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De la WEB oficial del Arzobispado de México

CARTA PASTORAL POR LA CANONIZACIÓN DEL BEATO JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN. Laico   

 
 
I N T R O D U C C I Ó N


     

    ¡Nuestra Señora de Guadalupe ha cumplido lo que ha prometido!


    1. Con espíritu lleno de alegría y de agradecimiento al Padre de nuestro Señor Jesucristo, me dirijo a ustedes hermanas y hermanos, como Pastor de esta Iglesia particular de la Arquidiócesis de México ya que hoy, 26 de Febrero, S.S. Juan Pablo Segundo ha tenido a bien manifestar su decisión de Canonizar al Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Asimismo, quiero hacerme portavoz de los sentimientos de mujeres y hombres, ancianos, niños y adolescentes, jóvenes y adultos, de toda clase social y de todo nivel cultural, hermanos en el episcopado de distintas nacionalidades y de distintas épocas, ya que "Juanito, Juan Dieguito", será el primer indígena inscrito en el Catalogo de los Santos, el misionero de Jesucristo, vidente y mensajero de la perfecta siempre Virgen Santa Maria, Madre del verdadero Dios por quien se vive, el Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediación, el Dueño del cielo, el Dueño de la tierra, nuestra Madre del cielo.

    2. Numerosos acontecimientos han sucedido desde aquel histórico 1531, año clave para la Evangelización de México y del Continente americano JUAN PABLO II así los expresa cuando dice: "La aparición de María al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año de 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los confines de la nación mexicana, alcanzando todo el Continente", en: Ecclesia in America, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1999, n. 11, P 20.. Este hecho se ve coronado por la intervención autorizada del Sucesor de san Pedro, que reconoce la acción del Espíritu divino en la vida de Juan Diego, natural de estas tierras, y la propone ante el Pueblo de Dios, para suscitar la acción de gracias y animarnos a participar en la misión que el Padre le encomendó a su Hijo al enviárnoslo lleno del Espíritu Santo.

    3. La Niña y Señora del Tepeyac, Santa María de Guadalupe, sigue manifestándose como la Madre del amor y de la santa esperanza. Ella le encomendó a Juan Diego llevar su maravilloso mensaje al obispo Fray Juan de Zumárraga, cabeza visible de la Iglesia en México, cuando le dijo: "es necesario que tú, personalmente, vayas, ruegues, que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad." VALERIANO, Antonio, Nican Mopohua, traducción del náhuatl al castellano del Pbro. Mario Rojas Sánchez, Ed. Fundación la Peregrinación, México 1998, vv. 34-35. Ahora ha obtenido de Dios la gracia de cumplir en este tiempo la promesa que le hizo al más pequeño de sus hijos: "ten por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré, que por ello te enriqueceré, te glorificaré" Ibíd., v. 59..

    4. De esta forma, el nuevo milenio de la historia de la Evangelización da paso a un acontecimiento que tiene gran significado para la Iglesia universal y especialmente para la Iglesia en México. La canonización del indígena Juan Diego Cuauhtlatoatzin Cuauhtlatoatzin significa: Águila que habla, o el que habla como águila. Cfr. SIGUENZA y Góngora Carlos de, Piedad Heroica de Don Fernando Cortés. Talleres de la Librería Religiosa, 2ª edición de "La Semana Católica", México 1898, p. 31. También: ESCALADA, SJ, Xavier, Ed., Enciclopedia Guadalupana, México 1997, T. V. (= el águila que habla o el que habla como águila) se convierte en signo luminoso del reinado de Cristo en una persona concreta, que sirve de puente entre la cultura náhuatl evangelizada por los frailes misioneros franciscanos, los emigrantes españoles con su religiosidad de cristiandad europea y la naciente cultura mestiza.

     

    I. ITINERARIO DE LA CAUSA


    5. La historia de la causa de canonización de Juan Diego está íntimamente unida a la del Acontecimiento Guadalupano, que consiste en las apariciones de nuestra Señora de Guadalupe, del 9 al 12 de diciembre de 1531.

    6. Aun cuando la devoción a Santa María de Guadalupe, ya existía mucho antes que el dominico fray Alonso de Montúfar(1554-1573) llegara a México como sucesor de Zumárraga, fue éste el primer arzobispo en apoyar expresamente el culto de María de Guadalupe en el Tepeyac; lo hizo durante un sermón pronunciado en la catedral Metropolitana el 6 de septiembre de 1556, con el que procuró persuadir al pueblo para venerar a la celestial Señora "Testimonio de Juan de Salazar", Información de 1556, ordenadas realizar por Alonso de Montúfar, arzobispo de México, en ERNESTO DE LA TORRE VILLAR Y RAMIRO NAVARRO DE ANDA, Testimonios Históricos Guadalupanos, Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1982, p. 51. Este testimonio y el de otros como Juan Meza, Marcial de Contreras, Francisco de Salazar, Gonzalo de Alarcón, Juan de Masseguer, confirma el hecho de que la devoción Guadalupana contaba con el respaldo episcopal, pero tenía, ya desde antes, gran arraigo entre el pueblo; mientras que los franciscanos, capitaneados por el Provincial Fray Francisco de Bustamante, la consideraban como peligrosa por provocar la idolatría, invención demoníaca..

    7. En 1573, el Papa Gregorio XIII concedió indulgencia plenaria y otras gracias a los fieles que visitaran el templo de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe y ahí recitaran piadosas preces Gregorio XIII, Ut Deiparae semper virginis, Archivo Secreto Vaticano, Sección Brev.69 fol. 537v-538v;, y en 1576 revalidó y prorrogó las gracias e indulgencias antes concedidas, lo cual agradece el entonces arzobispo de México, Pedro Moya de Contreras MERCURIANUS, Everardus Gen., "Carta al Arzobispo de México, Pedro Moya de contreras", Roma, 12 de marzo de 1576, en: Zubillaga, Félix (Editor), Monumenta Mexicana. Monumenta Historica Societatis Iesu, Roma 1956, T. I: 1570-1580, p. 192-193..

    8. Las orientaciones precisas que en 1634 emitió el Papa Urbano VIII acerca del culto a los santos, hizo que oficialmente la devoción al vidente y embajador de la Virgen Madre fuera suspendida; sin embargo, el decreto no logró erradicarla de la mentalidad popular, que la conservó sin interrupción, como lo prueba la documentación respectiva.

    9. En 1663, el obispo de Puebla, Diego Osorio de Escobar y Llamas, Gobernador de la Arquidiócesis de México, en ese entonces sede vacante, y el Virrey de la Nueva España, Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar habían dirigido una carta al Papa Alejandro VII, pidiéndole la concesión de celebrar la Misa propia en honor de Santa María de Guadalupe el 12 de diciembre, pues hasta entonces se había identificado con la celebración de la Inmaculada Concepción, el 8 del mismo mes Cfr. CONGREGATIO PRO CAUSIS SANCTORUM, Mexicana 184, Canonizationis Servi Dei Joannis Didaci Cuauhtlatoatzin Viri Laici (1474-1548). Positio super fama sanctitatis, virtutibus et cultu ab immemoriabili praestito ex officio concinnata, Romae 1989, Doc. IX. .

    10. Desde el punto de vista jurídico se abrió un proceso en 1666 para reconocer la historicidad del Acontecimiento Guadalupano y de Juan Diego; los resultados del proceso se conocen como Informaciones Jurídicas de 1666 Las Informaciones Jurídicas sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego es uno de los documentos más seguros por su naturaleza, objetivo y destinatarios sobre el tema que nos ocupa. Se llevaron a cabo en dos momentos, el primero, del tres de enero al 14 de abril de 1666 recopiló los testimonios de indígenas, entre los 80 y los 115 años, vecinos de Cuauhtitlán, cuyos antepasados habían conocido muy bien al indio Juan Diego. El segundo, se desarrolló del 18 de febrero al 11 de marzo y recogió los testimonios de doce ancianos de descendencia española, diez de ellos eclesiásticos y dos laicos. La petición fue hecha por el entonces obispo de Puebla, Diego Osorio de Escobar y Llamas, Gobernador de la Arquidiócesis de México, sede vacante, y por el Virrey de la Nueva España, Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar. La importancia de estas informaciones no es solamente desde el punto de vista de proceso jurídico, sino también como expresión escrita de diversas tradiciones orales, transmitidas por generaciones. Dichas Informaciones, así como los documentos recuperados de la biblioteca que el historiador italiano Lorenzo Boturini reunió en 1739 sobre el Hecho Guadalupano y sobre el indio Juan Diego, junto con muchos otros monumentos históricos nos ofrecen suficientes datos que ubican en la historia los sucesos ocurridos en la colina del Tepeyac aquel año de 1531., y fueron enviados a Roma.

    11. En 1720, el entonces arzobispo de México, José de Lanciego y Aguilar, aprobó que se realizara una nueva investigación, que originó las llamadas Informaciones de 1723, confirmando nuevamente la tradición de la milagrosa imagen de nuestra Señora de Guadalupe.

    12. El 2 de julio de 1757, el Papa Benedicto XIV, a través de la Sagrada Congregación para los Ritos concedió la Misa propia y el Oficio Divino para el 12 de diciembre, extendiendo esta concesión a todos los dominios de España

    13. En 1891, el Papa León XIII, ante la petición explícita del episcopado mexicano, ratificó lo que ya había concedido su predecesor Benedicto XIV, añadiendo referencias más explícitas sobre el Hecho Guadalupano y sobre Juan Diego, incluyendo parágrafos enteros del Nican Mopohua en las lecturas del Oficio Divino

    14. En 1894 se otorgó la coronación canónica de la Virgen de Guadalupe.

    15. En 1899 se llevó a cabo el Concilio Plenario Latinoamericano. Allí se invocó a la Virgen de Guadalupe, y se colocó el acontecimiento Guadalupano como punto de referencia fundamental para comprender el catolicismo en América Latina, y para iniciar una nueva etapa evangelizadora.

    16. En 1910 los obispos mexicanos, junto con numerosos obispos latinoamericanos, pidieron al Papa Pío X que proclamara a la Virgen de Guadalupe Patrona de toda América Latina, y extendiera la festividad litúrgica a todo el continente.

    17. El 12 de septiembre de 1933, alrededor de quinientos obispos de todo el continente americano y de otras partes del mundo, enviaron al Papa Pío XI una carta en la que le solicitaban la extensión de la Fiesta y del Patronato de Nuestra Señora de Guadalupe a todo el continente. Lo mismo pidieron los obispos de Filipinas y les fue concedido.

    18. Durante la persecución contra la Iglesia católica en México (1927-1930) la Virgen de Guadalupe fue un punto constante de referencia para el pueblo mexicano. Testimonio de ello era el grito que lanzaban los que morían en defensa de su derecho a expresar y celebrar públicamente su fe: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!

    19. El 12 de octubre de 1945 Pío XII ofreció una alocución radiofónica por el cincuentenario de la coronación pontificia de la imagen de nuestra Señora de Guadalupe, en la que decía: Y así sucedió al sonar la hora de Dios para las dilatadas regiones del Anáhuac. Acaban apenas de abrirse al mundo, cuando a las orillas del lago de Texcoco floreció el milagro. En la tilma del pobrecito Juan Diego –como refiere la tradición- pinceles que no eran de acá abajo dejaban pintada una imagen dulcísima, que la labor corrosiva de los siglos maravillosamente respetarían PIO XII, Alocución Radiomensaje del 12 de octubre de 1945, en AAS XXXVII (1945) 10, p. 265-266..

    20. Por su parte, Juan XXIII, el 12 de octubre de 1961, declaraba en la conmemoración del cincuentenario del Patronato de la Virgen de Guadalupe sobre toda América Latina: La siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive derrama su ternura y delicadeza maternal en la colina del Tepeyac, confiando al indio Juan Diego con su mensaje unas rosas que de su tilma caen, mientras en ésta queda aquel retrato suyo dulcísimo que manos humanas no pintan. Así quería nuestra Señora continuar mostrando su oficio de Madre: Ella, con cara de mestiza entre el indio Juan Diego y el obispo Zumárraga, como para simbolizar el beso de dos razas (...) Primero, Madre y Patrona de México, luego, de América y de Filipinas, el sentido histórico de su mensaje iba cobrando así plenitud, mientras abría sus brazos a todos los horizontes en un anhelo universal de amor JUAN XXIII, Ad christifideles qui ex omnibus Americae nationibus Conventui Mariali secundo Mexici interfuerunt, Roma, 12 de octubre de 1961, en AAS, LIII (1970) 12, p. 685-687..

    21. El 12 de octubre de 1970, el Papa Paulo VI, exclamaba con motivo del 75 aniversario de la coronación pontificia de la imagen: La devoción a la Virgen Santísima de Guadalupe, tan profundamente enraizada en el alma de cada mexicano y tan íntimamente unida a más de cuatro siglos de vuestra historia patria, sigue conservando entre vosotros su vitalidad y su valor, y debe ser para todos una constante y particular exigencia de auténtica renovación cristiana PABLO VI, Nuntius Radiotelevisificus, 12 de octubre de 1970, en AAS, LXII (1970) 10, p. 681..

    22. En 1974 se celebraba el V Centenario de la fecha del nacimiento de Juan Diego, cuando algunos miembros del pueblo de Dios en México, pidieron su canonización, para proponerlo como ejemplo de laico cristiano GONZALEZ Fernández, Fidel, CHAVEZ Sánchez, Eduardo y GERRERO, Rosado José Luis, El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, Ed. Porrúa, México 2000, XXXVIII, Doc. XIII, 119..

    23. Juan Pablo II, durante su primera visita a México con motivo de la inauguración de la III Conferencia del Episcopado Latino Americano, en 1979, se refiere a la Virgen llamándola "Madre de la Iglesia en América Latina", "Estrella de la evangelización" JUAN PABLO II, Alocución por la III Conferencia del Episcopado Latino Americano, 28 de enero de 1979, en AAS LXXI (1979) 3, p. 205.; mientras que de Juan Diego dice: Desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac, tú, Madre de Guadalupe entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de México Id., Alocución a los obispos de América Latina, Primer viaje apostólico a México, México, D. F., 27 de enero de 1979, en AAS LXXI (1979) 3, p. 173..

    24. El Arzobispo Cardenal Ernesto Corripio Ahumada presidió tres de los momentos más importante de todo este afanoso proceso de investigación histórico-científica: el primero, el 7 de enero de 1984, en la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, cuando dio lectura al documento con el que se iniciaba el Proceso Canónico del Siervo de Dios, Juan Diego, el indio humilde mensajero de la Virgen de Guadalupe. El segundo fue el 23 de marzo de 1986, en la Catedral Metropolitana de México, cuando, en su investidura de "Juez Ordinario", presidió la celebración de la última sesión de este proceso, y la Congregación para las Causas de los Santos aprobó el camino realizado Cfr. Carta de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos al Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, 8 de junio 1982, Prot. N. 1408-2/1982, p. XVI, XXIV; XIX.. El tercer momento fue el 9 de octubre de 1989, en la Sala de Acuerdos de la Curia de la Arquidiócesis de México, donde fueron convocados 21 especialistas, investigadores y estudiosos del Acontecimiento Guadalupano, entre los cuales estaba Mons. Guillermo Schulemburg, para emitir, con toda libertad, sus valiosas opiniones a favor o en contra de la causa de Juan Diego; ninguna opinión se vertió en contra de la existencia física del Siervo de Dios y se ahondó positivamente en su fama, virtudes y culto ROMERO Salinas, Joel, Juan Diego, su peregrinar a los altares, Ed. Paulinas, México 1992, p. 54., .

    25. Los resultados y la documentación necesaria fueron enviados a la Santa Sede, a la Congregación para las Causas de los Santos, donde se elaboró la Positio, la cual, en 1989, se puso a la consideración de las tres Comisiones, designadas para el caso: la de historiadores, la de teólogos y la de obispos y cardenales. La Positio fue aprobada en 1990 Cfr. Relatio et Vota de Consultores Históricos, 30 de enero 1990, y de los consultores teólogos, 30 de marzo 1990. , reconociendo que a Juan Diego se le daba culto desde tiempos inmemoriales, apoyando esto con diseños y medallas en los que se le representaba con aureola, o su figura en cálices, púlpitos, altares, exvotos, ofrendas, documentos. Una buena síntesis de todo esto nos la ofrece D. Cayetano de Cabrera y Quintero: Aún los mismos indios que frecuentaban el Santuario se valían de las oraciones de su compatriota viviendo y, ya muerto y sepultado allí, lo ponían como intercesor ante María Santísima, para lograr sus peticiones. Esperamos en Dios que un día lo veamos en el honor de los altares CABRERA y Quintero, Cayetano de, Escudo de Armas, Impresiones del Real, México 1746, p. 345, N° 682..

    26. La Congregación para las Causas de los Santos presentó los resultados obtenidos para que fueran valorados por el Papa Juan Pablo II, a quien correspondía la decisión final. La respuesta fue dada a conocer a través del Decreto de Beatificación del 9 de abril de 1990, con el que se reconocía la santidad de vida y el culto tributado, desde tiempo inmemorial, al Beato Juan Diego. El 14 de abril, sábado de Gloria, en la Catedral Metropolitana, el Sr. Cardenal D. Ernesto Corripio Ahumada dio la jubilosa noticia.

    27. En su segundo viaje apostólico a México, el 6 de mayo de 1990, Juan Pablo II presidio en la Basílica de Guadalupe la solemne lectura del Decreto de Beatificación por confirmación del culto que de tiempo inmemorial le había rendido el pueblo mexicano. En su homilía comentaba: Juan Diego es un ejemplo para todos los fieles, pues nos enseña que todos los fieles de Cristo, de cualquier condición y estado, son llamados por el Señor a la perfección de la santidad por la que el Padre es perfecto, cada quien en su camino (LG 11). Y Juan Diego, obedeciendo cuidadosamente los impulsos de la gracia, siguió fiel a su camino y se entregó todo a cumplir la voluntad de Dios, según aquel modo en el que se sentía llamado por el Señor. Haciendo esto, fue sobresaliente en el tierno amor para con la Santísima Virgen María, a la que tuvo constantemente presente y veneró como Madre y se entregó al cuidado de su casa con humilde y filial ánimo. No es de admirar, pues, si no pocos fieles lo tenían por un santo, viviendo todavía, y le pedían les ayudara con su oración. Esta fama de santidad después de su muerte duró, de modo que no son pocos los testimonios del culto que se le daba, los cuales muestran suficientemente que delante del pueblo cristiano se le nombraba con el título de santo, y así conocido le daban los signos de veneración que suelen estar reservados para los beatos y los santos, como queda patente por los monumentos de arte, en los cuales la efigie de Juan Diego se puede ver adornada con aureola y con otros signos de santidad. Cierto que tales signos de culto se manifestaron sobre todo en el tiempo más cercano a la muerte de Juan Diego, pero nadie puede negar que los mismos han continuado hasta nuestro tiempo, de modo que con seguridad consta el testimonio congruente de un culto peculiar dado sin interrupción a Juan Diego. Habiendo instado muchos obispos y fieles de Cristo, principalmente mexicanos, la Congregación para las Causas de los Santos procuró que se recogieran los documentos que ilustran la vida, virtudes y fama de santidad de Juan Diego, y mostraron el culto que se le diera, los cuales, debidamente investigados, concluyeron con la Positio sobre la fama de santidad, de sus virtudes y culto que se le dio desde tiempo inmemorial JUAN PABLO II, AAS, LXXXII (1990), p. 853-855..

    28. El 12 de octubre de 1992, en el discurso inaugural de la IV Conferencia General del Episcopado Latino Americano, en Santo Domingo, el mismo Juan Pablo II afirmaba con gran fuerza la importancia del Acontecimiento Guadalupano, nombrándolo como ejemplo de evangelización perfectamente inculturada, ya que en la figura de María de Guadalupe se encarnaron auténticos valores culturales indígenas: En el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, se resume el gran principio de inculturación: la íntima transformación de los auténticos valores culturales, mediante la integración en el cristianismo en las varias culturas JUAN PABLO II, Discurso Inaugural en la IV Conferencia General del Episcopado Latino Americano, Santo Domingo, 12 de octubre de 1992, AAS LXXXV (1993) 9, p. 826, N° 24..

    29. El 28 de octubre de 1998 se presentó el resultado de la investigación realizada por una Comisión Histórica formada ex profeso por la Congregación para las Causas de los Santos y la Arquidiócesis de México. Su trabajo fue tomar en cuenta todo lo ya realizado e investigar en Archivos y Bibliotecas de varias partes del mundo, estudiar y analizar desde la tradición oral continua e ininterrumpida que se ha mantenido en la memoria del pueblo, hasta fuentes documentales como mapas, códices, anales, testamentos, cantares, narraciones, Nican Mopohua, Nican Motecpana, Información de 1556, Informaciones Jurídicas de 1666, los importantes escritos de los primeros frailes misioneros y otros muchos documentos. Los resultados comprueban y confirman la verdad del Acontecimiento Guadalupano, la historicidad del indio Juan Diego, modelo de santidad, y su papel como mensajero y misionero laico elegido por Nuestra Señora de Guadalupe. Lo más importante de la investigación fue publicada en un libro bajo el título "El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego" Cfr. Nota 14. y fue entregado a prestigiados estudiosos en Historia de la Iglesia, grandes conocedores de México y de América Latina. Todos, de manera unánime han dado su confirmación positiva, tanto de la historia del Acontecimiento Guadalupano, especialmente del Beato Juan Diego, como de la metodología científica usada en la investigación.

    30. El 22 de enero de 1999, durante su cuarta visita a México, Juan Pablo II dejó oír nuevamente su voz, declarando la importancia del mensaje Guadalupano comunicado por el beato Juan Diego, y confirmando la perfecta evangelización que nos ha sido regalada por nuestra Madre, María de Guadalupe, a quien declaró "Patrona de todo el continente Americano" y "Estrella de la primera y de la nueva evangelización" JUAN PABLO II, Ecclesia in America, México 22 de enero de 1999. Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1999, n. 11.70. Véase también en AAS, 85 (1993), p. 826..

    31. Después de nuevos estudios sobre la figura histórica del Beato Juan Diego y sobre las apariciones de Guadalupe Una Comisión de Historiadores, presidida por el Prof. P. Fidel González Fernández, Consultor de la Congregación para las Causas de los Santos, en 1998 llevó a cabo una atenta revisión de todos los documentos hasta ese entonces conocidos, relativos al Beato Juan Diego y a las apariciones de Guadalupe. Además se realizaron nuevas investigaciones en otros archivos de los Estados Unidos de América, Viena, Ciudad del Vaticano, España, México y en otros lugares. Las conclusiones, que han confirmado científicamente los datos históricos tanto del Beato como del Evento Guadalupano, han sido compartidas por eminentes estudiosos y fueron publicadas en: FIDEL GONZALEZ FERNÁNDEZ, EDUARDO CHAVEZ SÁNCHEZ Y JOSE LUIS GUERRERO, El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego. Ed. Porrúa, México 2000., bajo la dirección del Emmo. Sr. Ernesto Cardenal Corripio, se llevó a cabo la Investigación diocesana (1990-1994) acerca de una supuesta curación milagrosa, atribuida a la intercesión de dicho Beato. El caso en cuestión inició el 3 de mayo de 1990, cuando un joven de 20 años de edad, llamado Juan José Barragán Silva, cayó de una altura aproximada de 10 metros, sobre la banqueta de cemento, con un fuerte impacto valorado en 2,000 kg., con fractura múltiple del hueso craneal y fuertes hematomas. Según la valoración de los médicos, la mortalidad instantánea superaba el 80%. El 26 de febrero de 1998, los médicos especialistas de la Congregación para las Causas de los Santos examinaron y aprobaron por unanimidad los estudios que los médicos mexicanos habían hecho en el proceso diocesano, pues comprobaron que era naturalmente inexplicable que Juan José estuviese vivo y sano, con una curación rápida, completa y duradera; era una inexplicable curación según el conocimiento de la ciencia médica. La madre del joven fue la que, con gran fe, invocó al Beato Juan Diego por la salvación de su hijo. El 11 de mayo de 2001, en Sesión Especial para estudiar el milagro, los consultores teólogos, presididos por el promotor de la fe, aprobaron el milagro sucedido por intercesión de Juan Diego Cuauhtlatoatzin, con voto afirmativo unánime CONGREGATIO DE CAUSISI SANCTORUM, Canonizationis Beati Ioannis Didaci Cuauhtlatoatzin, viri laici (1474-1548) Relatio et Vota, Congresus Peculiaris super Miro, 11 de mayo de 2001, Mexicana, P. N. 1408, Tip. Guerra, Roma 2001.; a idéntica conclusión llegaron los cardenales y obispos reunidos en Sesión ordinaria, el 21 de septiembre del mismo 2001.

    32. Los obispos del episcopado mexicano, en su Carta Pastoral del 12 de octubre de 2001 decían: La verdad de las apariciones de la Santísima Virgen María a Juan Diego en la colina del Tepeyac ha sido, desde los albores de la evangelización hasta el presente, una constante tradición y una arraigada convicción entre nosotros los católicos mexicanos, y no gratuita, sino fundada en documentos del tiempo, rigurosas investigaciones oficiales verificadas el siglo siguiente, con personas que habían convivido con quienes fueron testigos y protagonistas de la construcción de la primera ermita CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO, El Acontecimiento Guadalupano Hoy, n. 3 (...) Consideramos también deber nuestro manifestar que la historicidad de las apariciones, necesariamente lleva consigo reconocer la del privilegiado vidente interlocutor de la Virgen María Ibíd.., n. 9..

    33. El decreto "acerca del milagro" fue promulgado en ciudad del Vaticano ante Su Santidad Juan Pablo II el 20 de diciembre de 2001.

    34. Esta tradición centenaria, en la que confluyen diversos miembros del pueblo de Dios en México, España, Vaticano, nos indica que el tema en cuestión es más que un simbolismo. En efecto, el culto desde tiempos antiguos se convierte en una realidad que se va imponiendo como expresión de fe y reconocimiento de algo que realmente aconteció en la historia, en los personajes identificados por la misma tradición, a saber, Santa María de Guadalupe, Juan Diego, Fray Juan de Zumárraga y Juan Bernardino. A eso habrá que añadir los diversos testimonios escritos, representativos y arqueológicos, cuya importancia será mencionada más adelante.

     

      Oposiciones y problemas


    35. El argumento Guadalupano ha sido objeto de apasionados debates históricos, pero podemos decir que pocos eclesiásticos y seglares mexicanos se han opuesto a la historicidad del Hecho y, consiguientemente, de Juan Diego. Algunos explican que el Hecho Guadalupano es un mito religioso usado para representar las antiguas tradiciones religiosas mexicanas, que luego fueron asumidas en forma sincretista por el catolicismo. Otros consideran el Hecho Guadalupano como un mero instrumento pedagógico de la catequesis misionera a favor de los indígenas. Unos más consideran el Hecho Guadalupano como una invención del criollismo nacido en el siglo XVII, para darle fuerza al naciente nacionalismo mexicano En 1995 apareció publicada la obra del sacerdote historiador norteamericano Poole Stafford. Se empeña en demostrar que "Guadalupe" es un símbolo religioso nacional inventado por los criollos del siglo XVII, para oponerse a los peninsulares españoles y ofrecer un fundamento religioso a los mexicanos de entonces, que años después desembocó en la Independencia. Las apariciones serían el instrumento de este simbolismo, que con el paso del tiempo impusieron la devoción Guadalupana a la opinión pública como un hecho histórico. STAFFORD, Poole, Our Lady of Guadalupe. The Origins and Sources of a Mexican National Symbol, 1531 – 1797. The University of Arizona Press, Tucson and London 1995.. Hay quienes apoyan su duda sobre la historicidad del Hecho Guadalupano en la ausencia de fuentes claras y precisas en los primeros veinte años inmediatos al Acontecimiento; especial relevancia se le da a la ausencia de documentos franciscanos que lo mencionen, sobre todo la falta de datos de uno de los protagonistas del Hecho, el obispo fray Juan de Zumárraga. Finalmente, hay quienes no niegan la historicidad de lo sucedido, pero afirman que lo fundamental es el simbolismo que encierra, es decir, la representación del drama de la conquista, que incluye las diversas actitudes de los misioneros y el trauma de los indígenas en los primeros momentos de la evangelización Cfr. GONZALEZ, Fidel, m.c.c.j, La Virgen de Guadalupe de México y el indio Juan Diego, ¿mito, símbolo o historia?, en L'Osservatore Romano, edición semanal, n. 51, del 21 al 27 de dic., 2001, p. 11..

    36. Los que niegan la historicidad de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego afirmando que ambos forman parte de la catequesis simbólica, consideran que sacarlos de este simbolismo, llevaría a una fantasía histórica. En este sentido, canonizar a Juan Diego equivaldría a canonizar un símbolo, no a una persona real. Por lo demás consideran que, negar la historicidad del Hecho, en nada contradice la importancia de la devoción Guadalupana a lo largo de la historia de México.

    37. Esta postura reciente y las oposiciones antiguas El primero de todos fue fray Francisco de Bustamante, provincial de los franciscanos en México (1556) y su histórica desavenencia con el arzobispo dominico Alonso Montúfar, que le llevó, junto con otros de sus hermanos frailes a mostrarse resueltamente hostiles, ya no digamos contra la aparición, sino contra la misma devoción a la Virgen de Guadalupe, afirmando que era falsa, promotora de la idolatría y, por lo mismo, demoníaca. Le sigue el Pbro. Juan Bautista Muñoz, quien en una disertación ante los miembros de la Academia "Memorias sobre las apariciones y el culto de Nuestra Señora de Guadalupe de México" (1794) afirmaba que en todos los documentos que le habían hecho llegar por orden del rey Carlos III, su tutor, no había encontrado ninguna referencia sobre quienes habían vivido el Hecho, y que nada tenían que aportar los documentos indígenas, a los que denominaba "papeles mugrientos" y sin valor por provenir de los indios. Posteriormente están el brillante y megalómano Fray Servando Teresa de Mier (1794), Joaquín García Icazbalceta (1800), y los recientes encabezados por Mons. Guillermo Schulemburg Prado, ex abad de Guadalupe, los canónigos Carlos Warnlholtz Bustillos y Esteban Martínez de la Serna y el Pbro. Manuel Olimón Nolasco. han obligado a revisar la documentación histórica y a proseguir la investigación en archivos y bibliotecas, para aclarar dudas y llegar razonablemente a una conclusión positiva o negativa, con rigor científico, sobre la historicidad objetiva del Acontecimiento Guadalupano y del indio vidente Juan Diego. Los resultados de tales trabajos fueron presentados por el R. P. Fidel González Fernández, m.c.c.j., catedrático de la Universidad Pontificia Urbaniana de Roma y de la Pontificia Universidad Gregoriana también de Roma en un Congreso convocado para esta finalidad por la Congregación de las Causas de los Santos, el 1 de noviembre de 1998. La relación fue acogida y aprobada por unanimidad en esa sesión, presidida por el Prefecto de dicho Dicasterio, para darle el debido curso canónico GONZALEZ Fernández Fidel, o. c., p XVI y XVII..

     

      Convergencia de las pruebas documentales


    38. Las obras hasta ahora analizadas afirman, de manera convergente y no prefabricada, la historicidad del Acontecimiento Guadalupano y de todos sus protagonistas. Esto no niega que en algunos casos se presenten determinadas hipótesis razonables de carácter histórico, para explicar posibles dudas o vacíos, como el llamado "silencio Guadalupano" de algunos personajes eclesiásticos y civiles del siglo XVI Ibíd., p. XVII. Aun cuando haya excepciones, podemos avanzar la hipótesis plausible de que los franciscanos de la primera mitad del siglo XVI guardaron silencio para no favorecer las supersticiones, destruyeron códices, templos tradicionales y manifestaron desconfianza hacia todos los elementos culturales y religiosos de las tradiciones indígenas..

    39. El trabajo de investigación ha seguido una ruta rigurosamente crítica histórica en la búsqueda y valoración de documentos que se encuentran en archivos y bibliotecas. Ello ha implicado para los estudiosos la obligación de respetar las características peculiares, según se trate de obras indígenas, españolas o mestizas, y la índole histórica de la documentación. Asimismo han averiguado si estas fuentes son fidedignas total o parcialmente, y en qué medida, y si en ellas se encuentran elementos históricos sólidos que fundamenten la historicidad del Acontecimiento Guadalupano y del vidente Juan Diego Ibíd.., p. XVIII.. Finalmente han tomado en cuenta el origen, destinatario, contexto y finalidad de todos estos documentos para entender su propósito y alcance.

    40. Los documentos españoles del siglo XVI, que mencionan a "Guadalupe" son numerosos, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo. Con frecuencia se refieren directa o indirectamente al culto dado a la Virgen de Guadalupe en su ermita, ubicada entonces en las afueras de la ciudad de México. No hablan directa o explícitamente de las apariciones o de Juan Diego, sino que son alusiones circunstanciales o de paso Es el caso de las mandas, herencias dejadas para el servicio de la ermita, visitas de personajes de la vida pública cuando entraban al reino de la Nueva España, controversias de diversa índole.. Hasta el presente no se ha llegado a encontrar documento alguno, entre 1531 y 1548, que se refiera al Hecho Guadalupano, ni siquiera de uno de los protagonistas, Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, muerto en 1548. No obstante, este silencio ni prueba ni niega nada.

    41. A partir del dominico Fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de México, el guadalupanismo comienza a ser una tónica común en los arzobispos de México, mientras que en la sociedad del siglo XVII es ya un elemento esencial de la conciencia católica mexicana y de la pertenencia nacional de los mestizos; por lo que no es sorprendente que haya inspirado movimientos sociales, culturales, religiosos y políticos, que fueron favoreciendo una mentalidad que desembocó en la Independencia Cfr. NEBEL, Richard, Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe. Continuidad y Transformación Religiosa en México. México 1996 –traducción de la obra alemana de 1992-, Fondo de Cultura Económica, p. 237-238..

    42. A esto hay que añadir que tanto la tradición oral continua, tan importante entre los pueblos mexicanos (a base de cantos, poemas), como los diversos escritos, indígenas, mestizos y españoles de naturaleza varia (narrativos Las fuentes narrativas, sin ser las únicas, sí forman una buena parte de las fuentes guadalupanas. Se presentan bajo la forma de anales, crónicas, cantares, que fijan una tradición oral., epistolares Prácticamente todas las fuentes epistolares son de origen español., jurídicos Los escritos jurídicos son muy variados y se refieren al gobierno de la Iglesia o del culto, como los legados de herencias, los testamentos, las indulgencias, las gracias concedidas a Santa María de Guadalupe, la disputa entre el provincial franciscano Bustamante y el segundo arzobispo de México Montúfar, disputas con los frailes jerónimos de Extremadura... y administrativos Las fuentes administrativas reflejan la ordenación del territorio novohispano mediante los censos, los mapas topográficos, algunos de los cuales señalan desde temprana hora la existencia de la primera ermita en el Tepeyac.), las representaciones (pinturas La iconografía sobre Juan Diego, unida a la Guadalupana, crece, sobre todo, a partir del siglo XVII, en templos donde existe población mayoritariamente indígena. Por ejemplo, en san Lorenzo Ríotenco, los jesuitas, difusores convencidos de la tradición Guadalupana, propiciaron la construcción de un templo(finales del XVI o principios del XVII) cuyo retablo representa la imagen Guadalupana y a Juan Diego en lugar del "ángel" que aparece ordinariamente llevando sobre sus hombros a la Morenita. Especial mención reserva la tradición oral a la tilma o ayate donde se encuentra plasmada la imagen de la Virgen de Guadalupe, y que algunos de los documentos, sobre todo indígenas del siglo XVI, afirman que se trata de la misma tilma de Juan Diego. La iconografía indígena caracteriza a Juan Diego con la aureola de santo y algunos de los Códices indígenas que sobrevivieron a la destrucción, representan al macehual con signos que los mismos naturales reservaban para lo sagrado, signos que conocemos por lo que afirman Fray Bernardino de Sahagún y Fray Jerónimo de Mendieta, y en 1578, el misionero dominico Fray Diego Durán., esculturas) y la arqueología Las fuentes arqueológicas se encuentran en un estado incipiente. Lo que hasta el presente se puede afirmar es que, en los lugares donde vivió Juan Diego, desde el siglo XVI los indígenas han sostenido una continua veneración por el beato, expresada en capillas y ermitas. Así por ejemplo, en el valle del Anáhuac hay tres lugares donde la tradición oral consigna que tienen que ver con el nacimiento y la residencia de Juan Diego: Cuauhtitlán, Tulpetlac y San Juanico. En Cuauhtitlán, existe tres construcciones: la primera, los restos de una casa indígena prehispánica, sobre la cual se construyó en el siglo XVI una pequeña capilla cristiana, que a su vez sirvió de base para el actual templo de finales del siglo XVIII y principios del XIX, dedicado a la Virgen de Guadalupe. Sobre esta lugar existe una tradición indígena sin interrupción sobre la existencia de este lugar de culto unido a la historia de Juan Diego. Las mismas Informaciones Jurídicas de 1666 afirmaron unánimemente que éste era el lugar del nacimiento de Juan Diego. muestran cómo, en torno al Hecho histórico Guadalupano, se va desarrollando una creciente atención y devoción a María de Guadalupe, íntimamente ligada a la gran veneración popular al vidente Juan Diego.

    43. Siguiendo los criterios de realismo, imparcialidad y moralidad histórica, los peritos nos presentan las siguientes conclusiones: por un lado, la investigación histórica sigue abierta; por otro lado, los datos con los que ya contamos, son más que suficientes para afirmar con certeza la convergencia en hablar de Guadalupe (distinta de la de Extremadura, España Tengamos presenta que la devoción a la Virgen de Guadalupe existía ya en Extremadura, lugar de procedencia de Hernando de Cortés, el conquistador, y formaba parte del profundo sentido mariano de los conquistadores y misioneros. El Acontecimiento Guadalupano en México es diverso y no viene a ser un sustituto que reemplace a las deidades maternas de la cultura náhuatl (Coatlícue, Cihuacóatl...), sino que fue un acontecimiento histórico, reafirmado por los más antiguos documentos hasta ahora encontrados y estudiados.) y de Juan Diego, como una fuerza increíble y extraordinaria que se convierte en punto central de una nueva historia religiosa y de encuentro entre dos mundos, hasta ese momento en violenta y dramática contraposición Cfr. GONZALEZ, Fidel, o. c., p. XXIX..

    44. De todo lo anterior se sigue que sólo la afirmación clara de la historicidad de lo acontecido en el Tepeyac llena de contenido un símbolo que hace razonable una práctica y una devoción mariana como Guadalupe. A partir de esta semilla sembrada en el Tepeyac comenzó una devoción incontenible de indios, españoles, criollos y mestizos que nadie ha podido frenar. Guadalupe se ha convertido en el punto de llegada y de partida de todos los que reconocen en la siempre Virgen María de Nazaret, a la Madre de Jesús, el Hijo Unigénito de Dios, encarnado por obra del Espíritu Santo, y a la Madre de todos, hecho histórico que comenzó con la aparición de esta Celestial Señora a un indio llamado Juan Diego Cuauhtlatoatzin.


     

    II. JUAN DIEGO PREEVANGELIZADO



     

      Algunos datos biográficos iniciales


    45. Juan Diego Cuauhtlatoatzin, al parecer, vio la primera luz hacia 1474 y murió en 1548. Su vida transcurría como la de muchos de sus contemporáneos. Habiendo nacido en Cuauhtitlán, de la etnia chichimeca, reino de Texcoco, se crió en el barrio de san José Millán; luego se fue a vivir a Tulpetlac, municipio de Cuauhtitlán, conservando la propiedad de su casa natal Informe económico para la edificación de la capilla de Juan Diego en Santa María Tulpetlac, 1791, Archivo General de la Nación, Archivo Histórico de Hacienda, Legajo 674-2 (antiguo) 91.. Contrajo matrimonio en santa Cruz el Alto (Tlacpan), cerca de san Pedro, con la joven Malitzin, quien en su bautismo tomó el nombre de María Lucía, la cual murió dos años antes de las apariciones de la Inmaculada Cfr. IXTLIXOCHITL, Fernando de Alva, Nican Motecpana, en DE LA TORRE Villar Ernesto y NAVARRO de Anda Ramiro, Testimonios Históricos Guadalupanos, Fondo de Cultura Económica, 1ª. Edición , México 1982, p. 305..

    46. Por fuentes históricas sabemos que Juan Diego tuvo descendencia. Los descendientes que procreó parecen haber sido ignorados por el gran Lorenzo Boturini Benalluci, quien pretendía a toda costa defender la virginidad total del beato, como una gloria singular de Juan Diego y como defensa contra la pretensión de algunos que neciamente quisieran aparecer como sus descendientes y parientes en línea recta. Sin embargo, los misioneros franciscanos dan fe de esta prole tenida antes de que fuera bautizado. Así se habla de la religiosa clarisa Gertrudis de Torres Vázquez, bautizada el 2 de marzo de 1703 y muerta el 1 de abril de 1774, que ingresó al convento de Corpus Christi a la edad de 23 ó 24 años, e hizo su profesión religiosa el 2 de febrero de 1726. Se dice que era tenida por descendiente del dichoso Juan Diego, Cfr. Vida de Gertrudis de Torres Vázquez, en Apuntes de varias vidas de Religiosas que han florecido en virtudes en este convento de Corpus Christi. De Indias Caciques, s. n. f. El 24 de mayo de 1739 recibió el hábito de religiosa en el mismo convento de franciscanas descalzas doña María Micaela Antonia de Escalona y Rosas, quinta nieta del venerable y venturoso indio Juan Diego, en Gacetas de México, Ed. SEP, t. III, México 1950, p. 178..

    47. Juan Diego y Juan Bernardino tenían "casas y tierras" heredadas de sus "padres y abuelos", Nican Motecpana, Ibidem. es decir, desde tiempos antiguos, lo que puede indicar que no eran miembros de un calpulli, donde la tierra era propiedad comunal, sino que ellos tenían la responsabilidad de la manutención y del bienestar de otras familias de trabajadores.

    48. Todavía no se edificaba el convento de Tlatelolco El convento franciscano fue construido en 1540., cuando ya funcionaba allí un centro de evangelización desde 1524; los frailes asistían entre semana, cada tercer día, y todos los domingos y fiestas Cfr. MOTOLINIA, Fray Toribio Paredes de Benavente, Historia de los Indios de la Nueva España. Editorial Porrúa. Colección "Sepan Cuantos", n° 129, 4ª edición. México 1984. Tratado II, c. I, n° 190, p. 78.. Para 1528 Juan Diego había entrado en contacto con los misioneros franciscanos y, tocado por la gracia de Dios, terminó por solicitar el Bautismo. Con su esposa María Lucía, inició su camino de preparación, bajo la sabia dirección de Fray Toribio Paredes de Benavente, que adoptó el sobrenombre de "Motolinía" "Motolinía" quiere decir "pobre" o "el que se automortifica".. De él aprendió la doctrina cristiana y las exigencias de vivir de acuerdo con el Evangelio, así como la excelencia de la virtud de la pureza y castidad, hasta el grado de decidir, junto con su esposa, vivir castamente una vez recibido el Bautismo Cfr. BECERRA Tanco, Luis, Felicidad de México, en DE LA TORRE Villar, Ernesto y NAVARRO de Anda, Ramiro, Testimonios Históricos..., p. 330. IXTLIXOCHITL, Fernando, Nican Motecpana, en DE LA TORRE Ernesto, o. c., p. 305.. Fue bautizado con el nombre de Juan Diego BECERRA, o. c., p. 312..

    49. Cuando andaba en los 57 años, es decir, siendo ya un hombre cabal y con buen grado de madurez, comenzó a ser conocido como uno de los protagonistas de los hechos en la colina del Tepeyac. Este repunte de su personalidad nos lleva a la necesidad de preguntarnos sobre el tipo de formación tenida, que le permitió alcanzar una madurez humana respetable y que fue la base de su santidad cristiana.

     

      A propósito de la educación indígena


    50. Muy diversas eran las culturas indígenas que habitaban el territorio de lo que luego llegó a ser México. Al referirme al mundo de la educación estoy hablando de una cultura que sobresalió por su contacto inmediato con lo que hemos venido nombrando el Acontecimiento Guadalupano, me refiero a la cultura náhuatl.

    51. Fray Bernardino de Sahagún consignó por escrito el tipo de educación esmerada que recibían los indígenas Cfr. SAHAGUN, Fray Bernardino de, Historia General de las Cosas de la Nueva España, Porrúa, Colección "Sepan Cuantos", n° 300, México, 1975, p. 297-299.. Las virtudes domésticas comenzaban a sembrarse desde que la madre estaba segura de haber quedado en cinta. Con tiernos y solemnes discursos el abuelo o el miembro más anciano de la familia se dirigía a la embarazada, recordándole que el fruto en camino era obra del señor Dios, que debía cuidar de ese fruto divino absteniéndose de levantar cosas pesadas, evitar discusiones con el marido y disminuir las relaciones maritales para no hacer daño a la criatura en formación, y terminaba deseándole dicha, salud, alegría y un parto sano Cfr. Ibíd., p. 369-370..

    52. Todo el proceso del embarazo y el mismo parto era acompañado por nuevos discursos, oraciones y consejos. Cuando la mujer daba a luz, la partera prorrumpía en gritos de victoria en nombre de la parturienta, indicando así que ésta había superado valientemente la prueba, y había cautivado a una criatura Cfr. Ibíd., p. 383.. Y si era varón, lo recibían con la advertencia de que venía a un mundo que no era el suyo, y que su verdadero nacimiento dependería de que tuviera el honor de merecer la muerte florida, es decir, de morir como prisionero de guerra sacrificado a la divinidad Cfr. Ibíd., p. 384-385. Desearle a un recién nacido la "muerte florida" requiere conocer el significado del concepto "guerra florida" en la antigua cultura mexicana. Ellos veían que dos veces al día el cielo se inundaba de "sangre" cuando el sol muere tragado por la tierra y surgen la luna y las estrellas, que a su vez, mueren cuando el sol nace al amanecer. Los sabios mexicanos consideraban que la vida era movimiento, mientras que la muerte significaba dejar de moverse. El elemento humano que siempre estaba en movimiento era el corazón y la sangre, por lo que llamaban a la vida "yoliztli". Ahora bien, tanto el corazón como la sangre eran dones recibidos del sol (Quetzalcóatl) y que todos los seres vivios necesitaban para resucitar cada día. Ahora bien, el mismo sol necesitaba de esta sangre para seguir en movimiento, lo cual significaba vida y estabilidad para el universo. Por lo mismo, poder ofrendar el propio corazón, es decir, el propio movimiento o la propia vida era un deber y un privilegio reservado a los valientes muertos o capturados en la guerra. Morir en la batalla o ser ofrendados en sacrificio era el camino para adquirir la verdadera vida, pues quedaban divinizados. De este modo, la guerra mexicana no era directamente para matar enemigos, sino para que el Sol pudiera "cosechar corazones" en ambos ejércitos. Así pues, los indígenas aztecas veían la guerra como una vocación religiosa, profundamente ascética y exigente, ya que no se trataba de herir y matar, sino de capturar "corazones". Si un guerrero mataba a su adversario, se sentía avergonzado de no haber sabido vencerlo desarmándolo, y el que había muerto era considerado glorioso por haberse sabido defender y logrado la victoria de la "muerte florida", o sea, la divinización. Por tanto, un guerrero mexicano tenía que vencer dos impulsos fuertes: su miedo instintivo al peligro y la muerte, y su ansia agresiva de matar, por lo que la batalla resultaba una verdadera ascesis de autodominio, que empezaba a aprender desde el hogar. La guerra era un acto de amor a Dios y al prójimo, una vocación de engrandecimiento propio, pero a partir de la renuncia a sí mismo y de servicio a los demás. Era algo semejante al martirio. En la guerra florida se buscaba el bien del enemigo, pues se le ayudaba a que se hiciera realidad el sueño de entregar totalmente su vida para que "Dios viviera" y así hubiera estabilidad para todos los que vivían en este mundo..

    53. La figura materna era muy cercana, mientras que la del padre era lejana por andar en las batallas. Cuando éste visitaba a los suyos, en lugar de ponerse a jugar con sus hijos e hijas, se dedicaba a ofrecerles elementos educativos a través de discursos: los invitaba a prepararse para la vida, les enseñaba el modo cómo acercarse a Dios para obtener sus favores, les recordaba que había que ganarse el pan diario, para lo que tenían que aprender oficios diversos, como el trabajar las plumas u oficios mecánicos, o la agricultura (maíz, maguey, árboles frutales, tunas), les ilustraba cómo hacerse amigos de Dios acercándosele con humildad y esperanza y cómo vivir en paz con todos, siendo prudentes en el hablar y no violentos ni vengativos, dejando a Dios el juicio de quien les hubiera hecho algún mal; en fin, los animaba a emplear diariamente el tiempo en cosas provechosas Cfr. Ibíd., p. 343-345..

    54. La educación indígena proporcionada por las instituciones educativas de entonces, al mismo tiempo que amorosísima era muy severa. El Calmécac y el Tepochcalli eran las dos instituciones oficiales que se encargaban de la educación. La disciplina férrea y militar que se impartía buscaba formar personas virtuosas, generosas, abiertas a Dios para descubrir su voluntad, laboriosas, amantes de la paz, respetando y reverenciando a todos, con simplicidad de vida, que supieran aprovechar el día y la noche y que evitaran caer en la ciencia vana. Quien iba allá, era enseñado a no mirar atrás: tenía que aprender a dejar la familia, los parientes, las comodidades; ejercitarse en barrer, recoger, arreglar, pasar la noche en vela. Un texto muy ilustrativo de esta educación dice así: "cuando haya que correr, correrás, te darás prisa, no serás pesado ni haragán. Sólo una vez tendrás que oír, con una vez que se te llame te pondrás en pie con agilidad, de un salto, no se te llamará dos veces; y aun cuando no te llamen, levántate, ve corriendo por lo que tienes que traer, haz lo que se quiere que hagas. Vas a obedecer, a humillarte, a vivir en pobreza. Pues cuando ya te pongas algo duro, si suda o se inquieta tu cuerpo, refrénate, sométete, no recuerdes, no desees el polvo y la basura. Esfuérzate cuanto puedas por desechar el desasosiego de la sensualidad. Lo que tienes que hacer es cortar espinas y ramas de abeto y ofrecerlas (cubiertas con tu sangre), y meterte en el agua helada (= mortificación). No comas hasta hartarte, conoce y ama la abstinencia... No uses demasiada ropa; no tiemble tu cuerpo con el frío... Llégate a la prudencia de los prudentes, de los sabios, conserva la ciencia y la sabiduría antigua por escrito SAHAGUN, Fray Bernardino, Códice Florentino, Huehutlatolli, Libro Sexto, p. 126-128. ANDERSON, Arthur J. O., y DIBBLE, Charles E., Florentine Codex, 12 Volúmenes, 2a. Edition, The School of American Research and the University of UTA, 1982. Es una edición crítica de todo el Código Florentino, con traducción al inglés. "

    55. Así pues, aun cuando no contemos con una biografía de Juan Diego Cuauhtlatoatzin antes de su conversión, al leer sobre las costumbres familiares y sobre la educación que recibían los niños, podemos deducir que lo que Juan Diego manifestó de su personalidad en el encuentro con la Virgen y en su vida de convertido al cristianismo, no apareció como por arte de magia, sino que fue el florecimiento de las semillas que sembraron en su casa sus parientes y sus maestros.

     

      Su muerte


    56. Después de servir a la Señora del Cielo durante 16 años, murió en 1548, a la edad de 74 años Algunas fuentes históricas donde se habla de la muerte del Beato Juan Diego son: el Códice Escalada, Noticias Curiosas, Nican Motecpana. En Anales de Puebla y Tlaxcala o Anales de los Sabios Tlaxcaltecas o Anales de Catedral, AHMA, AAMC, n° 18, 1, se dice: Año de 1148 omomiquili in Juan Diego in oquimotenextilitzino in tlazo Cihuapilli Guadalupe México", es decir, "Año de 1548. Murió dignamente Juan Diego, a quien se le apareció la preciosa Señora de Guadalupe de México". También Añalejo de Bartolache o Manuscrito de la Universidad, BNAH, Archivo Histórico, Archivo de Sucs. Gómez de Orozco, que dice: "Tecxia 1548, Omomiquilili Juan Diego in oquimonextilli in tlazocihuapilli Guadalupe México. Otecihuilo niztac tépetl", es decir, "Año técpatl, 1548 Murió dignamente Juan Diego (a quien) se dignó aparecer la amada Señora de Guadalupe de México. Granizó en el cerro blanco"., año en que también falleció Fray Juan de Zumárraga Fray Juan de Zumárraga murió el domingo 3 de junio de 1548, a las nueve de la mañana, estando con todo su juicio. MENDIETA, Jerónimo de, Historia Eclesiástica, o. c., p. 636..Fue sepultado en la ermita, igual que su tío Juan Bernardino Cfr. IXTLIXOCHITL, o. c., p. 305. Juan Bernardino murió a consecuencia de la peste ocurrida en 1544. Como Juan Diego, también él recibió en sueños la visita de la Señora del Cielo, quien le dijo que había llegado la hora de morir, pero que ella estaría a su lado y lo llevaría a su casa, puesto que le había servido con fidelidad. Murió el 15 de mayo de 1544, a la edad de 86 años..

    57. El Códice 1548 o Códice Escalada, descubierto en 1995, ha sido considerado como el acta de defunción de Juan Diego, pues refiere la muerte del beato en 1548. Consigna la fecha de aparición de Guadalupe a Cuauhtlatoatzin. El vidente está representado hincado, de perfil, con la vista hacia el lado derecho, portando el clásico ayate, anudado sobre su hombro derecho. Mira hacia una imagen Guadalupana rodeada de nubes, con la luna a sus pies y estrellas en el manto, posada sobre la falda de un cerro rocoso, con plantas de la estepa del altiplano de México. Al calce, lleva la firma de "Sahún" y el glifo de Antonio Valeriano, como juez ESCALADA SJ, Xavier, Enciclopedia Guadalupana, vol. 5. Excavaciones recientes han sacado a la luz los restos de un santuario mucho más antiguos de los actuales templos guadalupanos, situado en el costado derecho del templo actualmente conocido como "parroquia de indios". Una tradición constante coloca en este lugar la casa de Juan Diego, custodio del santuario. Como se acostumbraba entonces, los cristianos era sepultados en las iglesias o cerca de ellas, por lo cual es probable que Juan Diego haya sido sepultado en dicho lugar, donde se encuentran otras sepulturas de la época virreinal.. Evidentemente éste no es el único códice donde se habla de la muerte de Juan Diego ya que se complementa con la convergencia de otros códices, como por ejemplo el "Códice de la Universidad" o "Códice de Bartolache".



    III. JUAN DIEGO EVANGELIZADOR


    58. Al contemplar la diversidad de etnias indígenas presentes en el territorio mexicano y la manera como han sido tratadas por la sociedad, se antoja como imposible alcanzar su integración a la comunidad nacional sin que pierdan sus valores, incluso su misma identidad. Algo semejante se vivió en los comienzos de la nación mexicana: la cultura náhuatl y la cultura española representaban a dos pueblos enfrentados uno contra otro, y separados abismalmente. No obstante, el Hecho Guadalupano viene a convertirse en el puente de unión genética y mental, con un eje religioso que le da cohesión e identidad nueva y que desembocó en la formación de la raza mestiza.

    59. En este contexto Juan Diego brilla como uno de los protagonistas de esta síntesis admirable: por un lado es indígena con los suyos, con una tradición que venía desde remotos antepasados y cuya permanencia en el tiempo era símbolo de verdad; por otro lado, entra en contacto con el mundo de lo "nuevo" y que, por lo mismo, no tenía garantía de veracidad. No obstante, aprende a dialogar con la fuente de los símbolos españoles, la Virgen María y el fruto bendito de su vientre, Jesús, y lo asimila de manera excepcional en una experiencia religiosa que deja ver la fuerza de la gracia en el escogido. La historia de las apariciones es el testimonio vivo de la eficacia de María como Maestra de un laico indígena evangelizador. El "Nican Mopohua", (= aquí se narra) del sabio y docto indígena Antonio Valeriano, Prácticamente todos los mejores investigadores afirman que el Nican Mopohua es obra del indio Antonio Valeriano. El que el Nican Mopohua sea un relato literario no quita su fundamento histórico, máxime que otras fuentes de diferente naturaleza aportan una convergencia sólida en relación a los datos históricos que nos proporciona. Fue dado a conocer en 1649 por Lasso de la Vega; es como el ejemplo a seguir para otros relatos posteriores. En él aflora el extraordinario mensaje de la maternidad espiritual de María, principalmente hacia los pobres y los desamparados. El Nican Mopohua viene a ser como la culminación de tres milenios de actividad literaria de cantos, crónica y poesía de sabios toltecas, teotihuacanos y los inventores del así llamado "Calendario Azteca", sobre la búsqueda del sentido de la vida, de la muerte, del mundo y de la historia. Su redacción final ya no es solamente indígena, sino que está profundamente coloreado por la cristianización y la cultura humanista europea, en la que fueron formados varios de los misioneros venidos a nuestras tierras. es una relación de alta escuela, donde aparecen íntimamente relacionados los protagonistas: la Madre del Hijo de Dios, Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el obispo Fray Juan de Zumárraga y Juan Bernardino.

    60. Quiero recorrer de nuevo, junto con toda persona de buena voluntad, el mismo camino seguido por estos personajes, especialmente Juan Diego, para experimentar la magia del encuentro íntimo con Jesucristo, que motive la participación de cada uno de nosotros en la misión que estamos llamados a desempeñar en este gran mosaico cultural que forma la porción del pueblo de Dios, México Tenochtitlan Esta segunda sección ha sido inspirada por la "exégesis" realizada por el prestigiado investigador José Luis Guerrero Rosado y plasmada en dos volúmenes: "El Nican Mopohua", un intento de exégesis, U.P.M., Biblioteca Mexicana, 1996..

     

      Un hombre contemplativo


    61. En asuntos de la historia de la salvación, es Dios quien siempre toma la iniciativa. En nuestra historia, la llena de gracia es quien sale al encuentro del que había sido elegido en el misterio del amor divino para una misión excepcional. Así como Dios actuó con algunos profetas del Antiguo Testamento, también la Reina y Señora llama por su nombre a quien ha designado, pero lo hace con delicadeza indígena, teñida de afecto, ternura y reverencia: "... oyó que lo llamaban de arriba del cerrillo, le decían: Juanito, Juan Dieguito" VALERIANO, Antonio, o. c., v. 12

    62. El escogido es un hombre contemplativo, que lo mismo disfruta la belleza de una visión que lo melodioso de la música. Y en esta contemplación aparece en forma elocuente y clarísima el anuncio de la continuidad de los valores del mundo náhuatl, pues el lenguaje está lleno de elementos que hablan de las cosas de Dios, pero ahora restaurados en torno a una figura femenina envuelta por el sol y embarazada por el Espíritu divino: "Oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de muchos pájaros finos... sobremanera suaves, deleitosos..." Ibíd.., v. 8. "Y cuando llegó frente a ella, mucho admiró en qué manera, sobre toda ponderación, aventajaba su perfecta grandeza: su vestido relucía como el sol, como que reverberaba, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos, el resplandor de ella como preciosas piedras..., la tierra como que relumbraba con los resplandores del arco iris en la niebla. Y los mezquites y nopales y las demás hierbecillas que allí se suelen dar, parecían como esmeraldas. Como turquesa aparecía su follaje. Y su tronco, sus espinas, sus aguates, relucían como el oro" Ibíd.., v. 16-21.

    63. El colorido y luminosidad de esta visión nos transporta a la experiencia del monte Tabor, donde Jesús se transfiguró en presencia de sus elegidos, preparándolos así tanto para la próxima pasión, resurrección y glorificación, como para el día de Pentecostés y el envío para evangelizar a todos los pueblos. Juan Diego estaba en el preludio de la misión que la Señora del cielo pronto le iba a encomendar.

    64. ¡Cómo necesitamos recobrar la capacidad de admiración y de contemplación! No por nada el fin último de nuestra vida es interpretado como "contemplación del rostro de Dios"; y el salmista lo convierte en oración: "Tengo sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?" (Sal 42, 3). Recuperar nuevamente la dimensión humana de la vida, disfrutar el encuentro armonioso con el hermano, gozar la belleza de la música, experimentar cómo el amor transforma la misma realidad de todos los días, apreciar el fruto del trabajo honesto y responsable, valorar el cuidado de la creación; esto y más forma parte de nuestro aprendizaje para saber vivir cristianamente en nuestra sociedad, tan avanzada en algunos campos, pero que no raras veces pierde el sentido humano de sus conquistas científicas y técnicas.

     

      Un hombre de oración


    65. A diferencia del temor con el que manejaban los asuntos de Dios en el Antiguo Testamento, Juan Diego es un laico familiarizado con las cosas divinas, tanto al estilo indígena Ibíd.., v. 9-10., como las del Dios predicado por los frailes franciscanos Ibíd.., v. 5-6; 24.. Ante la audición de los cantos y ante la voz a él dirigida, en nada se turba ni se asusta; al contrario, se alegra desde lo profundo de su persona y se pone a escuchar con toda atención Ibíd.., v. 22..

    66. La Muchachita le habla a Juan Diego declarándolo su venerable hijo menor, su pequeñito. Desde ese momento, la Señora lo está presentando a todas las generaciones como a su hijo predilecto. Por su parte, Juan Diego, en su primera contestación a la Reina, le responde en el mismo tono, con una exquisitez que mezcla el cariño, la confianza, la admiración y la reverencia: "Mi Señora, Reina, Muchachita mía..." Ibíd., v. 24.

    67. ¡Quién no se ha sentido arrebatado ante la imagen venerada de Santa María de Guadalupe y la ha invocado con piropos semejantes a los de Juan Diego! Ante un semblante como el suyo, se ablanda hasta el más recio. Contemplar ese rostro es todo un desafío para que admiremos en cada persona la belleza de Dios Padre creador, afeada, sí, por el pecado, pero resplandeciente cuando deja asomar el brillo del Espíritu divino. Escuchar sus palabras, son camino seguro que nos lleva a Cristo.

    68. Delante de la celestial Muchachita, Juan Diego encuentra el lugar para manifestar su profesión de fe en la figura sacerdotal, llamando a los frailes evangelizadores "imágenes de Nuestro Señor" Ibíd.., v. 24., es decir, representación verdadera, presencia concreta de Ometéotl, Dios que une los opuestos. Esto en nada disminuía la obligación que todo jerarca tenía de venerar esa "imagen divina" en sus subordinados, v. gr. los hambrientos menesterosos, los desarropados, los enfermos Cfr. SAHAGUN, Fray Bernardino de, Historia General..., Lib. 6, c. 7, n. 34, p. 315..

    69. Quienes hemos recibido la gracia de participar en el ministerio sacerdotal de Jesucristo somos testigos del respeto y veneración que diversas personas manifiestan hacia los sacerdotes. Siguiendo el ejemplo del Señor, debemos empeñarnos en corresponder a estas muestras de caridad cristiana con una coherencia de vida que transparente a Cristo pastor de su pueblo.

    70. La Virgen Santa María se manifiesta ante Juan Diego como la Madre del verdaderísimo Dios. Y lo hace con naturalidad y sencillez, y con un mensaje que dejaba tranquilos tanto a los suspicaces españoles, que por todos lados descubrían signos de idolatría, como a los desconcertados y humillados indígenas, que se sentían traicionados por sus "dioses". María es transparente y clara con ambos, sin engañar, ofender o desplazar a ninguno. Y el primero a quien no desplaza es a Dios: todo el acontecimiento se centra en el "verdaderísimo Dios", de quien ella es Madre, el único Dios de todos los pueblos y de todos los tiempos y, por tanto, el mismísimo que siempre habían venido adorando los indígenas, quizá sin saberlo. Juan Diego se abre al Evangelio, y por la catequesis de María, su cultura, su religiosidad quedan transformadas y completadas al ser integradas a dicho Evangelio.

    71. Las múltiples culturas o formas de vivir y de pensar presentes en la ciudad de México necesitan contar con un eje que les una y les dé sentido y armonía, que les haga ser riqueza dentro del tejido social; esta es la finalidad del Evangelio de Jesucristo. Anunciarlo de modo que lo conozcan todas las personas no es una moda o algo de lo que se pueda prescindir, al contrario, la cohesión social necesita urgentemente de estos aires saludables.

     

      Servir de puente entre Dios y los hermanos


    72. La petición de María Virgen parecería muy sencilla a primera vista. Sin embargo, "edificar un templo" en la mentalidad náhuatl significaba construir la nación, la raza; mientras que la destrucción del templo equivalía a la desaparición del estado "Por ventura los templos, oratorios y altares, y lugares dedicados a vuestro servicio, ¿habéis de permitir que se destruyan y asuelen, y no haya más memoria de ellos?, SAHAGUN, "Historia General..." Lib. 6, c. 1, n. 9-10, p. 300.. Con la presencia del Evangelio de María de Guadalupe comenzaba una etapa inesperadamente gloriosa de la historia del pueblo náhuatl, presidida por el mismo Ometéotl y por su Madre. El templo es de ella, pues es quien lo pide, pero no es para ella, sino para restauración y gloria del pueblo, que podrá experimentar desde allí los efectos de la presencia de Dios mismo, manifestado por su Madre. Y precisamente Juan Diego va a jugar un gran papel en la reconstrucción de su pueblo que había sido arrasado por las luchas fratricidas auspiciadas y apoyadas por los españoles En la conquista de la gran capital azteca, los españoles encontraron en otras tribus y reinos indígenas excelentes aliados; tal es el caso de los tlaxcaltecas y texcocanos. Los españoles supieron aprovechar el descontento indígena contra la opresión de los aztecas, que había impuesto su hegemonía sobre otros pueblos, que se traducía, entre otras cosas, en tener que pagar pesados tributos o impuestos..

    73. Aquí se abre la nueva etapa en la misión del Beato: tiene que ir de mediador entre la Madre y su Hijo y el obispo de México para compartirle el contenido de todo lo que ha sido testigo con la Señora del cielo: "Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa, anda al palacio del obispo de México, y le dirás cómo yo te envío, para que le descubras cómo mucho deseo que aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo; todo lo contarás, cuanto has visto y admirado, y lo que has oído" VALERIANO, Antonio, o. c., v. 33.

    74. Si Nuestra Señora de Guadalupe quiere un "Templo", significa que desea promover la fraternidad entre los moradores de estas tierras. Por ser Madre del Hijo de Dios, es Madre que engendra la fraternidad de todos. Y así como nos une la dicha de contar con esta maternidad, también estamos unidos en todo lo que implica vivir en "este valle de lágrimas: "porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores" Ibíd.., v. 32. María, pues, al anunciar el Evangelio que promueve la unidad nacional, se convierte en madre del mestizaje nacido en medio de la tensión. Por su parte, Juan Diego es el gran invitado a colaborar en esta misión, pero en forma orgánica; de ahí la insistencia de comunicar al obispo de México todo lo que ha visto y oído, y de someterlo a su aprobación. Encontramos aquí un eco de lo que ha inspirado el Espíritu Santo por boca del apóstol san Juan "Lo que hemos visto y oído se lo comunicamos a ustedes, para que estén en comunión con nosotros" (Cfr. 1 Jn 1, 1-4)

    75. En nuestra ciudad enferma por estar perdiendo tantos valores familiares y sociales, ante los atentados contra la unidad familiar y la vida, ante las grandes concentraciones urbanas que deshumanizan y borran los espacios para desarrollarnos en mayor libertad, ante el egoísmo que destroza todo rastro de fraternidad, debe volver a resonar la voz del Bautista: "Conviértanse, porque está llegando el reino de los cielos" (Mt 3, 2) y la del crucificado: "Si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano..." (Mt 5, 23-24) Este evangelio que se identifica con la persona de Jesucristo, debe llegar a la conciencia de las personas. Necesitamos reconciliarnos unos con otros y todos con Dios. La fraternidad será entonces no un mero sentimiento de convivencia social, sino un testimonio de que somos hijos de un mismo Padre, nos santifica y nos llena de vida el mismo Espíritu y somos hermanos entre nosotros, gracias a Jesucristo.

     

      Hombre de su cultura y de su tiempo


    76. María de Guadalupe, como eficaz maestra de protocolo, prepara a su mensajero para que aprenda a cumplir su encomienda ante el obispo Fray Juan de Zumárraga. La respuesta de Juan Diego al envío de la Señora es inmediata y responsable. Lo que va a transmitir es todo lo que ha visto y oído; y esto lo hará cuanto antes. Este "todo" encierra un contenido muy arriesgado, pues se trataba de integrar los elementos de la fe española con los elementos de la creencia indígena. Pero Juan Diego cumple puntualmente en presencia del obispo Zumárraga la orden recibida.

    77. La tarea de ser recibido por la máxima autoridad religiosa, no era nada sencillo, máxime perteneciendo a la raza indígena, de la que varios negaban que estuvieran dotados de razón; no obstante, consigue ser recibido. Una vez delante del jerarca, Juan Diego aparece obediente, discreto y diligente, pues únicamente al obispo refiere el contenido de su diálogo con la Señora. Estas tres virtudes formaban parte de las enseñanzas básicas de los padres a sus hijos: "ni hables demasiado, ni cortes a otro la palabra (...) Si no fuere de tu oficio, o no tuvieres cargo de hablar, calla, y si lo tuvieres, habla, pero cuerdamente" MENDIETA FR. Jerónimo de, o. c., Lib. 2, c. 20, p. 113. "... el oficio que te dieren tomarás, y cuando fuere menester saltar o correr para hacer algo, hacerlo haz (...) lo que te manden una vez, hazlo luego (...); y harás de presto lo que te mandaren hacer, y lo que sabes que quieren que se haga, hazlo tú" SAHAGUN, Fray Bernardino de, Historia General, Lib. 6, c. 40, nº 6, p. 403.

    78. El resultado de la primera entrevista con la autoridad eclesiástica dejó al indio "triste porque no se realizó de inmediato su encargo" VALERIANO, Antonio, o. c., v. 46. Tenía el ingenuo candor de pensar que el obispo iba a aceptar de inmediato su mensaje, por venir de quien venía. Pero se trataba de un indio recién converso y su petición sonaba a osadía, pues solicitaba que se erigiera un templo en el lugar donde los indígenas adoraban a Tonantzin, "nuestra venerable madre" de los dioses.

    79. Al referir la respuesta de Zumárraga a la Patroncita, Juan Diego manifiesta otros rasgos de su personalidad india. Sabiendo que no puede quejarse ante la Señora sin ofenderla, puesto que fue ella quien lo mandó allá, suaviza su informe lo más que puede y disculpa el rechazo del obispo, colocándose muy a la mexicana él mismo como el culpable. La forma como lo hace, es una manera elegante de expresar la modestia.

    80. Para un indígena perder la compostura (= enojarse) significaba humillación; en cambio, mantenerse imperturbable ante la adversidad, era sinónimo de superioridad. La aparente autodenigración al confesarse indigno e inepto ante quien le había solicitado un servicio, era un signo de cortesía, honestidad y educación; lo opuesto sonaría a petulancia. Algo parecido dijeron los profetas del Antiguo Testamento (Jer 1, 6; Is 6, 5)

    81. Nunca ha sido fácil anunciar el Evangelio. Desde el mismo Jesucristo y los Doce apóstoles, el martirio sigue siendo el gran signo de quien busca obedecer la voluntad del Padre Dios. Contra las dificultades, seguimos escuchando la voz del Hijo de María de Nazaret, que vino a hacer la voluntad de su Padre: "No se inquieten ni tengan miedo... En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo, yo he vencido al mundo" (Jn 14, 27; 16, 33)

     

      Corresponsabilidad en la evangelización


    82. Ante la confesión educada de Juan Diego, María de Guadalupe pregona que la Evangelización de México tiene que ser obra de la Iglesia que trasciende la diferencia de razas y culturas, obra conjunta de españoles y mexicanos. Por eso insiste en que quien tiene que llevar el mensaje al obispo es el intercesor escogido por la Reina, a nombre de muchos otros hermanos y hermanas que cooperarán para que se haga realidad en México el mandato misionero que muchos siglos atrás Jesús encomendó a sus Apóstoles.

    83. Lo que sigue a esta intervención de la Morenita del Tepeyac, confirma la personalidad de Juan Diego como un laico convertido y con una disponibilidad responsable. Volverá al día siguiente y cumplirá al pie de la letra lo que quiere la Señora. Por lo pronto hay que descansar. Y en su delicadeza indígena quien lo tiene que hacer es la Reina, que para nada necesitaba de este descanso y sí Juan Diego que había tenido un día complejo y difícil.

    84. La misión en la que estamos empeñados diariamente, debe ser nuestra participación bautismal para ayudar a recomponer el tejido social desgarrado por las diversas formas de pecado, tomando en cuenta las realizaciones positivas de personas, comunidades, instituciones. La restauración sigue siendo obra del Espíritu de Dios, pero amorosamente quiere que también nosotros colaboremos. Debemos trabajar por integrar orgánicamente los diversos carismas presentes en el pueblo de Dios, para que la misión perdure. Agentes laicos, miembros de la vida consagrada, clérigos tenemos que trabajar en comunión, cada uno de acuerdo a la propia función dentro del Cuerpo de Cristo, de modo que demos un testimonio de unidad orgánica y así participemos en hacer llegar el Evangelio de Jesucristo a los alejados de su influjo, sean familias, jóvenes, pobres, sectores, ambientes.

     

      Observante de sus deberes cristianos


    85. Juan Diego no aduce su calidad de embajador de la Señora para faltar a sus deberes dominicales de cristiano convertido. Y de nuevo ante el obispo, en lugar de presentarse desafiante por ir en nombre de la Señora del Cielo, lo hace con humildad y miedo de llegar a ser el causante del fracaso de toda la misión que le había sido encomendada. Este tesón por cumplir una encomienda es como el inicio de una cadena de futuros catequistas indígenas que recorrerán los caminos en todas direcciones con tal de llevar el mensaje del Evangelio, incluso con riesgo de su propia vida como lo prueban los mártires oaxaqueños Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles que serán beatificados por Su Santidad en este su quinto viaje a México. Y es que en realidad, la conversión de los indios fue apostolado de los mismos indios que se trocaron en infatigables misioneros de sus hermanos a partir de lo sucedido en 1531. De su capacidad el mismo Mendieta nos refiere que "estando el religioso presente (...) predicaba en su nombre todo lo que le había dicho (...) y echaba de ver si era enteramente dicho, o si había alguna falta. La cual no hallaban, sino que eran muy fieles y verdaderos, y en extremo hábiles, que no solamente decían lo que los frailes les mandaban, más aun añadían mucho más" MENDIETA, o. c., Lib. 3, c. 19, p. 225-226.

    86. Lo que Juan Diego añadió a todo lo anterior fue que no se descorazonó ante la escrupulosidad y severidad del obispo que, como buen inquisidor, le preguntó de todo e incluso le hizo seguir por sus servidores. Ellos se convertirían en el nuevo obstáculo que tendría que superar Juan Diego Cfr. VALERIANO, Antonio, o. c., v. 85-87..

    87. ¡Cómo ilustran la hermosura de la Iglesia de Cristo tantos laicos, desde niños hasta ancianos, que aun cuando atienden las responsabilidades del hogar y las del propio trabajo, todavía encuentran tiempo para su formación y para participar en la evangelización de sus hermanos! Tocar las puertas, visitar a los enfermos como ministros extraordinarios de la Eucaristía, enseñar al que no sabe, colaborar como catequistas, conservar la usanza de mayordomos, fiscales, topiles que custodian tradiciones de religiosidad popular, es una operación que sigue dando buenos frutos, porque los sarmientos permanecen unidos a la vid que es el Señor (Cfr. Jn 15, 5)

     

      Amarás a tu prójimo como a ti mismo: apostó por la caridad


    88. En medio de tantos ires y venires, aparece la Virgen tranquilizando a Juan Diego y asegurándole el feliz éxito de su misión Cfr. Ibíd., v. 90-93.. Pero aquí aparece un nuevo protagonista, se trata de Juan Bernardino, tío de Juan Diego. Además de la importancia que tenían los tíos, sobre todo si eran de primer grado, por ser la autoridad que quedaba en el hogar cuando los esposos partían a las guerras, cosa frecuente, estaba el hecho de que Juan Diego encuentra enfermo de muerte a su tío. Dejando para después a la Señora celestial, atiende a su tutor. Cuidar a los enfermos, era una riqueza del patrimonio cultural indígena, ya que éstos eran tenidos como "imágenes de Dios" Cfr. SAHAGUN, Historia General..., Lib. 6, c. 7, n 34, p. 315. Lo que hace Juan Diego es manifestar la virtud que ya practicaba como herencia de raza, pero ahora madurada y coronada por el Bautismo.

    89. Juan Diego recibe una petición de su tío: poder contar con un sacerdote para que lo confiese y lo prepare a morir Cfr. VALERIANO, Antonio, o. c., v. 97.. Bien podríamos pensar en que un cristiano pidiera, además de la Confesión, el Sagrado Viático y la Unción de los Enfermos. Motolinía da testimonio de que el Santísimo Sacramento de la Eucaristía era administrado a pocos naturales y pocas veces Cfr. MOTOLINIA, Historia de los Indios..., Tratado I, c. IV, n° 64, p. 24.. Por su parte Mendieta afirma que por muchos años no se administró el Sacramento de la Unción de los Enfermos por la falta de ministros MENDIETA, o. c., Libro V, c. 30, p. 637.. En cambio, él mismo consigna la inmensa estima de los indios por la Confesión hasta el grado de que viajaban grandes distancias, abandonaban sus casas y haciendas, mientras que los minusválidos se hacían transportar por otros con tal de ser oídos en confesión Ibíd.., c. 41, p. 282..

    90. Como indio cumplidor, Juan Diego tiene una urgencia familiar a la que debe responder, pero para no herir a la perfecta siempre Virgen Santa María con una negativa abierta, decide tomar otro camino que el acostumbrado Cfr. VALERIANO, Antonio, o. c., v. 101-103.. Una expresión más del refinamiento indio que Juan Diego había aprendido de su raza.

    91. La Virgen le sale al paso y lo trata con una delicadeza exquisita. La pregunta que brota de sus labios es amable, como de quien comprende y muestra misericordia, pues para nada menciona el rodeo que hace Juan Diego, y sí le allana el camino para que le participe de sus angustias Ibíd.., v. 104-108.. Este responde con la finura de quien tiene tal confianza con la Madre del Hijo de Dios, hasta el punto de llamarla cariñosamente "Mi hija chiquita", "Mi niña del cielo" Ibíd.., v. 110.. En su Niña Celestial abandona el peso de su congoja y le explica lo que va a intentar, pues era de noche y difícilmente encontraría un sacerdote que pudiese venir a auxiliar a su tío antes de que muriera.

    92. Parafraseando el texto de 1Cor.13, podríamos presentarnos hablando lenguas angelicales, o como conocedores de todos los misterios, o protagonizando obras impresionantes de renuncia; pero, sin caridad, nos haríamos merecedores del refrán mexicano "mucho ruido y pocas nueces". Recordemos que Cristo conjugó lo que hizo y dijo como expresión de su amor total a su Padre y el amor incondicional a sus hermanos. Juan Pablo II invita a que la práctica del amor concreto, especialmente hacia los pobres en sentido material, moral o cultural, sea la mística que caracterice nuestra vida cristiana, el estilo de ser Iglesia y la programación pastoral (NMI JUAN PABLO II, Carta Apostólica "Novo Millennio Ineunte", Vaticano, 6 de enero de 2001. 49.50) Por consiguiente, el alma que inspire todos nuestros quehaceres pastorales deberá ser siempre la caridad, recordando que pasarán todos los demás dones y virtudes, y sólo ella quedará.

     

      ¡No temas!


    93. Juan Diego se encuentra entre la gran lista de personajes que han recibido de parte de Dios este apoyo: María de Nazaret lo escuchó del ángel (Lc 1, 30) lo mismo que José (Mt 1, 20), Zacarías (Lc 1, 13) y los pastores (Lc 2, 10), todos como anuncio de la inminente venida del Salvador. Sin embargo, también se encuentra en los relatos de vocación de personajes como Abrahán, Isaac, Moisés, Josué, Gedeón, Jeremías, Isaías, así como en otros textos del Nuevo Testamento. (Lc 12,23) Por su parte, la Virgen María se manifiesta ante Juan Diego como "protectora", figura que emplearán las generaciones cuando la invoquen como "auxilio de los cristianos".

    94. Juan Diego recibió de su Reina y Señora la certeza de que siempre estaría a su lado, por lo que podría confiar en ella sin reservas. Jesús se lo dijo un día a Pedro después de una jornada de arduo trabajo. Juan Pablo II lo ha pronunciado en diversas ocasiones, dirigiéndose a toda la comunidad eclesial, a los jóvenes, i