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Salir del armario católico

Hace ya bastantes años el subdirector de una Escuela de la Politécnica me dijo que cada curso, en la primera clase, les decía a los alumnos: Han tenido ustedes suerte conmigo porque soy católico y por tanto soy más justo, más cumplidor, más interesado por ustedes…

Por otro lado Rafael Díaz-Salazar refirió en una ocasión su decisión de colgar en la pared de su despacho de la Facultad de sociología de la Complutense un gran crucifijo.

Como puede verse, se trata de dos historias diferentes: equivocada y contraproducente la primera (ciertamente a mi modo de ver), ingeniosa y aleccionadora la segunda, pero sin duda ambas con un denominador común, el de la pretensión de salir del armario del anonimato católico.

Alguna vez he meditado en lo que me parece un contrasentido. Si alguien es aficionado al arte plástico comentará a cualquier interlocutor la maravilla de una exposición importante o relatará su viaje para visitar tal o tal museo. Si alguien es devoto de la música hará lo mismo tras escuchar un buen concierto o un montaje de ópera notable. Lo mismo ocurrirá con un lector apasionado y no digamos si se trata del deporte. Pero un católico convencido de su fe, si no pertenece a los kikos o a los cursillos de cristiandad, procurará mantener en la clandestinidad esa condición, intentando que se note lo menos posible.

Se dirá que manifestarse como católico significa siempre ser identificado con los obispos, con la Inquisición, con los curas pederastas o con la Iglesia del franquismo. Verdaderamente no es grato ser contado entre semejante compañía. Una chica que acaba de terminar medicina me contaba que sus compañeros de curso le decían: Pero ¿cómo eres católica? ¿Es que no sabes historia?

Sin embargo esto no me parece un argumento consistente. Si alguien se confiesa comunista lo proclamará sin complejos, a pesar de los millones de campesinos muertos en Rusia o de los asesinatos de Stalin o de Pol Pot.

No, creo más bien que es el miedo a ser menospreciado como perteneciente a una ideología o un movimiento anacrónico, pasados de moda.

Y sin embargo el Nuevo Testamento dice: “Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique?” (Rom 10,14)

Se me ocurren algunos pasos para salir del mutismo católico:

El primero, no obviar el tema religioso. ¿Por qué hay un acuerdo tácito en que en sociedad no se habla de religión? Una vez un taxista me contó que en una ocasión un cliente le dijo: ¿usted no sabe que Dios lo ama? El pensamiento del taxista –así me dijo– fue: ¿a qué viene esta gilipollez? Pero más tarde fue pensando en lo sucedido y se llevó a ser una persona religiosa. Primero, suscitar el tema religioso.

No estoy seguro de que haya que interpelar a todos los texistas pero sí lo estoy de que hay que trabajar para que el tema religioso pueda tener carta de naturaleza en los encuentros sociales.

Después, no aceptar el tópico: todas las religiones son iguales. Si lo son en cuanto caminos de salvación, en su doctrina y su propuesta ciertamente no lo son. Para un cristiano, y con razones, el cristianismo tiene un contenido superior. Encarnación, cristificación son ofertas que sólo él hace él son bien importantes, trascendentales.

Tercero. ¿Cómo justificar que se es católico? Hay que decir antes de nada que hemos entrado ya en el terreno de lo personal. No se puede proponer el catolicismo si no se tienen experiencias fuertes vividas en su seno. Como en los ejemplos del melómano o del lector apasionados, hablamos de lo que hemos visto y experimentado. Como decía san Juan en su carta: “Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos… os lo escribimos para que nuestro gozo sea completo.”

Con esto, como se ve, nos hemos adentrado en el terreno de la mística. Pero ya se sabe –la frase de Rahner se ha convertido en un tópico– que hay que ser un místico para ser un cristiano del siglo XXI. Así pues, de lo que hemos visto y oído tenemos que hablar. Sin jactancia, sin duda, pero sin complejos.

18 comentarios

  • Rodrigo Olvera

    Hola Román

     

    Supongo que te darás cuenta de lo diferente que se lee:

    Mi queja es que los católicos sociológicos no lo dicen

    a

    Mi queja es que los cristianos no lo dicen

     

    Saludos

  • Román Díaz Ayala

    Desde muy joven me he movido en ambientes cristianos no católicos, con amistades profundas y en la asistencia de sus actos habituales (estudios bíblicos, grupos de oración, ceremonias de la fracción del pan…) y con harta frecuencia me encuentro con quien viéndome por primera vez, identificándome yo como católico, se mueve a compadecerme, muchas años ha porque creían que yo no había alcanzado a vislumbrar las contradicciones del catecismo pero ahora más frecuentemente porque ven mi casa confesional hecha un desastre sacudida por los escándalos y los mensajes contradictorios de las varias sensibilidades que asoman en ella.

    España es un país de un acentuado catolicismo cultural e identitario, donde el grado de cumplimiento de la religión se mide estadísticamente por la asistencia a la misa dominical, y según el CIS (Centro de Investigación Sociológica) ésta queda reducido al 26 por ciento de la población. Teniendo en cuenta que ya se registra una población de millón y medio de evangélicos  (protestantes) y otro millón y medio de población de confesión musulmana y que hay sensibilidades católicas muy activas ( los neocatecumenales, los famosos kikos y los carismático, por ejemplo) lo que afirma Carlos F. Barberá se circunscribe a ese catolicismo “sociológico”, alimentado por los ritos o las tradiciones.

  • Rodrigo Olvera

    Dice Carlos: “Mi queja es que los cristianos no lo dicen”. Si hubiera dicho “Mi queja es que los cristianos no lo dicen tanto como yo creo que deberían” no habría nada que objetar. Pero dicho así, es una reiteración de desconexión con la realidad bajo el sofisma de falsa generalización.

     

    Dice también: “Por más que esté en el Evangelio creo que nuestras obras no llevan al anuncio” Interesante que en la “Nueva Apologética Católica” se le enmiende la plana al Evangelio. Bueno, eso de enseñar lo contrario al Evangelio está desde el origen mismo de la apologética cristiana, y así nos ha ido. Con mucha frecuencia, me de la impresión que abundan las personas que se dicen cristianas pero al bajar a los concretos de la vida cotidiana piensan y actúan menos como el Cristo y más como Caifás.

     

    Menciona Carlos su idea de la relación entre obras y anuncio. Me ha recordado algo que escribí por allá de finales de los años 90 del siglo pasado; en el contexto de los ataques del gobierno y de un sector de la jerarquía católica mexicana contra la persona y la labor pastoral de don Samuel Ruíz García en la diócesis de San Cristóbal de las Casas. Un obispo auxiliar de la Arquidipocesis Primada de México afirmó para la prensa: “Los indígenas están insuficientemente evangelizados”.  La nota me llevó a escribir esta opinión, que comparto para contrastar la forma de entender el contenido del anuncio cristiano. [Nota, por si hiciera falta: yo no soy la persona que era entonces, ni mis prácticas actuales son las de entonces. Pero, aún así, creo que para el tema pueda interesar lo que escribía allá por mis años veintes de edad].

     

    INSUFICIENTEMENTE EVAGELIZADOS

    “Los indígenas están insuficientemente evangelizados”.  Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México.

    Al leer la expresión, mis primeros sentimientos fueron de rechazo, debido  a que entendí en ella cierta descalificación prejuiciosa hacia la práctica religiosa de los pueblos originarios y, en especial, una velada crítica a los esfuerzos de la Teología Indígena.

    Pero, al orar en base a las lecturas del día, fui comprendiendo la verdad manifiesta de la frase. Quizá al obispo auxiliar de la arquidiócesis le pasó lo que a Caifás quien, a pesar de su intención, profetizó en nombre de Dios (Jn 11,21).

    La lectura del Evangelio correspondiente fue, precisamente, el envío evangelizador de los Doce, según el relato de Mateo:
    Vayan y proclamen la cercanía del Reino de Dios. Sanen a los enfermos; resuciten a los muertos, curen a los leprosos, expulsen a los demonios. Gratuitamente lo han recibido, denlo gratuitamente.” (Mt 9,7-8)

    Es ya un tópico afirmar que “evangelizar” sería traducido como Proclamar una Buena Noticia. La buena noticia de la cercanía del Reino de Dios. Hasta ahí, el texto no nos incomoda.

     

    Acostumbramos entender la referencia a las curaciones, milagros y exorcismos como un añadido de la proclamación evangélica, como una conveniente forma de “demostrar” la veracidad de la predicación. Así, evangelizar se ve reducido a transmitir verdades doctrinales, corriendo siempre el riesgo de prescindir del “añadido”.

    Pero hay otra forma de entender el texto, según la cual los Doce habrían recibido una y sólo una forma de anunciar la tal cercanía del reino de Dios: atendiendo los males que oprimen al Pueblo. De donde habría que entender a las curaciones, milagros y exorcismos no como un “complemento” de la proclamación evangélica, sino como constituyentes esenciales del anuncio cristiano.

     

    Así, “evangelizar” no sería otra cosa sino posibilitar que el Pueblo pueda experimentar, en la lucha por superar los males que lo oprimen, la cercanía del Amor del Padre como la expresión más auténtica de su soberanía entre nosotros.

    Entendido de esta manera, ciertamente la Iglesia Católica debe reconocer su propia insuficiencia para  proclamar Buenas Noticias a los pueblos originarios, para colaborar en la superación de su opresión económica, política y social. Insuficiencia en sus esfuerzos por colaborar en la defensa de sus derechos culturales. Insuficiencia para reconocer y proclamar que la resistencia de los pueblos originarios es un lugar privilegiado para experimentar el amor de Aquel que dice de sí mismo: “Yo soy tu Dios, el que escuchó tus clamores y te liberó

     

     

  • M.Luisa

    Se han dado aquí varias opiniones  que me parecen salidas de interpretaciones hechas con bastante poco rigor.

    Se dice, por ejemplo, el cristianismo no es una ética sino un anuncio, el anuncio del  Reino de Dios.  Bien, un anuncio que sin sus directrices o instrucciones, como diría Isidoro, devendría en algo inútil, pero ahí ha estado la religión para darlas convencionalmente y convirtiendo la eticidad del acto humano en moral. Es decir reduciendo a moral, a código, a norma, aquello que en su estructura propia realiza cualificadamente  el acto humano.  La forma, el modo de relacionarse con las cosas que constituyen su mundo, la realidad en que vive.   Las instrucciones vienen  en el paquete, en su interior mismo.
    Eso es  lo primero a tener en cuenta del problema que tratamos. Se imaginan que tal anuncio se hubiera llevado a cabo en tiempos evolutivamente  pretéritos  a la inteligencia humana? Un sin sentido absoluto.

    Otro punto que me parece interesante aclarar está referido  a algo que dije al final de mi primer comentario  que también, al parecer, se malinterpretado.

    Allí decía que en tanto humana la ética iguala a toda la humanidad, porque por ejemplo, un acto compasivo, es lo mismo en calidad que lo ejecute  un ateo o un cristiano. Ahora bien, en su dinamismo la ética, decía, puede refugiarse  bien en el terreno de lo cívico como sería en el primer caso o bien orientarlo trascendentalmente.

    Pues bien, es esto lo que quisiera  aclarar porque si de trascendencia se quiere hablar ésta deviene de la propia experiencia ética, es decir, de la primaria alteridad con la que se encuentra ésta al tener que ejecutarla. No se trata por tanto de interpretar desde la fe los hechos, sino desde los hechos llegar a la fe.

  • Isidoro García

    Yo creo, que el tema que suscita Carlos, y que suscita también el rechazo de los racionalistas modernos, es la idea de que el cristianismo, por encima de unas ritualidades con utilidades subconscientes, y por encima de una ética, que no es más que la adaptación cultural de la ética estoica greco-romana, es una intuición esotérica, lo cual es un campo totalmente ajeno a la cultura moderna actual.

    En una cultura que de la hipótesis de que estamos absolutamente solos en el Universo, ha hecho su mito fundacional, toda referencia a una historia cósmica y al papel que pudiéramos ocupar en ella, y a la posibilidad de que exista una jerarquía humana de la humanidad, liderada por un personaje histórico humano, les suena a chino.

    Como dice Luis, es algo infumable, y como dice Ana, son “afirmaciones difíciles de ser aceptadas por la razón tal como la disfrutamos los humanos”.

    Yo creo que los cristianos que piensan de tal forma, deberían llamarse “jesusitas”, pues creen en el Jesús sabio, quizás el humano más sabio. Porque la palabra “Cristo” tiene unas connotaciones esotéricas, de Jefatura de la Humanidad, designado por Alguien superior cósmicamente hablando.

    Pero de todas formas, estos temas son temas cognitivamente secundarios. El que uno crea intuir que quizás haya una historia oculta detrás de la historia común de la humanidad, pudiera ayudar algo en nuestra tarea principal, pero no es en sí nuestra tarea principal.

    Nuestra tarea principal, por encima de creencias o racionalidades, es la de conseguir desarrollar nuestra maduración personal, y facilitar la maduración de nuestros congéneres, formando así una sociedad madura, (que solo se puede realizar con humanos maduros).

    Para acercarse a esa maduración personal, no se precisa conocerlo todo, ser omniscente, y por ello no se precisa intuir la historia cósmica de la humanidad. Pero como creo apuntaba ayer el amigo Albert Soler, y era lo que decía su compatriota y colega Carl Jung, las cosmovisiones religiosas ayudan en la prevención y lucha contra las neurosis de falta de sentido de la vida, que abundan a partir de los cuarenta, y quizás sirvan bastante contra los terrores y angustias ante la muerte cercana.

    Pero la presión social-cultural del pensamiento único moderno es muy poderosa, y nadar en su contra es tarea de héroes, pero eso es lo que hay.

    A lo largo de la historia ha habido héroes como Giordano Bruno. El mismo Bruno que dijo: “Y bien sabéis que el hombre si busca en su conciencia, la causa de las causas, el último porqué, ha de trocar muy pronto la biblia por la ciencia, los templos por la escuela, la fe por la razón… Yo sé que esto os asusta, como os asusta todo lo grande, y quisierais poderme desmentir…”, también dijo:

       “La empresa que has tomado bajo tu responsabilidad, es difícil, rara y singular, pues pretendes arrancar a los hombres de su ciego abismo de oscuridad y llevarles ante la presencia de la clara y tranquila luz de las estrellas, que con tan bella variedad vemos diseminarse por el cerúleo manto del cielo”.   

  • ana rodrigo

    Jesús a lo que se dedicó su vida fue a anunciar un Reino para este mundo, un reino ético . Después ya viene la fe en lo trascendente, en afirmaciones difíciles de ser aceptadas por la razón tal como la disfrutamos los humanos. ¿Qué es Dios? ¿Quién lo sabe?

    Otra cuestión es la razonabilidad de esa fe y de sus ofertas para otro mundo, además de para éste, como respuesta a eso que los seres humanos se resisten a aceptar, que la vida se acaba con la muerte y punto.

    Después está la oferta de las religiones con todas sus conclusiones teológicas y su promesas y ritos y dogmas…

    Mezclar ética, fe y religión es un cóctel que habría que ubicar cada cosa en su sitio.

  • “El cristianismo no es una ética sino un anuncio: el misterio de Dios se ha hecho carne, el Reino de Dios está en medio de nosotros, hay una resurrección final en que seremos semejantes de Dios. Como tal anuncio ha de ser dicho. Mi queja es que los cristianos no lo dicen.”

    O sea. Según parece. hay muchas cosas del cristianismo que triunfo hace siglos. que ni los cristianos osan proclamar. ¿No sera porque son “infumables”?.

    Cristianos hay de buenos malos y mediopensionistas. Y creo que tienen el nivel de conciencia medio. O sea que son racionales. Razón por la que no osan proclamar unas “convicciones” de las que ellos mismos dudan.

    Con todo. Hay quien se aferra al poder sobre las personas que le confería antaño, el ser funcionario de Dios. O sacerdote. Defendiendo lo que ya nadie defiende. Lo tienen crudo. Reman contra corriente….

  • Carlos

    Quiero responder a algunos de los comentarios con unas reflexiones breves:
     El cristianismo no es una ética sino un anuncio: el misterio de Dios se ha hecho carne, el Reino de Dios está en medio de nosotros, hay una resurrección final en que seremos semejantes de Dios. Como tal anuncio ha de ser dicho. Mi queja es que los cristianos no lo dicen.
     ¿Basta con las obras? Por supuesto un cristiano ha de hacer obas (yo mismo escribí un libro sobre la espiritualidad de la acción) pero dudo de que por nuestras obras nos conozcan. Por más que esté en el Evangelio creo que nuestras obras no llevan al anuncio. Primero porque no difieren demasiado de las de otros; segundo porque en un mundo pural y tolerante cada uno puede hacer lo que quiera sin que nadie le interpele por so. Yo celebro misa en un colegio de religiosas. No hace mucho pensaba en el milagro de que unas mujeres renuncien a su vida personal para ponerla al servicio de una causa. Pero estoy seguro de quien es de otra cuerda las ve como una organización empresarial para gente de clase media de la que se lucran y hasta reciben subvenciones. Y se acabó.
     Supongo que mi artículo es una reflexión que me querido hacer a mí mismo: procuro actuar en muchos frentes pero eso no me vale como coartada para no hacer un anuncio que, si no se expresa, quedará sepultado en el silencio. O peor aun, escondido tras de tantas obras católicas.
     

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  • M.Luisa

    En síntesis con lo afirmado por Ana: “Las creencias dividen, la ética une”, se me antoja una reflexión con la idea de fondo que sobre el artículo comenté ayer.

    De dicha afirmación, pues, distinguimos dos partes “las creencias dividen” y “la ética une” una afirmación cuyo resultado se ha obtenido mediante un proceso experiencial en el que al final del mismo se cae  en la cuenta  de que el orden establecido por la religión ha sido invertido.

    Lo primero es la acción humana como tal,  una ética ahí todavía sin dirección moral alguna, y por  tanto tampoco sin concretización  cultural,  es decir, aquella acción desprovista de toda intención que es la que caracteriza al ser humano cuando éste se enfrenta no con la objetividad de las cosas sino con la realidad de ellas que le orientan en la acción.

    Precisamente las creencias se inscriben en el terreno de lo objetivo, es decir, del lugar aquel en donde  intencionalmente  la conciencia concibe con tanta disponibilidad  que no necesita de experiencia alguna.

    Aquí es donde ha trabajado la religión,   suplantando la actitud humanizadora del Evangelio usurpándole su Buena Noticia, lo primordial de Él.

    Si ahora invertimos el orden dando prioridad a la acción “ética humana” ésta  iguala a toda la humanidad  por completo siendo esta situación  el referente a partir del cual pueda aquella ética, en su dinamismo, refugiarse bien en el terreno de lo cívico o bien ser orientada  trascendentalmente.

  • Carlos F. Barberá. Constata un hecho que todos conocemos en nuestra vida cotidiana.

    Sobre todo Europa . Esta sembrada de históricos templos cristianos. La presencia de las iglesias cristianas, ha sido aplastante en la vida de los “fieles” cristianos. Aún tenemos un hueco en nuestra mente, para albergar, siquiera levemente. El miedo al Infierno, con el que nos han aterrorizado, los “padres” o “pastores” cristianos. El clero en definitiva.

    Esta aplastante presión represiva de cristianismo que hemos conocido y conocemos. Afortunadamente -ahora si- los pueblos cristianos, están consiguiendo sacudirse de sus hombros.

    El cristianismo tiene un cebo. El Jesús de los evangelios, leídos literalmente. Picas el cebo y entonces ingresas, en el “rebaño” cristiano. O sea. Quedas a merced de los “pastores”. Y compadezco a quien se deja guiar, por el genérico Magisterio de la Iglesia. O de las Iglesias.

    El seducido por la sabiduría de los evangelios. queda anclado a una única interpretación de estos. la -literalista- y repito, a merced de los funcionarios de Dios, el clero.

    Me pongo de ejemplo: Yo no creo en la historicidad de Jesús. pero creo en Dios, o la divinidad o el campo cuántico o como me gusta mencionar a esta divinidad. El Gran Misterio.

    O sea. Creo en Dios y me he sacudido una vestimenta que es como un antiguo traje de buzo. Muy pesada. Algún cristiano piensa en volar, con el traje de buzo puesto ?

    Los místicos en el cristianismo y también en el Islam “oficiales” secularmente han sido desdeñados, cuando no perseguidos.

    Con la interpretación que se hace de los evangelios, el cristiano queda atado a la misa. Con todo lo que ello comporta.

    Se puede creer en Dios. Y sin embargo leer los evangelios como lo que son. Alegorías.

    Entonces el cristianismo rompería ataduras con lo preracional. Y entonces los cristianos racionales, atados a lo prerracional. No tendrían que preguntarse si salir del armario o no. Porque el cristianismo en cuestión. Habría dado un salto evolutivo. De lo prerracional, a lo racional. Y entonces no tendría la mofa de los racionales.

    Muchos sabéis mi canción. Volver a los auténticos orígenes del cristianismo, el gnóstico. Que ya era racional, y sobre todo que apuntaba a lo supraracional.

    El peso en la historia del cristianismo literalista, como digo, ha sido enorme. Queda mucho del poder histórico adquirido. Pero desaparecerá su poder. Entre otras cosas. Por falta de cristianos….

    Renovarse o morir. Si señor. El cristianismo está entre la espada y la pared….

    (Ha ver, quien es el guapo que replica a lo descubierto por este amigo mio del enlace. Cuya amistad me honra. )

    https://www.youtube.com/results?search_query=llogari+pujol

  • Albert Soler

    En lo que pueda valer mi opinión, mi experiencia de bastantes años en el tratamiento de pacientes con enfermedades cerebrales, tanto neurológicas como psiquiátricas, considero que existe un cierto grado de autorregulación  y de control en personas que profesan algún tipo de religión, básicamente he tratado a más cristianos. Evidentemente en el campo neurológico cada enfermedad lleva su proceso, muchas de ellas son degenerativas, pero creo que el paciente que es creyente tiene mayor facilidad para vivir con la enfermedad, el hecho de adoptar un papel activo en el tratamiento de un problema ayuda a sentirse más fuerte y más preparado para enfrentarse a las dificultades que conlleva su patología.

    También en el ámbito de la psiquiatría, y este es un campo más complejo, en patologías agudas, como pueda ser una depresión, dentro la afectividad parece que la tristeza vital, la perdida de ilusión, el pesimismo la ansiedad, suelen afectar en diferente medida a estos pacientes, en el volitivo que tiene que ver con la voluntad, como el aislamiento, la falta de actividad, aquí los rituales religiosos ayudan bastante a combatir esa desidia que caracteriza a estos pacientes, quizá en el ámbito cognitivo, que va relacionado con la falta de concentración, como el enlentecimiento del pensamiento tengamos un menor resultado.

  • ana rodrigo

    ¿Es que los valores, y, por tanto los frutos, de un cristiano son diferentes de los de una ética laica? Cuando se comenzó a hablar de la ética civil (así se comenzó a llamar hace muchos años), yo siempre decía que esos valores ya los había yo descubierto en el evangelio y en el testimonio de Jesús. Con bastante celeridad se ha ido avanzando en esta cuestión hasta el punto que cuando Juan Pablo II se reunió con todos los líderes religiosos en Asís, trataron de aquello que tenía en común: los valores éticos. (creo que fue así pues mi memoria no suele ser muy fina en estos eventos).  creo que los encuentros ecuménicos van por el mismo camino. Las creencias dividen, la ética, une.

    ¿Qué añade a la sociedad confesar a título personal que eres cristiano? Otra cuestión sería el que la Iglesia que es la depositaria del tesoro del mensaje evangélico, tuviese otro tipo de presencia más acorde con el fondo y el origen de dicho mensaje.

    Pero, como dice Carlos, nos da vergüenza que nos relacionen con aquello que la Institución hace y ha hecho tan mal en la historia y que si Jesús hubiese venido de vez en cuando con el “látigo” de la coherencia y la autenticidad, otro concepto tendría la sociedad del Cristianismo.

     

  • m. pilar

    Comparto plenamente el sentir y ser de Olga.

    La vida, como se vive y se derrama en cuanto hacemos, es la manera de proclamar el hermoso Mensaje de Jesús… en mi caso personal.

    Gracias Rodrigo… me encantó tu compartir tus deseos y sentires en tu escrito.

    Un abrazo entrañable para quienes lo quieran recibir.

    pili-m* pilar

  • Rodrigo Olvera

    Hola Olga y María Luisa, cuando escribí mi comentario no había visto los de ustedes, pero por supuesto que pienso igual.

    Gracias Antonio, por esa información que me permite entender mejor el contexto del texto de Carlos.

    Les comparto algo que escribí hace casi siete años. Un poco de contexto: al llegar a Estados Unidos, como suele pasar con frecuencia, la mayoría de mis compañeras y compañeros no terminaban de saber si yo era creyente o ateo o agnóstico. Cuatro meses después, dos compañeras que ya me conocían mejor me pidieron ser su testigo en sus respectivos sacramentos de confirmación bajo el rito latino de la iglesia católica, siendo padrino de una de ellas. Recibir esa invitación fue el origen de este escrito.

    http://rodrigolverab.blogspot.mx/2010/11/confirma-tus-hermanas-y-hermanos.html?m=1

    Vale. Abrazos y esperanzas, sin filactelias en los brazos ni flequillos en los mantos 😉

  • Antonio Duato

    Totalmente de acuerdo con el comentario de Rodrigo. Lo suscribo.

    Otra cosa es una dialéctica interna que existe entre los cristianos activos y militantes de España entre cristianismo de presencia y cristianismo de de mediación.

    * El primero es confesionalista militante pues se debe visibilizar cómo el cristianismo hace solidaridad, cooperativas, etcétera. Esta tendencia de presencia fue pensada y formulada sobre todo por Comunión y Liberación, que fue el más activo de los nuevos movimientos durante los dos pontificados anteriores a Francisco, sobre todo en Italia.

    * El segundo es no confesionalista militante sino de ocultamiento como fermento en la masa  se suele denominar de mediación, pues las obras concretas para traer justicia y fraternidad al mundo ha de ser a través de mediaciones seculares, colaborando con otros en obras e instrumentos sociales no etiquetados de cristianos.

    Y, a propósito. Me consta que Rafael Díaz de Salazar se alinea plenamente en esta segunda tendencia no confesionalista, de mediación. Pero, al vivir en un ambiente muy politizado y anticlerical como es la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, que le excluía como fiable, a veces, por su pertenencia católica, se le ocurrió ese desplante de poner un crucifijo en su despacho. Pero con la voluntad de seguir participando, como uno más, en proyectos laicos como persona, no como cristiano.  

  • Rodrigo Olvera

    Pretender que el catolicismo se encuentra “en el armario” en la España del inmodificable concordato, las inmatriculaciones administrativas de los bienes de los pueblos a favor de las diócesis católicas, los colegios concertados con financiamiento público, la Ley Wert en materia de enseñanza católica en la educación pública, las múltiples procesiones públicas en cada villa y pueblo, los pregones pascuales encabezados por funcionarios públicos, el juramento de cargos públicos sobre la biblia católica y un largísimo etcétera… bueno, lo menos que se puede decir es que parece una violación del octavo mandamiento.

    Más aún, recuerda al discurso de tantos otros colectivos históricamente privilegiados y opresores cuando comienzan a ver disminuídos (que no eliminados del todo) tales privilegios. “¿Por qué no hay un día internacional del hombre?” (frente al avance de la lucha por la igualdad entre varones y mujeres) “Todas las vidas importan” (frente al avance de la lucha por la igualdad racial bajo el lema “black lives matter”). Es el discurso de autovictimización cuando se reducen los privilegios históricos de que se ha gozado. Pero no; el católicismo no está en el closet en España.

    Dice Carlos “Pero un católico convencido de su fe, si no pertenece a los kikos o a los cursillos de cristiandad, procurará mantener en la clandestinidad esa condición…”.  Yo conozco muchísimas personas, tanto en España como fuera de ella, que son católicas, que no son ni de los kikos ni de cursillos de cristiandad, y que no procuran mantener su condición de católicas en la clandestinidad. Poco respeto me merece una “Nueva Apologética” (intención expresa de Carlos de su participación en ATRIO) que necesite tal desconexión con la realidad.

  • M.Luisa

    Completamente de acuerdo con Olga. Lo valioso del cristianismo se encuentra en  el caracter  ético de los actos humanos,  el fruto que de ellos se extrae.

    Salir del armario compromete a esto y por tanto yo le daría al titulo un sentido distinto,  el que en principio me ha parecido entender,  el cual, si se mira bien, surge de la pregunta ¿ha estado  el catolicismo en el anonimato como para que ahora tenga que salir del armario para darse a conocer? Es obvio que  no, pues ha sido justo  lo contrario de todo anonimato, de una obscena generalización.

    A mi modo de ver tendría que volver a  entrar al armario, reflexionar, rectificar y  entonces sí  salir renovado.

  • olga larrazabal

    ¿No será mejor seguir el lema “Y por sus frutos los conoceréis”? Porque si un cristiano tiene que andar colocándose la etiqueta para que lo reconozcan, quiere decir que es cristiano de nombre.

     

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