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La tortura como escisión de cuerpo y mente

Con el funcionamiento de la Comisión Memoria y Verdad sale a la luz con toda su barbarie la tortura como método sistemático del Estado dictatorial militar para combatir a sus opositores. Ya se han estudiado detalladamente estos procesos de deshumanización del torturado y también del torturador. Éste precisa reprimir su propia humanidad para practicar su acto inhumano. No sin razón muchos torturadores acabaron suicidándose por no aguantar tanta perversidad.

Quiero, sin embargo, destacar un punto no siempre presente en la discusión que ha sido muy bien analizado por los psicoanalistas, especialmente en la Alemania posnazi y entre nosotros por Hélio Peregrino, ya fallecido.

Lo más terrible de la tortura política es que obliga al torturado a luchar contra sí mismo. La tortura escinde a la persona por la mitad. Coloca la mente contra el cuerpo.

La mente quiere ser fiel a la causa de los compañeros, no quiere de ninguna manera entregarlos. El cuerpo, sometido a extrema intimidación y humillación, para verse libre de la tortura tiende a hablar y a hacer así la voluntad del torturador. Esta es la escisión.

Pero hay que resaltar un punto: la persona torturada cuando es presa del pánico y el pavor puede ser víctima de mecanismos inconscientes de identificación con el agresor. Al identificarse con él, consigue psicológicamente exorcizar por un momento el pánico y así sobrevivir.

El torturado que sucumbió a esta desesperada contingencia de autodefensa, incorpora siniestramente la figura del torturador. Éste consigue abrir una brecha en el alma del torturado, alcanza a penetrar en aquella última intimidad, allí donde residen los secretos más sagrados y donde la persona alimenta su misterio. Sobrepasa por tanto los umbrales últimos de la profundidad humana para poseer a la víctima y hacerla otra persona, alguien que acaba reconociendo ser de hecho subversivo, enemigo de  la patria y de la humanidad, un traidor de la religión, un maldecido por Dios, un excomulgado de la Iglesia, alguien que está de parte del demonio. Los torturadores Albernaz y Fleury eran expertos en esta perversidad. Fleury dijo directamente a fray Tito, como aparece en el terrorífico film de Ratton “Bautismo de Sangre”, basado en el libro de  fray Betto con el mismo nombre, que dejaría en él marcas que jamás olvidaría. Efectivamente, consiguió escindirle la mente y el cuerpo y penetrar en su más profunda intimidad hasta el punto de que, en el exilio en Francia, él sentía en todo momento la presencia de su verdugo. Dejó una nota antes de quitarse la vida: «prefiero quitarme la vida a morir».

Este tipo de tortura es especialmente malvada porque hace de la deshumanización el eje de una práctica sistemática de ciertos agentes del Estado. Si la categoría anti-Cristo aún significa alguna cosa, debe ser configurada dentro de este cuadro infernal. Se trata de la completa subversión de lo humano y de sus referencias sagradas. Es con seguridad uno de los mayores crímenes de inhumanidad que puedan existir.

Tales perversiones no pueden entrar dentro de ninguna amnistía. Los torturadores cargan en su alma y en su mente el estigma de Caín. Por dondequiera que vayan la vida los acusará porque violaron su sacralidad suprema.

Y todavía está la tortura de los desaparecidos, que crucifica a sus seres queridos. Por ejemplo, hubo una guerrilla en la región del río Araguaia hasta hoy no reconocida totalmente por los militares. Allí se cometieron todos los excesos: cortaban la cabeza y los dedos a los guerrilleros muertos y los enviaban a Brasilia para identificarlos. Hicieron desaparecer sus cadáveres. Hicieron desaparecer las vidas y pretenden ahora borrar las muertes. Y las familias viven una pesadilla que no tiene fin. Cada timbre que suena en casa funciona como un viento que sopla las cenizas y reaviva la brasa de la esperanza, seguida de amarga decepción: ¿Será él que vuelve? Otros dicen: “no nos mudemos de casa porque todavía puede volver… y qué sería de él si no estuviéramos aquí para el abrazo, el beso y las lágrimas?”

Los torturadores y sus jefes están ahí, ahora amenazados por el movimiento Levante Popular de la Juventud que no les deja en paz la conciencia. A ellos quisiera yo, como teólogo perseguido aunque no torturado, gritarles al oído el clamor de Jesucristo: “A vuestra generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas, de los perseguidos y de los torturados, de su sangre derramada desde el principio del mundo. Sí, os aseguro que se os pedirá cuenta de esta sangre”(Lc 11,50-51).

Podrá haber una amnistía pactada por los hombres. Pero no habrá amnistía ante la conciencia y ante Aquel que se presentó bajo la figura de un preso, torturado y ejecutado en la cruz, Jesús, el Nazareno, cuando como Juez Supremo juzgará especialmente a aquellos que violaron la humanidad mínima. Llegará el día, supremo día, en que todos los desparecidos aparecerán. Vendrán, como dice el Apocalipsis de la gran tribulación de la historia. Sí, ellos volverán con el Viviente. Y entonces no habrá más espera ni palpitación de los corazones. El Viviente, también torturado un día, anulará todas las distancias, enjugará todas las lágrimas e inaugurará el Reino de los sacrificados y desaparecidos, ahora vivos, liberados y encontrados. Entonces será definitivamente verdadero: «Nunca más una dictadura. Nunca más desaparecidos. La tortura nunca más».

[Traducción de MJG]

6 comentarios

  • carlos alejos

    Nada puede justificar la tortura. Es una experiencia que debe ser erradicada en totalidad por el genero humano. Interesante que haya personas y organizaciones contra la tortura. unamonos todos.
    carlos alejos.
    Peru.

  • Antonio Vicedo

    ¿No será la tortura una táctica mediática progresiva con la que, quien tiene poder sobre otra persona, quiere asegurarlo definitivamente despersonificándola para el logro de una disponibilidad  objetiva definitiva?
     
    Ello comporta un proceso progresivo de ataques en los aspectos personales psicológicos y físicos,  en busca de que el miedo, como último y radical recurso defensivo vital, llegue a condicionar el ser y hacer de la víctima,  conforme a la voluntad del verdugo.
     
    De aquí que la tortura es grave y cruel, aún considerándola gradual en cuanto a niveles de violencia, daño y sufrimiento , en la medida en que supone presión despersonalizadora difícilmente resistible, equivalente a la muerte personal, incluso sin llegar a la muerte física.
     
    Ahora bien, siendo que ese propósito de quien se cree con poder y derecho de despersonalizar a alguien, puede ser o no plenamente consciente y en consecuencia acto plenamente, o no, libre y responsable, proporcionado como causalidad, el grado de la culpabilidad responsable del torturador quedará condicionado por el nivel de su  propia y real conciencia y libertad humanas.
     
    Que toda tortura, por simple y superficial que sea, se puede y debe considerar como mal supremo, referido al ser personal amenazado de destrucción y anulación en tanto sujeto racional, libre y responsable, es una cuestión no discutible, desde las intenciones y proyectos,  hasta las ejecuciones prácticas definitivas, como el resultado de muerte.
     
    Pero ese mal supremo objetivo de la tortura en cuanto tal como objetivamente la consideramos, no es transferible como mal supremo al sujeto verdugo torturador, sino en el caso de que se pudiera tener prueba inexcusable de plena y adecuada consciencia de mala causalidad a la que correspondería plena libertad y responsabilidad, cosa que, tratándose del ser humano con existencia relativamente perfecta, no se puede dar.
    Creo que:
    .La conducta arquetípica de la intervención celestial en el caso de la muerte de Abel por el hermano Caín y la consecuencia de relativizar la culpa de Caín, no aplicándole  muerte por muerte.
    -La intercesión defensiva de Jesús, desde la cruz, al Padre : “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
    -La sublimación de la justicia humana con el requerimiento de: ” Amad a vuestros enemigos”, puede ayudarnos a encajar este grave problema de desequilibrio humano,  concretado en la violencia de todo verdugo con su acción torturadora y la generalizada victimación de tantas personas despersonalizadas.
     
    El grito arquetípico:“¿Donde está tu herman*?
    -La defensa universal de parte del Crucificado: “…..,porque no saben..”

    -Su saludo de Resucitado: “-Paz a vosotros, discípulos negadores, cobardes y cómplices pasivos relativos ¿?, pueden ser ráfaga de luz de relámpago en plana oscuridad de la noche histórica, que nos sitúe hacia donde caminar para encontrarnos con el alba y el día de una Humanidad Hermanada, por humana.

  • oscar varela

    OK!

    Me parece que acá Boff habla de algo concreto y circunscrito:

    La de 

    “DESAPARECIDOS” por un Estado Legal,

    aunque Ilegítimo.

    ¡Voy todavía! – Oscar.

  • ELOY

    Hola  “oscar varela ” y “No soy pobre”:
    Como siempre matizáis y enfocáis bien los temas y siempre os leo de forma provechosa.
    A mí me gustaría resaltar que la tortura física es terrible y que la sola tortura psicológica, aunque no vaya acompañada de la tortura física, es también terrible y que desgraciadamente abunda más de lo que podamos sospechar.
    Se ejerce muchas veces por otras personas pero también por instituciones e incluso por determinados regímenes, estén o no catalogados oficialmente como dictaduras.
    No olvidemos que el acoso escolar, familiar o laboral, la marginación, el desahucio inmisericorde, etcétera pueden producir efectos horrorosos y destructores en las personas, hasta el punto del suicidio, como hemos visto últimamente.
    El miedo y el dolor psicológico es una realidad cotidiana que no siempre percibimos pero que, especialmente en estos tiempos de crisis, puede estar más cerca de lo que comúnmente pensamos.  

  • No soy pobre

    Este artículo de Leonardo Boff tan lúcido me hace recordar a las mujeres maltratadas, explotadas y hasta asesinadas las que sufren este extremo. He tenido la oportunidad de  conocer adolescentes y jóvenes mujeres serviciales, bondadosas, y sencillas y otras resueltas, rápidas y listas para detectar cualquier injerencia y para defender su modo de ser y sus proyectos por encima de todo. En algún momento me han hecho pensar las primeras que eran “carne de cañón” ante cualquier avasallador o avasalladora (que también las hay) y me pregunto ¿no cabría ponerlas sobreaviso y dotarlas de herramientas de defensa, sin que la bondad a ultranza sea lo único valioso a enseñar?

  • oscar varela

    Hola!

    ¡Sí! Asunto grave!

    Con !solo” Declaraciones y Cartas Pastorales
    no alcanza (ni se empieza) a “ponerle el cascabel al gato”

    Tal vez ¿no?

    ¡Voy todavía! – Oscar.

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