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Keynes tenía razón

No es costumbre de ATRIO publicar en un mismo día dosa largos artículos sobre economía. Pero en esta ocasión se une al publicado de Josep Borrell, analizando la crisis en el contexto español, este otro de Paul Krugman, analizando la crisis y las políticas económicas en el contexto estadounidense. Creo que los dos se complementan y podrían ayudarnos a abrir los ojos. La austeridad pública en época de recesión provoca más paro y empobrecimiento popular.

Keynes tenía razón

PAUL KRUGMAN, El País, 03/01/2012

“La expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad fiscal”. Eso declaraba John Maynard Keynes en 1937, cuando Franklin Delano Roosevelt estaba a punto de darle la razón, al intentar equilibrar el presupuesto demasiado pronto y sumir la economía estadounidense -que había ido recuperándose a ritmo constante hasta ese momento- en una profunda recesión. Recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía todavía más; la austeridad debe esperar hasta que se haya puesto en marcha una fuerte recuperación.

Recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía todavía más

Por desgracia, a finales de 2010 y principios del 2011, los políticos y legisladores en gran parte del mundo occidental creían que eran más listos, que debíamos centrarnos en los déficits, no en los puestos de trabajo, a pesar de que nuestras economías apenas habían empezado a recuperarse de la recesión que siguió a la crisis financiera. Y por actuar de acuerdo con esa creencia antikeynesiana, acabaron dándole la razón a Keynes una vez más.

Lógicamente, al reivindicar la economía keynesiana choco con la opinión general. En Washington, en concreto, la mayoría considera que el fracaso del paquete de estímulos de Obama para impulsar el empleo ha demostrado que el gasto público no puede crear puestos de trabajo. Pero aquellos de nosotros que hicimos cálculos, nos percatamos, ya desde el primer momento, de que la Ley de Recuperación y Reinversión de 2009 (más de un tercio de la cual, por cierto, adquirió la relativamente ineficaz forma de recortes de impuestos) se quedaba demasiado corta teniendo en cuenta la gravedad de la recesión. Y también predijimos la violenta reacción política a la que dio lugar.

De modo que la verdadera prueba para la economía keynesiana no ha provenido de los tibios esfuerzos del Gobierno federal estadounidense para estimular la economía, que se vieron en buen parte contrarrestados por los recortes a escala estatal y local. En lugar de eso, ha venido de naciones europeas como Grecia e Irlanda que se han visto obligadas a imponer una austeridad fiscal atroz como condición para recibir préstamos de emergencia, y han sufrido recesiones económicas equiparables a la Depresión, con un descenso del PIB real en ambos países de más del 10%.

Según la ideología que domina gran parte de nuestra retórica política, esto no debía pasar. En marzo de 2011, el personal republicano del Comité Económico Conjunto del Congreso publicó un informe titulado Gasta menos, debe menos, desarrolla la economía. Se burlaban de las preocupaciones de que un recorte del gasto en tiempos de una recesión empeoraría la recesión, y sostenían que los recortes del gasto mejorarían la confianza del consumidor y de las empresas, y que ello podría perfectamente inducir un crecimiento más rápido, en vez de ralentizarlo.

Deberían haber sido más listos, incluso en aquel entonces: los supuestos ejemplos históricos de “austeridad expansionista” que empleaban para justificar su razonamiento ya habían sido rigurosamente desacreditados. Y también estaba el vergonzoso hecho de que mucha gente de la derecha ya había declarado prematuramente, a mediados de 2010, que la de Irlanda era una historia de éxito que demostraba las virtudes de los recortes del gasto, solo para ver cómo se agravaba la recesión irlandesa y se evaporaba cualquier confianza que los inversores pudieran haber sentido.

Por cierto que, aunque parezca mentira, este año ha vuelto a suceder lo mismo. Muchos proclamaron que Irlanda había superado el bache, y demostrado que la austeridad funciona (y luego llegaron las cifras, y eran tan deprimentes como antes).

Pero la insistencia en recortar inmediatamente el gasto siguió dominando el panorama político, con efectos malignos para la economía estadounidense. Es verdad que no hubo ninguna medida de austeridad nueva digna de mención a escala federal, pero sí hubo mucha austeridad “pasiva” a medida que el estímulo de Obama fue perdiendo fuerza y los Gobiernos estatales y locales con problemas de liquidez siguieron con los recortes.

Claro que, se podría argumentar que Grecia e Irlanda no tenían elección en cuanto a imponer la austeridad, o, en cualquier caso, ninguna opción aparte de suspender los pagos de su deuda y abandonar el euro. Pero otra lección que nos ha enseñado 2011 es que Estados Unidos tenía y sigue teniendo elección; puede que Washington esté obsesionado con el déficit, pero los mercados financieros están, en todo caso, indicándonos que deberíamos endeudarnos más.

Una vez más, se suponía que esto no debía pasar. Iniciamos 2011 con advertencias funestas sobre una crisis de la deuda al estilo griego que se produciría en cuanto la Reserva Federal dejara de comprar bonos, o las agencias de calificación pusieran fin a nuestra categoría de Triple A, o el superfabuloso comité no consiguiera alcanzar un acuerdo, o algo. Pero la Reserva Federal finalizó su programa de adquisición de bonos en junio; Standard & Poor’s rebajó a Estados Unidos en agosto; el supercomité alcanzó un punto muerto en noviembre; y los costes de los préstamos de Estados Unidos no han parado de disminuir. De hecho, a estas alturas, los bonos estadounidenses protegidos de la inflación pagan un interés negativo. Los inversores están dispuestos a pagar a Estados Unidos para que les guarde su dinero.

La conclusión es que 2011 ha sido un año en el que nuestra élite política se obsesionó con los déficits a corto plazo que de hecho no son un problema y, de paso, empeoró el verdadero problema: una economía deprimida y un desempleo masivo.

La buena noticia, por decirlo así, es que el presidente Barack Obama por fin ha vuelto a luchar contra la austeridad prematura, y parece estar ganando la batalla política. Y es posible que uno de estos años acabemos siguiendo el consejo de Keynes, que sigue siendo tan válido hoy como lo era hace 75 años.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. © 2011 New York Times Service Traducción de News Clips.

5 comentarios

  • Fico Sánchez Peral

    Reconociendo, de salida, mi analfabetismo en cuestiones de economía, hay cosas que no me cuadran.
     
    Vamos a ver. Lo de que el momento de crecimiento es el mejor para aplicar criterios de austeridad, lo entiendo; pero lo de que el momento de decrecimiento (o de crisis) es el adecuado para más endeudamiento no me cuadra mucho, pues, si no puedo pagar la hipoteca (o simplemente comer) ¡porque no tengo ingresos! porque la crisis me ha enviado al paro, ¿con qué voy a pagar –estando en paro- un préstamo más? Sí, ya veo que a la corta –muy a la corta- y durante un breve lapso de tiempo, con el nuevo préstamo (si encuentro quien me lo dé estando en paro y ya veríamos a qué precio) podría pagar la hipoteca y haría algo de consumo, lo que generaría actividad económica, y ésta puestos de trabajo, que a su vez generarían sueldos con los que se pagarían las cosas y se acabaría por cerrar –al menos, en teoría- el círculo. Pero algo no cuadra. ¿Cómo un nuevo préstamo puede alcanzar para pagar su propia cuota mensual de capital e intereses, más la de la vieja hipoteca y además para comer y todo lo demás? ¿Y cuando no pueda pagarlo qué pasa?
     
    A esto antes se le llamaba “la cultura del pelotazo” y a sus protagonistas: ¡chorizos!, porque se pretendía pagar una primera deuda, ya impagada e impagable, con la adquisición de una segunda, lo que al incrementar la cuota mensual primera con la suma de la segunda la hacía más impagable todavía, lo que –¡no se preocupe usted!- se resuelve con la adquisición de una tercera, para con ésta pagar la segunda y la primera. Y si todo eso falla porque no salen los números, ¡tranquilo!, se pide una cuarta hipoteca. ¡Ah, es verdad!, que los bancos ya no nos la van a dar; ¡Uf, qué despiste, ¿no?! Bueno, pues, ¡vuelva a no preocuparse usted!, se acude a los prestamistas (los llamados “mercados”) que, con un módico interés de usura, acabarán de escañarnos hasta que ni los intereses sea posible pagarlos (del capital ya ni hablamos), ni por parte de usted que está en el paro, ni por sus hijos, ni por sus nietos, ni por los nietos de sus biznietos……….. La pelota no hizo más que crecer y crecer, con lo que se hizo cada vez más impagable. Que es el lugar en donde nos ha colocado la crisis internacional mal gestionada por el Señorito Zapatero y sus muchachos.
     
    Ah, se me olvidaba. Y a todo eso, para más escarnio, sin tener en cuenta –además- que algunos de “sus muchachos”, como Blanco, Griñán, Chávez, los hijos de Chávez y la panda de ratas de los falsos HERES con el ex director de empleo de la Junta de Andalucía y su chofer a la cabeza, y con un largísimo etcétera; que se están haciendo unas finquitas, o incluso algunos se van de putas y se hacen unas rayitas de coca a nuestra costa y a su salud (y añada usted ahí los líos de la derecha…)……… Y ya tiene usted ahí el maravilloso panorama nassionááá!!!
     
    Y del Sr. Borrell -de triste recuerdo- me fío menos aún. En sus tiempos de Ministro de Hacienda y sin querer hacer categoría de la anécdota, yo, que por entonces era simple delineante, casado, con  cuatro hijos pequeños y en el paro, ¡me salía la declaración de renta a pagar! Y cada vez que él salía hablando en la televisión yo temblaba porque, ¡seguro!, me costaba dinero por la subida de algún impuesto. Era un axioma inevitable: Borrell hablando en la tele; ¡estacazo al currante! Y eso sin hablar de su sospechosa salida de la política por la puerta de atrás…
     
    Insisto, no entiendo de economía más que lo doméstico y algo –poco- de pequeña empresa; pero algo no cuadra. La izquierda dice una cosa y la derecha la contraria. Y cuando gobierna la izquierda (es la breve experiencia de la historia reciente española) se agravan la crisis, la corrupción y el paro; y cuando llega la derecha se recupera la economía. ¿Qué vuelve la izquierda?, y vuelve la corrupción y el paro. Y ahora llega otra vez la derecha ¿y…?, ya veremos.
     
    Algo no cuadra. O el sistema capitalista está agotado o necesita una transformación, sobre la que no veo que los políticos tengan las ideas mucho más claras que yo. Para mí que la cuestión es más ética que otra cosa, pero, está la política española un tanto escasa de esa rara avis, y no se ve, ni en el horizonte lejano, nadie que oriente la cosa en esa dirección. Al que critica al oponente (lo que no resuelve nada, más que darse el gusto de ponerlos a parir) se le aplaude; y al que hace autocrítica (lo que podría empezar a resolver lo propio) se le llama traidor y hasta infiltrado de la oposición. Lo cual es tan “inteligente” como declarar uno que su familia está intoxicada y recibir tres tipos de respuesta, primero un: “Tranquilo, hombre, que el vecino de la derecha está peor y primero vamos a acabar de rematarlo”, segundo un: “¡Hombre, dilo bajito!, disimula, que eso resta votos y mientras dure la juerga algo arañamos para casa ¿no?”, y tercero un: “Y ahora prepárate, ¡pedazo de traidor!, que ahora vamos a por ti”. ¿Para cuando una autocrítica seria, con una investigación interna de lo propio –y no sólo de lo ajeno- que llegue hasta sus últimas consecuencias? ¿Alguien cree que Chacón o Rubalcava van a hacerlo? ¿Qué no? Pues entonces, apaga y vámonos.
     
    Mientras no se empiece por ahí: ¡la crítica ética de lo propio sin contemplaciones!, me parece que perdemos el tiempo. ¿No quiere ser Atrio lugar de encuentro de lo sagrado y lo profano, pues, qué mejor encuentro que el de la desacralización –a calzón quitao- de lo político propio?
     
    Saludos cordiales.

  • Gabriel Sánchez

      Bueno…José hace un resumen incontestable…Pero me voy a permitir jugetear, con esto de Keynes…las famosas politicas anticiclicas, que Keynes propone, que en una marcha normal de la economia, parecen obvias, si estoy en depreción y achico, me voy a pique, que es lo que esta pasando, sin embargo, se basa en una visión economia, pero soslaya algunos motivos politicos…por llamarlos de alguna manera…

    Keynes se basa en que hacer crecer la economia…haciendo crecer el consumo, por lo tanto, la actividad productiva y por lo tanto los salarios…se contravalacea con politicas anticiclicas, que no debe exagerar, pero si evitar el recalentamiento excesivo…

    El problema es que la naturaleza de nuestra crisis, es mucho más profunda, terrible y cruel…Lo que sucede es que el capitalismo quiere mantener su nivel de rentabilidad…Al acumular la renta al capital…El mismo crece y la renta crece…como la economia productiva no da la talla, se prioriza la especulativa, que hace que haya papeles que valgan por ejemplo la producción de oro del 2020…y así se forman las burbujas…de largo plazo, las de corto plazo que estallarán en serio en cualquier momento, es que papeles, entre ellos moneda…va y viene electronicamente, pero terminan engrosando la renta del gran capital, el problema que la emisión, hace parte de la misma se vuelque a las necesidades crecientes de por ejemplo energia, alimento…etc, se esta ante una cantidad de papeles que es mayor que la producción real…Esta especulación hizo que una burbuja estallará y mucha gente se dio cuenta que tenia papeles sin valor, muy bien impresos eso si, entonces, más papeles, para salvar a los bancos, para que estos reactivaran la economia…sin embargo, se llevaron el capital para seguir especulando en su mayor parte…o para otras latitudes con mayores rentas…ahora la deuda, se especula con ella, se gana más papeles con ellas, cuando los papeles circulantes sean mucho mayor que los vienes circulantes vendrá la hiperinflacción…solución…romper la rentabilización…y volver a la economia productiva…docificando el consumo…y creando producción sostenible…Esto implica una serie de pasos…entre los que estan las propuesta de VIA-CAMPESINA, por ejemplo, la llamada soberania alimentaria, la reforma monetaria, que quite a la moneda su valor intrinseco y cree un sistema en donde el indique por ejemplo (segunda vez que lo digo) cuantos barriles de petroleo…son necesarios para intercambiar tantas toneladas de comodities alimentarios por ejemplo…pufff. En resumen lo que dice Josema…Gabriel

  • sarrionandia

    El capitalismo entiende que debe absorber todas las migajas de capital que aun detentan los pobres.
    El cristianismo, por el contrario, entiende que todas las sobras de capitales deben fluir a satisfacer las necesidades de los pobres.
    O latrocinio o solidaridad.

  • olga Larrazabal (Chile)

    La Economía es como una fogata.  Hay que mantener el fuego parejo, que las personas que están aprovechando el calor, pero que no tiran leños, no dejen afuera al resto que puede aportar carbón y leña para que siga ardiendo la fogata.  Y el resto aportará combustible solo si lo dejan participar del calor.  Y si al resto no le permiten tener combustible porque es propiedad de los que no aportan nada, el fuego baja, y se acaba la fogata.  Y Sir John Maynard Keynes, excelente economista inglés vilipendiado por los banqueros y los economistas ortodoxos, tenía la razón.  En épocas de recesión en que baja la demanda global, hay que dar empleo o repartir la torta, para incentivar la demanda, y esto lo hacen los estados a través de obras públicas en infrastructura que sea necesaria para el bienestar de todos, y no recortando los presupuestos como si el problema fuera monetario y no estructural. Los banqueros prefieren hacerlo con guerras, pero ya sabemos que esto no es bueno para la salud . Esto es de lo poco que me acuerdo de mis épocas de economista por allá por la prehistoria.  Pero algunos de mis profesores  fueron buenos economistas del MIT, de Harvard de Stanford y por qué no decirlo, de Chicago.

  • Antonio Vicedo

    Lo que va quedando, no solo claro, sino reforzado,  es que el debilitamiento de lo que afecta directamente a las personas a costa de reforzar las garantías y fortaleza del capital, con más o menos razón probada de Keynes, hace la situación real más desequilibrada en orden de valores al seguir manteniendo el valor y la preocupación del capital materialista por sobre el valor de las personas.
    La simple lógica racional nos debería abocar a descubrir que las personas, sus necesidades y el modo normal de remediarlas mediante su activa aportación (creatividad rentable real de plusvalía) investigadora, transformadora y de servicios, ocupa valor primario, no subordinable a ningún otro valor de simple acumulación, ostentación o derroche.
    Desde mi analfabetismo económico técnico y desde un rudimentario sentido común, creo y defiendo aquel antiguo aforismo para la teoría y práctica humanas: “-PRIMERO VIVIR, Y LUEGO FILOSOFAR”, o lo que sea”.
    Y esto se entendería muy bien por parte de  quienes optan por los recortes, si estos empezaran a afectarles a ellos pero con la crudeza e impiedad con las que afectan a quienes, personas iguales que ellos, quedan hundidos en el abismo de la miseria y allí sucumben vitalmente, incluso, por IMPOSIBILIDAD DE SUPERVIVENCIA.
    Los NÚMEROS cuando afectan a finanzas y rentabilidades injustamente distribuidas y a PERSONAS, no son de ningún modo HOMOGÉNEOS , ni objetos de estadísticas en idéntico nivel de importancia y valoración.
    Sólo desde la exclusión de “L*S OTR*S , o desde su previo ninguneo es explicable, nunca justificable, el recorte de posibilidades personales vitales en aras de fortalecimiento de finanzas o acumulaciones de capital. Cuando esto último prevalece a la situación que ello engendra hay que catalogarla como aberrante HOLOCAUSTO y GENOCIDIO merecedor del más riguroso JUICIO  sobre sus RESPONSABLES. A no ser que nos resignemos a admitir que NO TODAS LAS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA y SUS VERDUGOS, TENGAN Y MEREZCAN LA MISMA CONSIDERACIÓN.

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