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CURSO DE INTRODUCCIÓN A MARCEL LÉGAUT 4

El arranque de El hombre en busca de su humanidad (1961-1963)

En la Entrega anterior vimos un ensayo de Légaut del período de Les Granges (1958), incluido en Trabajo de la fe (1962). En él vimos cómo surgía el tema de la «carencia de ser». El espesor del texto era comparable al espesor de la tierra donde el grano enterrado atraviesa un lento proceso, hasta dar su fruto.

En esta entrega hablaremos, primero, de una charla de Légaut en 1961 a sus amigos (charla en un clima de confianza). Légaut tiene ya una idea del arranque de El hombre en busca de su humanidad (en adelante, HBH). Por eso es útil este texto: explica cómo le surge la idea del libro. Haremos una síntesis de la charla y luego escogeremos algunos párrafos.

Terminaremos esta entrega abriendo ya el libro de HBH. Echaremos una mirada al Índice; haremos un par de observaciones sobre el mismo; y propondremos leer completa la Introducción de HBH. Al final daremos alguna referencia por si alguien quiere ampliar el tema.

I. La «carencia de ser» y la «fe» según Légaut (1961)

Síntesis de la charla

1. Légaut comienza esta charla confesando su reacción crítica ante unos documentos preparatorios de la reunión anual de la “Parroquia universitaria”. La rumia de fondo de hace tiempo se polariza, pues, como tantas veces ocurre, a partir de una circunstancia concreta ante la que uno cree que debe definirse.

Lo primero que plantea Légaut es distinguir cuatro realidades diferentes que se mezclan y se confunden, en el catolicismo de esa época, bajo el término de “pobreza”. Una es la pobreza material, la pobreza auténtica, que es la carencia de lo necesario para vivir, y que atenaza a gran parte de la humanidad. Otra es la pobreza ascética, la de los que no son pobres pero, respecto de los bienes materiales, practican una actitud de desapego y de austeridad por motivos religiosos. Una tercera es la de quienes descienden en la escala social por solidaridad y por cercanía con los explotados. Y, por último, Légaut aborda la pobreza de lo trágico de la vida, a la que prefiere denominar, de una forma un tanto metafísica, como «carencia de ser».

Todo hombre conoce, de diferentes maneras, a lo largo de la vida, esta «carencia de ser» que se hace patente sobre todo al final, con la vejez y la soledad, y ante la muerte. Légaut se fija, además, en los índices anímicos de esta «carencia de ser» en las distintas edades de la vida: el tedio, el sentimiento de sinsentido, y no sólo ante el presente sino respecto del pasado y del porvenir, la desesperanza y la resignación escéptica y fatalista. Entre otros ejemplos, Légaut aduce el de la situación de vacío del militante que ha dedicado su vida a un ideal y a una actividad de tipo social o político, cuando uno se desmorona y la otra cesa, por elmotivo que sea.

2. Entonces le nace a Légaut la idea (inicial) de qué es lo fundamental de la fe. La fe es lo que permite mirar la carencia de ser sin autodefensas y sin desfallecer. La fe es, pues, inicialmente, otro nombre para la capacidad de afrontar la carencia de ser. Entre ambas (fe y conciencia de la carencia de ser) hay una relación directamente proporcional. El hombre espiritual, cuanto más lo es, tanto más lúcido es acerca de su pequeñez (o de su insignificancia). La otra cara de la conciencia de lo ínfimo y efímero de la propia realidad es la afirmación del ser necesario de uno. Ahora bien, una vez establecida esta conexión, Légaut cambia el centro de su discurso. Pasa a poner primero la fe y luego la carencia de ser (y no al revés, tal como había hecho mientras seguía el orden del proceso de reflexión y de descubrimiento, como en la reflexión de 1958 sobre el otro y el prójimo).

3. Sin embargo, comprender y captar esto fundamental de la fe conlleva implícitamente dos afirmaciones cuyo desarrollo lleva a Légaut a concebir los capítulos de su libro:

Primera afirmación, la fe no es la creencia; no es creer en unas creencias determinadas. Es más, las creencias, junto con el mundo imaginario que casi indefectiblemente comportan (acerca, por ejemplo, del “más allá” fuera del tiempo si son creencias religiosas), son un obstáculo para la fe. De ahí la razón que hay en considerar la religión como un opio.

Segunda afirmación, la fe no sólo interviene o se capta ante la carencia de ser o en las situaciones límite negativas de la vida (en las que la «existencia» está en juego) sino que interviene y se capta asimismo en el tiempo normal, en el transcurso y devenir del hombre y de sus relaciones fundamentales (con uno mismo y con los otros).

La fe pasa, entonces, a ampliarse y a ser, para Légaut (aunque él no lo formule expresamente), la actitud fundamental del hombre ante la vida. La fe es, por tanto, algo de todo el hombre, y no sólo algo intelectual; es una actitud cuyo contrario no es la increencia sino el miedo; y, como decíamos, no sólo surge ante lo negativo de la vida sino ante lo positivo de ésta.

Fragmentos de la charla de 1961 sobre fe y pobreza

(…)

…La carencia de ser es, precisamente, el descubrimiento, a través de la desesperanza, de esta imposibilidad de existir. (…) en el fondo, toda la vida espiritual positiva no consiste sino en descubrir, con los medios de un viviente, esta carencia esencial por la que las gentes se ven atenazadas cuando, un poco como las vírgenes necias, se encuentran conducidas por la vida a descubrir la inexistencia de su vida (…).

Entonces, el fin de toda la vida espiritual es hacernos descubrir la carencia de ser sin que nos acorrale en tiempo inoportuno, diría yo; sin que nos acorrale en el momento en el que ya no somos capaces de responder espiritualmente (…). Entonces, ahí es cuando yo alcanzo la fe. Éste es mi primer capítulo, mi primer pasaje, si queréis. En un primer paso, uno ha de descubrir su carencia de ser.

Y justamente toda la vida, para un verdadero viviente, es un progreso positivo para descubrir la propia carencia de ser. Entonces, a mi modo de ver, las dos etapas más importantes de este proceso son, en primer lugar, el descubrimiento del amor y la vida del amor, es decir, el paso (…) del amor naciente al amor adulto o, al menos, el progreso nunca acabado del amor naciente hacia el amor adulto; y, en segundo lugar, la paternidad, es decir, el paso de la paternidad del comienzo a la paternidad cumplida, un paso que tampoco acaba nunca. Porque precisamente en estos dos procesos –en la medida en la que nunca terminan sino que en ellos, cuanto más se avanza hacia el término, más se descubre su inaccesibilidad– se manifiesta, de forma positiva, esta carencia de ser a la que cualquier hombre se ve fatalmente acorralado cuando, dejándose vivir y abandonando las vías espirituales, progresivamente se ve conducido a su propia quiebra por el juego mismo de los elementos. Entonces, toda la vida espiritual, a mi modo de ver, se ve facilitada en gran manera precisamente por el descubrimiento de lo que es el amor, de las llamadas del amor y de las llamadas de la paternidad (…).

O sea, que lo que es extraordinariamente interesante es que estos procesos, estos caminos (…), o sea, lo verdaderamente interesante es que el amor y la paternidad nos hacen conocer ya lo que es la fe. No sabemos al comienzo lo que es la fe. Nos confundimos siempre al principio: en el catecismo, después, siempre. Cuando no bromeamos sobre ella, la confundimos con las creencias; confundimos la fe con las creencias que impone una sociedad religiosa. Nosotros somos católicos pero con los protestantes pasa lo mismo; con los budistas (…) y con los judíos también, etcétera. En todas partes se confunde la fe con las creencias (…).

Pues bien, la fe empieza a adquirir su originalidad con el amor precisamente. Porque ahí la fe es imposible que se confunda con una simple creencia. La fe conyugal es una realidad espiritual que nuestro instinto nos lleva a descubrir y que va mucho más allá de los meros vínculos jurídicos o de las simples evidencias racionales; es algo que va mucho más allá. Si bien al principio la fe se encuentra muy apoyada, poco a poco, por el hecho mismo de la vida, del desgaste de los sentimientos, del deterioro del corazón, esta fe se hace cada vez más original. Nutrida cada vez menos por lo humano espontáneo, cada vez más es el fruto de una verdadera vitalidad espiritual. Donde no hay esta vitalidad espiritual, la fe conyugal se confunde fatalmente con el vínculo jurídico. Y, allí donde la sociedad no da un valor absoluto, bajo forma de creencia, a dicho vínculo, éste se convierte en algo extraordinariamente precario. Y, si aún se le respeta por razón de conveniencia, es que, en realidad, ya no se le respeta, incluso si, en cierto modo, no sucede nada anormal desde el punto de vista moral. Por tanto, como veis, la fe conyugal es una fe que evoluciona, desarrollando y recibiendo del crecimiento espiritual, profundo, de los cónyuges.

Y con la fe paterna ocurre lo mismo; o incluso se llega más lejos, (…) el hombre y la fe paterna exigen, de parte del padre o de la madre, una desposesión cada vez más total. De suerte que, paulatinamente, la fe se hace más y más espiritual pues prácticamente ya no se apoya en absoluto en la más mínima posesión, y, si algo de posesión queda, entonces la fe se ve, por decirlo así, casi como condenada a muerte por el hecho mismo de que esa posesión es, particularmente para la fe paterna, su veneno mortal.

(…) el hombre no puede descubrir ni soportar la visión de su carencia de ser si no tiene fe. Si no tiene fe. No hablo de creencias porque las creencias suprimen la visión de la carencia de ser: si uno está seguro de ir al cielo, si tiene del cielo una noción física… banquete, reunión de familia sin pizca de aburrimiento, lo que sea…, si uno tiene ese tipo de idea, suprime radicalmente la carencia de ser. La carencia de ser no se puede captar ni comprender si se tiene alguna representación acerca del porvenir. La fe no aporta ninguna representación sobre el porvenir. Afirma simplemente que este porvenir es necesario con una necesidad que no está implicada en ninguna representación que haga la cosa relativamente fácil.

Así es la fe con relación a las creencias. La creencia da una idea de lo que pasa y esta idea atrae y, por consiguiente, satisface (…). Por esto se dice que la religión es consoladora; pero, en la medida en que lo es, es también deshumanizadora; en el sentido fuerte del término; es deshumanizadora y, en cierto modo, se justifican todos los reproches que se le han hecho diciendo que es el opio; no es simplemente el opio del pueblo, es también el opio del burgués, el opio de todos en la medida en que aporta lo que aporta, a través de la noción de creencias. Mientras que la fe es otra cosa completamente distinta, como os he indicado hace un momento.

Pues bien, un hombre no puede llevar con dignidad la visión de su carencia de ser si no tiene fe. Y yo diría que hay un crecimiento paralelo, conjugado, de la percepción de la carencia de ser y de la fe. Donde no hay suficiente fe, el hombre, por ejemplo, no puede alcanzar una visión superior del amor que debe tener hacia su mujer y se contenta con el amor sentimental que fundamenta una coexistencia pacífica, hasta cierto punto armoniosa, simpática (…).

II. De esta charla de 1961, a la «fe en sí mismo» y a la «Introducción» de HBH

1. Una mirada al Índice de HBH

De lo que Légaut expuso en esta charla surgen los dos bloques principales de El hombre en busca de su humanidad. Un simple enunciado de los títulos de los capítulos permite reconocer cómo Légaut escoge consolidar, primero, la experiencia de la fe como actitud fundamental del hombre ante la vida, y luego abordar la diferencia entre «fe» y «creencia ideológica».

En efecto, los capítulos del primer bloque tiene los siguientes títulos: la fe en sí mismo; el amor humano; la paternidad; la intelección de la propia muerte; y el hombre creador. Mientras que los capítulos del segundo bloque tienen estos otros títulos: Las dos opciones; la creencia ideológica; la fe en Dios; fe y creencia ideológica en Dios; fe y misión.

Y el libro termina con una tercera sección con tres capítulos más: Filiación y paternidad espirituales; Solidaridad sociológica y comunicación humana; y Espera y búsqueda en la vida espiritual.

2. Dos notas o rasgos específicos de HBH a la vista de su Índice

Primera observación. Légaut decide empezar HBH por un capítulo que titula «la fe en sí mismo» y no sólo «la fe» a secas, tal como la nombra en la charla de 1961. Antes de abordar el «amor humano», en el que surge la fe conyugal, y «la paternidad», donde surge la fe paterna, Légaut persiste en ahondar primero en la experiencia del sujeto en la línea de la charla de 1961. Y esto pese a que empezar por la «fe en sí mismo» podía suscitar y de hecho suscitó malentendidos entre quienes, a priori, interpretaron sus palabras como contrarias a algunas doctrinas convencionales del cristianismo.

La segunda observación es que Légaut no habla de «Dios» (ni de la fe en él) hasta no haber hablado de la fe en sí mismo, la fe conyugal, la fe paterna, la fe del hombre que hace de la muerte la propia muerte, la fe del hombre creador y la diferencia de fe y creencias. El término «Dios» no aparece en HBH hasta la página 187 de un total de 330 (en los títulos de los capítulos, sólo aparece en la pág. 173, en el título del capítulo 8, «la fe en Dios»).

Ambas notas tienen que ver tanto con la característica “de itinerario” del discurso de Légaut, como con su búsqueda de la base humana de la vida espiritual. Aquí es útil recordar el proceso por el que Légaut llega a Les Granges así como su afirmación (al final de sus dos tomos) de que el «creyente de toda la vida» debe olvidar muchas cosas y «retomar todo desde la base» [Ver Entrega 2ª, § I.2.]. De ahí su opción de partir, en su reflexión, de sí mismo, de la relación con los más cercanos, de la actividad de creación, y no conservar, del lenguaje religioso, más que el término de «fe»; término que confía que estos capítulos primeros dejen suficientemente claro que no es lo que se entiende normalmente por creer (o sea, adhesión a una doctrina). De todo esto trataremos en próximas entregas.

3. La «Introducción» de HBH

La Introducción de HBH añade (o modifica) algunos elementos, respecto de la charla de 1961; elementos que pasamos a enunciar.

1. Légaut se dirige al hombre (ya no al cristiano); en una situación de crisis de civilización que se refleja en que el sentido de la vida ya no lo dan las instancias que hasta ahora lo hacían de un modo general (religiones, ideologías, ciencias). Respecto de éstas últimas, señala los límites de los conocimientos generales que actualmente prevalecen (las ciencias humanas). Observa, además, la servidumbre que encierra el inconformismo sistemático; insiste en la necesidad de partir de uno mismo; y en la de que el hombre contemporáneo recupere su patrimonio. En definitiva, Légaut ya no habla en absoluto del cristianismo y sólo para los cristianos. Habla de un “suelo” sobre el que caminar y de un mantenerse en pie cada uno.

2. Légaut se presenta al lector sin que éste sepa nada de lo que hemos informado sobre él en las “entregas” que hemos hecho hasta ahora. Justifica además la “abstracción” de su texto por dos razones: primero, por discreción y, segundo, por el tipo de lector y de lectura que su libro (especie de testimonio) requiere.

3. Por último, Légaut, por honestidad, dice que él es de hecho cristiano, pero enseguida añade que él va a hablar de unas afirmaciones y experiencias que, en rigor, pertenecen a la esencia humana. La vida espiritual humana no es necesariamente cristiana. Y tampoco se circunscribe a cualquier otro adjetivo, propio de una religión o filosofía determinada.

III. Final de la Entrega 4 y bibliografía para quien quiera leer algo más

1. Lo básico, pues, de esta Entrega es (1) el núcleo de la charla de 1961 y (2) las afirmaciones generales de la Introducción de HBH (de contexto, contenido y método, podríamos decir).

Los comentarios (prolongaciones, cuestiones, objeciones) sin duda ayudarán a precisar los temas.

Las siguientes Entregas versarán sobre los capítulos fundamentales de HBH y, posteriormente, de IIPAC (razón de las siglas: Introdution à l’intelligence du passé et de l’avenir du chistianisme).

2. Posibles lecturas complementarias, pero sin cargar demasiado la mochila:

– Como complemento de la «Introducción», puede leerse la «Presentación» de HBH (edición de la AML de 2001). En ella se citan unos párrafos útiles acerca del «discurso de itinerario» y, además, se aclara el uso del término «hombre» por parte de Légaut. La conciencia actual de lo específico femenino requiere ser consciente del sentido de dicho término, que normalmente es uno pero que, en algunos capítulos, varía.

– En el Cuaderno de la Diáspora 1, puede leerse: (1) la charla de 1961, completa; (2) un artículo, un poco posterior, sobre la misma temática («carencia de ser» y «fe»); (3) y una introducción de Thérèse De Scott a estos dos textos.

– Por último, será útil a partir de ahora consultar el Índice analítico de los Tomos I y II (HBH e IIPAC). En él se puede ver: el hilo argumental de cada capítulo; la envergadura de la obra de Légaut; y las ediciones fragmentadas (y una recortada) hechas en Francia, así como las traducciones en España.

MÁS QUE GUÍA DE LECTURA , PRIMER COMENTARIO

Por Antonio Duato

Por fin el curso llega a terreno más firme y despejado. Parece que sale del túnel y se hace la luz. Me refiero al concepto “Fe en sí mismo”, verdadero punto de partida de todo el sistema de trabajo espiritual que propone Légaut. Nos ha costado un poco llegar, pero pienso que más le costó a él. Hasta los 68 años no tuvo claro eso que iba buscando a partir de la consciencia de ser y no ser a la vez, de tener y no tener sentido la vida humana, de la necesidad de abrirse y entregarse al otro y de la dificultad (casi imposibilidad) de llegar a ese despojamiento del yo que eso exige.

El texto de esta entrega de Domingo es tan claro que no exige ninguna “Guía de Lectura”. Él ha desmenuzado muy bien el itinerario que ha llevado a Légaut a escribir su libro más fundamental: El hombre en su busca de su humanidad. Aquí está su verdadera antropología, construida desde dentro no desde fuera, desde sus percepciones e intuiciones y no desde la ciencia o las doctrinas. En ella va a basar Légaut su espiritualidad y su entendimiento de Jesús.

Y el capítulo 1º de su libro, cuyo esquema expone Domingo, se titula “Fe en sí mismo”. Este es el concepto y el capítulo al que más veces he retornado, desde que hacia 1972 leí por primera vez este libro. Y el que más vigor espiritual me ha dado siempre. Su mensaje me ha acompañado siempre para dar una base de confianza y serenidad en mi vida.

Sólo me cabe aquí hacer como un primer comentario personal mío, que tal vez sirva para los comentarios que otros podréis hacer, aplicándoos el concepto a vuestras vidas.

Por temperamento, por mis circunstancias (una de ellas haber vivido de los 4 a los 7 años, con extraña consciencia, la tragedia de una guerra civil), por lo que sea, siempre he sido introvertido y desconfiado de mí mismo. Por muy bien que me fueran las cosas, por dentro me sentía dubitativo, solitario, fracasado. Y si para postres llegaba el fracaso puro y duro… ¿Quién no ha experimentado todo esto? ¿Dónde hemos ido entonces a buscar solución a esa “carencia de ser” (referida al pasado, al presente y a al futuro… en comparación con nuestros ideales y expectativas), que no es una elaboración metafísica sino una experiencia, más o menos aguda, que muchos o todos hemos experimentado?

En una época busqué remedio en las creencias y prácticas tradicionales: “Dios me ama, a mí personalmente, me meto en su corazón, estoy en brazos de la Madre, me tiene reservado un lugar, habita en mí…” ¿Y qué pasa cuándo haces la crítica de esa espiritualidad, llena de fantasías, creencias e ideología?

Con frecuencia la solución es el activismo, ahondar en la función y el trabajo, apoyarte en una teología o ideología transformadora del mundo. ¿Pero se transforma y libera así también la persona? A veces sientes la contradicción en ti mismo. Liberando a otros no te liberas a ti mismo.

Quedan entonces las técnicas psicológicas para aumentar la autoestima. Pero al poco ves que no. Que es un nuevo autoengaño laico…

¿Entonces? ¿No será que tenemos demasiado yo y hay que ir eliminándolo? Por las técnicas orientales (yoga, zen…) intentemos conseguir la gran iluminación, la fusión con el todo… Tal vez. A mí esos métodos, que practiqué pero sin fanatismos, me aportaron capacidad de relajación y cierta interiorización, pero no resolvieron el problema ontológico fundamental de un yo sin sólido fundamento.

Y vino el “viejo” (Légaut) y me invitó a tener fe en mí mismo. No conocimiento de mi valía, sino fe. La fe se pone en lo que no se ve. Una fe que me permitiera afirmar en cualquier momento a mí mismo aún con la constancia aplastante de mi nula valía. Una fe que no se basaba en la palabra de otro, ni en la de Légaut ni de la de nadie, sino en un “no se qué” de realidad absoluta, que en algunos momentos (no siempre) y de manera casi imperceptible y efímera había experimentado dentro de mí. No hay ningún momento aplastante y luminoso que fundamente esa fe en mí mismo. Pero sí muchas débiles señales, conectando momentos muy diversos de mi existencia, que me invitan a apostar por la fe en ese misterio que hay dentro de mí, lo más mío y lo más trascendente a mí a la vez.

Y es curioso como el haber tenido claro ese concepto y el haber hecho de ese acto de fe primordial el fundamento de mi existencia, previo a todos los demás, me ha permitido recuperar otras vivencias anteriores, pero liberándolas de sentimentalismo y de creencias. Un ejemplo. En mi juventud (y en mi vida adulta, tras recuperar una imagen más realista de su vida y escritos) sentí cercana a Teresa del Niño Jesús. Pues hay una expresión de ella que sigue sintetizando para mí ese tipo de fe primordial (cito de memoria): “la infinita pequeñez y mi deseo infinito de ser afirmados conjuntamente en ese acto de fe”.

¿Sería mucho pedir que, acogiendo la parte iluminadora de los textos de Légaut, cada uno se expresase a sí mismo y, si quiere, expresara a los demás cómo vive la fe en sí mismo?

38 comentarios

  • Gabriel Sánchez

    Tengo varias dificultades de lectura de LEGAUT, y creo que vivimos en dos dimensiones distintas, el parte de sus vivencias y hace un vivisección de la realidad y  la clasifica, separa una experiencia natural y humana, como el reconocimiento de nuestros limites humanos y  de la necesidad de trascenderlos que tiene el hombre, yo percibo la realidad como más continua…menos subdividas, lo que el parece llevar creencias, son más bien un mecanismo de defensa, por que existe creencias que son de la Fe…La FE YO DIOS…Y NADA MAS…tiene a mi modestísimo modo de ver, un contra argumento de peso que es el expresado por Juan José, en una ponencia suya, en el simposio que celebraba el centenario del nacimiento de Mons. Proaño,(agradezco a la gente linda de Amerindia que ha tenido la actitud diaconal de socializarla y por supuesto al entrañable Juan José Tamayo su autor) Cuyo titulo es DESAFIOS DE LA TEÓLOGIA LATINOAMERICANA DE LA LIBERACION AL PRIMER MUNDO y un fragmento de la cuál me voy a atrever a pegar…(Hago estos comentario con gran respeto por quienes opinan distintos y sobretodo  a quienes tienen otras creencias)…
    “Del individualismo a la comunidad
     
             Una de las características de la modernidad europea ha sido la afirmación del individuo y la defensa de la persona como sujeto. Se trata de una propuesta auténticamente revolucionaria. Pero la derivación última ha sido el individualismo, que ha terminado por negar el principio de alteridad y el carácter comunitario de la persona. La libertad individual se entiende como valor absoluto sin dimensión social. El fruto de la libertad individual es la libre iniciativa, que desemboca en libre mercado y, a la postre, en mercado único y pensamiento único. Desaparece toda posibilidad de elegir. La libre iniciativa genera una competitividad feroz y agresiva, que se orienta a la propia superación y al éxito individual y desemboca en el “sálvese quien pueda”. La consecuencia es el culto al dinero convertido en ídolo, al que se le rinde culto y se le ofrecen sacrificios de vidas humanas, las de los pobres, y de la naturaleza en la modalidad de tala de bosques, contaminación del aire, adulteración de los alimentos, etc.
             El neoliberalismo tiene una concepción insolidaria de la existencia, que da lugar a la creación de franjas cada vez más anchas y de simas cada vez más profundas de marginación. El principio moral de la actividad económica es el propio interés. Considera la justicia social como fruto de la superstición y como pretexto para coaccionar. El altruismo, que está en la base de la justicia social, es, para el neoliberalismo, una actitud de grupos cerrados, no verdadera política social.  
             Frente a la reclusión del ser humano en el individualismo insolidario, la TL muestra una gran sensibilidad hacia el carácter comunitario de la existencia humana y la dimensión solidaria que emana directamente de la fe cristiana, cuya expresión más viva son las comunidades eclesiales de base, ámbito privilegiado para la experiencia religiosa, cauce organizativo de relaciones simétricas e igualitarias y espacio de visibilidad no jerarquizado. A partir de la vivencia comunitaria, el cristianismo latinoamericano está contribuyendo eficazmente a reconstruir las alteridades negadas: culturas pisoteadas, mujeres discriminadas, clases expoliadas, razas sojuzgadas y religiones olvidadas. El sujeto de la fe, no se olvide, es el yo como hermano y hermana.”
     
    YO CREO, ES DECIR TENGO FE…QUE ESTAMOS HECHOS PARA SUPERAR NUESTROS LIMITES HUMANAS,  EN COMUNIDAD…COMUNIDAD QUE INCLUYE A JESUS DE NAZARETH…
     

  • oscar varela

    Hola!
     
    Ya estamos a los pródromos de la 5ª Entrega, atendiendo a lo programado:
     
    – “ Las siguientes Entregas versarán sobre los capítulos fundamentales de:
    * HBH (El hombre en busca de su humanidad)
    y, posteriormente, de
    * IIPAC (Introducción a la inteligencia del pasado y porvenir del cristianismo)”
    ············
    Aprovecho este espacio de tiempo para pensar un poco más:
    algunas características que se desprenden al comparar el modo “vectoreo” con el de “pimponeo”, que yo las pienso como metáforas de complementación de “contrarios”, que no de “contradictorios”.
    ············
    1ª) el modo “P” (pimponeo)
     
    * Encuentra su validez en que de verdad se extiende hasta los extremos de la elástica experiencia de vida: Anonadamiento – Plenitud de cumplimiento.
     
    * Este modo “P”, por lo tanto, queda marcado por una tendencia a extremismos de tono dramático, cuando no trágico.
     
    * El ideal o sueño de heroísmos es la permanente tentación a que está expuesto y, por lo tanto de frágil per-duración en la masa de Gente, especialmente en la socio-económicamente llamada “Clase Media”, o socio-políticamente “el hombre mediocre”.
     
    * A veces pienso que son los de este “modo P” los llamados a movilizar y cambiar el Mundo y la Vida de los seres humanos, liberándola de vacíos “banalizantes” y dotándola de nuevo “sentido”.
     
    * Este modo “P” no consiste tanto en un “balanceo” entre extremos sino en un permanente “rebotar” contra la paredes absolutas de ellos: de la Nada y el Todo.
     
    * De esta “tensión” es de donde extrae sus fuerzas, que, por lo tanto, tiende y necesita concebirlas como realidades substanciales firmes (dios-demonio: cielo-infierno, etc.)
     
    2ª) el modo “V” (vectoreo)
     
    * Encuentra su validez en que de verdad se hinca y toma en serio la humilde circunstancia dada.
     
    * Este modo “V”, por lo tanto, queda marcado por una tendencia a lo próximo, con tonalidad relajada de comprensión humoral.
     
    * El ideal o sueño de una dialéctica integral facilita la distensión, ya que se desentiende de los tirantes extremos crucificantes,
     
    * Este modo “V” tampoco consiste en un “balanceo”, puesto que no tiene extremos de donde agarrarse, pero los mejor dotados se encarnizan con los problemas de su tiempo, escuchándolos incansablemente hasta que le revelen sus designios y nuevo “sentido”.
     
    * Este modo “V” extrae su fuerza de la Autoestima, que le da un cierto temple “deportivo” o de competencia jovial.
    ···········
    ¿Cuántas cosas que se pueden pensar ¿no?

    pero no le haga mucho caso a los “pensadores”.
    (Risas)
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar.

  • Todo «itinerario» espiritual, como es el libro
    de M.L. el HBH (Presentación 6.2),
    necesita de un método:
     
    Partir de la realidad, saber interpretar
    los signos de los tiempos a fin de
    poder discernir cómo debe actuar
    el pueblo de Dios y cada persona,
    si quiere ser fiel a su vocación.
     
    Alejándose de espiritualismos evasivos,
    de liturgias a menudo alienantes
    que no exigen compromiso aquí y ahora
    a favor del reinado de Dios, de los pobres
    excluidos del sistema
    , y que vuelven
    a hacer vigente a la religión
    como “opio del pueblo”
     
    La búsqueda de nuestro
    Proyecto de Humanización,
    del que nos habla Marcel Légaut,
    necesita de una manera de proceder
    para responder a la llamada
    que Dios nos hace.
     
    Necesita un método que nos ayude
    a vivir la relación con nosotros mismos,
    con los demás, con el mundo y con Dios;
    un método que posibilite
    sentir, pensar y actuar
    como lo hace Jesucristo
    ,
    que desarrolle nuestra conciencia
    de que es Dios el que actúa en nosotros,
    el que nos hace crecer.
     
    Una metodología, una fe y vida,
    que haga que ese
    sentir, pensar y actuar de la cultura
    sea transformado en el
    VER, JUZGAR y ACTUAR
    de Jesucristo
    .
     
    Porque “si no vives como piensas,
    terminarás pensando como vives”
    .
     
    Poner en el centro de la vida
    a los empobrecidos y oprimidos,
    con una vinculación afectiva y efectiva con ellos,
    “yo no puedo ser para mí sin ser para
    los empobrecidos y oprimidos”.

     
    Esto no lo hacemos solos sino en colaboración,
    en un equipo, grupo o pequeña comunidad
    que desea experimentar y vivir la Comunión,
    porque es la forma humana de ser y de vivir,
    que Jesucristo nos ha revelado.
     
    No es fruto logrado por nosotros/as
    sino de la Gracia, el don que Dios nos concede,
    el reconocimiento de la presencia de Dios
    en nuestra vida
    , en nuestra familia, en el equipo,
    en la Iglesia, en el mundo, en todo…
     
    Pudiendo afirmar que
    nuestra espiritualidad
    es nuestro método.

     
    El Espíritu que fue configurando
    la forma de sentir, pensar y actuar
    de Jesús va haciendo a
    Cristo viviente en nosotros.
     
    La fe es esa entrega y confianza en Dios y el
    seguimiento existencial de Jesús.
     
    La confianza en medio de la desesperanza,
    será la puerta para la acción transformadora de Dios
    en el mundo y en nuestras vidas vivida
    en la sociedad actual, en los ambientes específicos,
    en los empobrecidos y oprimidos,
    en el mundo obrero y del trabajo…
     
    Recibid junto a vuestras familias toda nuestra cercanía.
     
    Con cariño
     
    Eduardo Soto
     
     
    Pdta./ Claro abierto, sincero y sencillo
    el comentario de Asun,
    que hemos leído con mucho interés.
    ————————————————————————

  • Asun

    Sería incapaz de hablar de mí misma, si no me remontara a la primera experiencia de vida interior de mi primera comunión. Intuí y viví “algo” que me fue dando sentido a lo largo de mi incipiente vida, en que lo heredado tiene una importancia por demás. Lo mágico y mítico no se contradecían en mi universo, al revés  encajaban con fuerza en esta etapa de la infancia. El inicio de la primera juventud empezó a buscar sentido racional a mi vida con nuevas preguntas en nebulosa, pero que esperaba  respuestas de los mismos que me habían iniciado y acompañado en mi espiritualidad. No las tuve por ausencias o por no ser convincentes. Me replegué en mi refugio interior consciente de una soledad no buscada, la torpeza de la institución que pretendía no derrumbarse en sus palos de ciego y el  hambre nunca saciado e insatisfecho.
     
    Tampoco la vida de  puertas afuera parecía darme la respuesta que tanto anhelaba, sentía en lo más hondo un gran vacío e inconsistencia. A veces en oración, como en entre-paréntesis,  vislumbraba algo en mí que me apuntaba un algo inalcanzable por su fugaz intermitencia. Entretanto no llegaba a reconocer y menos a verbalizar el miedo inmensurable ni la tensión que iba aumentando en mi cuerpo. Cada vez más sola, aunque envuelta de amistades y muy bien acompañada por una familia encantadora. Y así siguieron pasando al menos  tres largas décadas.
     
    Al vaciarme de energía  y esperanza por ir demasiado contracorriente de las expectativas levantadas, empecé a  acariciar ideas negras que me ruborizan y avergüenzan. Pero también sé ahora que tenía que hacer pie en el sin sentido para retomar la confianza y fe en mí misma.
     
    Lo puso en marcha la lectura del libro “Carta de Jesús al Papa” del polémico Sánchez Dragó hace ya más de ocho años. Quería otra visión más ajustada, de autocrítica  desde el interior de la Iglesia. Al poco una amiga, Pilar,  me invitó y puso en contacto con encuentros mensuales de crecimiento personal y espiritual en Teruel. Allí descubrí lo que soy y quién soy.   Lo que me acuciaba vagamente y quería despertar en mí se fue desperezando, des-amuermando  y humildemente abrió paso.
     
    No importaba lo que había hecho hasta entonces con mi vida, lo que otros podían esperar o esperaban de mí para ser reconocida según los parámetros “correctos” de la sociedad. La autoestima, como estación de paso, me puso en contacto con lo mejor que llevamos dentro: Lo que no lleva adjetivos ni complementos, lo que ya es, Es.
     
    La fe en mí misma  me  abre y nos abre  puertas sin parar, no conoce el des-ánimo instalado, porque se fundamenta en la nada y el vacío  alentador que  nos constituye, entreteje  y abraza. No se ama se deja ser el amor que fluye del que se siente uno con el Amado y la Amada. Gracias.
     
    Sentir la gratuidad es experimentar el agradecimiento de lo que se me regala, a lo que puedo poner nombres y rostros: Padres, hermanos, familia, educadores, esposo, hijos, familia de amigos y amigas que crecen, como Atrio, Légaut … porque dejan sus puertas abiertas, desnudos como mi Yo ante el misterio que somos y que Es. Gracias. 
     

  • Kaláa

    También presiento que el trabajo de  Légaut , al contrario de Sísifo sólo con su piedra, es en principio el de una vida izada siempre con la colaboración de sus próximos.
    Con ese soporte y una vez  sólo,  todo el trabajo realizado se le escapa de las manos cuesta abajo, estrellándose  contra la …fortaleza construida por los demás.
    Su vida en mil pedazos;  ante esta  desolación emprenderá el trabajo arduo de  subir cada una de los fragmentos de su vida, facilitada ya en gran medida por  la existencia de la ….fortaleza.
    Saludos.

  • Kaláa

    Hola Oscar !  Te presiento como el héroe en su vuelo nocturno, sortendo turbulencias, haciendo cuenta de la distancia recorrida y el combustible empleado.  ¿Valió la pena?
     
    En torno a la “carencia de ser” o “POBREZA“. ?????
    Propones darle vueltas a estos términos para ver un claro por donde salir y ganar tiempo.
    El témino de pobreza, el mago de Légaut lo sacó de su cabeza, porque lo veía demasiado manoseado… no le era ya útil como chistera;  roida por el uso comenzaba a traslucir lo que llevaba en ella oculta. Ya nadie se sorprendía , por evidenciar su contenido.  No tenía sentido  seguir con esa  pobreza.
    Me sorprende   tocado,  con la nueva chistera que denomina carencia de ser, la cantidad de pobreza  que saca  de ella.
    Saludos.
     
     
     

  • oscar varela

    Hola!
     
    Hay dos acontecimientos decisivos “para” mi vida (no “de” ni “en” mi vida).
    * En uno, yo no estaba ni me preguntaron;
    * En el otro no estaré ni para anoticiarme:
    “Mi” nacimiento; y “Mi” muerte.
    ·········
    Resulta, entonces que mi vida es algo de lo cual me fui enterando después, y que me hubieron “contado” sus circunstancias, las que no tengo mas remedio que creerlas con la menor sospecha posible, o ninguna.
    Tal vez todo el empeño que uno pone en la vida es “para seguirla contando”.
    ·········
    Resulta, también, que todo empezó con un ¡Afuera! y ¡Arreglate! aunque te vamos a ayudar, pero ¡tu vida, te la tendrás que hacer tú mismo!
    Así es que me fui dando cuenta que donde yo cayera o me pusiere, me las tendría que “re-buscar” (decimos en un concreto lunfardo). Son las peripecias del “náufrago”.
    Quiere decir que, en principio nada está salvado –y menos que nada la vida-, sino que hay que buscarse la mejor “salida” en cada caso.
    ··········
    El “modo primario” como Légaut se sintió vivir pareciera haber sido el de “estorbo” a su radical sentimiento de “entrega total”.
     
    De ahí que su interpretación partirá de una extrema sensibilidad a los impedimentos, que en su radicalidad no puede menos que “concebirla” como -ya no como una “falta”, que sería la interpretación y terminología correcta., sino como una carencia: la “carencia de ser”.
     
    Excursus largo: este sentimiento de “entrega total” en las almas excelsas se da con el otro extremado sentimiento de “frustración”, generando así la insobornable experiencia de “necesario – imposible”, como lo definirá el mismo Légaut, y que también utilizará Julián Marías para definir “la felicidad”, que  -a mi parecer- en este asunto tan decisivo no se dio cuenta, tal vez, que no coincidía con su maestro Ortega., quien la concebía como “encajar en sí mismo” o “encontrar algo que nos satisfaga completamente”.
    Ambos casos corresponden al “temple” como se encara y atopa desde luego la tarea de vivir.
     
    En los casos de Légaut o Marías el sentimiento de felicidad es un sentimiento “tornasolado”, es decir, visto desde una perspectiva es gozoso, girado un poco, se nos vuelve doloroso. Tal es la Melancolía: un cierto dolor y gozo en miembros que no tenemos (como el “manco” de Lepanto).
    Con esto corroboro mi imaginario de “pimponeo”.
     
    En el de Ortega el sentimiento de felicidad es afanosamente abarcativo –perforativo- de la Circunstancia o Mundo a la vista.
    ···········
    Hasta ahora me he identificado con esta interpretación de mi vida, como una flecha lanzada a una noble y dramática trayectoria, sin la seguridad de dar en un “blanco”, que también me es incierto.
     
    Por eso llamé lo de Oscar como “vectoreo”.
    ········
    Tendría que contarles algunos hitos de la trayectoria de la vida de Oscar.
    ·········
    Pero eso es tocar el punto clave de Légaut:
    ¿A quién le interesa el prójimo / otro, e.d., Oscar más que a mí solo?
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar.

  • oscar varela

    Hola!

    En torno a la “carencia de ser” o “POBREZA“.

    Antoine de Saint Exupéry nace el mismo año que Légaut, 1900,
    justamente en la ciudad en cuya Universidad a donde “bajará” Légaut a enseñar: Lyon-Francia
    Por ahí, apartado pero cercano, había comprado su campo … (“de ensayo” … agrego yo con cierta ironía, que, tal vez, no se corresponda, ¿no?).
    ·············
    Exupéry era un “tímido”; posiblemente Légaut también. No losé. Los “Maestros” nos lo dirán.
    Exúpery también fue un “fracasado”, rechazado varias veces en el Taller de aeronáutica .
    Pero … el tipo tenía sus cosas: insistidor y ¡dale que dale! Tanto “hinchó” que lo aceptan.
    Al tiempo una Empresita aeronáutica de Correo aventura un Proyecto: Correo Sur (zona Dakar-África).
    Allí consiguen “presto-alquilado” un lugarcito de posta en el encerrado-alambrado cuasi-militar español.
    Los españoles -de ahí y de España- le hacen las mil perrerías. El tipo Antoine se las banca todas. Además es el único que empieza a tener llegada a las tribus …
    Bueno: Exupéry “UN TIPAZO“.
    ··········
    Este tipo, que sabía lo que era “jugarse la vida”, también escribía.
    En 1940, luego de una misión de reconocimiento (2ª Guerra) en Argelia, es dado de baja y se instala en la casa de su hermana. Allí comienza a escribir CIUDADELA, que continuará intermitentemente hasta 1943, porque el 31 de julio 1944 levantó vuelo para una misión, que fue la última, porque nunca se pudo saber más nada de él.
    ·········
    He colgado en el “general” algunos pensamientos en torno a este concepto de POBREZA, que no he visto, atisbado siquiera, en Légaut.

    De su importancia para nuestra socio-política actual ya me hube expresado brevvíííísimamente, pues en Atrio.org hay quienes de esto entienden, tal vez con mayor compromiso vital que este envejecimiento al que voy ¡yendo … todavía! – Oscar.

  • oscar varela

    Hola!
     
    Domingo Melero, en el cuerpo de esta Entrega 4ª nos ofrece:
     
    La «carencia de ser» y la «fe»
     
    (1) Légaut distingue cuatro realidades diferentes bajo el término de “pobrezas”:
     
    1- material: la carencia de lo necesario para vivir, y que atenaza a gran parte de la humanidad.
     
    2- ascética: desapego y austeridad por motivos religiosos.
     
    3- solidaria: por acercamiento a los explotados.
     
    4- trágica: o  «carencia de ser».
     
    * sus modos presenciales: vejez, soledad, y ante la muerte; tedios, sinsentidos, desesperanzas y resignaciones.
     
    (2) la “fe”: permite mirar la carencia de ser sin autodefensas y sin desfallecer.
     
    Acá Légaut giró su discurso:
     
    * primero la “fe”
    * luego la “carencia de ser”
     
    (3) Afirmaciones implícitas:
     
    * la fe no es la creencia;
     
    * la fe es:
    **  la actitud fundamental del hombre ante la vida,
    **  algo de todo el hombre, y no sólo algo intelectual;
    **  una actitud cuyo contrario no es la increencia sino el miedo;
    **  surgente ante lo positivo de la vida, no sólo ante lo negativo
    ··············
    La profunda experiencia decepcionante de Légaut (el abandono del “espíritu misionero” de sus “compañeros  más que la muerte de su “Mentor”) repercute en su “entregarse totalmente”.
     
    Arranca, entonces, tocando fondo:  “¡no somos nada!” – “pobreza” – “carencia de ser”-
    ·············
    Excursus: en torno a “la “pobreza”
    * Légaut la esquematiza en cuatro, para ubicar la que le interesa (semejante a M. de Unamuno: “El sentido trágico de la vida”), la cuarta, que llama “carencia de ser”.
    * Légaut no ve otro tipo de pobreza referida a la “moral”.
    * Me refiero al ser humano “des-moralizado” (no al in-moral, pues éste lo es contra un “código vigente”).
    * el “des-moralizado” ni se percatará  de la tabla de salvación que le ofrecen.
     
    * E.S. Discépolo plasmó esta figura del “Siglo XX cambalache” en los versos:
    – “Todo es igual / Nada es mejor / Lo mismo un burro / que un gran profesor.”-
    * Y Ortega lo retrató en sus Entregas al Diario madrileño en 1926, que luego se recopilo en el “cuasi-libro” La rebelión de las masas.
    * Este tipo de humanidad “envilecida” (el hombre-masa “rebelde”, cuyo prototipo no es el “obrero” sino el “científico-profesional”) consiste en arrogarse el derecho de “liderar”, absteniéndose de todo “deber”.
     
    * Estimo que la perspectiva “misionera” de “salvar a toda la humanidad redimida por Jesucristo” ha obnubilado la percepción de este hecho innegable y persistente en n/tiempo.
     
    * Persistente y, diría más, agravado considerablemente.
    * Hoy son, tal vez, los “pobres envilecidos” (ya no “coyunturales” sino “estructurales”) la masa que alimenta interesadamente la demagogia de los “mass media” para su provecho.
    * Esos “pobres a sueldo”, e.d, “soldados” no-libres, son los que le hacen la guerra a los pobres … mientras se ve en retaguardia a los líderes corruptos fregarse las manso y llenarse los bolsillos, de los que caen de vez en cuando algunas chirolas pa’ la gilada.
    ETC., ETC., ETC.
     
    Por eso una vez hube preguntado acerca de este concepto y sus referentes en Légaut.
    Tal vez yo no estoy suficientemente informado de lo que le pasaba por el bocho a don Marcelo.
    ···········
    Bueno, me fui de mambo.
    ···········
    LÉGAUT “pimponea”:
    Va de un extremo al otro: de la “carencia” a la “positividad” de la “fe”.
     
    Sube cargado, piedra a piedra, la montaña de la vida.
    Baja – carga – sube – deposita arriba;
    Baja – carga – sube – deposita arriba;
     
    Nota: nada que ver con Sísifo, condenado a subir siempre “la misma” piedra, que rodará abajo.
    ·········
    OSCAR “vectorea”:
    Pero me parece verlos bostezar …
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar.

  •  Antonio Duato:



    Otros proponen la negación del yo y la fusión con el todo, despersonalizándose.”
     
    Amigo Antonio. Perdona que me atreva a contradecirte. Puede haber quien propugne la negación del yo. Y creo que estos estarían equivocados. Entiendo que lo correcto es trascender el yo o el ego. Pero integrandolo en un nivel de conciencia mas amplio.
    Entonces al Océano, le damos la forma de un vaso, nuestro vaso, nuestro ego. Imprescindible para operar en el mundo de las formas.

  • Antonio Duato

    No sé si escondí la mano, pero quiero dar la cara en este hilo, cuyo primer comentario puse yo tras la exposición de Domingo y los textos de Légaut.
     
    Carmen dice que “huelen todo a muy religioso, a mucha cera e incienso”. Y no sabe que se trata de una invitación a un trabajo laico de reflexión  y búsqueda para que algunos podamos llegar a lo que ella, de manera aparentemente más fácil, ha llegado ya. A vivir la vida en plenitud.
     
    Tal vez los términos “espiritualidad” y “fe” molestan a más de uno, cuando Légaut los toma en un sentido no religioso. Pero tal vez todo se quede en algo que este autotr no es sino reflejo de “una generación” como dice Oscar. Pero te aseguro que él escribía para comunicar su itinerario, con la esperanza de que a algún lector le estimulara a encontrar el suyo. No seguía corrientes de época. Si a algunos no le dicen nada por dentro las expresiones de Légaut, porque lo da todo por sabido, que pase. Me gustaría. Oscar, que desarrollases la contraposición entre el “pimponeo” de Légaut y el “vectoreo” tuyo. Es sugerente. A ver si nos ilumina y adoptamos tu esquema y terminología. Tal vez algún día nos prepares un curso-taller sobre “Introducción a Ortega”. Lo digo en serio. La luz que me ha aportado en algún momento de las escasas lecturas que he hecho de él, han constituido alguno de esos chispazos en que fundamento hoy la fe en mí mismo. La lectura inteli-gente de un buenl ibro es uno de esos actor específicamente humanos que invitan, según Légaut,  a la profundización y la fe en sí mismo.
     
    Está aquí la deliciosa conversación de metafísica trascendental zubiriana entre Fico y María Luisa, que ellos dicen escribir “con zapatillas” y ante la que creo habría que descalzarse pues toca el corazón de lo real.
     
    Otros, Ana, Sarrionandía, Sergio (se trata de lo que tú dices, simplemente, pero tomando conciencia)… cuentan cómo en algunos momentos han tenido que cogerse a algo firme y totalmente personal, no una fe heredada, para mantenerse en pie y seguir viviendo. Eso es lo importante. Por ahí va el sentido de “fe en sí mismo”, que el mismo Légaut dice lo que no es, pero difícilmente se entiende lo que es.

    Y yo en mi comentario inicial de arriba decía: no proviene de la fe religiosa heredada, tampoco de  lo conseguido por mi mismo, tampoco de las técnicas psicológicas de autoestima, y sin embargo no puedo negar mi yo, pues él es lo que unifica y da valor a mi persona. Otros proponen la negación del yo y la fusión con el todo, despersonalizándose. El camino propuesto es recoger en mis propias vivencias esos chispazos de una realidad dentro de mí que siendo lo más mío, lo que unifica el devenir de mi vida, no me pertenece ni lo abarco ni lo puedo sustentar yo. Por eso tengo fe y creo en mí o en “yo”, el “moi” francés que parece más profundo que el yo: “Moi, je vous dis…”. El “je” es el yo instrumental, sujeto de un verbo. El “moi”-“mi yo” es algo sustantivo y ontológico, difícil objeto del conocimiento si no es por presencia indirecta en algunos de mis actos y objeto de fe.
     
    Ya seguiremos dialogando con los interesados. Gracias por vuestra participación y comunicar vuestras historias personales, esenciales en el taller. No se trata de cotillear, presumir o  desahogarse. En ese devenir biográfico es donde se esconden, seguro, esos chispazos o fugaces experiencias que pueden ser fundamento inconmovible de una fe en sí mismo, primer paso para la fe en el otro y en el misterio que nos envuelve a todos. Aunque la proximidad al otro haya sido lo que principalmente ha producido esa fe.   
     
    Y ya me he pasado. Perdón de nuevo. Si has llegado hasta aquí, perdón, mi admirado Joxema. Intento imitarte siempre, pero no sé.

  • oscar varela

    Hola!

    Colgué un comentario en el “general”.

    1º- no es “menos”, sino el “más” importante -a mi modo de ver.
    2º- es la respuesta “ejecutiva” de c/u de nostros, los foreros en el Curso.
    3º- el comentario de c/u de nostros pone en marcha la “fe en sí mismo” de ese c/cual que somos
    4º- acorralando la “carencia de ser” (¡uf! ¡qué nomenclatura extraña!)

    Notas:
    a) el que escondió la mano en su Post (antes de Sarrionandia 09-Febrero-2010 – 2:35 am) fue Antonio Duato.
    b) el promotor que “lanzó la primera piedra” fue Domingo Melero.
    ········
    ¡Gracias a todos, y Vamos todavía! – Oscar.

  • Fico Sánchez Peral

    Hola Kaláa y resto de familia:
    ¡Soy el plasta de la cuarta entrega! Me juego lo que queráis a que nunca hubo quien acaparara un hilo de manera tanta plasta como un servidor de Uds. En la próxima entrega seré más comedido, lo prometo.
    Es que estaba a punto de decir que no, que de verdad mañana al mediodía desaparezco hasta el lunes. Para dicha vuestra me llevan “secuestrado” a la estepa Soriana, debe haber un metro de nieve, lobos y hielo, (aprovechare para comprar más chorizo de Sotillos, me lo pongo “en vena” y me estoy quedando sin existencias), pero como puede que por la mañana ataque de nuevo…, (no os libraréis de mi tan fácilmente, no…) os aviso para que no os relajéis.
    Dulces sueños sin mi.  Fico.

  • Asun

    Por fin he leído esta entrega del curso-taller y vuestros estupendos y generosos comentarios. Ahora sólo voy a referirme al de  Carmen que encuentro sencillo y  de gran hondura.
     
    Con tu permiso vuelvo a transcribir lo que ya hizo Fico:
     
    “O quizás que para encontrar a D*s, basta con no necesitar la forma aquella con la que hemos inventado las necesidades de D*s para con nosotr*s”.
     
    Muy espiritual, de profunda intuición femenina. Según cada cual termina por ir desmontando el cerro o cerros de necesidades y creencias,  que  ha  heredado, ido adquiriendo y ampliando, especialmente de apropiación ideológica y material, y que no se precisan en la inmediatez de la experiencia de la vida que Es,  que se nos regala  en todo y en todos.
     
    Buenas noches. Hasta mañana.

  • pepe sala

    Pues a mí me has parecido muy espiritual, Carmen ( Almendralejo).
     
    Pero no te hagas muchas ilusiones, ya sabes que los jabalines encontramos espiritualidad en cualquier trufa que se esconda bajo cualquier encina extremeña…
     
    Te hace falta un viaje a San Juan de Gaztelugatxe.  Ya veremos a mi vuelta de Göteborg,  donde me voy el domingo con mi nietuca y mi hija.  ( hay medio metro de nieve… buscaré la espiritualidad en los bosques suecos, y mi nietuca me ha prometido que me presentará a un “Troll” que ha descubierto en el monte cercano a su casa.  Yo le he prometido buscar a un oso para hacer amistad con él. En caso de no encontrar un oso ( quizás no haya osos en Suecia) le presentaré a mi amigo ” el indio”.)
     
    Buenas noches, pues.

  • Kaláa

    Hola  Fico!  Te creía temporalmente desaparecido,  me alegro de que sea solamente un … poquito.
    Ahhh,  era de mentirijillas.  Estas no son formas ….
    ¡  Buenas noches !,  Ya ves como hinco el diente.
    Saludos.

  • Fico Sánchez Peral

    Querida Carmen (Almendralejo):
     
    Ayer fue Kaláa la que nos dio un gratificante “buenas noches” y hoy lo has hecho tú.
    Gracias por compartir tus inquietudes, tu luz y tu testimonio con nosotros y por despertar nuestras papilas gustativas con tu presencia y, por favor, no dejes de hacerlo.
    Creo que tienes mucha razón en mucho de lo que dices, suena a pura vida; en especial lo que dices al final :
    “O quizás que para encontrar a D*s, basta con no necesitar la forma aquella con la que hemos inventado las necesidades de D*s para con nosotr*s”.
     
    Seguro que no necesitas esa forma, libérate, descubre y usa la tuya y seguro que lo encuentras porque lo tienes bien cerca, se te nota…, lo llevas dentro, o quizás mejor aún, lo llevas a flor de piel.
    Ah, y por favor, no pidas más perdones, estamos en casa ¿no?
     
    Buenas noches. Fico.

  • Carmen (Almendralejo)

    Perdón, este párrafo es así, perdonar las faltas, soy icorregible

    Posiblemente disienta de ellos al comprobar que hay contemplación y mística dentro de la propia vida, que se convive con las personas que te rodean, con el dolor de quienes llora a tu lado arrecostad* a tu hombro, y con las alegrías de quien baila una rumba porque encontró ese trabajo o amor deseado y buscando intensamente y que le daba esquinazos desde años.
    A veces

  • Carmen (Almendralejo)

    He intentado escribir aquí pero siempre acabo borrando aquello que escribo y quizás después de escribir este lo haga, y si lo mando al final me arrepienta, pues porque he leído poco de  Légaut, y que ese poco me suena todo como muy lejano, se me hace como algo muy ficticio a mi vida y a los problemas que veo, que hoy padecemos las personas de a pié, aunque seamos creyente y sigamos a la busca, caza y captura de D*s, a la imagen y semejanza de cada un*.
     
    Releo, estos textos y me huelen todo a muy religioso, a mucha cera e incienso, y a cierto aparcamiento de la vida misma, para seguir existiendo en algo tan espiritual o mágico, imaginario, marginado de lo concreto y de aquellas personas que con su cercanía lo pueden contaminar, o nos pueden hacer partícipe de esta.
     
    Siento, de verdad,  si esto no es así, y molesta a alguien, no es mi intención, porque es verdad que pienso a la vez, que mi cortedad y falta de formación la que hace que no vea a estos “místicos” como lo que son, que verles tan alejados de la realidad sea más cosa mía que suyas.
     
    Posiblemente disienta de ellos al comprobar que hay contemplación y mística dentro de la propia vida, que se convive con las personas que te rodean, con el dolor de quine llora a tu lado arregostad* a tu hombro, y con las alegrías de quien bala una rumba porque encontró ese trabajo o amor deseado y buscando intensamente y que le daba esquinazos desde años.
     
    A veces, creo que mi forma de creer a muy atípica, y hasta que realmente es sencillamente que no creo en nada que esté fuera del ser humano, que se pueda palpar y tocar, o como decía Pepe Salas en otro post, encima del mantel y compartiendo unos manjares…
     
    Es verdad, que los mejores manjares, los platos más sabrosos han estado en mi mesa y con mantel de lino, y me han sabido tan insípidos que costaba trabajo de tragarles, porque no son los condimentos, la sal, la pimienta, el orégano, o las grasas lo que de verdad dan sabor a estos ¡No!
     
    Y es un no rotundo porque aquellos, auténticos sabores, los dan, son completados y mejorados por cada una de aquellas personas con las que compartes mesa, sin que importe el tipo de mesas, cuadrada o redonda, cubiertos o cristalería, ni que el mantel sea de lino, o sino simplemente de papel o de plástico…
     
    La luz que cada persona pone, da brillo y hace que las papilas gustativas se abra para paladear y relamerse en un deleite entre rostro, caricias y viandas.
     
    No comprendo, la soledad del aislamiento para palpar o saber donde hallar a D*s, quizás mi miopía sea más de mente, espíritu Ruah que de vista ¡Quizás…!
     
    Quizás sea que la mujer hemos sido educada para el servicio… y que esto lo hemos llevado hasta el límite tan extremo de que no sabemos decir me aíslo, porque necesito desconectar para saber y gustar de D*s.
    Aunque creo que esto no es de todo real, igual es que hemos aprendido a ser Marta y María a la vez, porque si me cuesta entender a ciertos hombres de las religiones es precisamente por eso, porque sus “espacios-tiempo-relaciones” son más necesarios que la vida y la cotidianidad.
     
    O quizás que para encontrar a D*s, basta con no necesitar la forma aquella con la que hemos inventado las necesidades de D*s para con nosotr*s.
     
    Pido perdón si meto la pata y digo aquí algo no debiera decir.

  • Fico Sánchez Peral

    Querida M. Luisa:
     
    Totalmente de acuerdo con todo lo dicho. Reconozco que a veces me pasa que, teniendo clara la  diferencia entre fe en si mismo y confianza, al expresarme (quizá porque en la realidad también me pase un poco) navego entre dos aguas, como algo aun no del todo consolidado; pero bueno, en ello andamos.
     
    Kaláa, tu aparición fue tonificante. ¿Cómo va la cosa, le has hincado ya el diente o aún te reservas? Eres enigmática, he tenido que releer tus apariciones anteriores hasta descubrir que en alguna te referías a ti en femenino; el anonimato de Internet tiene estas ambigüedades para algunos despistados…
     
    Por cierto, desaparezco hasta el lunes por la noche. Feliz fin de semana a todos. Un abrazo. Fico.

  • Kaláa

    A  M. Légaut le llegó  un mometo en que le fué  imposible saber  el nº de ovejas que tenía.
    Si supo  en cambio lo duro que era dormirse contando ovejitas… Perdida de tiempo, que suplió construyendo cercas,  pero que también le llevó su tiempo.
    No saber lo que falta….y sin embargo oir  el canto del gallo a falta de  un  tic- tac  que  te anuncia lo que falta.
    Saludos.
     

  • M. Luisa

    ¿Qué tal, Fico? De nuevo aquí para decirte que te he entendido perfectamente y que estoy de acuerdo contigo. Sin embargo, pienso que la confusión interpretativa pudo my bien haberse producido por el hecho de que con frecuencia cometo el error de que cuando se habla del “ser” yo fijo el pensamiento en la “realidad”. Pero, en efecto, sí que es solidario o mejor, inseparable el enunciado “Fe en sí mismo y la carencia de ser” que guiados por Légaut, tu expones tan bien como fruto de experiencias tuyas.
     
    Este asunto es tan serio, querido amigo, como para que aquí y ahora traigamos a nuestra memoria la frase tan célebre “Yo sólo sé que no sé nada”  o también cuando decimos aquello de que a medida que vamos conociendo más humildes nos volvemos.
     
    No obstante, si ahora retomo la cuestión desde el punto de vista no del ser sino desde la realidad que somos, es cuando pienso que respecto a ella nuestra contingencia o precariedad no es tal, porque la fe en sí mismo, como nos dirá Légaut, no quiere decir confianza en uno mismo.
     
    Confiar en certezas, en seguridades que nos apuntalan, no es lo mismo que tener fe en sí mismo (es decir, invirtiendo el orden, en la realidad que somos). Es en  este sentido, pues, a lo que me refería. La confianza se establece desde la novedad o desde la irrupción de la fe en sí mismo como toma o como apropiación de la realidad que somos, desde el fondo que nos sostiene. Es decir en aquello en que consistimos y hacia el cual hemos de llegar a ser.
     
    Por eso decía que respecto a la realidad  o misterio, por así decirlo, que somos  nuestra contingencia o precariedad  ya no es tal sino relativa a algo que es absoluto en sí mismo.
     
    Déjame, amigo mío, par terminar que le diga a Kalaa aquí mismo, que con su ingenio, ayer noche hizo que me durmiera con una amplia y feliz sonrisa.
     
    Un abrazo a los dos.

  • Gabriel Sanchez

    Las carencias radicales de nuestro ser…(carencias del ser), entre ella la imposiblidad de existir, es sólo superaba por la presencia de la fe…que se abre al absoluto…y que se vive desde la vida amando, si entendi bien, diria muy modestisimamente, que LEGAUT, era un sabio…de los de antes…, que eran los buenos.- Gabriel

  • Fico Sánchez Peral

    Querida M. Luisa.
     
    En cuanto a lo primero: queda entendido.
     
    Y en cuanto a lo segundo me falta un  matiz.  Dices: “La fe en sí mismo nos aleja de nuestra precariedad…”, digamos que sí, pero –me parece- no de la carencia de ser, o no de forma definitiva ni total. De la  primera, de: “la de salida”,  que es cuando más uno lo nota, sí, por lo novedoso, pero no tanto de las siguientes, o eso me parece a mi. Intentaré explicarme.
     
    Antes, mientras vivía en el atasco de las creencias y lo religioso, creo que no había carencia de ser porque no había fe en sí mismo y, por tanto, no había expectativa de nada que no fuera sospechoso; lo que había era negación y desconfianza de uno mismo, atrofia y frustraciones varias más o menos bien llevadas. Ahora, con la fe en sí mismo, aparece la carencia de ser, como la distancia que hay entre el yo creciente que voy siendo y el –también creciente- que debo llegar a ser (que, en el límite, sería el encuentro simultáneo con mi yo futuro y con Dios), pero sin frustraciones mientras vamos yendo, porque no aparecen como algo alienantemente inalcanzable, sino como promesa de un tesoro siempre creciente y mayor a recibir al final.
     
    Entiendo -porque así es como lo experimento yo- que el caminar por estas cuestiones es causa de un progresivo crecimiento (profundización en el conocimiento de sí), pero no es sólo el yo presente el que crece, sino también la expectativa del que debo llegar a ser, que, por cada paso que yo avanzo, él parece avanzar dos (como si ambos avanzáramos atraídos por una intuición de Dios cada vez más…, mejor intuida?), de manera que permanece siempre inalcanzable y, por tanto, la carencia de ser no solo permanece, sino que se acrecienta.
     
    Pienso (aunque no estoy nada seguro de lo que digo) que debe tener que ver con el hecho de que uno mide lo que crece en relación al yo pasado, pero como todo esto no es algo sólo intelectual, sino algo que se produce en lo más hondo de sí, allí donde uno es plenamente presente a sí mismo, porque desea que estén presentes por igual: alma, corazón y mente, es decir, la persona en su totalidad (no sólo la razón), porque tras ello, lo que uno desea es ponerse “en presencia de Dios” (ya me entiendes…) y esperar a que caiga algo… Pero como, al paso de todo esto, lo que también crece es la concepción, la percepción y la expectativa que uno tiene de Dios, resulta que tanto el yo presente como el que debo llegar a ser, de algún modo, crecen, no en relación directamente proporcional, pero sí “en relación a” (como atraídos por) esas nuevas concepción y expectativa de Dios, que son crecientes… Con lo cual todo es continuamente creciente y la carencia de ser, ya ni te digo.
     
    No sé si te interpreto bien, ya me lo dirás, pero así es como complemento lo mío con lo tuyo.
     
    En realidad, todo esto es más fácil de sentir (y de intentar vivir, en alguna medida) que de explicar; confío en que, con las limitaciones propias de la dificultad de la cuestión, y más aún de las también propias del que suscribe, se me entienda. Uno no está seguro de nada, va viviendo, probando y… disfrutando; y si tengo que rectificar en algo, seguro que será para cambiarlo por algo mejor que me permita llegar más lejos.
     
    Gracias mil y un abrazo. Fico.

  • Kaláa

    Hola, Fico y Mª Luisa!
    Cuánta clase  ! a pesar de estar ambos en zapatillas…De fábula.
    ¿ Quereis simular la realidad calzados de esa  guisa..?.
    Es hora ya de  sacarse hasta las zapatillas y … roer el trabajo aunque sea rumiando.
    ¡Qué fatiga, eh !
    Saludos.

  • M. Luisa

    Con mucho gusto, querido Fico, te contesto  y además con zapatillas. Pero ten en cuenta  que lo hago desde la perspectiva en la que me he permitido momentáneamente enfocar el tema de  un modo provisional para darme, todo sea dicho,  cierta satisfacción, porque habrán, por descontado, perspectivas varias.
     
    Se entiende por percepción sensible,   el momento de afección en nuestro sentir por la cualidad sentida  prescindiendo de qué sea ésta en sí misma formalmente. Por ejemplo en el caso que tratamos de la creencia religiosa, su realidad sería la fe pero ésta, según se ve,  nos queda relegada, alejada,  ya que se nos ha sido presentada  (la percibimos) en forma de   doctrina, y por lo tanto quedamos apresados, atrapados  sensiblemente en el ser de la creencia pero no en  su realidad,  la cual ignoramos.
     
    En consecuencia, pues,  y aquí entro en la segunda cuestión que me planteas, esto quiere decir  que nosotros/as en tanto realidad que somos quedamos realizados no en el ser (conceptual) de la creencia sino en la realidad de ella es decir en la fe. Es la confianza, es la fe en si mismo, por tanto, la que nos aleja de nuestra precariedad, de nuestra contingencia, de nuestra carencia de ser. En definitiva amigo, ¿no es verdad que  tu mismo según cuentas dices haber vivido esta experiencia?
     
    Un cordial saludo    

  • Fico Sánchez Peral

    Querida M. Luisa:
     
    Perdona si me meto en un “nivel que no me toca” porque soy menos leído y no llego…, (carezco de la formación filosófica y teológica que –por lo que veo- abunda por estos lares). Digamos que soy más “de andar por casa… y en zapatillas”, pero por eso me meto, porque estamos en casa, ¿no? ¿Si no es en casa… dónde mejor voy a desasnarme?
     
    A duras penas te sigo, pero me despisto al final, cuando llegas al último párrafo: “…siendo la fe en si mismo lo primordial, su aprehensión queda ofuscada por la percepción sensible del ser de la creencia.” ¿Qué es: la percepción sensible del ser de la creencia?  Y más adelante: “… la realidad de la fe con la nuestra, actualiza la confianza, es decir, la fe en uno/a mismo por lo que la contingencia o carencia de ser  ya no es tal  en estas  condiciones”. Con lo contento que yo estaba con mis carencias que me animaban a seguir y a crecer, ¿y ahora resulta que no son tal? Porfa… explícamelo, que me tienes en ascuas. Mira que si ahora se me desmonta otra vez  el chiringuito.
     
    Un abrazo; Fico.

  • M. Luisa

     
    Feliz  por volver a releer a Légaut.  Repaso   esta cuarta entrega y toda su lectura me tiene retenida en la  sorprendente convicción de que la búsqueda abierta por Légaut para comprenderse, como también  la mía  como la de tantos otros, bien pudiera significar en la vida practica el despliegue teórico que sobre la intelección humana llevó a cabo Zubiri tan meticulosamente analizada durante gran parte de su vida.
     
    Este atrevimiento, pienso, me viene dado porque casi simultáneamente leía a los dos. Identificando mi puntual experiencia de entonces con la de Legaut  al tiempo que la razón de todo ello la encontraba en la puesta al día de la filosofía zubiriana. Ésta parte de  la contraposición radical que  la filosofía tradicional  ha hecho del sentir y del inteligir  y todo su esfuerzo, por tanto, se centrará en demostrar que ambas facultades no son tales individualmente concebidas sino que si de facultar quiere hablarse ambas la formarán en  una única estructura.
     
    Por eso en el análisis de esta estructura lo primero que le saldrá  al paso es el error histórico de haber  priorizado,  frente  al saber, el ser antes que la realidad. Esto explica el afán por conceptuar y definir la realidad  constriñéndola en el ser. Y así, en el contexto en el que nos hallamos, es como la fe se constriñe en la creencia.
     
    Toda la filosofía contemporánea se ha basado en el ser de la existencia, en el “ser ahí” de Heidegger, pero la postmodernidad  exige realismo. Y para ello todo saber ha de partir  de la realidad de donde ya se está  y desde ella “siendo” con todo lo real hacia (en búsqueda) a la realidad misma. Lo primero no es el ser. No es que de entrada haya ser, sino que es la realidad que está siendo. El hombre, nos dice, queda inamisiblemente retenido en y por la realidad: queda en ella sabiendo de ella. Sabiendo ¿qué? Algo, muy poco,  de lo que es real. Pero, sin embargo, retenido constitutivamente en la realidad. ¿Cómo? Es el gran problema humano: saber estar en la realidad. 
     
    Por lo que  respecta a las experiencias vividas  que se traen aquí,  todo me hace  pensar   que la carencia de ser se acusa precisamente porque siendo la fe en si mismo lo primordial, su aprehensión queda ofuscada por la percepción sensible del ser de la creencia. Lègaut nos habla de que sin la fe en sí mismo el hombre no puede emerger  de su vida …sin ella el hombre se confunde y se desvanece…al ignorar lo que es él verdaderamente. No es, pues,  sino tras unas circunstancias difíciles o en decisiones cruciales cuando se deja de lado el carácter conceptual de la fe para considerarla en sí misma.

    Y acabaré esta reflexión  señalando que la realidad de la fe con la nuestra,  actualiza la confianza, es decir, la fe en uno/a mismo por lo que la contingencia o carencia de ser  ya no es tal   en estas  condiciones.

  • Kaláa

    El trabajo parece que me va a ser penoso. De ahí que vea necesario concentrarme  en un punto, olvidándome de  lo demás…. ping-pong.
    La simplicidad del punto,  sobre una cartulina en blanco….repasando vectores.
    La urgencia de arrancar de un punto….
    Tendré entonces que admitir que soy ese  punto arrastrado hacia otro punto….. para ser otra cosa,  tal vez un segmento. .. ¿ sin sentido?
    Saludos.
     

  • Fico Sánchez Peral

    Perdón, solo un cambio de matíz: donde digo “millonario” quise decir: “nuevo rico”.
    Fico.

  • Fico Sánchez Peral

    Ya es el tercer intento fallido de decir lo que no soy capaz de decir, así que, lo dejo como salga ahora. Ahí vamos.
     
    Me siento como los millonarios paladeando exquisiteces gastronómicas y presumiendo de conocer los mejores y más exclusivos restaurantes… Y está –relativamente- bien, no me voy a quejar ahora por lo que tanto he añorado, es más, agradezco –y mucho- el enriquecimiento que recibo con los comentarios de todos; pero me da la sensación de que, con demasiada facilidad, como si ya no se dieran las causas que las produjeron ni nuevos casos, doy por sobrentendidas y superadas con demasiada facilidad demasiadas cosas… ¡Y de eso nada! Sólo ayer mismo, en la tercera entrega de este curso-taller, hacíamos elaboradísimas disquisiciones sobre cómo Ser prójimo con el prójimo…
     
    No hace tanto tiempo en mi caso, y cada domingo se sigue dando en la mayoría de los fieles de todas las misas, que la dichosa, ciega, dócil y obediente fidelidad al magisterio de la iglesia sigue alimentando la atrofia y obstaculizando el desarrollo espiritual de la gente que, confiada, acude a ellas…, mediante la continuada siembra de la desconfianza en sí mismas, para poder seguir acumulando creencias… Otra forma de pobreza, de carencia…
     
    Y ahora hablamos de fe en si mismo y carencia de ser… ¡Qué barbaridad, qué contrastes! Y no es crítica, sino contraste. Y no me voy a perder por ahí, frustrando la reflexión que ahora toca, pero me hago esa llamada, si no para volver a ella después…, sí al menos, para escucharla y atenderla cuando ella solita vuelva…, que volverá.
     
    A mi (ya lo he comentado alguna otra vez…) fue la proximidad de la muerte -la revelación brutal de contrastes entre lo real y lo aparente que se produce en su cercanía, que pone las cosas descarada y descarnadamente en su sitio- la que me ayudó a descubrir (me reveló) que (pese a mis más honestos y esforzados intentos…) el 90% de mi presunta fe eran creencias… Y fue precisamente ahí (¡es que no había tiempo para más!), en ese instante dramático de soledad, desnudez y absoluta inseguridad ante la muerte (es la hora de la verdad: ¡ahora o nunca!), cuando uno se atreve –por fin- a elegir entre la religión y Dios (que, según cómo, pueden llegar a ser cosas incluso opuestas) y decidí apostar por Dios (aunque todo en la Iglesia seguía gritándome: ¡te equivocas!, ¡traicionas!, ¡te condenas…!!!!!) y, desprendiéndome de todo, hacer un acto “final” de confianza sólo en Dios y en mi mismo… También esta era otra forma de pobreza, ¡y vaya pobreza en vaya momento!, de carencia… de todo.
     
    Y después vino un durísimo y larguísimo proceso de restauración de tantas cosas, en el que aún sigo, pero con mucho ya avanzado. En el que me veo ahora: ¡con fe en mi mismo!, recibida no sé en qué preciso momento del proceso ni cómo, pero ahí está; y midiendo el espacio, la distancia, la carencia de ser que va del yo actual, al que debo llegar a ser (no para hacer carreras o concursos conmigo mismo, sino para responder a la ineludible llamada que siento en lo más hondo de mi mismo), o a estar (tanto monta, monta tanto…), más cerca del Dios que me atrae desde lo más humano que hay en mi, como irresistiblemente atraído hacia lo más divino que hay en mi, porque Dios lo puso allí… Y tratando de entenderlo para seguir en el intento…, avanzando en la carencia que se dispara porque crece más que yo, como tesoro cada vez más grande y más inabarcable… ¡Y encima pretendiendo contarlo!
     
    ¿Fe en mi mismo?: ¡sí, gracias a Dios, sí! ¿Carencia de ser? ¡Sí, creo que sí y creciendo (esto no se alcanza nunca)! Pero esto no hay quien sepa describirlo para contarlo, aunque presiento que los “haitianos” que siguen dentro de la Iglesia me reclaman que sea “haitiano” con ellos y no me lo calle…
     
    Ya sé que es de la lección anterior (que no pasada…) pero ya me ayudaréis a resituarlo:
     
    Si la  última indigencia que Jesús conoció… es la consecuencia ineludible de su fe en el hombre y de su amor por él… por su parte, la indigencia del discípulo… le descubre la imposibilidad de ser lo que debería ser para los que de alguna manera le son confiados y han de llegar a ser sus prójimos para que el Reino de Dios venga.
     
    Hala, y ahora agárralo por dónde puedas; lo dejo, que por hoy ya no soporto más carencias…
     
    Un abrazo. Fico.  

  • oscar varela

    Hola!
     
    Es difícil leer dos veces la misma Novela aunque nos haya apasionado.
    Con la única que no me pasa eso es con Don Quijote de la Mancha.
    Pero con toda otra, sí. Digamos “Los Miserables” o Crimen y Castigo”.
    Ahora no voy a analizar las razones –que las hay- de este hecho verificable.
    ········
    La segunda vez que uno, inocentemente, cree que va a re-editar los sentimientos que nos embargaron cuando la primera lectura, se autoengaña un poquito para no parecer un tonto ante sí y ante los demás.
    Pero la verdad es que si uno logra tensar la atención y llega hasta el final, hay que reconocer que uno leyó empujado más que atraído.
    Lo que se cosecha un tornasolado sentimiento de nostálgica frustración.
     
    Y a este hecho habría que encontrarle –como dije antes- las razones.
    ··········
    Digo esto porque es lo que nos puede pasar –creo que es lo que a mi me pasa- leyendo a Légaut.
    ············
    Y me pregunto, extrañado, ¿cómo puede ser si “ni había oído que existiera un tipo así”?
    Este es el hecho que tendría, antes que otra cosa, explicarme.
    ¡Vaya uno a saber si no le puede servir a alguno de los compañeros de Taller!
    ············
    La cosa se me aclara de golpe y sencillito si pienso que el hombre es un “heredero”.
    Ya están muy adelantados –dicen los que de eso saben y son confiables-, los Códigos genéticos hereditarios.
    Pero además de la herencia sanguínea, hay la cultural y civilizatoria. Creo que algunos hablan de “Memes”.
     
    Yo diría que el “Meme” decisivo donde pivotea la “herencia” es la GENERACIÓN.
    ············
    – “Una generación es una variedad humana. Los miembros de ella vienen al mundo dotados de ciertos caracteres típicos, que les prestan una fisonomía común, diferenciándolos de la generación anterior.
     
    Las generaciones nacen unas de otras, de suerte que la nueva se encuentra ya con las formas que a la existencia ha dado la anterior.
     
    Para cada generación, vivir es, pues, una tarea de dos dimensiones:
    * una: recibir lo vivido —ideas, valoraciones, instituciones, etc.— por la antecedente;
    * otra: dejar fluir su propia espontaneidad.
     
    El espíritu de cada generación depende de la ecuación que esos dos ingredientes formen, de la actitud que ante cada uno de ellos adopte la mayoría de sus individuos:
    * ¿Se entregará a lo recibido, desoyendo las íntimas voces de lo espontáneo? (épocas cumulativas- Tiempos de viejos)
    *¿Será fiel a éstas e indócil a la autoridad del pasado? (épocas eliminatorias y polémicas- Tiempos de jóvenes)”- Ortega y Gasset (OCT3,149)
    ················
    Pienso, entonces que lo que puede ocurrir es que:
    -“LÉGAUT NO ME DICE MUCHO DE NUEVO”-
     
    Otros hasta pensarán que:
    – “LÉGAUT ESTÁ BIEN, PERO NO ME ALCANZA”-
    Bien empleado acá el término “no me alcanza”, e.d.
    – “YO TENGO OTROS PROBLEMAS”-
    ············
    Sin embargo, es conveniente hacernos cargo de cómo se gestaron las herramientas “espirituales” (meméticas) para saberlas usar en sus bondades y peligros, para cortar el bacalao de n/tiempo generacional … o utilizarlas para fabricar otras más efectivas y potentes…, que  a su vez la generación que anda por ahí … ¿no?
    ············
    En el próximo comentario trataré de analizar:
    * ¿Por qué estoy de acuerdo con Légaut … pero al revés?
     
    LÉGAUT:  “pimponeo” de “fe en sí mismo”  REBOTANDO en la “carencia de ser” hacia el “SÍ MISMO [vital]”
     
    OSCAR: “vectoreo” de “fe en mí mismo” PERFORANDO hacia “más mí mismo [vida abundante]”
    ·············
    Ya ¡voy todavía! – Oscar.

  • Sarrionandia

    De mi primera comuniòn, a los 7 años, recuerdo la total ineficacia de la catequesis previa. Tanto me repitieron en lo sucesivo que terminé aceptando, creyendo, que recibía corporalmente a Jesús y me cuidaba de no tocar la hostia con los dientes. Con el correr de los años acepté sin saber lo que aceptaba lo de la transustanciación. Ordenado sacerdote creía que transustanciaba el pan y el vino; como aun creía ingenuamente en los milagros no me hacía problemas.
    En mi apostolado sacerdotal lo que más me chocaba era que en la administración del bautismo no recalcáramos la necesidad del compromiso cristiano y la responsabilidad de padres y padrinos de educar cristianamente a sus hijos y apadrinados, Hasta teníamos preparada una cartilla para que el padrino leyera el credo sin tener la menor idea de lo que recitaba. Igual que mi catecismo memorizado!
    Para mantener mi celibato libré, interior y exteriormente, luchas de vida o muerte, hasta que el ejemplo de Charles Davies, perito del Concilio Vaticano II. me convenció de que la fe católica era la contradicción de la vida cristiana y la abandoné. Dentro de lo que cabe, durante treinta años de matrimonio fuí feliz, a pesar de la pérdida de nuestro único hijo antes de que cumpliera los diez años. Enviudado me retiré a un geriátrico para preparme a bien morir. Pero Teresita, mi actual mujer, me sacó de allí para terminar juntos el último tramo vital.
    Estos son los impulsos más fuertes de fe que he recibido en mi larga y novelada vida y que ahora parece que conviene reseñarlos para poner más experiencia y menos especulación,

  • oscar varela

    Hola Sergio Zalba!
     
    Todavía no pude leer “todo” el material de Légaut aportado por Domingo Melero, que parece interesante.
     
    Sin embargo presiento que Sarrionandia tiene abierta la Ventana de su Sierra bonaerense y acierta en lo que ve.
    Vale la pena repasar su magnífica súper-síntesis, de la que en conciencia termina:
     
    – “he tratado de ahorrar consideraciones en algo que también puede verse en su simplicidad”-
    ···········
    Visto así, el Curso propone al Taller el Asunto a que nos estimula el “Maestro”:
     
    – “¿Sería mucho pedir que, acogiendo la parte iluminadora de los textos de Légaut, cada uno se expresase a sí mismo y, si quiere, expresara a los demás cómo vive la fe en sí mismo?”-
    ···········
    Yo, en cuanto pueda, creo que me largo por ahí.
    Tal vez nos encontremos.
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar.

  • Sergio Zalba

    Ya sé que esto es apenas una introducción, y eso me tranquiliza un poco. Porque no estoy seguro si lo que entendí de Légaut, es realmente lo que Légaut quiere decir.
     
    En mi caso, mi propia pobreza fundamental, la percibo al caer existencialmente en la cuenta que de que no está en mí el fundamento último de mi existencia. Yo podría quitarme la vida, pero no soy yo quien se la da/sostiene a sí mismo. Yo estoy, porque hay algo distinto de mí (¿un Otro?) que hace que esté. ¿De eso habla Légaut?
     
    Sin embargo, hablar de esa pobreza como “carencia de ser”, no se me presenta existencialmente como lo primero. Pues implica haber dado un paso especulativo que me permita considerar al ser como algo pleno o, al menos, como algo superior a lo que soy. Sólo puedo hablar de carencia si de algún modo conozco la totalidad, ya sea por especulación o por atisbamiento. Por eso prefiero decir que “estoy”, porque la experiencia del estar es anterior a la especulación sobre el ser.
     
    Es en ese simple estar donde hallo la fe, porque es un estar que sobrepasa mis capacidades autónomas de estar; no estoy, en el fondo, por mis propias fuerzas, estoy incluido en algo que me supera y sin lo cual no estaría. Y eso no lo percibo como carencia sino como condición, así como una manzana no carece del tamaño de una sandía, porque no es sandía, es manzana.
     
    Puedo sí, hablar de “pequeñez”, casi al modo teresiano. Porque percibo con inmediatez la inmensidad en la que estoy y respecto a la cual soy pequeño. Y el hecho de estar a pesar de esa pequeñez, es lo que me pone de manifiesto ese dato abisal, oscuro, misterioso al que llamamos fe que, ciertamente, nos son las creencias, es otra cosa.
     
    No sé si Légaut va por ahí. Seguiré rumiando…
     

  • ana rodrigo

    En uno de los momentos más difíciles de mi vida, la pérdida del amor por parte del entonces mi marido, coincidente con la muerte de mi madre, tuve la impresión de que mi vida carecía de sentido. Un día una amiga no creyente, me espetó: tú tienes fe ¿para que te sirve?. Yo me sentí avergonzada de que mi fe en el Dios de aquella época no me sirviera para nada en mi vida real, pero fue muy importante este descubrimiento.
     
    A la luz de estos textos de Lègaut comprendo que yo lo que tenía era creencias, creencias endebles, cimientos de arena movediza, es decir, tenía NADA. Mi vida dependía del amor de los demás y de otras circunstancias.
     
    El perder  el amor humano de dos ser tan queridos, me dejó SOLA ante mí misma. Y fue entonces cuando comenzó una nueva etapa en mi vida, me jugaba el ser o no ser, desde fundamentos sólidos y frágiles al mismo tiempo. Sólidos porque mi identidad personal era el yo intrínseco, un yo permanente  e inaprensible por nadie, pero al mismo tiempo descubrí un yo tan necesitado, tan pobre, tan expuesto a cualquier contingencia, que no quedaba más remedio que, a partir de esa realidad, emprender un nuevo camino. Con un yo al desnudo emprendí un camino de búsqueda, una actitud de búsqueda, de búsqueda de una existencia más consistente que la que había tenido hasta ese momento.
     
    Esta nueva actitud me hizo esponja, es decir la actitud de pobreza te provoca la de acogida, pero siempre desde la autonomía personal, no desde  lo que los demás decían que deberíamos hacer o ser o de los vaivenes de la vida.
     
    Esta labor es algo tan personal e intransferible que nadie puede entrar ahí adentro, en el “corazón”, en el núcleo de nuestra existencia como persona individual e individualizada.  

    Y crees en la potencialidad del ser humano, y te conoces mejor, y filtras todo lo de fuera antes de dejar que se instale en alguna celda de creencia, y sigues buscando, y ves perspectivas maravillosas, y ves horizontes por los que luchar, y la vida se convierte en una gran aventura donde tropiezas y te levantas, caminas un paso y retrocedes dos o viceversa,  que te reconoces como un sujeto consciente de  tu existir,  que la vida fluye de dentro afuera, en fin, que la vida se convierte en una aventura fascinante.
     
     

     

     

  • Josefina G.C.

    En una época de mi vida por varias circunstancias todo se me derrumbó y quise morir,  morir no me asustaba.
    En ese hundimiento, busqué apoyos que fueron importantes para mí y mis circunstancias, dejé de creer, pero algo había que me ayudaba y empujaba, como con desgana pero como una leve brisa, en el vamos todavía.   
    En mis mas profundas reflexiones, sentía, encontraba algo que me ayudaba a salir a flote,  eso era la fe y el amor. 
    Conocer a Legaut me lo re-confirma.
    Gracias Antonio por traerlo a Atrio y la oportunidad de seguir este curso-taller con vuestra maestria y la de los participantes.
    Josefina

  • Sarrionandia

    En el fondo, uno sufre por no ser dios! La contingencia del ser humano conlleva la sensación de euforia y carencia de ser. Esto sería lo básico. Las vueltas que ML le da al asunto revelan la agudeza y la finura de su introspección vivenciando el ser y la carencia de ser.
    La no identificación de la fe con sus creencias muestra a la fe como confianza en sí y en Dios indiferenciadamente. Esa fe genera la certeza de la esperanza y la fuerza del amor que, lejos de su consumación, muestran también sus carencias que pueden diferenciarse por el avance de la edad y por las relaciones que va tejiendo.
    Como pueden comprobar, he tratado de ahorrar consideraciones en algo que también puede verse en su simplicidad.

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