismo-, transmite a los pastores:

“Tranquilizaos; mirad que os traigo una buena noticia, una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y os doy esta señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,10-12).

Los pastores se asustaron al contactar con lo divino –mentalidad del Antiguo Testamento–, y el ángel los tranquiliza. A partir de la venida de Jesús, podemos ponernos directamente en contacto con Dios sin miedo alguno, y sin necesidad de intermediarios sagrados. A continuación les dice que les trae una buena noticia, motivo de una gran alegría. La palabra Evangelio significa buena noticia, y, al proclamarla en el nacimiento de Jesús, Lucas está identificando la persona de Jesús con el Evangelio. Allí donde está Jesús, su persona devuelve la dignidad perdida a la gente marginada, atropellada y oprimida por los ricos y las clases dirigentes político-religiosas. El Evangelio sólo se convierte en buena noticia si causa la liberación a los excluidos, oprimidos y sometidos. La presencia de Jesús y su actividad así lo demuestran, ya que durante toda su vida pasó haciendo el bien:

“Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10,38).

Además, como hemos visto, en este pasaje se le aplican a Jesús prerrogativas divinas, es decir, se le atribuyen dos títulos que en el Antiguo Testamento pertenecían sólo a Yahvé: Salvador y Señor[30]. Por otra parte, la señal dada, para que los pastores reconozcan al niño, es desconcertante y paradójica si la cotejamos con esos títulos. Lo acabamos de decir: sólo a Yahvé, Dios de Israel, se le atribuían esas dos prerrogativas, y ahora se transfieren a Jesús. No olvidemos que el Evangelio de la infancia contiene la cristología más desarrollada de toda la obra lucana, porque es lo último que él añade a su Evangelio que empezaba en el capítulo tercero.

Por lo demás, los pastores, de evangelizados por el ángel, se convierten en evangelizadores (Lc 2,15-20): la gente se admiraba de lo que decían los pastores; sólo “María conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior” (Lc 2,19). Esto le iba a dar la posibilidad de ir comprendiendo mejor y aceptando la personalidad misteriosa y desconcertante de su propio hijo, y poder revelarla en su momento. Por eso María es, sin duda alguna, una de las fuentes del Evangelio de la infancia. Lucas luego ha tratado esta y otras fuentes, que ha tenido en sus manos, con la libertad teológica que le es característica.

No hay vestigio alguno de lo sagrado en toda esta narración del nacimiento de Jesús. La relación se establece con la esfera de lo celeste o lo divino, pero ya hemos visto que este ámbito es gratuito e inalcanzable, por ser trascendente; no pertenece a lo que nosotros entendemos por sagrado. Así pues, lo secular, lo profano, la vida normal, sacada a veces de la rutina cotidiana por acontecimientos y avatares imprevistos, es decir, la vida tranquila y cotidiana de María y José, condicionada en esta escena por el Edicto imperial, ha ido marcando el rumbo de sus vidas de manera natural y progresiva. En su vida pública, el contacto con su hijo, Jesús, les ha ido apartando, poco a poco, del ámbito sagrado y cerrado del judaísmo, para compartir, después de la resurrección, la adhesión a Jesús con gentes de todas las razas y naciones, movidos por el Espíritu Santo, que terminó echando por tierra todas las barreras sagradas del judaísmo.

Probablemente el Dios de Israel ya estaba cansado de tantos intermediarios sagrados, pero sin fe, y de tantos actos de culto vacíos de contenido, y quiso que con Jesús se fuera estableciendo una relación fluida entre lo celeste y lo terrestre sin que esta relación quedara lastrada por sacerdotes descreídos, por gran número de lugares sagrados, por templos en los que se ofrecían mecánicamente un sinfín de sacrificios de animales, y por múltiples y variados actos de culto, celebrados siempre en lugares sagrados.

Otra conclusión manifiesta: los grandes de este mundo, los ricos y poderosos no son precisamente los más capacitados para aceptar y vivir el Evangelio. Los privilegiados del reinado de Dios son los pobres, los marginados, los excluidos y despreciados por la sociedad, los oprimidos, la gente sencilla, el pueblo llano. El Evangelio, al mismo tiempo que libera al ser humano de la marginación, explotación u opresión a las que con frecuencia se ve sometido, a su vez lo capacita para elegir con libertad una vida sencilla que pueda dar en rostro a “los valores” del mundo este. Así, de persona marginada y oprimida, una vez liberada, puede convertirse en persona liberadora, contribuyendo a devolver a otros la dignidad maltrecha o perdida.

Este plan de Dios, por lo novedoso, gratuito, desconcertante y paradójico, choca frontalmente contra “los valores establecidos” de la sociedad en general, y por gran parte de la Alta jerarquía en particular, ya que esos valores son con frecuencia idénticos. Es inaudito y desconcertante que lo débil de este mundo sea revestido de la fortaleza y sabiduría de Dios para llevar adelante sus planes. No hay duda de que el Evangelio va contra corriente al afirmar que la gente sencilla, el pueblo llano, los sin nombre son los privilegiados del reinado de Dios (Lc 10,21-22). Son, en efecto, los elegidos por Dios gratuitamente para adherirse a Jesús, y luego llevar a cabo la salvación de Dios por medio de su Hijo. Ésta es la gran paradoja y la novedad radical de Jesús y de su Evangelio: en lo débil, en lo que no cuenta para este mundo, se manifiesta la benevolencia, la sabiduría y el poder de Dios (I Cor 1,20-29). Jesús de Nazaret, que rechazó como tentación el poder religioso, y el político-económico, él mismo es la benevolencia, la sabiduría y el poder de Dios para la humanidad.

Ya hemos hecho alusión al paralelismo entre Lc 2,8-12 y Lc 4,18-21 y contexto. Quizás sea conveniente profundizar un poco más, para comprobar mejor la estrecha relación que existe entre estos dos pasajes. En Lc 2,10-11 el Evangelio se identifica con la persona de Jesús desde su nacimiento. Dios mismo anuncia esta buena noticia a los pastores. En la escena de Nazaret (Lc 4,18-21) el Evangelio se identifica con el mensaje y la actividad liberadora de Jesús. Él mismo anuncia esta buena noticia a los pobres y oprimidos, destinatarios directos de su mensaje y actividad:

“El Espíritu del Señor descansa sobre mí…. Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres…a poner en libertad a los oprimidos”… (Lc 4,18).

Una vez que hubo leído el texto de Isaías, con un breve comentario Jesús se lo aplica a sí mismo:

“Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este pasaje” (Lc 4,21).

De nuevo resuena este HOY que indica el nuevo comienzo. Es evidente, pues, que el Evangelio es y significa buena noticia, en primer lugar, para las clases oprimidas y marginadas de la sociedad. Jesús ha sido enviado para liberar a estas personas de toda clase de injusticia, que pesa como una losa sobre ellas, y para devolverles sus derechos, la dignidad, y la alegría de volver a sentirse personas libres. Sin libertad, inherente a todo ser humano, y sin los derechos fundamentales que le pertenecen, se vive en una situación infrahumana. Jesús entabló una lucha sin cuartel, siempre con medios pacíficos, para devolverle a todo ser humano la libertad y la dignidad que le pertenecen. El reino de Dios se construye con personas libres, porque somos hijos de Dios, hermanos de Jesús, y hermanos unos de otros; no con personas esclavas.

Sabemos por los evangelios que Jesús puso todo su empeño en devolverles la libertad y la dignidad a las personas sometidas o esclavizadas de su entorno. Querer alcanzar o recuperar la libertad perdida, es un requisito importante para integrarse conscientemente en el reino de Dios. Al contrario que Jesús, las diversas religiones de la humanidad —incluido el cristianismo cuando funciona como una religión más—, a través de muchos de sus dirigentes, y multiplicando leyes y normas, han sometido las conciencias de sus respectivos creyentes en nombre de Dios, impidiendo así que mucha gente alcanzara la libertad y la responsabilidad inherentes a toda persona adulta.

Así pues, el Evangelio se identifica con la persona, actividad y mensaje de Jesús. Queda también claro que los primeros destinatarios de esta buena noticia son los pobres, los oprimidos, los explotados, en una palabra, los menospreciados por los dirigentes y las clases acomodadas de la sociedad, porque estos “seres abyectos” no cuentan en absoluto para ellos. Para Dios sí cuentan, y son seres privilegiados, porque a través de Jesús les ha llegado este mensaje de liberación tan esperado. Dios lo ha querido así, y así lo ha revelado: por medio de una revelación celeste a los pastores, en Lc 2,10-12; por medio del mismo Jesús en Nazaret, en Lc 4,18-21. Estos dos pasajes, con un contenido teológico y humano tan profundo, no hacen sino anticipar, como programa, y ratificar, como compendio, la actividad liberadora de Jesús durante su misión terrestre. Nos encontramos, pues, ante una novedad absoluta y radical, la del cambio cualitativo de valores que comporta el reinado de Dios, proclamado y llevado a cabo por Jesús. La teología de la liberación hunde, pues, sus raíces en estos pasajes fundamentales del Evangelio.

  • La circuncisión de Jesús: Lucas 2,21

“Al cumplirse los ocho días, cuando tocaba circuncidar al niño, le pusieron de nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción” (Lc 2,21).

Benedicto XVI afirma que Pablo alude a este rito al escribir: “Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción” (Gál 4,4s.)[31].

Efectivamente, Jesús queda incorporado al pueblo de Israel, pero habría que especificar que la circuncisión obliga al cumplimiento de la Ley mosaica, y que Jesús en su vida pública se desentiende de ella o la contraviene con su conducta y enseñanza: el precepto del sábado, las tradiciones de Israel, los alimentos impuros, comer con gente indeseable, la abolición del culto y del templo… El motivo es que, en tiempo de Jesús, la Ley mosaica atentaba contra los valores y derechos esenciales de las personas. Pero Jesús colocó al ser humano en el centro de su actividad y mensaje. Por eso sabemos que las comunidades cristianas primitivas, siguiendo las enseñanzas y el quehacer de su Maestro, abolieron la circuncisión, declarando que para ser cristiano, no había que pasar por el judaísmo (Hch 10,1-11,18; Hch 15). Es decir, este rito religioso y sagrado, que obligaba al cumplimiento de la Ley mosaica, queda abolido. Como dice Pablo con frecuencia, no estamos bajo la Ley, sino bajo el influjo del Espíritu de Dios.

  • La presentación de Jesús: Lucas 2,22-32.

Benedicto XVI afirma que este segundo episodio es más complejo, porque encierra tres acontecimientos: la “purificación” de María, el “rescate” del hijo primogénito… y la “presentación” de Jesús en el templo (p. 87). Todo esto está mandado por la Ley del Señor (Lc 2,22). Luego Benedicto XVI analiza a fondo las leyes del Antiguo Testamento que tenían que ver con estos acontecimientos[32]. Pero reconoce que lo singular de esta narración es que no habla del rescate de Jesús, sino de su “presentación” (p. 89). En efecto, el tercer evangelista aprovecha esta prescripción legal para poner de relieve el hecho de la presentación. Benedicto XVI vuelve a insistir en que “sobre el acto del rescate prescrito por la Ley, Lucas no dice nada” (p. 89). Luego, afirma que “para Lucas es esencial precisamente esta primera entrada de Jesús en el templo como lugar del acontecimiento” (p. 89), para terminar afirmando que “a este acto cultual, en el sentido más profundo de la palabra, sigue en Lucas una escena profética” (p. 90). Vamos a ver, sin embargo, que Lucas no hace alusión a ningún acto cultual, y menos en sentido profundo.

En la presentación, nos encontramos con una pequeña narración, seguida por un himno. En la narración destacamos lo siguiente:

— Simeón es un israelita piadoso, pero vive al margen del templo y de sus funciones, porque no es una persona sagrada.

— Este personaje cobra importancia cuando Lucas afirma que “el Espíritu Santo estaba con él, que lo había avisado que no moriría sin ver al Mesías, y que fue al templo impulsado por el Espíritu”. Es decir, el templo queda en un segundo plano, como algo circunstancial, y Lucas centra el episodio en el tema del Espíritu. La presencia de Jesús hace que irrumpa el Espíritu de Dios, y Simeón, bajo su influjo, habla como profeta.

— Aunque María y José habían ido al templo para cumplir la Ley de Moisés, no se habla del rito de la presentación de Jesús; la presentación queda desdibujada y pierde su importancia ante la profecía de Simeón sobre el niño. No se narra, pues, acto de culto alguno. Como este himno encierra temas importantes de la teología lucana, sería bueno terminar esta sección con una reflexión sobre su contenido.

Este pequeño himno (Lc 2,29-32), puesto en los labios de Simeón, es el pasaje con mayor alcance universal de todo el Evangelio de Lucas. Con el ahora, que lo encabeza, subraya Lucas el comienzo de la novedad mesiánica. Según tu promesa, relaciona al niño que tiene en sus brazos con el cumplimiento de las promesas de Dios. El anciano profeta, guiado por el Espíritu Santo, descubre en este niño “al salvador de todos los pueblos”[33], y lo proclama, ante todo, “luz para alumbrar a las naciones” (los gentiles), y sólo luego lo considera también “gloria de su pueblo, Israel”. El estrecho horizonte judío se ensancha desde los comienzos de la vida de Jesús. Esta profecía se abre al universalismo de Hechos de los Apóstoles: “Recibiréis el Espíritu Santo… para ser mis testigos en Jerusalén… y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

La experiencia de las comunidades cristianas primitivas, recogida en el libro de Hechos, ha sido dura y polémica, porque los judíos han ido rechazando la salvación de Jesús. Por eso la apertura a los gentiles tiene carácter polémico, de confrontación, porque históricamente es fruto del rechazo de los judíos. Pablo y Bernabé, de hecho, se dirigieron en primer lugar a los judíos, pero, al ser rechazados por éstos, empezaron a anunciar el mensaje de la salvación de Dios a los paganos:

“Era menester anunciaros primero a vosotros el mensaje de Dios; pero como lo rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que vamos a dedicarnos a los paganos” (Hch 13,46).

Lucas, que era pagano, y que además había vivido de manera intensa y dramática esta situación, presenta a Jesús en primer lugar como salvador de los paganos; a continuación, también de Israel: “luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel”[34].

En la obra lucana y en las cartas de Pablo el tema del Espíritu le gana la batalla al de la Ley mosaica. Aquí se establece línea directa entre el Espíritu Santo y Simeón, y el rito de la presentación desaparece de la escena. El tema de lo sagrado una vez más cede el paso a la comunicación del Espíritu de Dios que no depende de intermediarios. Es la fuerza de lo divino frente a lo sagrado. Lucas va dejando cada vez más claro que con Jesús y con el Espíritu de Dios estamos en el horizonte del Nuevo Testamento, ámbito de lo secular y profano, no del Antiguo, ámbito de lo sagrado.

Simeón, sosteniendo al niño, afirma que será “signo de contradicción”. Se trata de la actitud que se toma ante Jesús. En el mismo Evangelio, el pueblo está pendiente de sus labios, mientras que los jefes del pueblo, desde el comienzo de su vida pública, buscan la manera de quitarlo de en medio. Un buen comentario de este pasaje lo hace el mismo Jesús cuando recibe a dos emisarios de Juan; después de hacer alusión a las palabras de Lc 4,18, y de curar a los que lo necesitaban, afirma: “¡Dichoso el que no se escandalice de mi!” (Lc 7,23). Escandalizarse de Jesús es rechazarlo. Luego le dice a María: “una espada te traspasará el alma”.

Benedicto XVI comenta acertadamente: “La teología de la gloria está indisolublemente unida a la teología de la cruz”[35]. A continuación, Lucas nos presenta a una mujer piadosa, que ante la presencia de Jesús, profetiza, atribuyéndole al niño “la liberación de Jerusalén”. El horizonte es el judío, pero Lucas hace ver que también las mujeres se benefician del contacto con Jesús. Aquí presenta a Ana como profetisa.

Por último, Benedicto XVI habla de la escena que cierra el Evangelio de la infancia (Lc 2,41-52), y la titula: “Jesús en el templo a los doce años” (p. 125). Destaca que la obligación de la familia era llevar los hijos al templo, a partir de los trece años. A veces se adelantaba la edad para que se acostumbraran a cumplir con la Torá. El niño se queda en Jerusalén, en el templo, y los padres se dan cuanta de que no está con ningún miembro de la caravana, y deciden volverse a Jerusalén. “A los tres días” lo encuentran en el templo, sentado entre los doctores, respondiéndoles y preguntándoles (Lc 2,46). Benedicto XVI admite que los tres días puede ser lenguaje simbólico y referirse al periodo entre la muerte y la resurrección de Jesús (p. 128). Recalca la importancia del templo para Israel y para la Sagrada Familia desde la infancia de Jesús (p. 126-127), pero creo que exagera cuando afirma: “Jesús no está en el templo por rebelión a sus padres, sino justamente como quien obedece, con la misma obediencia que lo llevará a la cruz y a la resurrección” (p. 129). Además, Jesús no va a la cruz por obediencia al Padre, lo arrastran a la cruz los sacerdotes y los jefes del pueblo, porque lo consideran una persona subversiva, un malhechor y un blasfemo. El Padre, resucitando a Jesús, confirma tu actividad y su mensaje durante su vida pública.

Ante el reproche de María: –“Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? ¡Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo!” (Lc 2,48), Jesús le responde: “Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo ocuparme de lo que pertenece a mi Padre?” (Lc 2,49). Benedicto XVI comenta así este pasaje: “En esta respuesta hay sobre todo dos aspectos importantes. María había dicho: “Tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Jesús la corrige: yo estoy en el Padre. Mi padre no es José, sino otro: Dios mismo”[36]. El texto no dice que José no sea su padre. Aquí hay una manifiesta contraposición entre tu padre, en labios de María, y mi Padre, en boca de Jesús. Es decir, Jesús no niega que José sea su padre terrestre, pero, a esta paternidad, contrapone otra paternidad, para él más importante: con la expresión mi Padre, referido a Dios, se está proclamando Hijo de Dios, como en la Anunciación (Lc 1,35), y como en el pasaje de Lc 10,22: “Mi Padre me lo ha enseñado todo; quién es el Hijo lo sabe sólo el Padre; quién es el Padre lo sabe sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Quiero terminar, poniendo de relieve que Benedicto XVI, comentando La infancia de Jesús, en algunas ocasiones afirma que Jesús es Dios. En esta narración, hablando de que Jesús crecía no sólo en edad, sino también en sabiduría, y ponderando el misterio que encierra su persona, escribe: “Se manifiesta concretamente que él es verdadero hombre y verdadero Dios, como lo formula la fe de la Iglesia”[37]. El credo de algunos concilios así lo formula, pero en el Evangelio de Lucas nunca encontramos esa afirmación. Lucas sí habla de Jesús como el Hijo de Dios, que, en algunos pasajes, tiene sentido trascendente.

  • Por lo escrito hasta aquí, en cuanto a la recensión del libro de Benedicto XVI, La infancia de Jesús, podríamos hacer este resumen:

Es un libro cómodo de leer y uno se siente tranquilo al leerlo, ya que no hay un solo comentario que inquiete al lector o lo ponga delante de los problemas lacerantes de nuestro tiempo; Benedicto XVI demuestra una gran erudición y conocimiento de las Escrituras. La teología que encierra su libro tiene normalmente presente, como trasfondo, el statu quo de la Iglesia jerárquica, y hace interpretar erróneamente algunos textos importantes, o bien, omite el comentario de otros pasajes que podrían llevar a una seria confrontación entre el Evangelio y el statu quo de la Iglesia jerárquica, al que hemos aludido.

De hecho, nunca ofrece la confrontación dialéctica entre los dípticos de Juan Bautista y los de Jesús, porque a través de esta contraposición, se pone de manifiesto la supremacía de lo profano, referida a María y a Jesús, frente a la decadencia de lo sagrado, relacionada con el sacerdocio de Zacarías. María acepta el mensaje del Señor, a pesar de lo novedoso, fe de María frente a la incredulidad del sacerdote Zacarías; otra contraposición pone de manifiesto la novedad radical de Jesús, que aparece como la nueva creación, frente a la desaparición de las principales instituciones sagradas del Antiguo Testamento. Jesús las va declarando obsoletas, a lo largo del Evangelio de Lucas. Sólo queda en pie el profetismo, ya que Juan aparece como el último profeta de la Antigua Alianza; hay también un marcado contraste entre los atributos trascendentes de Jesús, frente a las prerrogativas proféticas de Juan.

Benedicto XVI presenta a Juan Batista, en primer lugar como sacerdote, y afirma que su sacerdocio ilumina y anuncia el nuevo sacerdocio de Jesús. La teología especulativa y deductiva, desde el statu quo al que hemos aludido, lo lleva a recabar de los textos el apoyo a este sacerdocio de Juan, para iluminar, desde el Antiguo Testamento, el sacerdocio de Jesús, y el sagrado sacerdocio de la Iglesia, que se va desmoronando lentamente; ni Juan fue sacerdote, ni Jesús aparece como sacerdote en el Evangelio de Lucas. La falta de fe de Zacarías, traducida en falta de identidad y convicción en bastantes sacerdotes de la Iglesia de hoy, así como la vida rutinaria en el ejercicio de su ministerio, no entusiasman ni impresionan a la juventud de nuestro tiempo, que, en gran medida, está dando las espaldas a la Iglesia jerárquica.

En el relato de la escena del nacimiento de Jesús, Benedicto XVI no saca las conclusiones que emanan de esos textos: no ve, o no quiere ver que los títulos trascendentes de Jesús producen sorpresa y desconcierto, al confrontarlos con los pastores y la señal de pobreza que el ángel les ha dado, porque los pastores representan a los marginados y excluidos de todos los tiempos. La conclusión es clara: el nacimiento de Jesús es buena noticia y alegría, en primer lugar, para todos los excluidos de la sociedad, porque Dios así lo ha querido y revelado. A Benedicto XVI, en su libro, La infancia de Jesús, le falta garra para interpelar a la gente, porque prescinde de los serios y acuciantes problemas que en nuestros días están agobiando y asfixiando a tantas personas y familias. Estos problemas concretos y lacerantes son los que tienen que interpelar al Evangelio para tratar de entender qué habría hecho Jesús de vivir entre nosotros. Esta teología, de carácter inductivo y muy concreta, que coloca siempre a Jesús en el centro, va impactando a muchos seguidores de Jesús en nuestro entorno, a personas creyentes y no creyentes, y a gente de buena voluntad, que se dejan llevar por el Espíritu, y ponen su propias vidas y sus recursos a favor de los más pobres y desfavorecidos. Ésta es la Teología de la liberación que no puede estar presente en el comentario de Benedicto XVI por razones obvias.

En lo referente a la virginidad de María, comprendemos la coherencia de Benedicto XVI, pero los argumentos convergentes que hemos esgrimido a favor de la paternidad de José tienen una fuerza innegable. Lo que no podemos admitir es la afirmación de que la virginidad de María es fundamento de nuestra fe, equiparándola explícitamente al tema de la resurrección de Jesús.


[1] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 25.26.

[2] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 29-30.

[3] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 29-30

[4] Consulta a este respecto, C. Escudero Freire, Jesús y el poder religioso, Nueva Utopía, Madrid 2003, 205-219.

[5] De hecho la genealogía de Jesús en el Evangelio de Lucas es de carácter ascendente: empieza en Jesús para terminar en Adán, el de Dios (Lc 3,23-38), mientras que la genealogía, en el Evangelio de Mateo, es de carácter descendente, y no empieza en Adán, sino en Abrahán, y termina en Jesús (Mt 1,1-16).

[6] Benedicto XVI en La infancia de Jesús, p. 32, habla de virgen en este versículo (Lc 1,27). La palabra griega “parthenos” puede traducirse por virgen, pero también significa doncella, mujer joven. De hecho, la Nueva Biblia Española la traduce por joven.

[7] Oliver, H.H., The Lucan Birth Stories and the Purpose of Luke-Acts: NTS 10 (1963-64) 215; 217.

[8] Laurentin, R., Structure et Théologie de Luc I-II, Paris 1957,

[9] No estudiamos esta narración de manera exhaustiva, pero convendría recordar que está redactada con el así llamado género literario de anuncios. Uno de los elementos de este género literario es la objeción del protagonista. Consulta, C. Escudero Freire, Devolver el Evangelio a los pobres, Sígueme, Salamanca 1978, 70-77.

[10] A este respecto, consulta, C. Escudero Freire, Jesús y el poder religioso, Ed. Nueva Utopía, 205-209.

[11] En el texto griego: “Makaría hê pisteúsasa”: dichosa tú que has creído.

[12] Lucas da un relieve especial a algunas mujeres en relación con Jesús y el reinado de Dios que él inaugura y proclama. La Jerarquía católica, por el contrario, durante siglos ha ignorado a la mujer en la tarea y responsabilidad de la evangelización con todo lo que ello supone, y la ha relegado en las diversas instituciones eclesiásticas, prescindiendo de su calidad, riqueza y sensibilidad. El patriarcado, que se ha ido formando durante siglos, sigue siendo inexorable, y hoy, cuando la mujer tiene acceso a todas las instituciones culturales, políticas y económicas, sigue discriminada por la Iglesia jerárquica. Es un verdadero pecado histórico y esta Iglesia lo está pagando con creces. Lo malo es que también lo está pagando la Causa de Jesús, el Reinado de Dios.

[13] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 62.

[14] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 62.

[15] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 63.

[16] A este respecto, consulta, Castillo, J.M., La humanización de Dios, Ensayo de Cristología, Trotta, Madrid 2009; en las páginas 162-180, estudia la teología política de la Iglesia antigua, hace ver cómo el “Cesaropapismo” dejó su huella indeleble en la teología, y tiene un interesante excursus sobre los principales concilios cristológicos, empezando por el de Nicea y siguiendo por el de Calcedonia, claves en la cristología tradicional.

[17] Así el dogma de la Trinidad no se encuentra en los evangelios; los argumentos aportados en esos concilios, echaron mano de los conceptos filosóficos de naturaleza y persona, siguiendo a Aristóteles y a su escuela. El dogma de la transustanciación, que explicaba la presencia real de Jesús en la eucaristía, es decir, que la sustancia de pan se convertía por las palabras de la consagración en la carne de Jesús… hoy ya no se enseña. El credo constantinopolitano nos parece hoy, en algún punto, un acertijo: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado… Por último, los evangelios nos hablan de la resurrección de Jesús, pero no nos dicen cómo resucitó. ¿Cómo se puede, pues, afirmar sin ningún apoyo en los evangelios, que María está en cuerpo y alma al cielo? Y ¡qué decir del dogma de la infalibilidad pontificia! Basta con saber que la Sagrada o Santa Inquisición, que torturó y mandó al patíbulo a demasiada gente, fue aprobada y promovida por muchos papas, ya que, para vergüenza de la Iglesia jerárquica, estuvo en vigor varios siglos.

[18] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 71.

[19] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 73-86.

[20] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 73.

[21] Esta escena es de la triple tradición: cf. Mt 12,46-50; Mc 3,31-35. Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 77-78, desarrolla toda una teología sobre Jesús, primogénito, con textos del Antiguo Testamento y de Nuevo: su condición después de la resurrección, que no vienen al caso.

[22] C. Escudero Freire, El Evangelio es profano, El Almendro, Córdoba 2012 43-47

[23] Salmo 23,1; 80,2. Estos salmos recogen la idea de que Dios gobierna a su pueblo; la idea de pastorear, en el sentido de gobernar, se encuentra también aplicada a algunos reyes de Israel: 2 Sam 7,7; Jer 2,8.

[24] J. Schmid, El evangelio según san Lucas, Barcelona, 1968, 101-103.

[25] C. Stuhlmueller, Evangelio según Lucas, Comentario Bíblico “San Jerónimo”, III, Madrid 1972, 319.

[26] H.L. Strack-P. Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament, II, München 1989, 113-114.

[27] Lucas nos ofrece otros dos pasajes que completan este texto: Lc 4,18-19, al que ya hemos hecho alusión, y Lc 7,18-23; estos textos se refieren a la liberación llevada a término por Jesús durante su vida pública: sus obras y su mensaje. En ellos encontramos el término “evangelio”, buena Noticia, o el verbo “evangelizar”, proclamar la buena Noticia, como en este pasaje del nacimiento de de Jesús.

[28] G. Leonardi, L’infanzia di Gesù nei vangeli di Matteo e di Luca, Padova 1975, 211. Los fariseos, abusando de la enorme autoridad que tenían sobre el pueblo, “habían hecho creer a la gente que para estar a bien con Dios había que hacer como ellos, introduciendo así en sus conciencias un sentimiento de culpa y de inferioridad que les permitía dominarlos. Pero con toda su observancia de las reglas religiosas eran amigos del dinero, y explotaban a la gente sencilla con pretexto de piedad (Mt 23,25-28; Mc 12,40; Lc 11,39; 16,14)”; J. Mateos, Nuevo Testamento, Madrid 1987, 15.

[29] M. Coleridge, Nueva Lectura de la Infancia de Jesús, Ed. El Almendro, Córdoba 2000, 146, nota 29, afirma, en contra de la opinión de varios autores –entre los que se encuentran K. Renstorf, y H.H. Oliver– que el “panti tô laô” –“a todo el pueblo” de Lc 2,10, no es verosímil que se refiera a los gentiles. Cuando “aparece el singular “laós” en la narrativa lucana, se refiere a Israel, especialmente si se trata de la expresión “pâs hó laós” (Lc 3,21; 7,29; 8,47; 18,43; 19,48; 21,38; 24,19)”.

[30] Para examinar estos dos títulos con mayor detención y comprobar la dialéctica que se estable entre ellos, los pastores y la señal recibida, consulta, C. Escudero Freire, La revelación celeste: Los pastores y el pueblo. Contrastes entre los títulos atribuidos a Jesús, y la señal dada por Dios, Isidorianum, 2004, 120-138.

[31] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 87.

[32] La infancia de Jesús, 88-89

[33] El término griego no es aquí “sôtêr” –salvador–, sino “sôtêrion” –salvación–; estamos ante el típico uso del abstracto por el concreto, ya que este título está relacionado con las metáforas de luz y gloria, aplicadas en el versículo 32 a Jesús. La conexión con el título de salvador (sôtêr), dado por Dios a Jesús con motivo de su nacimiento, queda patente (Lc 2,11).

[34] Lc 2,32: luz para alumbrar a las naciones, tiene como trasfondo a Is 42,6, y 49,6; aunque las dos citas contienen la expresión luz de las naciones, el texto de Isaías 49,6 tiene la ventaja de estar citado en dos pasajes importantes de Hch: 1,8 y 13,47, que contienen explícitamente el tema de la salvación (sôtêria). Por eso Lucas en este episodio anticipa el tema fundamental de su segundo libro, Hechos de los Apóstoles: la apertura dialéctica del cristianismo a los paganos. Consulta también, como trasfondo, Is 25,7; 40,5: el Mesías-luz librará a los gentiles de las tinieblas, símbolo de todo tipo de opresión.

[35] La infancia de Jesús, 92.

[36] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 128.

[37] Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 132.

167 comentarios

  • Juanel

     
    Me pregunto ¿cuál o cuáles son las razones para considerar pecado, inmoral, al acto homosexual? Dejo por ahora las Escrituras, Tradición y Magisterio de la ICR, me centro en la moralidad humana. Comparemos el acto homosexual con el heterosexual. Practicar el sexo heterosexual resulta altamente moral cuando se dan las condiciones de afectividad, comprensión, fidelidad, entrega, respeto y sobre todo amor. Es por ello por lo que el acto sexual en un matrimonio de los buenos, de los de para toda la vida, hace crecer al amor, potencia la unión, la donación de uno al otro y por ello tiene un alto valor moral. La fuente de la moral del acto sexual no es que esté abierto a la reproducción o como gusta decir a la vida, sino que es altamente moral por sí mismo. Si fuese la reproducción la fuente de moralidad, la persona humana queda disminuida. El acto sexual sería simplemente un mecanismo biológico para unir un espermatozoide con un óvulo. El acto sexual estrictamente moral estaría entonces restringido a los días fértiles de la mujer, que en realidad sólo es fértil 24 horas tras la ovulación aproximadamente hacia la mitad del ciclo menstrual. Lo moral estricto sería calcular los días fértiles de la mujer no para evitarlos, por motivos de la paternidad y maternidad responsable, sino al contrario serían los días en los que el coito tendría un mayor valor moral y poniéndonos en el extremo estoico serían los únicos días legítimamente morales para usar el sexo reproductivo. ¿Dónde queda la persona humana transformada en una máquina reproductora?
     
     
    Si concluimos que el acto sexual en un matrimonio heterosexual tiene un alto valor moral porque potencia su unión y edifica a las personas en lo humano, pues en un matrimonio homosexual de los buenos y para toda la vida, en donde se dan las condiciones de afectividad, comprensión, fidelidad, entrega, respeto y sobre todo amor ¿cuál es la razón para considerarlo inmoral o pecado? Las únicas diferencias que encuentro entre los dos actos sexuales serían anatómicas y sobre ello no veo ningún modo de hacer valoraciones morales.
     
    Saludos cordiales

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

    Y lo digo otra vez en público, si a Pepe Blanco mi respuesta le pareció “ofensiva”, le presento mis disculpas una vez más. Yo la entendí como un recurso dialéctico en un “rifi-rafe” de ideas; si la sintió de otro modo más personal e injusto, o a casi todos se lo parece,  no tengo inconveniente en pedirle “perdón”; lo hago desde ahora, “te pido perdón, Pepe Blanco”.

    Para mí sólo era una diferencia de ideas. Nunca, nunca, me propuse despreciarlo o ignorarlo; menos aún cuestionar su vida personal que ignoro; y en la que le deseo lo mejor y le brindo lo que esté en mi mano. Lo dejo aquí definitivamente. 

    Por lo demás agradezco a quienes me han dado ánimos o comprendido; también a quienes no están de acuerdo conmigo, en las ideas, y me lo han recordado; no compito con nadie por ser progresista o conservador, y llego honestamente en la vida hasta donde veo y me parece, o me atrevo, según mi conciencia e inteligencia. Yo creo que con una libertad personal y un respeto bastante razonables hacia los otros; y si sufren por injusticia de otros, o mía, ¡sobre todo mía!, no tengo dudas sobre su derecho y que no hay “Credo” que los preceda. Ningún credo antecede a las personas en su conciencia y derechos fundamentales. Nunca lo he dudado.

    Sencillamente, estoy queriendo decir que os aprecio a todos, os animo a buscar la verdad, y digo que en mí siempre tendréis a un buen compañero. Espero lograrlo. Cristiano o laico en el fundamento, lo que cada uno necesite. Si la vida nos acerca más, hasta conocernos personalmente, también a un amigo en Vitoria-Gasteiz. Gracias a Atrio que me acogió y a Antonio Duato, en particular. Un cordial saludo a todos y hasta que coincidamos por otro camino.
     

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

    Pero tienen que quedar de pie”; he querido decir “tienes”, en singular; a nadie más me refiero. Ignacio

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

    “Algunos sacerdotes del papa sumisos al papa dicen no verlo claro (como José Ignacio Calleja), pues se deben a su jefe Ratzinger y son profesores de su moral católica”.
     
    “Un sacerdote del papa destacado como José Ignacio Calleja ha dejado en la estacada a una persona herida, Pepe Blanco, que además es muy querida en Atrio (y ejemplar). Herida por el jefazo de los sacerdotes católicos, sacerdote jefe dictador Ratzinger”.
     
    (José Ignacio Calleja) “desgraciadamente para todos ha hecho como si no se hubiera dado cuenta de que Pepe Blanco vive un matrimonio homosexual con su marido Paco”.
    He leído lo que antecede, hasta donde he podido, Javier Renobales, porque lo que sentía no es un descrédito para mí, sino para ti; te pedí de corazón y con razones que no hagas juicios de las intenciones de las personas. Los has hecho de las mías. Muy graves. Me acusas de que he despreciado a Pepe Blanco, que lo he hecho de una persona herida, que soy sabedor de su sufrimiento y de su matrimonio… dices tales barbaridades de mi conciencia y conocimiento de Pepe, que quiero creer que no las piensas. Es falso, mil veces falso que yo sepa nada sobre la vida de Pepe, su identidad sexual y sus opciones en el caso. No sigo Atrio sino ocasionalmente y temas muy concretos. Y éste no es el caso.
     
    Dije que respeto a las parejas del mismo sexo y, que siendo de personas libres que se aman, las legitimo absolutamente conforme a mis convicciones morales laicas y cristianas; y que eso lo digo en público y en privado.
     
    Y es muy grave que digas que miento en mi ignorancia sobre Pepe. Es muy grave. Es una acusación falsa, y es gravísimo que lo mantengas contra mi palabra. No puedo confiar en mis diálogos con alguien que obra así en la vida. Me da pena terminar así. Hay que poner siempre la otra mejilla, pero no callar la verdad con los que abusan de uno. Si me escupes, no me haces más daño que me acusas de mentir. Y tú lo has hecho con una acusación pública muy grave y falsa; y después de advertirte yo sobre la verdad de mi ignorancia sobre Pepe. Pero tienen que quedar de pie, caiga quien caiga. Procura aprender esta lección, pues no será la primera vez ni la última que te llevas por delante con tu verdad, la honestidad de otras personas. Consulta con gente te quiere si puedes obrar así sobre la libertad y la honestidad de otros.
     
    Te sigo respetando, pero mi decepción es total.
     

  • Santiago

    JAMAS ha sido la Iglesia “per se” homófoba…Siempre ha acogido en ella a todos los que necesitaban de su ayudo…sin distincion de su orientación sexual…..Su lucha -como la de Cristo- es contra el mal…lo que en realidad ELLA expone es el “desastre” de la desestabilización espiritual que ocurre con el pecado…Y asi cuando Cristo perdonó a la adultera…no solo le dijo: “yo no te condeno” (como persona humana) sino que añadió: “no vuelvas a pecar” puesto que esto si es detestable…. Despues del pecado, pues, hay redención..El pecador siempre puede escapar del pecado, PUEDE volver al camino del bien…porque esto es una decisión personal que reside en la voluntad..Y esto es asequible a cada uno de nosotros, aun en las peores circunstancias..y en las peores condiciones sociales y psicologicas..
    Por otro lado, como dice Agustin O., Benedicto no habla de “una amenaza para la paz” SINO QUE…las uniones que no son las ordinarias y de la mayoría de los humanos “entre un hombre y una mujer”..contribuyen a la desestabilizacion de ellas “oscureciendo” SU caracter  PARTICULAR, y SU papel insustituible..porque lo que se intenta es equipararlas jurídicamente….No se puede llamar “homófobo” al Papa porque esté a favor del matrimonio que es y ha sido el de la mayoría…pues el sostiene lo que ha sido la costumbre permanente del mundo durante siglos…Equiparar y sostener exactamente un equivalente para este tipo de uniones es desvituar el carácter de ambas..aunque yo particularmente respete a todas las personas ya sean homo, bi o heterosexuales…Todavía, el matrimonio comun pertenece ordinariamente a la mayoría de los seres humanos, que es la unión completa entre un hombre y una mujer…Esta realidad no puede ser homófoba y es lo que el Papa Ratzinger ha querido aclarar de nuevo…Llamarle homófobo no es justo..
    un saludo cordial  de Santiago Hernández  

  • Ah, que se me olvidaba:
     
    Dosmanzanas es el nombre o título de una web de contenidos propios del universo LGTB. Acaban de publicar la noticia de que miles de católicos holandeses han protestado enérgicamente por las recientes declaraciones homófobas de Benedicto XVI, hasta el extremo de que han decidido todos abandonar la pertenencia a la Iglesia católica.
     
    ¿Abandonarla precisamente ahora -no puede uno evitar sospechar, mal pensar-, cuando lo más probable es que la práctica totalidad de esos mismos católicos o dizque católicos holandeses que han protestado por las palabras del Papa, la hayan abandonado de hecho hace ya la tira de años? No es algo que ni siquiera me incumba especialmente, aparte de que, obviamente, es este un caso en el que debemos concluir con aquello tan socorrido de solo Dios conoce (conoce y sondea los corazones, conoce ese sagrario que es la conciencia de cada persona), solo que sería estupendo y muy oportuno poder llegar a conocer, en efecto, cuántos de esos “desertores” o apóstatas de la fe católica holandeses venían participando regularmente en la vida de la Iglesia. Qué número de ellos y ellas, que ahora al parecer se sienten tan defraudados por las últimas declaraciones, homófobas de Benedicto XVI, perdón, quise decir, Venenito XVI.

  • Aunque no lo haya hecho -sus razones tendrá cada uno, ahí no me meto- ninguno que otro de los muy escasos curas no necesariamente progresistas que de san Juan a Corpus aparece por Atrio, voy a ser yo, seglar de a pie, quien ponga algunos puntos sobre las íes sin ninguna pretensión teológica, en esta ocasión no ya porque me crea incapaz de ello, sino porque sencillamente no viene ni a cuento, de puro elemental que es el asunto. Y porque sinceramente, de nada valdría el aducir abundantes razones escriturísticas o bíblicas (veterotestamentarias y neotestamentaristas), patrísticas, magisteriales, espirituales y aun antropológicas y jurídicas, ante una mayoría de personas progresistas (ya sea en versión agnóstico-atea o en versión eclesial cristiana) que ya tienen su propio juicio asumido: la Iglesia católica es homófoba y el Papa Benedicto XVI es Venenito, y por supuesto, superhomófobo. Cuando lo cierto es que Benedicto XVI, sabio teólogo, es pecador, sin duda alguna (confiesa a menudo; no creo que sea tan hipócrita como para confesar sin propósito alguno de la enmienda, sin dolor por sus pecados…), y como tal, sujeto expuesto a los vaivenes del progreso o del retroceso humano, a los vaivenes de la conquista de la santidad o de la mediocridad…
     
    Pero a lo que íbamos. La Iglesia católica siempre ha afirmado -basándose en las Sagradas Escrituras, en la Tradición y en el Magisterio permanente y vivo, y aun en la propia razón humana, que se despliega hacia los límites y contenidos de la antropología, la psicología, etcétera- que el ejercicio activo de la homosexualidad es pecado (subrayado mío).
     
    Obsérvese: el acto homosexual, objetivamente considerado, sin entrar en ulteriores valoraciones sobre la subjetividad, responsabilidad y aun culpabilidad de los sujetos autores de los actos homosexuales. De modo que acusar al Magisterio, y de paso a todos los católicos que queremos ser fieles al Magisterio también en ese espinoso asunto de la homosexualidad, de homófobos, es sencillamente un insulto, una difamación, e incluso una estrategia de acoso y derribo procedente de sectores, homosexuales o heterosexuales, tremendamente laicistas, agresivamente laicistas y, a menudo, densamente neopaganos. De modo que  los digan Agamenón o su .porquero, lo cierto es que estamos ante meros insultos y difamaciones.
     
    Por similares razones a las que expone para declarar que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que por ende no pueden merecer aprobación moral alguna, la Iglesia católica expone que el matrimonio es la unión estable, fiel, sancionada social y eclesialmente, y abierta a la vida, entre un hombre y una mujer. así se ha entendido desde siempre, por culturas y civilizaciones precristianas, en el tiempo y en la intención incluso precristianas. De manera que vuelven a ser el mismo insulto, la misma difamación, y la misma estrategia de acoso y derribo, el plantear que somos homófobos los que seguimos defendiendo que matrimonio es solo la unión de un hombre y de una mujer.
     
    Nada más. Y nada menos.

  • Agustín O.

    amigo Javier, yo con los autores que señalas, con la teología actual: le doy la maxima importancia al relato del templo; porque es cierto, como bien dices, que fue la gota que colmó el vaso de que crucificaran a Jesús; es decir, el culminó la entrega de su vida a Dios Padre y a su proyecto Reino con su subida a Jesuralen y su acción profética en el templo que simbolizaba que el Reino y su justicia y su vida se opone a los ídolos de injusticia y muerte que impiden el amor fraterno, como era en su máximo esponente la ideología y sistema del templo. Lo que no estoy de acuerdo es con la interpretación violenta que le das, como ya he explicado. Juanel, la antropología que expongo es a la vez universal e histórica, como tu dices. El hombre es cuerpo y sentimientos, espiritual y material-físico, biología y ética permanente, universal, compartida que como bien dices se actualiza y renueva en su condición temporal e histórica, pero sin negar lo anterior, como nos enseña hoy la filosofía, la antropología, la psicología y el resto de ciencias sociales o humanas. Un abrazo y feliz año nuevo de nuevo

  • ana rodrigo

    Vamos a ver. Tengo bastantes amigos homosexuales, uno de ellos, en concreto católico “practicante”, y a ninguno se le mueve un pelo por lo que diga el Papa o cualquier otra autoridad considerada autoridad moral. La identidad personal y la conciencia de cada cual pertenece a cada cual, los intentos de injerencias externas, son eso, intentos. Y no considero, en estos tiempos, en que la sociedad ha llegado, por fin, a la sunción de esta realidad con naturalidad, que cierto tipo de declaraciones produzca la tragedia que Javier imagina.
     
    En estos casos lo más importante es que haya leyes civiles que procuren los derechos que le corresponden a las personas. Las consideraciones morales son otra cosa diferente, válidas en tanto en cuanto avalen los derechos de las personas. Y es por lo que debemos luchar.

  • Juanel

     
    El comentario de Javier de 1/1/6:37 me parece que tiene un tono más moderado y dialogante, exponiendo las razones por las cuales se posiciona contra las del Papa Benedicto XVI. Coinciden con las mías que también creo que en esta ocasión el Papa se equivoca. Pero para mí aunque el Papa se equivoque gravemente no lo descalifica para dirigir la Iglesia al frente de su Magisterio. A Javier le produce furor arremetiendo contra todos los católicos que siguen según él a un Papa indigno. Sin embargo, en mi opinión todos nos equivocamos y trato de entender la posición del Papa en este caso, aunque no la comparta ni disminuya en nada su gravedad.
     
    La cuestión de fondo la plantea a mi modo de ver Agustín que parte de una concepción antropológica apoyada en el inicio de los textos bíblicos del Génesis, (¿también desde el inicio de nuestra especie?), pensando que la “naturaleza humana” se hizo de un modo inmutable desde sus orígenes, al ser creada por Dios de un modo concreto y no de otro. Así habla de complementaridad y comunión a nivel psicosomático….. que se realiza entre un hombre y una mujer… el que Dios creó y plasmó de esa forma su proyecto de afectividad, sexualidad, matrimonio y familia. Sin embargo, hoy difícilmente puede sostenerse que la creación de Dios se hace desde un punto de vista fijista y no evolucionista, dejando fluir el tiempo. Ni siquiera puede sostenerse en cuanto a los principios éticos o capacidades humanas hayan sido inmutables desde el origen de nuestra especie. Al contrario que otras especies animales, la nuestra tiene una amplia plasticidad se va haciendo a lo largo del tiempo. En realidad lo humano, la naturaleza humana, la vamos haciendo. No tenemos ninguna necesidad ni podemos sacar conclusiones éticas claras remontándonos a nuestros orígenes, como si los pequeños grupos cazadores-recolectores de la primera prehistoria tuviesen la calve de lo que somos o vamos siendo. Es evidente que el nivel ético avanza con la historia. Y en esto también está según mi fe la obra creadora de Dios. Dios no nos creó en el origen de una forma concreta, sino que nos va creando en el tiempo, en la evolución, en la historia. Vamos hacia la Plenitud, no partimos de ella.
     
     
    Por tanto en cada momento histórico, tenemos que ir rehaciendo nuestro nivel y sentido ético precisamente para mejorarlo en las condiciones y circunstancias en las que vivimos. Muchas de las éticas del pasado están obsoletas y algunas van contra principios éticos que hoy nos parecen fundamentales. ¿pongo ejemplos? Entre ellos está la sensibilidad ética contra cualquier tipo de discriminación. En mi opinión, esto significa un fuerte mejoramiento de la ética en nuestros días, porque ciertamente apunta en dirección a la Plenitud Humana sin exclusiones. Esta dirección es el criterio con el cual juzgo principios éticos, incluidas las Escrituras y el Magisterio de la Iglesia.
     
     
    Agustín disculpas por decir que dijiste que la homosexualidad va contra la dignidad humana, cuando en realidad fue una deducción mía de tus palabras.
     
     
    Saludos cordiales. Feliz año

  • Javier Renobales Scheifler

    Agustín, me ha dado la impresión de que  minimizas el ataque al Templo judío que hizo Jesús al liarse a latigazos con los que dirigían el Templo, con los sacerdotes que permitían/fomentaban el negocio de compraventas en que habían convertido el Templo.

    Yo no soy experto, pero he leído a algunos expertos la opinión de que este ataque frontal de hecho (no sólo de palabra) de Jesús al Templo y con violencia física fue la gota que colmó el vaso, la partir de la cual decidieron asesinar a Jesús(lo cual les fue fácil, y además parece que fue legal cómo lo asesinaron.

    ¿Por qué lo asesinaron, si no? Desde luego no fue por error. Lo asesinaron como a un sedicioso político que se había enfrentado contra el Imperio, contra el orden establecido por el Imperio.

    El Imperio romano acabó masacrando a los judíos, en la guerra de los años 66 a 70 (aproximadamente). Ya Pablo en Romanos 13, 1 y 2 había empezado a diferenciarse de los judíos que luchaban contra el Imperio romano para liberar a Israel (lo que es de dios creo que se refería a Israel, cuando Jesús dijo lo de dad al César lo que es del César).

    Pero el primer evangelio en el tiempo, el de Marcos, ya conoce cómo los judíos están siendo masacrados por el Imperio Romano. Entonces trataron de no ser confundidos con los judíos por los romanos, y minimizaron en los evangelios todo lo que pudieron el enfrentamiento de Jesús contra la injusticia de la invasión del Imperio romano, contra el emperador romano que se decía divino, y dulcificaron todo lo que pudieron (caiga sobre vosotros la sangre de éste justo: yo me lavo las manos) la decisión de Pilato de torturar y asesinar a Jesús.

    Así pretendieron los evangelistas que la muerte de Jesús formaba parte de un plan de dios para la redención del género humano por la sangre derramada por Jesús (ola derramaron de hecho los romanos, y los sacerdotes judíos) y para que dios pudiera perdonar los pecados del mundo, y esas cosas.

  • Javier Renobales Scheifler

    Francisco Javier, me dices “creo no se puede exigir a los demás que le llamen homófoboo” al papa.

    Cierto que me equivoco demasiado, pero no veo que yo haya exigido en este hilo a nadie que llame homófobo al papa, ni a nadie. Agustín me habla de calumnias al respecto de la homofobia, como si y hubiera llamado homófoba a alguna persona o a la ICR. La verdad, que no lo veo, dónde he llamado yo, o prentendido que otros llamen, homófoba a ninguna persona física ni jurídica.

    Esto de la persona jurídica me hace recordar al argumento lleno de sentido común que expuso Pepe Blanco: el magisterio católico no puso pega alguna en que llamaran persona a la persona jurídica. Cuando lo ‘sagrado’ para Jesús son las personas humanas, las físicas, no las jurídicas.

    Pero el término matrimonio, aplicado a los homosexuales, les revuelve las tripas a los papas y lo que cuelga de ellos: la jerarquía, el magisterio católico, la doctrina de la ICR, y los católicos que apoyan a los papas y lo que cuelga de ellos.

    Bueno, nada cambia por el hecho de empezar un nuevo año. Nos deseamos recíprocamente todos mucha felicidad y esas cosas tan rutinarias cada año: peropara algunos, los matrimonios de los homosexuales  que se jodan.

  • Javier Renobales Scheifler

    Claro que sí podemos dialogar, Agustín. Pero creo que vuestra posición, en la defensa de lo que dice/hace vuestro papa, es muy incómoda.
     
    El término homofobia no lo he introducido yo en este hilo, sino tú Agustín, que hablas de calumnias.
     
    Según el Diccionario (DRAE) homofobia sería ‘aversión obsesiva hacia las personas homosexuales’.
     
    El nacimiento de Jesús es buena noticia y alegría, en primer lugar, para todos los excluidos de la sociedad
     
    El papa excluye (pretende excluir) del matrimonio (incluso del civil) a los homosexuales: por lo tanto éstos son los excluidos; el papa es muy poderoso, con toda su ICR, de forma que los homosexuales son los excluidos de la sociedad, en sociedades católicas como la española.
     
    http://www.lapatilla.com/site/2012/12/21/730866/

    Benedicto XVI: Los homosexuales destruyen la esencia misma de la criatura humana
    diciembre 21, 2012 4:54 pm
     
    El papa Benedicto XVI volvió a condenar con firmeza el matrimonio gay y afirmó que esa “lucha” “pone en juego la visión misma del ser humano”, en su discurso este viernes de fin de año ante la Curia romana. El papa señaló que homosexuales manipulan la identidad de género que les dio Dios para adaptarla a sus preferencias, con lo que destruyen la “esencia misma de la criatura humana”.
     
    De Wikipedia, la enciclopedia libre: “La Iglesia Católica condenaba a los homosexuales durante la Edad Media, y en la actualidad sigue rechazando la homosexualidad[24] y además ha vetado el sacerdocio a los homosexuales.[25]
     
    Se calcula que cada dos días una persona homosexual es asesinada en el mundo debido a actos violentos vinculados a la homofobia.[4] Amnistía Internacional denuncia que más de 70 países persiguen aún a los homosexuales y 8 los condenan a muerte.[5]
     
    El Parlamento Europeo (el único organismo de la Unión que es escogido directamente por sus ciudadanos) considera a la homofobia como un miedo y aversión irracional hacia la comunidad LGBT basada en prejuicios y la compara, por ejemplo, al racismo o a la xenofobia.
     
    El gobierno de Francia mediante su embajador en las Naciones Unidas, solicitó en 2008 que la homosexualidad sea despenalizada a nivel mundial mediante una resolución no vinculante.
    Urgimos a los estados a tomar todas las medidas necesarias, legislativas o administrativas, para asegurar que la orientación sexual o la identidad de género no puedan ser, bajo ninguna circunstancia, base para una persecución penal, en particular ejecuciones, arrestos o detenciones
    Texto de la resolución[106]
    En total, 66 países votaron a favor, incluyendo a los de la Unión Europea y muchos de América Latina,
     
    Los 57 países pertenecientes a la Conferencia Islámica y el Vaticano, a pesar de solo tener estatus de observador, fueron especialmente vocales en su oposición.[108]
     
    La posición del Vaticano sería de forma y no de fondo: la Iglesia se opone a la criminalización de la homosexualidad, pero no quiere poner en el mismo plano a la homosexualidad y la heterosexualidad, lo que, desde el punto de vista católico, se estaría haciendo al aceptar la «orientación sexual» y la «identidad de género» como hechos.
     
    El temor es que esta igualdad pudiera llevar a ejercer presión sobre determinados países o religiones para aceptar la igualdad de la comunidad LGBT, en el sentido del matrimonio u otros derechos reivindicados por los homosexuales.[109] [108] [107]
     
    La posición del papa no tiene nada de liberadora, no tiene nada de la liberación que supone –que debería suponer- el nacimiento de Jesús.
     
    En mi modesta opinión el papa antepone, la defensa interesada de su particular ideología de prejuicios sexuales, a las personas de los homosexuales que se aman y por ello quieren casarse.
     
    Yo me posiciono rotundamente a favor los excluidos y perseguidos, los matrimonios homosexuales en este caso, en este hilo en el que se sostiene que el nacimiento de Jesús es buena noticia y alegría en primer lugar para los excluidos. Por lo tanto me posiciono rotundamente en contra de vuestro papa, Agustín.
     
    Lo mismo que me posicioné rotundamente a favor del excluido Roy Bourgeois, Por lo tanto me posiciono rotundamente en contra del papa.
     
    Tú no, si no te he entendido mal. En el caso del sacerdote Roy Bourgeois creo recordar que dijiste que era una cuestión compleja, y sin más no apoyaste a Roy Bourgeois, con lo que apoyaste a la jerarquía excluidora.

    Y eso, después de la teología que expusiste en el link que nos pusiste (en Jesús y en su espíritu ya no cabe discriminación o exclusión alguna entre mujer y hombre, creo recordar que decía esa teología) se da de patadas con la exclusión que hacen los papas de la mujer respecto del sacerdocio católico.

    Pero se trata de una persona, Roy Bourgeois excluida injustamente, Agustín; según esa teología y sobre todo según el sentido común; lo mismo que es injusto excluir a los homosexuales del matrimonio (incluso del católico, Agustín, pero más aún del civil) El papa pastor alemán:

    – no se casa, excluye del matrimonio a sus cientos de miles de curas,
    – y pretende excluir del matrimonio también a los homosexuales, por puros prejuicios sexuales.
     
    El perro del hortelano ni come ni deja comer, dice la sabiduría popular, creo recordar.
     
    Ni las mujeres ni el excluido Roy Bourgeois pretenden que los hombres no puedan ser ordenados sacerdotes, ni los homosexuales pretenden que los heterosexuales no puedan casarse.
     
    Las víctimas de esta intransigencia excluidora del poderoso papa y de los que defendéis la postura del papa son por tanto las mujeres y los matrimonios homosexuales y Roy Bourgeois.
     
    Pero eres tú el que me llamas intransigente. Bueno, pero el asunto es que el nacimiento de Jesús es buena noticia y alegría, en primer lugar, para todos los excluidos de la sociedad
     
    Y los excluidores sois vosotros, Agustín, con toda vuestra teología que enseñáis, jesuitas, sacerdotes, profesores de moral católica … etc. etc.

    Ante el sufrimiento de las personas excluidas, Agustín, el asunto no es tan complejo, sino bien sencillo. Los homosexuales no hacen daño a nadie casándose. Dejadles en paz de una vez.

  • Agustín O.

    A ver Javier, que interés y manía tuya con si soy esto o lo otro ja ja, además ya te he dicho que no soy jesuita, ni lo soy ni lo he sido. Es un error de esa información, que no es la primera vez que me pasa, debido a mi relación con los jesuitas en mi actividad profesional…; yo  he sido y soy un laico que intenta vivir su fe en la iglesia. Y sigues con tu actitud intransigente del que a no piensa como tú, como el Papa o yo, regalarnos todas esas descalificaciones y absurdos que nos impones, actitud de solo ver lo malo y negativo del otro en un fanatismo ciego y esteril para el dialogo y encuentro, que es lo que se supone que intentamos por aquí….,al igual que, por el mismo motivo, me parece fuera de lugar y sin sentido, vamos una calumnia, llamar al Papa o a la iglesia homófoba por pensar y decir lo que dice y hace… En fin,  Javier y cia, ustedes los puros inmaculados y liberadores y nosotros los malos y perversos, que se le va a hacer.., me queda el consuelo que Dios me perdona y libera también a mí, con tu permiso…Feliz año

  • ana rodrigo

    Javier, me adjudicas cosas que jamás he dicho ni diré e intenciones que ni me pasan por la cabeza. Y así, es imposible dialogar contigo y mira que lo intento, pero no hay manera. Lo siento.

  • francisco javier peláez

    Javier entiendo que estés disgustado por Pepe y por las familiares “pecadoras” con las que pasastes la Nochebuena por las declaraciones homófobas de Venenito XVI-este término es un acierto conceptual y es una de las mayores aportaciones filosóficas  sólo comparable al imperativo categóricio de Kant-,pero tú no eres un inquisidor como el hombre de blanco y creo no se puede exigir a los demás que le llamen homófobo a Venenito XVI que ciertamente lo es.

  • Javier Renobales Scheifler

    Ya Ana,
     
    Tú no entiendes los ataques a nadie (los ataques a mí sí los entiendes, aunque mi escupitajo no era el grave, pero en seguida me he retractado, a pesar de lo cual tu sensibilidad ha sido contraria a mi expresión): tú no entiendes los ataques a Calleja, y espero que tampoco entiendes los ataques del papa a los homosexuales que se casan gracias a la ley de Zapatero que los jerarcas católicos quieren que su PP derogue.
     
    Para ti no tendría que haber habido ataques: como si nada hubiera pasado.
     
    Pero sucede que son los ataques del papa a los homosexuales lo que ha motivado que estemos hablando de esto, no la condición de sacerdotes de los sacerdotes papistas del foro Atrio.
     
    Pero esos sacerdotes no han tenido sensibilidad humana con las víctimas del ataque de su papa, víctimas que son entre otras Pepe Blanco y su marido Paco, los cuales, lo mismo que los demás homosexuales, necesitan liberación (tema del hilo).
     
    Es esa falta de sensibilidad humana, del papa y de sus sacerdotes, lo que ha envenenado las relaciones humanas entre unos y otros, Ana, no yo.
     
    Yo he escupido contra eses veneno; habrás visto en las películas que cuando una serpiente venenosa muerde (venenito que te inocula), se chupa la herida y se escupe.
     
    Escupir es bueno para liberarse del venenito, Ana. Pero no confundas: el problema es el venenito, no escupir, que escupir forma parte del remedio contra el venenito.
     
    Se diría que para ti el conflicto lo he introducido yo, con lo de escupir. Pero no es así, Ana querida: es el venenito del inhumano ataque de Ratzinger contra los homosexuales lo que ha introducido aquí el conflicto.

  • Javier Renobales Scheifler

    Juanel,
     
    ¿Acaso pidió Jesús respeto para las cosmovisiones diferentes de él mismo por un lado, y las de los sacerdotes e invasores militares romanos por otro lado?
     
    NO, claro que no pidió Jesús respeto para ambas diferentes cosmovisiones porque
     
    –         una pretendía liberar a los pobres y oprimidos (tema del hilo, nacimiento liberador de Jesús)
     
    –         y la otra cosmovisión era la que los oprimía y puteaba a los pobres (con perdón de las putas, que nos preceden en el reino); los oprimía y puteaba para mantener los privilegios de los poderosos opresores.
     
    Ahora es lo mismo: los oprimidos son los homosexuales que quieren ser reconocidos iguales – porque sin duda lo son- a los heterosexuales también en el matrimonio.
     
    Algunos sacerdotes del papa sumisos al papa dicen no verlo claro (como José Ignacio Calleja), pues se deben a su jefe Ratzinger y son profesores de su moral católica.
     
    Agustín Ortega aparece en una noticia de prensa de Tenerife como si fuera jesuita en junio de 2011. Quizá lo fue y luego dejó de jesuita; o nunca fue sacerdote, o lo sigue siendo …
     
    http://www.fuerteventuraahora.com/noticia/2311/
    Una cosa es la fe en Jesús y otra los fallos de la Iglesia. Por eso no me parece suficiente motivo para no comulgar al niño“, sostiene Agustín Ortega, jesuita y teólogo del Centro Loyola, en Las Palmas de Gran Canaria. “Conozco gente con esa inquina a El Vaticano, y lo único que conocen es el estereotipo de los medios de comunicación“, afirma. Ortega reconoce los fallos de la Iglesia a lo largo de la historia, pero “ha hecho muchas más cosas buenas que malas”. Pone como ejemplos la sanidad y la educación pública. O su mensaje social, que “ha sido una maravilla con los últimos Papas“.
     
     
    Jesuita o no, la ‘devoción’ de Agustín Ortega por los papas de la involución Wojtyla y Raztinger parece clara.
     
    Le pregunté en Atrio si era sacerdote, pero nunca me respondió. Quizá este periódico que aparece en el link que he puesto, de hace unos 20 meses, diga la verdad, o quizá no, pues muchas veces la prensa miente, o se equivoca, habla sin saber, por las puras apariencias.
     
    En cualquier caso creo que Agustín Ortega debería aclararlo.
     
    Está claro que los papistas (sacerdotes del papa o devotos del papa) se posicionan a favor de la inhumana agresión del papa Ratzinger a los homosexuales, en la mejor Tradición de la ICR, y los demás nos posicionamos a favor de las víctimas del papa: los homosexuales que se aman en pareja (AMOR ES EL MENSAJE DE SALVACIÓN DE JESÚS, y no el sacerdocio) y decidieron casarse POR AMOR, aprovechando la ley del ateo zapatero.

  • pepe sala

    Afortunadamente estamos todos liberados-as ante la lectura del nacimiento de Jesucristo. Se sabe que se celebra en fecha desafortunada  e irreal, no se sabe a ciencia cierta ( históricamente) si nació y tampoco dónde nació. Supuestamente hace más de 2000 años y en un pueblo ” donde Cristo dió las tres voces”…
     
    La atención dialéctica de semejante portento mantiene en vilo al portal ( lo de ” portal” conlleva miga ) de ATRIO. Todos-as contentos-as…
     
    Lo extraño es que un tema tan interesante como éste:

    El ataque a las pensiones. Otra vez.


    no haya merecido la menor atención. Bueno, será porque por aquí todos-as lo tenemos solucionado.
     
    Enhorabuena.

  • Agustín O.

    Y repito que lo de Jesús fue un acto simbólico de derribar alguna mesa como signo de que el templo ha terminado y nada más, en ningún momento dice el Evangelio que Jesús ejerciera la violencia física o moral contra las personas…, no hay que hacer una lectura fundamentalista del evangelio. Feliz Año de nuevo!

  • Agustín O.

    Rodrigo, si  no estás de acuerdo conmigo, lo acepto, pero no que el que llames manipulador: eso es faltar el respeto a la gente, un juicio nada apropiado y condenatorio, y va en contra de un dialogo cordial, como debe ser. Yo sigo creyendo que el Papa, como pone la segunda parte del texto “por tanto…”- que tú no citas-, se refiere más al tema del “aborto y la eutanasia”, no tanto a la homosexualidad que no la nombra ahí y menos emplea esa frase que ustedes han dicho. Pero bueno…, si no quieres aceptar la lectura que hago, yo lo respeto y no te voy, como haces tú, a llamar manipulador u otros insultos por el estilo. Y lo mismo digo de otra frase que pones del Papa que creo que esta todavía más sacas de contexto: Benedicto XVI no se refiera a que otras personas de otras religiones e incluso no creyentes no pueden (no sean capaces) y deban buscar la paz y la justicia. El en sus textos ha reconocido y promovido la cooperación entre todos los seres humanos para lograr la paz y la justicia, ya que así lo afirma la fe, por ejemplo el Vaticano II. Eso es así, objetivo, y lo que el Papa quiere significar es que para él y la fe cristiana, evidentemente, la plenitud de la paz y la justicia está en Cristo, como para otros estará en su creencia Dios o en su fundador religioso… Nosotros creemos que la gracia de Dios está y actúa en todos, sean creyentes o no, con su salvación liberadora, aunque nosotros los cristianos creamos explícitamente que esa gracia y su salvación tiene su raíz y plenitud en Cristo, por eso somos cristianos….
    Juanel, la segunda parte que me atribuyes de la frase que pones: que la homosexualidad “daña la dignidad humana”, eso no he dicho yo, lo dices tú…porque esa frase que pones, así, tal cual, desde la teología moral requiere muchas matizaciones…..Lo que he dicho es lo primero que pones, es decir el sentido profundo del mensaje de la iglesia sobre la homosexualidad y el matrimonio entre el hombre y la mujer, que es “la perspectiva e ideal o de plenitud en la comprensión antropológica”. La iglesia y el cristianismo, como el judaísmo, el islam u otras cosmovisiones espirituales o filosóficas ven que el ideal o plenitud de la diversidad, complementariedad y comunión a nivel psico-somático, afectivo-sexual y genital, matrimonial y familiar…, esto es antropológico: se realiza entre un hombre y una mujer; tal como aparece, asimismo, en el relato del Génesis que actualiza y profundiza Jesús en el evangelio, Pablo, etc. Es, como ves, un argumento no sólo teológico, por el que Dios creó y plasmó de esa forma su proyecto de afectividad, sexualidad, matrimonio y familia. Sino también, y al mismo tiempo, antropológico, el cual es compartido por diversas cosmovisiones, culturas, filosofías, etc. La iglesia cuando habla de moral lo hace a todos los hombres, no solo a los creyentes, porque cree que esta visión antropológica y psico-social ha sido, es y puede ser compartida por todas las personas de distintas creencias, culturas…, ya que constituye la identidad y sentido de la persona que es el fondo lo que todo ello quiere indicar la famosa ley natural…
    Y volviendo al tema de la virginidad, como te he dicho ya varias veces, y subrayo de nuevo, la fe tiene su entraña en la Encarnación Y Pascua de Jesús, y la afirmación de la virginidad de María se sitúa y comprende desde ahí: y no al contrario, lo cual, como bien señalas, es una forma inadecuada de comprenderlo.
    Les deseo a todos, de corazón, Feliz Año Nuevo con mis mejores deseos.

  • ana rodrigo

    Yo no entiendo los ataques a José Ignacio Calleja después de haber escrito entre otras cosas Sea cual sea, es tan digna de respeto social y moral como la mía. Lo creo así en ética laica y ética cristiana”.
     
    Y lo mismo que condeno atacar a nadie por su condición sexual, también rechazo condenar a nadie por su condición social o religiosa. Una persona puede ser periodista, abogado o sacerdote, y eso no quiere decir que la persona esté estigmatizada por algo coyuntural. Es la persona la que es digna o indigna, no su condición social.
     
    Otra cosa es que yo tenga mis ideas acerca del sacerdocio o acerca de cualquier otra opción en la vida. Y es en este campo donde debemos movernos, en el campo de las ideas, no de los ataques personales, siempre y cuando no se agreda a principios básicos y derechos elementales de las personas y de las relaciones humanas.
     
    Habría que bajar el tono, ¿no te parece Javier? Pienso que tú mismo te envenenas con tanta tortura imaginaria eclesiástica. ¿Algún sacerdote u obispo te impide vivir tu vida libremente? Apañaos estaríamos si lo que diga el imán de no sé dónde, o el metropolita de no sé qué determinara mi manera de sentir o de vivir.
     
    Te deseo paz y sosiego interior, Javier, no te atormentes tanto y vive tu vida lo mejor que puedas y sepas. Te lo seseo de corazón.

  • Javier Renobales Scheifler

    Cierto, Luis González Morán, demasiados sacerdotes por medio para que el nacimiento de Jesús haya resultado liberador para muchos.
     
    Tú, como sacerdote del papa, tienes tu sensibilidad excitada contra los que se quejan del papa. Y no a favor de la víctima, a favor de Pepe Blanco y su marido Paco. No me vale, sacerdote Luis GM.
     
    El ataque inhumano es del papa y contra los homosexuales que se casan (matrimonio). Deberías haber denunciado tan inhumano ataque, Luis GM. y no lo has hecho. ¿Que te pasa, no lo tienes claro, como le pasa a Jose Ignacio Calleja, tan experto en moral católica que incluos de clases de ella?

    Se casan los homosexuales, como es lo humano, con personas que les atraen sexualmente, lo mismo que hacemos los heterosexuales, que no vosotros los sacerdotes católicos: que vuestros jefes no os dejan que os caséis, y vosotros os tragáis sumisos semejante afrenta irracional e inhumana –el celibato sólo es humano si es libre, no si es obligatorio-.
     
    Los sacerdotes indignaron a Jesús (como es lógico y normal), el cual les puso a caldo y se lió a latigazos con los que dirigían el Templo (que lógicamente eran los sacerdotes, a los que Jesús acusó de lo de la cueva de ladrones, si hemos de creer al evangelista).
     
    Así que los sacerdotes asesinaron a Jesús, porque éste ya empezaba a tener un cierto éxito liberador, lo cual era peligroso para los sacerdotes y beneficioso para los débiles y oprimidos, por los que luchaba Jesús.
     
    Los sacerdotes se fueron adueñando de las iglesias (menuda casta son: profesionales de manipular a dios, les fue muy fácil manipular el recuerdo de Jesús para lo cual lo divinizaron), hasta hacer de una (de las iglesias), una, grande y ‘libre’, y ‘santa’ y ‘madre’ iglesia de estructura dictatorial; e incluso pretenden hacer sacerdote a Jesús, un laico judío asesinado por los sacerdotes judíos, y pretenden hacer sacerdotes a los apóstoles … etc. etc.
     
    Estos nos hacen sacerdotes a todos, si les dejamos (aunque de diferente casta o nivel, pues ellos son los del invento ese del sacramento del orden, exclusivo para ellos)
     
    Joder! con los sacerdotes, menuda castayugo habéis hecho, Luis GM, contraria a cualquier liberación, contraria a que espabile el pueblo. Creo que ninguna liberación nos vendrá de vosotros los sacerdotes, que servís a vuestra ICR, pues estáis consagrados a ella.
     
    (Recuerdo que el obispo de Bilbao Blázquez –el anterior a Iceta, ambos puestos a dedo por el sacerdote jefe Ratzi-, dijo cuando Raztinger le envió fuera de Bilbao, que iba a su nuevo destino a servir a la ICR. En seguida le nombró arzobispo, el jefe de los sacerdotes Ratzi.)
     
    Yo me pido, si les pidiera algo a los reyesmagos, que me liberen de los sacerdotes. Pero como no creo en reyes ni en pensamientos mágicos, me libero yo mismo de los sacerdotes, Luis, aunque consigáis apoderaros también de Atrio.
     
    Ante tanto sacerdote del papa como entra en Atrio últimamente, yo me quedo mil veces con los que se salieron de sacerdotes, los Cejudo, Duato, Honorio Cadarso, Vicedo, Juan Luis Herrero del Pozo, Joxe Arregi, Leonardo Boff, Sarri José María Sarrionaindía Joxema, J.J. Tamayo … etc. y con tantos como los han dejado fuera, aunque ellos no se han salido, como Castillo, Sobrino … etc.
     
    Un sacerdote del papa destacado como José Ignacio Calleja ha dejado en la estacada a una persona herida, Pepe Blanco, que además es muy querida en Atrio (y ejemplar). Herida por el jefazo de los sacerdotes católicos, sacerdote jefe dictador Ratzinger.
     
    José Ignacio Calleja, progresista según otro sacerdote que creo no se considera progresista, Luis González Morán, desgraciadamente para todos ha hecho como si no se hubiera dado cuenta de que Pepe Blanco vive un matrimonio homosexual con su marido Paco.
     
    Yo había pasado intelectualmente por alto esa treta/truco de José Ignacio -que Rodrigo, tan agudo como de costumbre, ha destacado-, aunque sentimentalmente sí la había percibido, pues el corazón no ignora lo que la razón a veces trata de ocultar.
     
    Me deja demasiado triste todo esto, ya no estoy para estas decepciones tan habituales en eclesiásticos católicos, donde todo debería ser humanismo a tope;

     año nuevo vida nueva, dicen.
     
    Ya veremos lo que hay mañana y los días y años que quizá vendrán. Buscaré lo positivo lejos del mal ejemplo que me está dando el sacerdote del papa  José Igancio Calleja

  • Luis Gonzalez Moran

    ¡Qué poco “liberadora” ha resultado la lectura del Nacimiento de Jesús.
    Ha producido un enfrentamiento desmedido, casi irracional.
    Mira que es afortunado y de un gran altura intelectual lo del “Venenito XVI”… supone todo un logro conceptual.
    Qué poco liberados estamos todos de “nosotros mismos…”
    José Ignacio Calleja: buen ánimo! Se ha lanzado contra tí toda la “progresía”., cuando resulta que tú eres progresista.
    Ya sé que no soy el más legitimado para decir ésto,  pero ¿no habría alguna posibilidad, hablo de cara al año próximo, de que dejáramos todos de despellejarnos unos a otros y nos pusiéramos algo más (no digo que no se haga, conste) a construir “en positivo”? A base de “Venenito XVIó XXVI no vamos a ir muy lejos
    Son contradicciones que tiene la vida y las escaramuzas del foro.
    Así todo, y a todos Feliz Año Nuevo.

  • Juanel

     
    Agustín, tú que me pareces tener un espíritu dialogante y razonable, pides respeto para cosmovisiones diferentes, dices “en perspectiva ideal o de plenitud en la comprensión antropológica el comportamiento homosexual….. daña la dignidad humana”, ¿basas esta afirmación en argumentos razonables o bien sólo lo apoyas en la Escritura y Tradición de la Iglesia? No sé qué argumentos razonables podrías tener que no sean discriminatorios para dicho colectivo humano, pero si sólo los apoyas en la Escritura y Tradición entonces la acusación de sumisión y obediencia ciega a lo que dice la ICR parece evidente.
     
    Saludos cordiales

  • Juanel

     
    Gracias Agustín por tu aclaración sobre los sacramentos y la gracia. Tengo problemas para encajar lo de la gracia, pero este es otro tema. Yo uso los sacramentos porque me ayudan a seguir adelante, lo que significa para mí crecer en el amor y la justicia unido a mi Iglesia con mi comunidad, aunque se realicen en medio de un boato de exhibición de riqueza y de alfombras rojas a los poderosos. En cuanto a lo de la virginidad para mí es una anécdota de cómo se realizaron las cosas simplemente porque Dios lo quiso de ese modo, pero focalizar la atención de la encarnación en la virginidad de María y sacar conclusiones exaltando la “virtud” de la virginidad, me parece fuertemente negativo y discriminatorio. No Javier, no tengo ninguna necesidad de negar el dogma de la virginidad de María, sino simplemente no sacar de él consecuencias que no comparto.
     
     
    Bueno, tras la fuerte controversia sobre lo del escupitajo por el insulto del Papa a los homosexuales, sin duda es una respuesta fuerte pero en mi opinión es que en esta circunstancia el Papa no merece otra cosa. Jesús de Nazaret respondía de un modo feroz (Mt 23,13-39) cuando escribas y fariseos cerraban las puertas del Reino, “al no entrar ellos ni dejar entrar a nadie”. Y justo esto es lo que ha hecho el Papa en esta ocasión, agravada con la responsabilidad que tiene de toda la Iglesia Católica. Sin embargo, esto no descalifica al Papa Bendicto XVI para seguir al frente de la ICR. La calidad humana de este Papa es incomparablemente mayor que muchos otros papas en la larga historia de la Iglesia, pues entre santos los ha habido malvados y depravados, no por ello dejaron de ser papas. Y eso que no me gusta Ratzinger ni como teólogo ni como Papa, hubiera preferido a Martini pero es lo que hay.
     
    Saludos cordiales

  • Rodrigo Olvera

    Mira otra “perla”:  Para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios, Padre misericordioso, mediante el cual se implora la redención que su Hijo Unigénito nos ha conquistado.
     
    De modo que -para Ratzinger- únicamente las personas cristianas que rezan por la redención son verdaderas trabajadoras por la paz. Los demás nos jodemos, ¿no?
     
    ¿Voluntarios budistas que buscan la paz en Birmania? no son auténticos trabajadores por la paz, porque no imploran la redención a Dios Padre.   ¿Integrantes de movimientos por la reconciliación y el diálogo Israelí-Palestino, tanto judíos como musulmanes? no, realmente no son verdaderos trabajadores por la paz. Ya no digamos ateos y agnósticos. O rezas como cristiano, o no eres verdadero trabajador por la paz.
     
    Y claro, tal afirmación a tí no te parece insultante… porque no te descalifica a tí.

  • Rodrigo Olvera

    Bastante manipulador Agustín
     
    a) La afirmación de que no reconocer o no comprender los principios de que viene hablando es una herida grave a la paz no se refiere sólo los principios sobre el aborto o la eutanasia como pretendes, sino también al principio de que la estructura natural del matrimonio es únicamente la unión entre un hombre y una mujer
     
    b) Una cosa es decir que se considera moralmente inadecuado el matrimonio entre personas del mismo sexo; y otra muy diferente decir que tales matrimonios causan una herida a la paz mundial. Ahora resulta que es una herida a la justicia el “no comprender”.
     
    c) ¿Me puedes decir quién ha logrado imponer a las religiones o iglesias el que no den su parecer? Que yo sepa, nadie lo ha logrado. Ni siquiera en los tiempos más duros de persecución religiosa en la Unión Soviética se logró imponer tal silencio.

  • Agustín O.

    Y una aclaración: el Papa no ha dicho exactamente eso de que “el matrimonio entre parejas del mismo sexo es una amenaza a la paz” . Dice exactamente esto, en este punto del matrimonio. “también la estructura natural del matrimonio debe ser reconocida y promovida como la unión de un hombre y una mujer, frente a los intentos de equipararla desde un punto de vista jurídico con formas radicalmente distintas de unión que, en realidad, dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel insustituible en la sociedad” (n.4)
    Se refiere en especias o más bien, como se lee, al tema del aborto y la eutanasia: “Esta acción se hace tanto más necesaria cuanto más se niegan o no se comprenden estos principios, lo que es una ofensa a la verdad de la persona humana, una herida grave inflingida a la justicia y a la paz. Por tanto, constituye también una importante cooperación a la paz el reconocimiento del derecho al uso del principio de la objeción de conciencia con respecto a leyes y medidas gubernativas que atentan contra la dignidad humana, como el aborto y la eutanasia, por parte de los ordenamientos jurídicos y la administración de la justicia” (n.4) Va más en la línea de lo que yo decía en mi anterior comentario.
    Porque en este sentido, subrayo, como enseña la moral: una cosa es valorar una situación o acto objetivo como es el de la practica homosexual, que al igual que otras religiones o cosmovisiones, la iglesia apoyada en la sagrada escritura y en la tradición: no ve como ideal o plenitud de la comprensión antropológica, al igual que teologos y moralistas, profesores de moral, muy cualificados y nada sospechosos de “conservadurismo”, de “carcas” y cosas por el estilo. Y otra cosa es la subjetividad personal, la igualdad, dignidad y derechos que, como tales, tiene toda persona, sea homosexual o no. No hay que confundir una cosa con la otra, eso es no faltarle el respeto  a nadie, ni mucho menos; lo que no se puede imponer a las religiones e iglesias es que no den su parecer sobre sus cosmovisiones espirituales y antropológicas, gusten más o menos… Eso es totalitarismo, integrismo…, falta de respeto a la libertad religiosas, de creencias y constumbres.., que impide el dinamismo democrático, civil y social, donde se diriemen estas cuestiones, siempre con el límite de no herir la integridad y dignidad humana, que no es caso, vamo, creo yo. Un cordial saludo

  • Rodrigo Olvera

    José Ignacio Calleja
     
    Dices que no conoces a Pepe Blanco. Parece raro, porque quienes somos habituales en Atrio (y tú lo eres), le conocemos de Atrio desde hace tiempo. Pero como dices que no le conoces, lo tomaré como cierto.
     
    Aún, no es necesario conocerle. Bastaba con haber leído su comentario (que ahí si estoy seguro que lo leiste, puesto que le contestaste a ese comentario) que es autoría de Pepe Blanco y empeiza diciendo que está de vacaciones con su marido. Basta con leer ésto para darse cuenta que las descalificaciones que hizo Banedicto XVI a las personas en matrimonio del mismo sexo son aplicables a Pepe Blanco y su marido.
     
    Te lo ha preguntado Pepe Blanco, te lo ha preguntado Javier Renobales y ahora te lo pregunto yo: ¿te parece o no una falta de respeto de Ratzinger la declaración de que el matrimonio entre parejas del mismo sexo es una amenaza a la paz? Basta un sí o un no.  Tanta evasión tuya a responder un simple sí o un simple no, da la impresión de que no quieres decir que para tí sea una falta de respeto del Papa haber dicho tal cosa. Sería bueno que ayudaras a las demás personas a no tener una impresión equivocada, respondiendo sencillamente un sí o un no.
     
    Yo te digo que a mí me parece una falta de respeto afirmar que “escupo en la cara del Papa”, y por supuesto que me parece una falta de respeto lo que dijo Ratinger:
    a) En primer lugar, a las personas que se encuentran en matrimonio del mismo sexo. Ponerles la etiqueta de amenaza a la paz mundial me parece un insulto, y falta al respeto de su dignidad como seres humanos;
    b) Me parece una falta de respeto a quienes luchamos por los derechos humanos, porque nos está poniendo como “cómplices” de tales personas amenazantes. Y te digo que siendo el caso, yo no tendría mayor honor y gloria que considerarme su cómplice
    c) Me parece una falta de respeto a las vícitimas de la guerra, porque desviar la atención de las verdaderas amenazas y causas de la guerra, implica moralmente una responsabilidad en su continuación y en el sufrimiento de las víctimas
    d) Me parece una falta de respeto a los fieles católicos, porque refuerza la percepción social de que ser católico es ser homofóbico, intolerante e irracional
     
    Añado algo… ambas me parecen faltas de respeto, pero me parece más grave la cometida por Ratzinger. Porque sé que Javier en realidad no irá a escupir a nadie; mientras que también sé que Ratzinger está moviendo sus influencias políticas para que no insulto no se quede en un insulto verbal sino que se concrete en presión a los gobiernos para restaurar la discriminación en contra de las personas que desean ejercer su derecho humano a contraer matrimonio, cuando quieren contraerlo con persona de su mismo sexo.
    Como experto en moral, no te parece que la falta de respeto que puede producir más daño, es moralmente más grave?
     
    Saludos

  • Agustín O.

    Muchas gracias Juanel por tu comentario. Tú mismo respondes a la cuestión que me planteas sobre lo sagrado o divino-la gracias de Dios- que nos regalan la liturgia y los sacramentos: somos nosotros (subjetivamente), los seres humanos, los que rechazamos la gracia liberadora del don sacramental; pero objetivamente la gracia del sacramento y de la liturgia sigue estando ahí, como símbolo efectivo y permanente de la salvación liberadora que nos trae el Reino y su Pascua en Cristo; los sacramentos que significan el Reino y la Pascua de Jesús, en especial el bautismo y la eucaristías , siguen siempre regalándonos su gracia de amor liberador, a pesar de que nosotros los rechacemos una y otra vez. La gracia del sacramento se nos ofrece constantemente para que nosotros la recibamos y la realicemos (la llevamos a la práctica) en el servicio del amor, la fraternidad y la justicia con los pobres. No es que si no se lucha por la justicia el sacramento no vale como tal;  sino que, desde nuestra fe, el sacramento es una realidad o fuente esencial que posibilita la lucha por la justicia. No hay que esperar a tener un intenso o fiel compromiso por la justicia para celebrar el sacramento, en un moralismo o purismo no muy adecuado. Es el sacramento el que, primeramente, nos regala y posibilita, por la fe, la gracia del amor, del perdón y la justicia para que, desde esa transformación personal previa, nos comprometamos por un mundo más justo y fraterno. Aunque nosotros convirtamos la gracia cara (comprometida) del Reino y su justicia en gracia barata, como decía Dietrich Bonhoeffer, no por eso deja el sacramento objetivamente de tener sentido y gracia liberadora, por más que nosotros subjetiva y circunstancialmente desvirtuemos el sentido y la gracia del sacramento del Reino. Aunque como se sabe también, la gracia no se encierra solamente en el sacramento, sino que está más allá de la iglesia y de los sacramento, en toda la humanidad y en el mundo; aunque nosotros por la fe creemos que esa gracia adquiere una densidad o significatividad especial, plena,  en la iglesia y sus sacramentos

    Con respeto a la virginidad de María, lo que quería decir que en los relatos de los evangelios de la infancia y en la fe: la virginidad de María es un signo de la gratuidad y fecundidad espiritual de Dios en María, un signo de que ese niño que va nacer es el Verbo (Hijo Unigénito) del Padre, Dios con nosotros (Enmanuel). El signo o realidad de la virginidad de María remite, pues, a la Divinidad de Jesús, que es lo fontal o la entraña que los evangelios, la Palabra de Dios, y la fe quiere expresar. ¿Que podría haber sido de otro modo, sin que María fuera virgen..?. Eso es ya ponerse a especular mucho…, el Misterio de Dios no lo abarcamos del todo. Pero lo cierto, según la sagrada escritura y nuestra tradición de la iglesia, ya bi-milenaria: es que el designio de Dios quiso que Jesús, el Dios encarnado, naciera de esa forma,  de la gratuidad y fecundidad del Espíritu que en María da luz a Jesús, nuestro Señor, el Salvador. Eso no significa para nada menospreciar toda la dignidad que tiene la mujer,  al dar luz, y su maternidad. Al contrario, Dios ha querido nacer de una mujer, que es su Madre, ¿puede haber algo que  de más dignidad y valor a la maternidad de la mujer…? La fe y la iglesia, como sabes, tienen en su más alta estima la maternidad de la madre.
    Por otra parte, aunque José Ignacio Calleja no necesita a nadie para acreditarse y defenderse, su vida y obra hablan por sí solas, yo sí quiero y me permito la licencia de darle toda mi estima y admiración a su persona, a su obra teológica, su sensibilidad y compromiso social por la justicia y los pobres. ¿Pero válgame Dios, como parece que solo se ve lo malo y negativo del otro, de Calleja o de Benedicto XVI, como no apreciar su testimonio y compromiso por la justicia, como hace José Ignacio, del que recomiendo leer sus libros, o el Papa, por ejemplo, en este mensaje de la Paz? Ambos, Calleja y el Papa, critican y deslegitiman las injusticias, como es el inmoral neoliberalismo/capitalismo, defienden de la vida y dignidad de las personas, la paz y la justicia, una nueva economía y política cimentada en la solidaridad y en el bien común, al servicio de las personas y de los pobres….Pero claro de todo esto parece que ni una palabra por aquí, y solo da la impresión de estar centrando y machacando a la persona por un aspecto u opinión… Y se habla de tolerancia, democracia y libertad de opinión, y porque la moral cristiana vea la plenitud de la afectividad sexual y matrimonial entre un hombre y mujer: ya por eso, al que manifiesta esa opinión o convicción, que si es un retrogrado, injusto, fascistas y demás acusaciones por el estilo sin sentido, falsas e injustas… ¿Y entonces la libertad de opinión, de creencias y costumbres, la misma democracia, donde queda…? Mucho integrismo veo yo ahí, aunque sea de supuestas posturas “progres”…. La moral cristiana, al igual que otras religiones, aunque no acepte como la realidad más plena la conducta objetiva de la homosexualidad, no significa que no respete la igualdad, dignidad y derechos, como tales, que como toda persona tiene cualquiera que se considere homosexual…Me parece que eso es confundir la velocidad con el tocino como sucede, de forma similar, con lo del sacerdocio de la mujer, sobre el que ya me he expresado y hemos hablado suficiente en Atrio. En fin, creo que una actitud empática, psicológica y espiritualmente  saludable es e ver, no solo lo malo, también lo bueno, verdadero y bello de los otros, fortalecer lo que nos une y compartimos, como es lo más esencial- el amor, la fraternidad, la paz, la justicia con los pobres….-, y en la diversidad de opinión, justificada con argumentos y razones, mantener la caridad y el respeto al otro. Un cordial saludo

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

     
    Javier y quienes de uno u otro  modo me han interpelado. No tengo ni idea de quién es Pepe Blanco y por qué ha sufrido, o sufre, en la vida. Esta es la verdad. Así que mi respuesta ni de lejos tenía que ver con su vida personal y su condición sexual, que, al conocerla, respeto, aprecio y legitimo en todos los sentidos igual que la mía. Igual. No tengo nada que reprocharle moralmente. Nada. Así que ciertos juicios al respecto sobre mis intenciones y maldad para con él en la respuesta están fuera de lugar. Si le he herido en lo personal, le pido disculpas, pero no tengo ni idea de su vida, ni he opinado contra ella, ni podía herirle en esto. Nunca. Y no lo haré. Otros que sabéis de su lucha y dolor, me habéis asignado intenciones que no tengo. Es el problema de suponer cosas. Piensa bien y acertarás, – suelo decirme -, y me ha ido bien en la vida. (Y me permito decir, – y esto sí es que opinión a demostrar en casos concretos -, que en los debates de Atrio se abusa (abusamos) del juicio de intenciones sobre el otro; lo cual siempre es un error. Es un fallo grave en el método de diálogo, por viva que sea la dialéctica. Las intenciones siempre son suyas, si no las manifiesta).

    Lo que sí acepto es que fui yo quién me metí en el lío en relación a lo de “escupir” al Papa, como algo inaceptable en un debate de ideas sociales y concepciones antropológicas. Me es igual el Papa, que Pepe, que Javier, que yo… que Rouco, Zapatero o Aznar. Lo veo así. Como fuera que Pepe lo justificaba, yo me dije, “pues no te voy a dar el gusto de entrar en el tema por donde tú digas”. Esto es verdad, y es un derecho que asiste a todos y no indica menosprecio. Es una parte de la dialéctica como otras. Tanto más cuando es un tema en el que no me siento especialmente versado. Y es verdad que tengo escrito por ahí que no veo claro el concepto matrimonio, y su significado real, aplicado  a parejas del mismo sexo. Creo que Javier Paláez lo cita. Es verdad, no lo veo claro. No he dicho que no puede ser, he dicho que no lo veo claro.
     
    Pero esto nada tiene que ver con mi respeto y defensa moral de las personas de cualquier condición sexual y de su libertad para vivir el amor en pareja conforme a su identidad. Es cuestión de dignidad de la persona y de respeto entre los dos que se quieren. Y como lo tengo claro, y no me plantea ninguna dificultad decirlo en público y en privado, tampoco es el debate que más me atrae ni en el que estoy más ducho. Insisto, no suelo hablar de lo que no tengo reflexión bien leída y pensada. Y reconozco que me da pereza priorizar ésta.

    Espero al menos que quede claro que yo a Pepe Blanco no le he dicho nada malo personal, ni de la palabra, ni en intención oculta, porque ignoro absolutamente su vida personal y los sufrimientos que haya pasado, o esté pasando, por su condición sexual. Ni idea. Sea cual sea, es tan digna de respeto social y moral como la mía. Lo creo así en ética laica y ética cristiana. Paz y bien.
     

  • ana rodrigo

    Pero Javier, ¿cómo me lees? Yo he escrito Yo condeno, desecho, me indigno, repruebo y no sé qué más,” ¿Qué quieres que haga más? ¿Que me inmole en la plaza de San Pedro?  Hijo, por dios, diría lo mismo si esta idiotez la hubiese dicho perico el de los palotes.  ¿ No hay gentuza por ahí que sin ser católicos ni descendientes de apóstol alguno que dice imbecilidades semejantes? ¡Qué obsesión tienes con el Papa, como si fuese él el único el que ataca a los homosexuales por inspiración divina!.  Yo condenaré siempre y en todo lugar y momento a quien atente contra la dignidad de las personas, en este caso contra los homosexuales. La idiotez y la indignidad no es exclusiva del catolicismo ni del Papa, Javier, abre los ojos a otras realidades además de la ICR, que haberlas haylas, para bien y para mal.

  • Javier Renobales Scheifler

    Ana,
     
    Las cosas están liadas, no soy yo quien las lía.
     
    No has respondido a qué otras formas hay de “de condenar, menospreciar y desechar como basura lo que realmente es basura”. Eso es que te acoges a ‘tu derecho a no seguir con el fondo’ derecho que ha proclamado José Ignacio Calleja.
     
    Si supieras otras formas, las habrías dicho, tú que has anunciado la existencia de esas supuestas otras formas, Ana. Pero decides callarte y para desviar la atención, dices que yo lío las cosas.
     
    ¿Reconoces la legitimidad del cargo de pretendido sucesor de Pedro de ese papa que dices esa barbaridad que nos ha recordado Pepe Blanco? Por ahora das la callada por respuesta. Pero con eso, católica Ana, reconoces la legitimidad del cargo de tu papa.
     
    Es mejor decir claro la verdad de una vez, pues es lo que nos hace libres. ¿Será que ese truco de José Ignacio Calleja, del derecho de no seguir en cuanto al fondo, cuando es él quien se ha metido en ese jardín, es un truco de moral católica (Ana es católica, José Ignacio es profe de moral católica …)

    Me voy a la piltra, que mañana curro, no es festivo.

  • Javier Renobales Scheifler

    Francisco Javier Peláez,
     

    José Ignacio Calleja se define a sí mismo, en cuanto al matrimonio de las personas homosexuales (personas que tanto han integrado el clero católico, salida social de homosexuales, el sacerdocio católico, cuando eran furibundamente perseguidos por la moral y sociedad católicas)  como “bastante conservador en esta materia, no veo claro lo del matrimonio entre personas del mismo sexo
     
    http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2012/11/08/el-vuelo-lastrado-de-la-iglesia-espanola-religion-iglesia-obispos-moral-sexual-opinion-calleja.shtml

    Bueno Fco. Javier: entre ‘no ver claro lo del matrimonio entre personas del mismo sexo’ y ‘afirmar que el matrimonio homosexual es un grave peligro para la paz mundial’ (que es lo que ha afirmado el papa jefe de Calleja), van algunas galaxias.
     
    ¿Salida del sacerdote católico, ante la herida que semejante barbaridad afirmada por el Jefe del Jefe de Calleja ha causado a Pepe Blanco? Acogerse a ‘su derecho a no seguir con el fondo’ y así ahorrarse responder nada a Pepe Blanco.
     
    Me temo que para ese viaje no hacían falta alforjas de sacerdote católico ni de profesor de moral católica.
     
    No se puede servir a dos señores, aunque sí se puede, pues lo hacemos muchas veces. Pero al menos reconozcámoslo y tratemos de sacar la pata, dentro de lo posible, que no es mucho, pues todos tenemos muchas servidumbres.
     
    Pero entre eso y la callada por respuesta tratando de sostener que esa postura de silencio cómplice es correcta … no, no debemos aceptarlo.
     
    Calleja debe cuidar la herida de Pepe Blanco y su marido Paco, por mucho este matrimonio estupendo de queridos amigos no sean católicos.

    Y creo que lo hará, como mejor sepa, pero algo hará.

  • ana rodrigo

    Javier, no líes las cosas otra vez con la sucesión apostólica y demás. Yo condeno, desecho, me indigno, repruebo y no sé qué más, la bobada que ha dicho el Papa, que se desacredite él solito asímismo. Pero no suelo escupir a nadie, cada cual tiene su manera de actuar, y yo tengo la mía.
     Y ya te he dicho muchas veces que yo respondo de lo que yo digo, no de lo que tú dices que digo, así que no me metas en lo que han dicho otros.

  • Javier Renobales Scheifler

    Dices Ana,

    “Hay otras formas de condenar, menospreciar y desechar como basura lo que realmente es basura, aunque la persona que la sostiene no los sea.”
     
    ¿Cuáles otras formas, Ana¿ ¿Por ejemplo?
     
    Porque dices: “Allá él (el papa) y sus (del papa) obispos con su concepto de moral sexual.”  
     
    ¿Esa es la forma de menospreciar y desechar como basura lo que realmente es basura, mientras se les sigue reconociendo, al papa y sus obispos, como legítimos sucesores de los apóstoles?  (la famosa sucesión apostólica, que tanta importancia tiene para los católicos, pues es a través de ella como creen los católicos que sus jerarcas reciben los poderes divinos)
     
    Pero ¿y con sus otros conceptos diferentes de los de moral sexual? Tampoco son, el papa y sus obispos, legítimos papa y obispos de los católicos en los demás conceptos que no son los de moral sexual?
     
    Espero que no te acojas a tu ‘derecho a no seguir en cuanto al fondo’, imitando el truco de moral católica de José Ignacio Calleja.

  • francisco javier peláez

    Javier estoy de acuerdo con la interpelación que le haces a Calleja y que conste que lo de Venenito XVI,que no es mio sino es una apelativo que usan muchos laicistas de izquierdas en los correos que me mandan,motivado sin duda porque este Papa,como otros,se dedican a ofender impúdica e impunemente a los que no viven o piensan como ellos,digo,lo de Venenito XVI lo usó conscientemente…Piensa Javier que Calleja,que si ves su fotografía en religión digital tiene cara de buena persona,tiene ciertas limitaciones.Primero,las afectivas para él la iglesia es su familia.Es cierto que Jesús nos dijo que venía a traer la guerra “incluso entre hermanos…”.Pues bien,yo me encuentra a mi hermano del Opus esta Navidad y ahora estoy,después de mucho reñir,en fase de armisticio.Imagínate las putadas que nos están haciendo en la sanidad pública relevantes miembros del Opus:el señor Lasquety,la señora Pilar Farjas…O imagínate el Trillo que pájaro.En fin,yo de eso no hablo con mi hermano.Segundo,Calleja ha ocupado cargos relevantes en la facultad de Vitoria o por ahí en los que por lo que leemos ha hecho mucho bien a los de la via Nanclares.No te diré yo que esto sea siempre justificación para callarse como cuando a Fraga le recriminaron que firmó el enterado de no se que pena de muerte y dijo que “había que hacer determinadas cosas para hacer  no se que otras cosas…”.Un bárbaro.Pero Calleja parece que hace algunas buenas cosas.Yo no estoy de acuerdo con su silencio sobre este tema de la homosexualidad,incluso yo te diré que yo,igual que pienso que yo no pertenecería a ninguna organización con la que yo no estuviera en una “guerra permanente”,sobre todo si se suipone que esa organización se inspira en Jesús.También te diré que yo también en otras organizaciones humanas me “trago sapos” descomunales.Y también que me parece muy acertada la modestia de Groucho cuando dijo aquello “yo no formaría parte de ningún club que me tuviera a mí por socio…”.En fin,yo lo de Calleja no lo comparto,pero podría entenderlo.

  • Javier Renobales Scheifler

    Juanel,
     
    Como yo fui católico hace aún no tanto años, aún recuerdo cómo lidiaba yo eso de la ‘virginidad’ de la ‘virgen’ María, madre de Jesús (que no de todos los hombres ni de dios): lo lidiaba diciendo a quienes me escuchaban que no fue virgen y que, desde que dejó de ser virgen, fue mejor mujer que antes.
     
    Bueno, no sé si te servirá: pero si lo haces creo que dejará de ponerte de los nervios el tema, y tú también será mejor al ser capaz de expresar tus sentimientos con claridad ante quien te escuche.

  • Javier Renobales Scheifler

    José Ignacio Calleja,

    Esa moral tuya que dices dices de “si no lo veo, no lo sufro” no me parece moral. Porque andando el tiempo muchas veces sufrimos más adelante el mal que hacemos sin verlo cuando lo hacemos, ni verlo nunca, sino sólo las consecuencias funestas que nos alcanzan, del mal que antes hicimos.

    Por ejemplo: la discriminación de la mujer, por el hecho de ser mujer, apartadas injustamente de vuestro sacramento del orden. Tú no lo ves, ese mal (como te pongas a combatir esa discriminación inhumana tus jefes jerarcas te podrían excomulgar o parecido, como a tu excolega Roy Bourgeois, e incluso quizá eso afectara a tu puesto de trabajo como profesor de moral católica).

    Pero aunque no veas ese mal, sí lo sufres, pues privado el magisterio católico de la participación de las mujeres en dicho magisterio, éste resulta machista y desviado, y eso lo sufrimos todos, también tú como sacerdote y profesor de moral.

  • ana rodrigo

    Creo que hay cuestiones evidentemente indignantes, como las que refiere Pepe Blanco del Papa. Son declaraciones tan absurdas que se caen por su propio peso, y no por lo que dice de los homosexuales, que ya es su latiguillo ofensivo en toda regla, sino porque, como autoridad moral que dice ser, como intelectual que dicen es, o como lo que quiera que sea, mezclar la paz mundial con los matrimonios homosexuales, es como confundir la gimnasia con la magnesia. Es que no tiene lógica. Allá él y sus obispos con su concepto de moral sexual. No ofende quien quiere sino quien puede.
     
    Pepe Blanco, sabes de sobra que el sentido común se va imponiendo sobre el sentir común de los humanos, independientemente de su sexo. La dignidad del ser humano está muy por encima de morales miopes.
     
    Y no hace falta escupir a nadie por más que los demás escupan sobre nosotros. Hay otras formas de condenar, menospreciar y desechar como basura lo que realmente es basura, aunque la persona que la sostiene no los sea.

  • Javier Renobales Scheifler

    José Ignacio Calleja,
     
    Creo que Pepe Blanco se merece más sensibilidad humana que la que le muestras con tus distingos.
     
    Pepe te ha hecho una pregunta (dices: me dice si “no me parece un escupitajo en la cara”, por parte de Benedicto XVI, afirmar “que el matrimonio homosexual es un grave peligro para la paz mundial”), la cual ni te has dignado responder.
     
    Y tú has alegado, para no responder a la pregunta de Pepe: “yo tengo derecho a no seguir en cuanto al fondo”.
     
    Una persona herida por un escupitajo (Pepe Blanco) te ha pedido ayuda para su herida, y tú has mirado para otro lado, alegando que crees tener derecho a no responderle, a no seguir en cuanto al fondo. Has actuado ante el herido como el sacerdote de la parábola del buen samaritano, tú que eres sacerdote (amén de experto en moral … católica, la que los jerarcas, tus jefes José Ignacio, quieren imponer en España también a los no católicos.)
     
    Te ha movido, en tu calidad/sensibilidad de sacerdote o ministro de la jerarquía católica, mi ‘virtual escupitajo verbal/escrito’ a la cara a esos jerarcas jefes tuyos, cuyas caras nunca estarán al alcance de mi saliva (nunca lo ha estado ninguno, tal es su distancia con la gente de a pie). Es que son tus jefes, José Ignacio, esa ha sido tu sensibilidad, defender a tus jefes, que ni se han enterado de mi ‘ataque’, como es lógico.
     
    Y te ha movido incluso a pedir que Atrio (sic) me exija que yo reconozca que me he equivocado gravemente (has dicho: “debe ser Atrio quien se lo exija por el bien de Atrio ante muchos de nosotros; supongo que muchos; me pega que mucho.”).
     
    En cambio tu sensibilidad humana no te ha movido a atender la herida de Pepe Blanco y te has negado a seguir en cuanto al fondo para no responder a su pregunta, ni a requerimiento ni a su herida.
     
    Que seas sacerdote católico aquí, en cuanto a Pepe Blanco -que lógicamente no es católico, imagino que el maltrato dado a los homosexuales por el magisterio/jerarquía y moral católicas habrá tenido mucho que ver en que no sea católico-, sólo ha servido para que te muevas para defender a tus jefes, a tu jerarquía, que ni se ha enterado de lo de mi virtual escupitajo.
     
    El escupitajo moral que realmente han recibido mis amigos Pepe Blanco y su marido Paco no te ha molestado lo más mínimo, sacerdote José Ignacio Sacerdote. Hasta el punto de que te has acogido a tu supuesto derecho a no responder y seguir en cuanto al fondo. Menudo ejemplo de sacerdote católico, José Ignacio.
     
    Quizá es que ¿es así la moral católica?: pues si es así, me alegro mucho de no ser católico.
     
     salvo para mostrar la persona que has sido tú con él. Y con los demás que vemos tu ejemplo de sacerdote católico, experto además en moral católica.
     
    Creo que deberías atender con cariño humano a la herida de Pepe Blanco, José Ignacio.
     

  • Rodrigo Olvera

    Juanel
     
    Ha eso me refería cuando escribí “Suficientes errores hay en la obra de Agustín de Hipona, como para que además se le atribuya lo contrario de lo que sí escribió.”
     
    Saludos

  • Juanel

     
    Agustín, te he leido una y otra vez pero no consigo entender lo que quieres decir con respecto a lo sagrado. Dices que hay una perversión del culto cuando este se separa del amor, de la justicia, en definitiva de la causa del Reino. Bien estoy de acuerdo en líneas generales, tal como hicieron tantos y tantos profetas al denunciar cultos vacíos y supongo que mucho de la liturgia católica si no toda ella ha caído en los mismos errores. Ciertamente es para mí un contrasentido el culto y los sacramentos si previamente no se ha optado por la causa de Jesús, la causa liberadora del Reino. Sin embargo, al preguntarme si el culto y los sacramentos que con tanta frecuencia están claramente separados de la causa del Reino al servicio de los poderosos, por tanto profundamente pervertidos, ¿no tienen ningún valor? ¿no son sagrados también aunque sean en condiciones tan adversas para la causa del Reino? Es que realmente no sé que contestar. A lo mejor tú lo tienes más claro.
     
     
    ¿Virginidad de María y Pascua? A qué te refieres ¿a la relación entre encarnación y resurrección? ¿es que acaso para la encarnación de Jesús, el Hijo de Dios, es necesaria la virginidad de María? El Hijo de Dios podría haberse encarnado en una mujer con 10 hijos sin problemas. Es que resulta muy frecuente oír que Jesús nació sin “mancillar” a su madre, considerando que la pérdida de la virginidad mancilla a la mujer. Es inmoral para mí pensar que ser madre en lugar de dignificar a la mujer la mancilla como si en ello perdiese virtud. El tema de la virginidad me indigna porque es fuertemente discriminatorio e intolerante hacia la mujer, sobre todo en otras culturas con el empeño machista de que la mujer llegue virgen al matrimonio. Y yo como católico tengo que lidiar con el tema de la virginidad de María, que me pone de los nervios, pues lleva a una especie de “ideal” de mujer que no comparto en absoluto.
     
    Saludos cordiales

  • Juanel

     
    Gracias Rodrigo Olvera por tu aclaración. Sin embargo, aunque no soy especialista en S. Agustín tengo entendido que según su doctrina del pecado original, fuertemente criticada en la modernidad, supone la transmisión del pecado original hereditario por el acto sexual y con la concupiscencia carnal = egoísta ligada a él. Agustín intensifica la caída de Adán mediante la sexualización de este protopecado hereditario. La vergüenza que siente Adán ante Dios la interpreta como vergüenza sexual, como trastorno del instinto sexual que escapa al control de la voluntad en especial en el orgasmo, pero también en los sueños. Hasta los niños nacen en pecado del trastorno sexual y por ello deben ser bautizados para salvarse. Por otro lado Agustín dice que en el matrimonio el hombre debe esforzarse por la castidad en la lucha contra la concupiscencia sexual y arremeter contra las fantasías sexuales de forma que el instinto de la carne pueda ser usado de forma correcta, y mejor aún, y con una lucha de mayor fama, ¡no debe ser usado! Añade entre otras lindezas por el estilo, que si en el paraíso el instinto sexual hubiera existido, jamás hubiera ido más allá del mandamiento de la voluntad…. Jamás se hubiera impuesto al espíritu con pensamientos y goces inadecuados e ilícitos. No es de extrañar que para Agustín la gran mayoría de los hombres siga el camino de la condenación y sólo un número fijo, relativamente pequeño, haya sido predestinado a la salvación o la felicidad. Doctrina terrible que Calvino asumió sin reservas.
     
    Saludos cordiales

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

    Javier, no te digo gracias, porque sería un acto de superioridad moral por mi parte que no está en mi conciencia. Sólo te dije eso porque me parece que no se lo merece nadie en un debate de ideas y opciones sociales; aunque sean antagónicas, como era el caso. El hecho de que critiques con los más diversos argumentos a la ICR y al Papa,  nada tiene que ver con la cuestión. En ello puedo estar de acuerdo o no, pero es el terreno de la confrontación de ideas y razones. Nada que reprocharte en ello. El diálogo siempre es entre iguales, y tú y yo lo somos. Por eso se utiliza esa palabra tan impropiamente tantas veces. Mis respetos.
    Cosas del azar, veo que a esta hora me responde Pepe Blanco para mantener tu palabra “escupir” y “escupitajo”, y me dice si “no me parece un escupitajo en la cara”, por parte de Benedicto XVI, afirmar “que el matrimonio homosexual es un grave peligro para la paz mundial”. Pepe, yo me referí al uso de ese concepto concreto y la persona interesada lo ha entendido como yo. Si tú no lo ves, estás en tu derecho, pero yo tengo derecho a no seguir en cuanto al fondo. Lo de si pierdo credibilidad para muchos en Atrio, y por este motivo concreto, no lo veo y, por tanto, no lo sufro. También, mis respetos, Pepe.

  • pepe blanco

    Hola Jose Ignacio Calleja Saenz de Navarrete,

    El caso es que estoy de vacaciones con mi marido y apenas tengo un par de minutos para responderte. Los que necesito para recordarte que tu papa, Benedicto XVI, o, mejor, Venenito XVI, como le llama Francisco Javier Pelaez, hace unos dias escupio en mi cara, y en la de muchos millones de personas en todo el mundo, al afirmar que el matrimonio homosexual es un grave peligro para la paz mundial.

    Esas declaraciones, no te parecen un escupitajo en mi cara? A mi, si.

    Alguien tiene que reconocer que se ha equivocado gravemente, si quiere merecer atención en sus opiniones futuras. Y debe ser la iglesia quien se lo exija por el bien de la iglesia ante muchos de nosotros; supongo que muchos; me pega que muchos. No vale el truco de que otros son también malos, malísimos, o que son peores, o que hay escupitajos que duelen más… Las barbarides nunca se compensan. Está en juego el respeto mínimo de los otros en el diálogo, y la iglesia debe reconocerlo. Y tu, Jose Ignacio Calleja Saenz de Navarrete, tambien, si quieres tener un minimo de credibilidad para muchos de nosotros.

  • M.Luisa

    Hola Javier, ¡vaya movida  que veo al llegar! Incluida tu retracción,  que te honora.  Yo me he retrasado un poco en responder el   comentario  que me diriges del pasado 24 de diciembre, necesitaba quietud y concentración  en la contrarréplica no hallando  entre el bullicio navideño un  pequeño espacio para  hacerlo. Y es que valía la pena aprovechar la ocasión para volver a intentar hacer ver  que el problema hay que afrontarlo    desde su radicalidad.
     
    Tú, Javier,  has venido siempre haciendo una magistral “descripción” sobre el  actual estado del  magisterio eclesial en su creciente desatino  a cuya  crítica me sumo  como ya dejé expresado  en mi último comentario.
     
    Ahora bien, el fenómeno  está ahí  descrito en este caso  por ti  para quien quiera verlo,  sin embargo, pienso que  quien lo ve no puede quedarse con la simple constatación del mismo, sino que   forzosamente al tratarse de algo que afecta a la propia constitución humana estará  abocado a ir hasta el fondo en búsqueda de las sinrazones de tanto desatino consentido y aceptado.  Y ello no por curiosidad sino por el simple hecho de que en la polaridad seguidores- retractores, estos últimos son los que en su crítica la desequilibran  en un crecimiento a su favor.
     
    Por tanto al caer el problema dentro de la dimensión humana,  la claridad que reclamas se disipa  entrando   sin remedio en toda la complejidad del asunto. Dicha complejidad   abarca  tanto a los seguidores como a los retractores del tinglado  católico al cual te refieres y  precisamente por considerarlos tanto a unos como a otros desde la  perspectiva de  su realidad humana. La raíz  de la cual   con su razón de ser se nos manifiesta  a partir no de una lógica establecida ni de razones estadísticas sino que se nos manifiesta  como  ya en anteriores veces he señalado,  a partir de una  “superación” que se experimenta en lo humano y  lográndola  como consecuencia del erróneo dualismo que filosóficamente se le ha atribuido al ser humano.   Tú mismo, lo he podido leer  hoy al llegar, dices en algún texto  que  la liberación nos la trae el  Nuevo Testamente, pues bien  la liberación está dentro de nosotros mismos en forma de “alternativa  o de superación”  y  mientras eso no se produce  no es posible  vencer el  lastre que provocan   los poderosos  y consiguientemente  la subyugación  a  sus seguidores. Es la conversión de la que habla el evangelio y en ese sentido todo lo que tenga que ver con la sumisión al poder   venga de donde venga  dejará  en estado egoico al ser humano paralizando  su realización como persona.

  • Agustín O.

    Muchas gracias Juanel, por tus comentarios. Yo no he dicho en ningún momento que Carlos haya negado la Divinidad de Jesús; antes, bien al contrario, pienso que como tú: la afirma…, como ya había hecho claramente en su libro, ya clásico, “Devolver el evangelio a los pobres” (Ed. Sígueme). Solo quería dar mi visión al respecto de este tema, al igual que hice con lo de la Virginidad de María, que tampoco me atrevo a juzgar las intenciones profundas o el significado que real o globalmente le quiere dar Carlos. En esto me ando siempre con mucha precaución, porque a veces lo que leemos y entendemos del autor, por las razones que sean (por nuestra lectura, por su forma de comunicarlo, etc.): no es lo que realmente quería expresar. Yo, como te comento, en este tema de la Virginidad, como hice con el de la Divinidad u otros: me limito a exponer lo que yo creo en base a la reflexión teológica que conozco, por ejemplo la latinoamericana o española de tipo liberador, y con la guía del magisterio de la iglesia. Eso es lo que yo pretendo con mis comentarios.
    Con respecto a lo sagrado, efectivamente para la fe cristiana- con la Revelación y Encarnación de Cristo-, toda la realidad, todo está inundado por la gracia de Dios,  por su don del amor y justicia liberadora: de ahí que ya todo es y debería ser sagrado, en el sentido de divinizado en esta gracia de amor liberador: la humanidad, la vida y la comunidad, la historia y el mundo, la política y la economía, la cultura y espiritualidad, etc.;  y así quedar todo liberado de todo pecado y mal, injusticia y opresión…; y en este sentido,  los símbolos de la fe como los sacramentos u otros espacios y realidades litúrgicas: significan esa vida y humanidad del Reino y su gracia en el amor y la justicia; su perversión es cuando se separa o aíslan los sacramentos y la liturgia de la realidad y vida que es llamada y envuelta en lo teologal de la fe, esperanza y caridad desde la gracia liberadora. Y es , entonces, cuando se pervierte lo sagrado en sentido cristiano, por ejemplo con un culto o ritos vacíos y alienantes que no se relacionan con la vida y la historia, con el compromiso del amor y la justicia, como quiere Dios, que es por donde va acertadamente, creo yo, Carlos con su crítica de lo que para mí es la perversión de lo sagrado;  pero no de lo sagrado en sí, que para mí no es de suyo malo en sí mismo, siguiendo a la teología, a la filosofía y fenomenología de la religión. Jesús no crítica lo sagrado en sí mismo, como los ritos, lugares, cultos, etc. sino la perversión de los mismos cuando no expresan lo que Dios quiere y más valora: la compasión, el amor y la justicia con los pobres. De forma similar a como hicieron los profetas que critican el culto vacio e hipócrita que no va acompañado de la compasión y justicia con los pobres, de la defensa de la vida y dignidad de la vida. Y desde todo lo anterior se comprende lo sagrado del sacerdocio, el sentido del sacerdocio cristiano que es la encarnación y compromiso con la fraternidad y la liberación del sufrimiento, como nos muestra bellamente la carta a los Hebreos, que es clave para este tema.
    Ya dejé claro que la virginidad de María no es una realidad que se pueda comprender aisladamente sino en relación a la Revelación Divina de Jesús y su Reino y Pascua, que es lo más sustancial de la fe, y que es desde donde se sitúa bien la afirmación de la Virginidad de María, como hace el NT. Y está claro, que para justificar posiciones de poder. Inaceptables para la fe, se ha desfigurado esta comprensión de la Virginidad de María. Está claro que el ser virgen o casado tiene la misma igualdad y dignidad, que la sexualidad y afectividad es buena, tal como ha creado Dios al ser humano, aunque tampoco un absoluto. Sino que tanto la virginidad como la sexualidad o el matrimonio y familia, como todo en cristiano: son expresión del Reino, están al servicio del Reino de amor y justicia con los pobres, que es el proyecto de Jesús en su seguimiento; y se pervierte dicha virginidad, celibato o castidad, la sexualidad o el matrimonio y la familia si no expresa y sirve al amor y a la justicia del Reino. Creo que todo dicho hasta aquí está claro en la reflexión teológica, aun en la más avanzada o liberadora, y en el magisterio, por ejemplo el Vaticano II y en el mismo San Agustín y en el resto de la tradición de la iglesia. Un cordial saludo a todos

  • Rodrigo Olvera

    Dice Juanel que Agustín de Hipona afirmó que el placer sexual incluido el de los esposos, era el origen del pecado original, la fuente de todo pecado.
     
    Dice Agustín de Hipona que el deleite carnal que se deriva de las relaciones sexuales para cumplir el deber de conservación de la especie – al que compara con el deleite carnal que se deriva de los alimentos para cumplir el deber de conservación del cuerpo- “no tiene ciertamente nada de condenable ni de libidinoso” siempre que sea “moderado por la templanza dentro de sus límites naturales“. Siguiendo con la comparación de los alimentos, así como lo que está prohibido es comer alimentos ofrecidos a los ídolos pero no el disfrutar de los alimentos lícitos, en materia sexual lo que está prohibido es el adulterio y la fornicación (relaciones sexuales fuera de matrimonio) pero no el placer en las relaciones sexuales dentro del matrimonio lícito. (La bondad del matrimonio, capítulo XVI).
     
    Dice Agustín de Hipona que la concupiscencia carnal “no existiría jamás si el hombre no hubiera pecado antes” (de modo que incluso la concupiscencia es consecuencia y no causa del pecado original) pero el matrimonio existiría igualmente aunque nadie hubiera pecado” (El matrimonio y la concupiscencia. Libro primero, capítulo I).  Más adelante dice explícitamente: “Por tanto, el esposo cristiano no sólo no debe usar del vaso ajeno, lo que hacen aquellos que desean la mujer del prójimo, sino que sabe que incluso su propio vaso no es para poseerlo en la maldad de la concupiscencia carnal. Pero esto no ha de entenderse como si el Apóstol condenase la unión conyugal, es decir, la unión carnal lícita y buena.” (El matrimonio y la concupiscencia. Libro primero, capítulo VIII).   En el capítulo XXII de la misma obra afirma nuevamente que la concupiscencia es consecuencia del pecado (no su causa): “Por otra parte, si interrogamos a la concupiscencia de la carne, por la que se han hecho vergonzosos los miembros que antes no lo eran, ¿no responderá que comenzó a estar en los miembros del hombre después del pecado?”  Finalmente, el capítulo XXX del Libro segundo de Matrimonio y concupiscencia se titula precísamente “la concupiscencia es consecuencia del pecado original“.
     
    Suficientes errores hay en la obra de Agustín de Hipona, como para que además se le atribuya lo contrario de lo que sí escribió.
     
    Saludos

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