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Las prostitutas primero

        Hace ya muchos años, a la salida de Miranda de Ebro, una joven hacía auto stop. Yo me detuve, como solía. Ella se acercó a la ventanilla derecha y me dijo: “Estoy trabajando”. No lo entendí hasta que repitió sus palabras con un confuso ademán de invitación y disgusto. Titubeé, me disculpé un poco turbado y seguí mi ruta por los campos de Burgos, de fascinante belleza.

        Hoy vuelvo a pensar en aquella chica, una más de las innumerables mujeres – sobre todo mujeres– a las que las circunstancias de la vida, terribles a menudo, no han dejado otra opción que elegir (¿elegir?) la prostitución para ganarse el pan para sí y los suyos. ¿Habrá guardado la fe en su dignidad, la confianza en sí misma? ¿Habrá podido decir sin vergüenza ni amargura “estoy trabajando”, cualquiera que haya sido su trabajo? Lo habrá tenido muy difícil.

       En el caso de una prostituta, a la cadena de desgracias (miseria económica, violencia familiar, tratas mafiosas…) que en muchos casos le han llevado a serlo, se unen las humillantes condiciones laborales (explotación y esclavización por parte de proxenetas, trato degradante por parte de clientes…) a las que se ve sometida –hablo sobre todo en femenino–, así como el desprecio y el estigma social que deberán sufrir mientras vivan. “Eres una puta”. Hipocresía de una sociedad machista: los mismos que directa o indirectamente empujan a esa mujer a vivir en ese inframundo la convierten en emblema de la indecencia y de la depravación moral. Tal vez para justificarse. “Sepulcros blanqueados” los llamaría Jesús.

       Las religiones han contribuido no poco a legitimar este estado de cosas paradójico: a fomentar la prostitución y a condenar a las prostitutas, tal vez justo lo contrario de lo que debieran haber hecho. Consta la existencia de la “prostitución sagrada” en los templos de Mesopotamia hace 4.000 años, y algo más tarde en Canaán (Israel y Palestina). La propia Biblia nos informa de que la práctica se dio, durante un tiempo, en el mismísimo templo judío de Jerusalén (2 Reyes 23,7), y de que en él había incluso “prostitutos sagrados” (para prácticas homosexuales, se supone). Parece claro que la sacralización de la prostitución (e incluso cierta sublimación de las prostitutas: “las compasivas” las llamaban en Grecia) en realidad no dignificaba a las prostitutas, sino al contrario: las convertía en objeto más apetecible y fácil para el deseo masculino, las sometía más fácilmente a los intereses del varón. La persistencia actual de las devadasis (“sirvientas de la divinidad”) en no pocos templos de la India es la mejor prueba: no son sirvientas de ningún Dios, sino esclavas del brahmán o sacerdote proxeneta que las explota miserablemente desde niñas.

       Jesús de Nazaret proclamó una radical inversión, cuando, dirigiéndose a “los jefes de los sacerdotes y a los presbíteros” (quien quiera entenderlo que lo entienda), dijo: “Las prostitutas entrarán antes que vosotros en el reino de Dios” (Mateo 21,31). No pudo dar con términos más provocadores para dignificar a las prostitutas y denunciar el poder masculino que explota su conciencia, su cuerpo y su trabajo.

        Viene todo esto a propósito de un hecho reciente: la directora general de trabajo del Gobierno español dimitió tras haber autorizado el registro del sindicato OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales). Dijo haber sido engañada. ¿Engañada por OTRAS? Yo me siento más bien engañada por ella o por quienes la obligaron a dimitir y han prometido anular la constitución del Sindicato. La prostitución no es en España ni legal ni ilegal, y ese limbo se convierte fácilmente en infierno de las prostitutas y en paraíso de la prostitución, inmenso negocio para otros.

        No sé cómo, pero que desaparezca el limbo. Que se reconozca a las prostitutas como trabajadoras, si así lo quieren de verdad. Que se garantice su libertad y su dignidad frente a proxenetas y clientes. Que puedan sindicarse, si así lo desean. Mejor todavía, que puedan asociarse como autónomas, sin empresarios que las exploten. Que nadie las mire por encima del hombro, ni para condenarlas ni para “redimirlas”. Que no olvidemos la advertencia de Jesús: ellas os preceden en el reino de la vida.

(Publicado en DEIA y en los Diarios del Grupo NOTICIAS el 28-10-2018)

19 comentarios

  • oscar varela

    Hola!
    Es habitual escuchar:
    – “Todo ser humano es “imagen y semejanza de Dios”.
    * Es una “CREENCIA”, y, como tal,
                – no soporta que se la DUDE. Lo sé.
    * Por lo tanto, estoy avisado de que no me dirijo
                    – al que “cree”, sino
                    – al que “piensa”.
    * También estoy avisado de que
                    – el que “conoce”,
                    – el que “sabe”:
                                   – no “piensa”;
    * Porque PENSAR (lo que se llama PENSAR) es
                    – cuanto hacemos
                                    – sea ello lo que sea-
                    – para SALIR DE LA DUDA en la que habíamos caído y
                                    – llegar de nuevo a ESTAR EN LA CIERTO.
    * Y los que
                    – “creen”,
                    – “conocen”, o
                    – “saben”
                    – NO PIENSAN, no lo necesitan
                                   – ¿Pa’qué, si no tienen DUDAS?

    • Rodrigo Olvera

      Y todas esas afirmaciones contundentes que haces sobre qué es creer, qué es saber y qué es pensar ¿las crees o las sabes? 😉
      Saludos

    • Hola Oscar, es verdad que es una cosa habitual, porque así lo dice la Escritura. No creo que seamos imagen y semejanza del mono. Pregunto ¿cuál ha sido el principio de este desmoronamiento de la imagen de Dios?
      Esta tendencia del hombre (como imagen y semejanza de Dios), es como una gravedad que es atraída por el amor de su Creador. Toda la creación ha “salido” de las manos de su Creador, especialmente el hombre. Solo el hombre puede lograr elevarse hasta su Creador, que le atrae hacia sí.
      San Agustín lo expresa de una manera magnifica: “Quiere alabarte el hombre, porción privilegiada de tú creación. Tú mismo le provocas a ello haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti.”

      • Hola.
        Me gusta Atrio porque se lee todo tipo de opiniones que reflejan concepciones distintas de, pues de muchas cosas.
        Entiendo perfectamente lo que dices, porque además es en lo que nos han educado.

        Sin embargo, pese a todo lo que nos han dicho, estoy convencida de que no estamos hechos a imagen y semejanza de ningûn dios. Al menos eso espero. Menudo desastre de dios. Uf.
        Tampoco estamos hechos a imagen y semejanza del mono, aunque creo que nos acercamos sin duda más a él que a dios. Cosas de la evolución. Pero somos más listicos.
        San Agustín escribió hace un montón de siglos, él si que era listo. Estoy segura de que ahora hablaría o escribiría de otra manera.
        A mí me hubiera encantado ser ballena. Me dan mucha envidia.
        Pues ya ves. Hay opiniones para todos los gustos. Y nadie tiene la verdad. Y la verdad absoluta, es que me troncho. A lo mejor es que he dado otra vuelta de tuerca.
        Vaya usted a saber.
        Un abrazo.

  • Todo ser humano es “imagen y semejanza de Dios”. Hitler, Mussolini, Abimael Guzmán, prostituta, terrorista, pedófilo, etc. Todos salidos de la “mano” de Dios. Nadie, ni siquiera la Iglesia ha dicho que tal persona se encuentra en el infierno. No olvidemos que en el caso del tema, dos son los actores: la prostituta, acto activo, y el cliente, acto pasivo. Ambos son seres humanos. Ambos van por el mismo fin: DINERO.La prostitución (no la prostituta) es una prestación sexual a cambio de dinero. En ella se ofrece el cuerpo, pero no se dona amor ni se busca una relación humana profunda. La persona que se prostituye (hombre o mujer) no se vende a si misma ni su amor, sino su cuerpo, que se convierte en mercancía.Así que padre Arregui, no somos COSAS, ni MERCANCÍAS tampoco somos INSTRUMENTOS, somos PERSONAS hecho a imagen y semejanza de Dios. 

  • oscar varela

    Belleza y poder – Por Julia Kratje
    https://www.pagina12.com.ar/153118-belleza-y-poder
    La cuestión en torno de la exposición del cuerpo constituye una preocupación mayor tanto para la crítica de arte como para el activismo feminista.
     
    * “¿Las mujeres deben desnudarse para poder entrar al Met. Museum?
    – Menos del 5 por ciento de lxs artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, mientras que
    – el 85 por ciento de los desnudos son femeninos”,
     
    * El afiche titulado “Mujer colonizada” (2004) del colectivo gráfico Mujeres Públicas, retoma metafóricamente las tres carabelas de Cristóbal Colón:
                – “La Pinta” muestra a una mujer cercada por los imperativos
                            – “sonreí”,
                            – “pintate las uñas”,
                            – “depilate”,
                            – “hacete las tetas”,
                            – “adelgazá”,
                            – “maquillate”,
                            – “teñite”.
    * Sucede que la belleza es un asunto inseparable de la creación de imágenes.
    ………………….
    Diez años después de El segundo sexo, Simone de Beauvoir publica, en 1959, un ensayo sobre Brigitte Bardot, “el sueño imposible de todo hombre casado”,
                – modelo “creada” por Roger Vadim,
                – que encumbró un nuevo canon de belleza moderna.
     
    * En Brigitte Bardot and the Lolita syndrome,
                – Beauvoir elogia ese nuevo tipo de erotismo agresivo.
                – “esos labios son muy besables”.
     
    * Beauvoir reconoce en “BB” un despliegue sexual
                – que puede conferir autonomía a las mujeres,
                – al margen de los moralistas que trataron de censurar sus películas
                – por identificar la exhibición de la carne con el pecado y la perversión.
    ………………….
    Hay algo fatal en la belleza.
                – La silueta multiplicada en el espejo, hipnotiza al personaje
                – de una cantante joven y vanidosa
                – que aguarda el resultado de un examen médico.
    * “Muerte es fealdad. Mientras soy bella, estoy diez veces más viva que las otras”,
                – especula ante la superficie del cristal que le ofrece una imagen silenciosa.
    ………………….
    * Si el endiosamiento de la imagen acarrea la tiranía de la primera apariencia,
                – en sociedades dominadas por pantallas y vidrieras,
                – la belleza se vuelve indudablemente una presunción compulsiva.
                – ¿resulta posible, o acaso deseable, suprimir el placer visual,
                – borrar de un plumazo la aspiración a la belleza,
                – desterrarla del universo sensible
                – que nos devuelve su letal encantamiento?
    * La pregunta tiende a reaparecer con insistencia
                – puesto que está atravesada
                – por disputas sexuales, diferencias culturales y desigualdades sociales.

  • Pues tengo una historia preciosa. De mi tío Luis. Hermano de mi padre. Hijo mayor del segundo  matrimonio de mi abuela. Por él lleva el nombre mi hermano mayor y mi hijo pequeño.

    La conseguí entender, pues al final de la vida de mi tío. Fui a verlo al hospital y… entendí. Y conocí a mi primo Luis, a su mujer y a sus tres hijos. Y a mí tia. A los casi ochenta años.

    Me costó aaaaaaaañoooooos. Algo así como cincuenta o cuarenta y cinco. Pero lo logré. Una historia que encuentro preciosa y que dio mil quebraderos de cabeza a la familia de mi padre. Pero no creo que la tenga que contar. He prometido cambiar y en eso estoy.

    Y si. La vida desbasta. A unos más que a otros.

  • Alberto Revuelta

    Estuve destinado en el Castillo de España, en la frontera con Gibraltar antes del cierre de la misma por decisión del ministro Castiella. Entre lo que era esa zona, realmente es el castillo de San Felipe, y lo que actualmente es la barriada de San Bernardo casi junto a La Atunara, había casi un millar de barracas de carton, madera, uralita, chapa sobre la arena. Hoy es la playa de Levante. Allí junto a su derecha viniendo de La Atunara a la frontera estaba, y está, la calle Gibraltar. No menos de treinta mancebías, burdeles, casas de lenocinio, casa de tolerancia, de citas, había en ella. Calculando por bajo unas trescientas o cuatrocientas mujeres se dedicaban a proporcionar placer sexual a quienes lo solicitaban, mediante precio pagado a la madama de cada prostibulo, con existencia reconocida policial y municipalmente.

    Existía un dispensario de atención a la enfermedads venereas de los visitantes y de las propias mujeres dedicadas al comercio carnal. Un médico de la Sanidad publica, de oposición  y funcionario del Estado atendía el mismo, y revisaba periódicamente a cada una de aquellas mujeres de modo que evitaran enfermedades y contagios. Si no me falla la memoria era el jueves cuando se cerraban las mancebías y pasaban revisión. Tenían cada una una cartilla sanitaria que, estando bien de salud, les permitía ejercer su oficio.

    En la parroquia de Santiago, a cuya feligresía pertenecían las barracas, las mancebías, el dispensario médico y un servidor, y que estaba en una escuela medio caida desde que terminó la guerra atendíamos necesidades varias de las que precederán a muchos en el Reino: escribir a los padres en Soria y Huesca; a los hijos que están con los abuelos o en un colegio de Auxilio Social ; ayudar con alimentos a las que tenían en la Sierra de Ronda los niños con alguna conocida; decir misas por sus difuntos ( sin estipendio); hacer escritos para que les quitaran multas por alguna pelea o escritos al juzgado por lo mismo. Y más cosas: confesar, consolar, bendecir imágenes y rosarios.

    Los días de negocio y dinero era cuando attacaba la Royal Navy o la VI Flota, porque tan pronto estaban los marinos francos de ría, había unas colas enormes en las púertas que daban a la calle Gibraltar. Casi todas las mujeres chapurreaban el inglés. Y yo he casado a cuatro, que recuerde, con americanos con cara de niños buenos y pelo al doble cero que durante años nos enviaban felicitaciones de Navidad  y cinco dólares dentro del sobre por Navidad. Un poco engorroso era el medio expediente cuando el capellán americano del destroyer preguntaba por la profesión o el medio de vida de la novia. Los curas de la parroquia siempre poníamos en inglés sus labores, cosa bien cierta y que evitaba conflictos con el octavo mandamiento.

    Los Viernes Santos la imagen de la Virgen de Fátima era debidamente vestida de dolorosa de negro luto, con velo al cuello de puntilla blanca que hacia de paño del altar el resto del año y con el corazón y los puñales que era de ver. Así salía la procesión de las Siete palabras por la calle Gibraltar, se cerraban voluntariamente las casas de tolerancia, y los niños con sotana y sobrepelliz llevaba una mesa cuadrada de la sacristía encima de la cual predicábamos los curas las palabras y si el recorrido se alargaba las estaciones del vía crucis. Las mujeres arregladas de Semana Santa, rezaban y lloraban.

    Claro la vida ha cambiado mucho. Pero las mujeres que en los barrios donde prestamos el servicio de abogacía ejercen la prostitucion son más o menos iguales que las que ejercían la misma actividad en la calle Gibraltar. Penan igual, sonríen igual, se toman el pelo igual y cuentan historias parecidas. Y a mi me queda algo, o mucho, de aquella vida porque hace un par de miércoles una de estas mujeres, que tiene cuatro chiquillos y está sola y se va la carretera de Utrera solo cuando está sin un euro para darles de comer, me dijo “si, ya sé que usted es el abogado de la parroquia, pero además tiene que ser cura…trata con mucho respeto”. Eso solo se sabe y se tiene cuando el escoplo del vivir nos ha desbastado (si, de desbastar) a los dos, a ella y a un servidor.

  • Mª Pilar

    Por encima de todo, lo que:

    ¡Si hay que conseguir!

    Que nunca jamás, sean obligadas, por esos “animales-hombres” que se enriquecen con su explotación.

    Eso es lo que de verdad hay que evitar a toda costa.

    El resto, si de verdad es una opción personal… nada tengo que decir sobre esa decisión, no soy nadie, para juzgar.

    Mientras existan hombres, que las busquen como “carnaza” para sus necesidades… no hay nada que hacer.

    Hace muchos años, en mi parroquia, un trabajador murió de accidente en su empresa, su joven viuda, pidió ayuda para salir adelante con sus tres hijos. La parroquia buscó trabajo donde pudo, en nuestro entorno, y se  consiguieron algunas casas, donde la acogían para realizar la limpieza.

    Acababa cansada, y al final del día, apenas había conseguido lo suficiente para la manutención de sus hijos; un día, alguna persona le habló cómo, con menos esfuerzo, podría ingresar mucho más. Tenía una buena presencia física… se lió la manta a la cabeza, y decidió trabajar como prostituta libre; fue a la parroquia y comento: Por un par de horas de trabajo, consigo mucho más que todo el día fregando y soportando el trato humillante en las casas que me contratan sin seguros y a un precio de risa.

    Dio las gracias diciendo, hoy son los niños pequeños, mientras tanto, quizá, hasta tenga tiempo de prepararme para un trabajo mejor, y cuando mis hijos sean mayores, pueda dejarlo.

    Nada que decir, ante esto. Cierto que el trato que reciben en muchos trabajos caseros, es hoy, muy mal pagado, y además se las trata con poca consideración.

    ¿Por qué no piensan quienes las tiene a “su servicio” (y de eso… nada de nada) quién les mantiene la casa limpia, su ropa planchada, aguantando todos los desaires que quieran hacerles?

    Pensemos un poco… porque hoy, sigue existiendo la:

    “Esclavitud… toda clase de esclavitud”

    mª pilar

  • Javier Pelaez

    Yo soy partidario de la regulación al estilo holandés como mantiene el artículo.Dicen las feministas que esto no acaba con la trata.¿Y el modelo suelo acabó con la trata?.Entre la actitud de algunos intelectuales franceses que sacaron un manifiesto titulado No toquen a mi puta o algo así,cuando intentaron prohibirla;que daba vergüenza ajena y la penalización al putero hay múltiples soluciones.Yo que nunca he ido de putas,creo que la solución es regularlo.La prostitución no va a desaparecer.No es la esclavitud como dicen las feministas.Es la guerra que,según le leí a Sadaba,no hay ni un sólo año que en la historia de la humanidad que no haya habido guerra.Yo que soy objetor y antimilitarista,no se me ocurre oponerme a cualquier reducción de armamento,a la prohibición de determinadas armas,a la limitación del comercio…y eso que no quiero que mi país tenga ejército.Que esas soluciones intermedias no evitan la guerra,evidente,pero la humanizan,si es que la guerra es humanizable que ya es mucho suponer.Lo mismo pienso de la prostitución y el modelo holandés.

  • Honorio Cadarso

    Es de agradecer este gesto de Arregui de plantear este problema, seguramente al margen de los medios informativos públicos al uso.

    Bueno, pues yo lanzo también mi cuarto a espadas…Aquí, la alternativa para la mujer, si tratamos de la mujer, es de ser casada o prostituta. O moza soltera para vestir santos, como se decía antes. O sea, NADA.

    Y la casada, ¿en qué se diferencia de la que llamamos prostituta?  ¿En qué convive con un solo hombre por amor, en una relación de igualdad de derechos y obligaciones, en un sentimiento de amor espiritual y físico, en un convenio de libertad y confianza mutua?

    ¿O quizá se trata de una prostitución o encadenamiento a un solo varón? No sé si me explico…¿Se trata de un desahogo físico sin afecto, sin amor, sin…? ¿Y qué papel juega en esa relación de pareja la eventual fecundidad, los hijos?

    Acabo de leer y comentar en un grupo de lectores una novela inglesa, “Los derechos del menor”, publicada en Anagrama, que cuenta la vida de una pareja de la más alta sociedad londinense, ella jueza y el profesor de literatura grecolatina, que aplican la ley y cultivan el arte, pero son un verdadero fracaso como personas y como pareja.

    Desde dentro de la comunidad de jubilados de mi pueblo miro con atención la relación entre jubilados y jubiladas, los apaños de viudos con viudas que a veces parece que “por fin” han encontrado un verdadero amor, y otras  veces parece…cualquier cosa…mejor dicho, un descubrimiento tardío pero feliz de la libertad par amar y ser amado…esa libertad y ese amor que ni casadas ni solteras han encontrato a lo largo de toda una vida.

    Pienso muchas veces en la visión del sexo y de la vida en pareja que se planteaban en tiempos de la Segunda República española los anarquistas, sus teorías del amor libre…Y me pregunto hasta qué punto esa visión ácrata se acerca o se aleja de la visión del evangelio, de María Magdalena, de Marta, de Jesús, de la Samaritana…

    Pienso en la valoración que hace la iglesia católica del celibato, me pregunto si la iglesia impone el celibato a los curas para que sirvan en exclusiva a la iglesia como institución puramente temporal, o como una manera de servir al evangelio más eficazmente…Y me cuesta encontrar entre los miles de ellos que he conocido a personas que se hayan dedicado en cuerpo y alma a servir al evangelio más que a vivir una vida aburguesada, a vegetar, a cumplir “mecánicamente” con su misa y su rosario…(bueno, a lo mejor no es su rosario con minúscula, sino su Rosario ama de casa…).

    Y creo que Jesús será en estos momentos eternamente comprensivo con esos amores y esas vidas en pareja al margen de los matrimonios canónicos y de los burdeles y los nigt clubs…en pequeñas aventuras de corta duración, etc. Porque la verdad es que el evangelio no habla mucho de ese particular…

    Y creo que el clero atado al celibato por obligación, como condición sine qua non para alcanzar el sacerdocio, no tiene ningún sentido, al menos en el mundo de hoy.

  • Antonio Rejas

    Me produce gran tristeza cuando observo alguna prostituta en determinadas zonas de las grandes ciudades y en los márgenes de algunas carreteras. No sé si la buena voluntad de Jose Arregi es la solución para este asunto. Lo mejor sería que no existieran por voluntad propia, sin necesidad de prohibición, sino con la ayuda de la sociedad que tanto las vitupera. Posiblemente las habrá satisfechas con su “trabajo”, pero estoy convencido de que muchas se ven obligadas a aceptar la situación a la que han llegado por circunstancias muy variadas o han sido llevadas contra su voluntad.

    Una vez que existe la realidad de la prostitución, ésta debe ser regulada de alguna manera para que desaparezca el limbo que tanto les perjudica. Con todo mi respeto a estas personas, no considero acertado que la solución esté en considerarlas trabajadoras.

      • Antonio Rejas

        Son personas que realizan una actividad que, a mi entender, no reune los requisitos del concepto trabajo.

      • Asun Poudereux

        Habría que preguntárselo a ellas, aunque sólo fuera por respeto a las personas que entrañan y son.

      • Pues fácil no debe de ser. No sé exactamente qué es es un trabajo para usted. Parte mí es cualquier actividad remunerada. Pero a lo mejor no es así.
        Si no es un trabajo, entonces no tienen ningûn derecho de los trabajadores. Por eso , quizás , están en un limbo superpeligroso. Quizás es más tranquilizador cerrar los ojos. No se me enfade, no digo que usted los cierre. Si los cerrase no escribiría sobre el tema.
        Cuando veo esos programas sobre la esclavitud sexual, bueno, no los veo,o apago en el acto la tele o cambio de canal. Mi alma no lo soporta.
        Da igual que se considere o no trabajo. Lo que es es algo terrible y deberíamos de buscar una solución. O empezar a buscarla para que ese limbo legal desaparezca.
        Y ya que estamos. No entiendo cómo hay personas que sabiendo lo que hay detrás, acuden a ese tipo de sitios. Esos son los primeros que tienen que abrir los ojos. Porque estamos en el siglo XXI. El yo no sabía …ya no se vale.
        Es algo, para mí, incomprensible.
        Que de alguna manera se regule. Que tengan asistencia sanitaria, que tengan derecho a ganar el dinero que les corresponde, que paguen impuestos como todos…en fin, que se les trate como a trabajadores . Lo sean o no.
        Tema difícil.
        Tema horrible
        Tema olvidado.
        Un saludo cordial.

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