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La conducción

Murió ayer (nueve de enero de mil novecientos sesenta y seis, y escribo hoy veintiséis de octubre de dos mil diez y ocho) Crisanto en el lugar de Curra, a una hora larga de carreiriño contada desde Santadran. Hay conducción temprano esta mañana fría y húmeda de invierno. El entierro será esta tarde en el camposanto de la rectoral, a la orilla de la ría, con Redondela al otro lado y el puente de hierro del ferrocarril al fondo, anunciando a las ánimas el viaje con destino desconocido.

Subimos los curas, una terna, con sobrepelliz, dos dalmáticas y una capa por las medio enterradas lascas de piedra labrada que hace de camino de escalada. La cruz alzada va sobre el hombro del muchacho que hace de acólito está mañana. Un azul zafiro intenso con aire fresco de Pontevedra hace ligero el esfuerzo, aunque el señor cura de Domayo, con unos kilos de más, rezonga sus quejas para su coleto, pues presume de mantenerse en forma.

Pasamos los cruces de caminos donde ya están preparados los taburetes que sostendrán el ataúd en cada parada para que los vecinos aledaños pidan responsos echando monedas en los bonetes boca abajo en manos de los curas que cantarán mientras no cesen de caer os cartiños en las improvisadas boetas.

En una especie de páramo en el sotomonte entre Armeans y Sobreira desde donde se ve bien Vigo en el horizonte, mar por medio, está la casa del difunto. Saludos del párroco que lleva borlón rojo en el bonete y muceta del mismo tono por privilegio que trájole el señor cardenal Quiroga cuando fuera a Roma en la última ad limina por haber sido paje suyo hasta que sacó esta parroquia en el concurso. Tiene un iglesario de fuste y rentable. Solo en palomina, el estiércol del palomar, rentalle mil patacós al año.

Alza la cruz Angelito, pasan los que llevan el ataúd y detrás nosotros. Entono el semitonado: Miserere mei, Deus: secundum magnam misericordiam tuam y se pone en marcha el cortejo. Detrás de nosotros tres van los hijos, los hermanos y los parientes varones de Crisanto.

Contestan los dos señores curas al unísono con voces aún limpias y timbradas a modo: Et secundum multitudinem miserationum tuarum, dele iniquitatem meam. Las mujeres con los pañolones negros van mascullando avemarías y algunas se llevan los moqueros a los ojos. La viuda y las hijas quedaron en casa como es costumbre por esta sierra baja de Cobres hasta la misma orilla de la ría.

Las piedras del carreiro hacen que el peso de la caja se descompense y los hombres que la portan sufran más los quiebros de la tierra y los toxos amarillos que brillan al sol les pinchen por los bajos de los pantalones con alguna picardía suelta y hasta una blasfemia disimulada por el preste que conoce a su gente y sabe que es sin maldad.

¡Bota otra rapaz!, me dice quedo el cura de Domayo que va de diácono. Y yo canto: Amplius lava me ab iniquitate mea: et a peccato meo munda me. Pienso en nuestras iniquidades, en las mías que no son muchas pues no me ha dado lugar aún, en las del difunto a quien vamos a dar tierra bendecida para que lo acoja y puede esperar allí el juicio final. Y en las de los hombres que lo llevan, a algunos de los cuales conozco y tienen iniquidades de buena gente que no puede pensar en hacerlas. ni tiempo ni ganas entre el ganado, las tierras, el mercado mensual, los fueros, los hijos y la mujer.

Para la conducción en este cruce donde hay varias casas de paisanos y una taberna con tres mesas para la brisca y el dominó. Los curas nos ponemos de frente con los bonetes en la mano izquierda, el bonete vuelto hacia abajo y comienzan a pasar vecinos echando monedas en los gorros. Cantamos uno a uno tras cada limosna: qui Lazarum; parce mihi; credo quod….

Seguimos hacia abajo, dando traspiés con las piedras y las sotanas. En un siseo me cuenta el párroco que ahora cuando lleguemos a próximo cruce pude haber algún momento delicado, pues uno de los hijos de Gumersinda, mujer soltera que tiene cuatro ya hombretones casados, lo es también de uno de los del difunto y aunque todo el mundo lo sabe y lo acepta, no es seguro que no se miren mal. Parada de nuevo al llegar. Gumersinda llora. Vuelta a cantar responsos. No hay malos modos, ni pasa nada. La vida puede más que la muerte.

Canto de nuevo: quoniam iniquitatem meam ego cognosco.… El perro de Crisanto que va a mi vera detrás del féretro me mira al cantar con ojos de pensar en las iniquidades mías que bien conozco, pero le hago un gesto con la mano y se convence que también me refiero a las de su amo, con lo cual baja el morro y camina un rato cavilando.

Última parada. Mucha gente, pues ya estamos a dos pasos de Santadran. Cantamos los tres, quietos ante el ataúd, destocados: tibi soli precavi, et malum coram te feci, recordándole al bueno de Crisanto que el mal que hizo en este mundo se lo hizo al Creador del mismo que está en todas sus criaturas y no olvida a los cinco pajaricos que se venden por dos cuartos.

Vamos ya hacia el camposanto, detrás de la rectoral, pegado a su capilla de piedra labrada de 1760. Ecce enim in iniquitatibus conceptus sum: et in peccatis concepit me mater mea. Por si acaso se nos olvida a nosotros y a nuestros hermanos que caminan con el cadáver hacia la tierra de la que salió y a la que vuelve.

Campana de la Iglesia parroquial que está en un precioso adro de  castaños encima de la misma orilla de la mar que lame sus peñascos de basamento, dobla a muerto para que los vivos recuerden a Crisanto y recen, si creen, por su entrada

 

en el seno de Abraham pues como estuvo más cerca ser Lázaro el mendigo lamido por los perros que Epulón, es fácil ese acceso sin muchas oraciones.

También el campanil de la capilla de la rectoral y el del cementerio, doblan a muerto mientras entramos, cantando a todo pulmón, pues a los tres nos gusta cantar y como somos creyentes, no contaminados por la rutina ni por la magia ni por os cartiños, entonamos el in paradiso peducant te angeli… que es una impresionante convicción de pinturas de Miguel Ángel en los lugares de Cobres en el Morrazo pontevedrés para que Crisanto pueda haber visto ya a su Señor y se alegre del todo después de haberlo ensayado a diario con las taciñas de ribeiro en casa de Rosendo. Creemos, los curas y solo los curas me temo, que no tiene punto de comparación.

Están bajando el ataúd a la fosa abierta donde descansan sus padres y los padres de su mujer, y los padres de los padres. Y algún hijo muerto de niño recién nacido. El cura bendice la caja recordando que ha muerto un hombre imagen de Dios y la rocía de agua bendita en recuerdo de cuando otro cura hace 84 años bautizo aquí junto a Crisanto.

El cura de Domayo, con voz de bajo, canta el réquiescant in pace. Alberto Revuelta.

9 comentarios

  • olga larrazabal saitua

    Hola Alberto:  Me encanta leer tus “cuadros”.  Porque eso es lo que son, verdaderas estampas en que preservaste un instante del tiempo.  Pero además tienen movimiento y música,  Y así las defiendes de la banalidad del olvido, como dice Oscar.

    ¿Has publicado ya tu galería de instantes, en forma de libro? Mira que nunca se sabe que es lo que va a pasar con la “nube” de información que nos rodea.  Quizás alguien mete mal el dedo en algún computador cósmico y todo desaparece.  Ya me pasó con las fotos que tenía en el teléfono, y con algún computador que murió.

    Y si vemos la historia, lo que queda para descifrarla son signos materiales, inscripciones que salen del fondo de los tiempos para contar las escenas de alguna batalla o de un tratado entre reyes.  También hay inscripciones en las letrinas  y prostíbulos de Pompeya que han sobrevivido.

    Pero nadie sabe que pasará con los misterios de Internet.

  • carmen

    Señor Revuelta, ha hecho usted que recuerde mi niñez. Será porque todavía sigo secuestrada en mi casa y tengo tiempo para pensar.

    Me encantaban los entierros. Los encontraba fascinantes. Vivía en la Plaza de San Bartolomé, justo en frente de la iglesia, en un tercer piso. Hasta primero de bachillerato fui poco al colegio, era de esas nenas a las que la garganta y el oído les dió mucha guerra. Mi madre que era sorda, bueno, oía un poquito pero llevaba aparato para oir y todo el jaleo, le daba terror que a mí me pasara lo mismo y …

    Me enseñó a leer y a escribir y un poco de matemáticas, lo que se pedía entonces para ingreso, me enseñó la señorita Mari Angeles, una chica joven que para mí era una prima más.Me daba a leer libros de Celia de Elena Fortún y leía todos los tebeos del mundo de mis hermanos. Emilio Salgari me encantaba.

    Mi infancia transcurrió en mi casa. he sido de las niñas más felices del mundo. Las casas antes eran muy grandes y había mucha actividad, éramos seis hermanos y siempre había mucha gente. Pero por la mañana la casa cambiaba, otro tipo de actividad. Y además los brutos de mis hermanos estaban todos en el colegio y podía ir de allí para acá viendo todo lo que se hacía. Siempre he sido tranquila y me dejaban entrar en todos los sitios.

    Veía la calle a través de del balcón de la sala de estar. Me salía y observaba. No se lo puede imaginar. Tengo grabada en mi cabeza a las golondrinas, vuelan bajo y estábamos en el tercer piso, a veces volaban sobre la plaza a la altura de mis ojos, aquello era fantástico. Creo que esa imagen tiene mucho que ver con esos sueños que he tenido de volar, montones de veces. ¿ usted ha volado alguna vez en sueños?

    Bueno, pues cuando tocaban las campanas salía corriendo a ver qué pasaba. Había tres opciones, : boda, bautizo o entierro.Los bautizos no me gustaban mucho porque no veía nada más que gente. Las bodas sí porque intentaba ver a la novia, el velo largo de la novia me encantaba y si hacía un poco de viento, más.

    Y luego estaban los entierros, la estrella de esas representaciones, eran fantásticos. Salían tres curas, con unos vestidos blancos y encima una especie de capa que dejaba al descubierto las mangas blancas del vestido, esa doble capa era negra bordada en oro. Preciosas. Cantaban unas cosas raras que entre que no oía bien porque siempre tenía otitis y estaba tres pisos por encima, sabía que era tiempo perdido, así que me centraba en la imagen. Era una representación magnífica. Alguien echaba incienso, a veces era un cura y otras un monaguillo, que también iban vestidos de blanco y negro. después, unos hombres muy serios, sin bromear ni nada, cogían una caja muy grande y alargada y salían todos detrás, como en las procesiones. Cuando pregunté me dijeron que a las personas que se morían se los llevaban los curas. Era todo tan bonito que jamás pensé, de pequeña claro, jamás pensé que lo que se estaba viviendo allí era una tragedia.

    Una vez a mi padre en navidad le regalaron un corderico blanco, precioso, estuve jugando con él todo el tiempo, le daba de comer. Los muy asesinos de mis padres lo dieron a un señor para que lo matara. Es algo que no se lo perdonaré nunca. Cuando me enteré de lo que iba a pasar gritaba desesperada: que no lo maateeeeeeeeeen,,,, que se lo lleven los cuuuuuraaaassssssssssss.

    Mis hermanos todavía se acuerdan y se tronchan.

    Creo que me voy a hacer vegana. Bueno, prácticamente llevo un mes que lo soy

     

    Un abrazo.

    • Alberto Revuelta

      Carmen, espero que se encuentre, y esté, recuperada. No me he olvidado de su pregunta sobre mi confianza en la resurrección de los muertos. Trato de resumir, estilo Óscar Varela, pero en malo, y  admitiendo la interpretación de Salvador Santos sobre el papel de María Magdalena y aprovechando a Zizek:

      1/ existió un acontecimiento al que María Magdalena dio nombre, fuerza, amor, empeño. Para este filósofo al que recurro, Zizek, la realidad del acontecimiento verdadero es muda. Acaece pero es mudo. Somos nosotro, Magdalena en primer lugar, quien lo designamos, lo nombramos.

      2/ del empujón de María Magdalena se han ido apropiando personas, grupos, iglesias particulares y la ICAR

      3/ en ese clima derivado del vigor de la Magdalena y de los que comieron pescado en Galilea a la hora de  echar la jabega para jalar cogiendo 153 peces grandes, he nacido, me criaron y aprendí a vivir cara a Jesús vivo, cosa que sigo haciendo encantado y feliz

      4/ con Einstein y su religiosidad átea, con la teología judía de que el Eterno es absolutamente distinto, diferente, y Otro, del mundo, con la convicción de que todo tiene un sentido como afirmaba Vicente Ferrer en medio de la lucha contra la miseria y el dolor – aunque Leibniz este superado en surazon suficiente – espero que el acontecimiento mudo y silente que captó en la historia María Magdalena me afecte a mí cuando de cuenta a Dios de mi paso por este mundo, y

      5/ he asistido a bien morir el tiempo que serví parroquias y hospitales a no menos de setecientas personas y siempre he tenido la prudencia de confiar en su resurrección, por lo que sigo orando por ellas de cuando en vez, en verdad todos los días al amanecer. Saludos y mejoría.

      • Pues fíjese.Estoy convencida de que una persona no se va después de morir mientras que crea que se tiene que quedar. No puede irse. O no quiere.
        Tengo la experiencia de que mi madre se quedó cerca de mí. No lo sé explicar. Creí que eso le pasaba a todos mis hermanos. Lo daba por hecho, hasta que un día, hablando con mi hermana la mayor ,se me quedó mirando con una cara extraña. Entendí que mejor me callaba.
        Hasta que años después, así como veinte, ya no estaba. Por lo visto me dio el alta.
        Eso me ha hecho pensar mucho. Dónde fue después? Pues no lo sé. El universo es muy grande y la imaginación más.
        Pero también sé que cuando llegue la hora de mi despedida, ella, junto con algunas personas más, vendrán ayudarme en ese momento. Pero no sé si me podré ir con ellos , quizás me tenga que quedar alrededor de alguno de mis hijos o de mis nietos.
        Y después de todo esto, qué? Pues después de todo esto volvemos, como dice Virginia Wolf , al lugar de donde procedemos.
        Por eso Jesús no es que haya resucitado, es que no le hemos dejado que se vaya.
        Quizás eso es lo que sintió María Magdalena, que no se había ido.
        Quién sabe.
        Nadie sabe.

      • Isabel

        Muy bonito lo que dice, ese acontecimiento que sucedió a María Magdalena -místico, me parece- en el que percibió lo Real inexplicable e indemostrable.

      • oscar varela

        Hola Carmen! Hola Isabel!
        Lo que Uds. dice es muy interesante e importante.
        Sigui-agradeciendo la floritura que me dice Alberto
        acerca de mi modo “resumiente”, voy a “resumir” en dos palabras
        lo de las Cumpas agraciadas:
        Se trata de que los Humanos:
        * no somos PROLE
        sino
        * HEREDEROS (pa’ gracia o pa’desgracia).
        ……………….
        (Para Alberto):
        – Lo mío no es RESUMEN (que sería cosecha mía)
        – Lo mío es DESTILACIÓN (fiel a la cosecha de los Autores)
        ¡Vamos todavía!

  • Ana rodrigo

    Alberto, tus experiencias tan surrealistas dan para  escribir una novela histórica o un libro de relatos tambien surrealistas para estos tiempos que vivimos.

    Gracias por tu genialidad y por los buemnos momentos quenos haces pasar.

     

     

     

  • oscar varela

    Hola!

    Se preguntaba alguien:

    – El Arte es Liberación

    – ¿De qué nos libera?

    – De la Banalidad.

    ………………………

    Los relatos de Alberto son eso:

    Liberan de la banalidad del Olvido.

    Gracias!

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