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La conciencia, templo laico de Dios

Para aclararnos: entiendo aquí la conciencia como la facultad que percibe los valores éticos. En cuanto al término “laico”, adquiere diversos significados según el contexto en el que se utiliza. En la religión cristiana, “laico” suele contraponerse a “clérigo” y designa a la generalidad de los creyentes que no han sido consagrados para un ministerio o significado especial en la Iglesia. En un ámbito social más amplio, “laico” se contrapone a “religioso” y designa a las personas que no profesan una religión, especialmente la cristiana, que se caracterizan por mantener unas creencias, preceptos y ritos, administrados por una organización jerárquica. En este sentido social más amplio uso aquí el término “laico”.

En este sentido de laico como no creyente, parece incongruente hablar de Dios y de su templo. Sin embargo, frecuentemente, la realidad no es lo que parece. El concepto “Dios” tiene tantos significados como personas que lo nombran; y los conceptos de “creyente” y de “religión” también resultan bastante ambiguos, sobre todo en una época de cambios culturales tan radicales como los que estamos viviendo; pero “con estos bueyes tenemos que arar”.

Entiendo a Dios como un ser personal (capaz de conocer y amar, ¡no va a ser menos que nosotros!), pero no como un ser individual (separable y separado de los demás seres). Un ser inmanente en el mundo y en nosotros, pero que nos trasciende. Un ser que es el fundamento de nuestro existir, el fundamento del Universo, el fundamento de los valores, del amor, de la justicia, de la belleza. En este sentido, Dios es fundamento de la existencia de creyentes y de laicos, fundamento de la experiencia ética (sea de los creyentes o de los laicos) sobre la dignidad humana o la justicia social.

Entonces ¿en qué se diferencian los creyentes de los laicos? En concreto, las personas nos diferenciamos por nuestro comportamiento y en esto, hablando en general, no creo que en nuestra vida social podamos distinguir entre un creyente y un laico. Hay creyentes con buen y con mal comportamiento, y hay no creyentes con buen y con mal comportamiento. Aquello de que se reconocía a los cristianos por “cómo se amaban” es un ideal más que una realidad. En colectivos muy amplios se cumple la campana de Gauss, en la que los extremos son reducidos y la mayoría se agolpa en los valores medios. La diferencia entre creyentes (en general) y no creyentes (en general) está en las explicaciones que damos sobre nuestros actos y sobre el fundamento de nuestros actos.

Una anécdota de Juan XXIII ilustra muy expresivamente esta idea. Cuando era nuncio en París tenía gran amistad con un ministro que se profesaba ateo. Un día le dijo el ministro que quizás esa amistad podía desprestigiar al nuncio. ¿Por qué?, le respondió, si solamente discrepamos en las ideas.

Quizás ahora se entienda mejor por qué creo -evidentemente en lenguaje simbólico- que la conciencia es el templo laico de Dios. Para un creyente, el templo es el lugar privilegiado del encuentro con Dios. Aunque no pensaba así el diácono Esteban, primer mártir cristiano por decir que “el Altísimo no habita en edificios construidos por manos de hombres…” (Hechos 7,48). Ni el Jesús que que le dijo a la samaritana“Créeme, mujer: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén… los que dan culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y de verdad” (Juan 4,20-24). Ni el Jesús de Marcos, que maldijo el templo en el símbolo de la higuera (Marcos 11,11-21). Pero ese ya es otro tema. Para un laico, no creyente, la conciencia es el lugar privilegiado en que experimenta un imperativo ético trascendente (mejor, una tendencia ética trascendente).

Comencé diciendo que la conciencia es el templo laico de Dios. Me corrijo. La conciencia es el verdadero templo de Dios, tanto para los creyentes como para los laicos.

23 comentarios

  • Isidoro García

    Solo quiero señalar la idea clave de mi planteamiento. Y es que para mí es fundamental, la idea de que estamos preprogramados para ser deiformes. Es algo importantísimo y muy esperanzador, en este tiempo tan necesitado de esperanzas y de buenas noticias.

    Venimos de un periodo filosófico existencialista, al que nos ha arrastrado, un materialismo no plenamente informado, no llevado al final de sus posibilidades teóricas.

    (Y digo esto, y como inciso, de que yo creo que el problema no es la ciencia y el materialismo, sino no ser suficientemente científico y materialista: es el ir por el buen camino, pero quedarse a la mitad, no llegar a comprender las cosas por falta de la totalidad de la información adecuada, donde reside el significado clave).

    Según este existencialismo, por el que todos hemos pasado, el hombre no tiene remedio. En él, se hace ley de oro la frase de Kant: “Con la madera torcida de la humanidad, no se puede hacer nada recto”.

    Y ese planteamiento pintaba un panorama al futuro de la humanidad, muy precario, y muy desesperanzador. Y todavía ese planteamiento es el dominante en la cultura actual, y de ahí los contínuos llamamientos moralistas de religiosos y de laicos “para-religiosos”, a intentar conseguir lo imposible: hacer algo recto con madera torcida.

    Y resulta que ahora viene toda una escuela de psiquiatras y psicólogos clínicos, que, (junto a un conocimiento de primera mano en sus consultas, de toda la miseria psicológica humana), nos señalan que de alguna forma, tenemos en lo más profundo de nuestra mente una programación muy concreta y muy definida, que define un proceso de evolución y maduración de la estructura de la mente humana, y que nos conduce hacia la asunción natural de los grandes valores deiformes, de la Verdad, la Belleza y la Bondad. Esta es una idea revolucionaria y muy esperanzadora.

     

    Toda la evolución del Universo se basa en la conjunción de dos grandes fuerzas aparentemente contradictorias: el Azar y la Necesidad.

    Por una parte todo está sometido a la acción constante y sempiterna del Azar. Desde el primario movimiento caótico de las partículas, y su choque aleatorio, debido a su energía intrínseca, hasta el azar de las mutaciones aleatorias que se producen en las largas cadenas genéticas de aminoácidos.

    Este era el primitivo planteamiento darwiniano, que hoy día se ha comprobado insuficiente.

    Desde que hemos comprendido que el Universo no es una mezcla de materia y energía, sino que lo es de materia/energía, (que son lo mismo), e Información, (algo así como de hardware y software), se ha introducido en nuestras cosmovisiones, la idea de que existen dos fuerzas principales que lo explican todo: las fuerzas de la materia, (la Entropía, que tiende a la uniformidad y la paralización de todo), y las fuerzas de la “información”, (las de la complejidad, y de la “emergencia”), que teledirigen el Universo,  y lo han transformado en lo que es hoy día, desde una primitiva sopa informe de quarks.

    Pues ese mismo proceso general rige en el ser humano. Por un lado existen las leyes del azar, que nos asegura una sucesiva acumulación de errores cognitivos y de traumas emocionales, a lo largo de nuestra vida. De esta forma nos acaba poseyendo una entropía mental, que tiende a degradar aleatoriamente el sistema mental, a la imperfección moral, y a los muchos o pocos fallos cognitivos y emocionales.

    Y por otra parte hay una fuerza interior que está escrita en nuestra naturaleza, (en nuestros programas neurológicos heredados), que pugna por aflorar a nuestra conciencia y tomar nuestro control, y que nos hace tender a implementar esa soñada naturaleza deiforme.

    Cada humano que nace, sufre unas circunstancias aleatorias, que le impiden o dificultan su maduración y su autorrealización. Pero sabemos que el paulatino progreso cultural, con un acumulativo mayor conocimiento del Universo y sus leyes, favorece las probabilidades de alcanzar la maduración y autorrealización personal.

    A mejor cultura, más conocimientos y más medios de terapia psicológica, para ir consiguiendo un mayor equilibrio psicológico.  Aunque a veces nos parezca lo contrario, eso es así, y la apariencia de lo contrario lo es por una mayor conciencia y sensibilización de la cuestión.

    Por ello paulatinamente va aumentando el porcentaje de humanos que tienen como objetivo su maduración y autorrealización personal. Esa evolución general se irá acelerando, hasta que un buen día en el futuro, se llegue a una masa crítica definitiva.

    Es un problema de la conjunción de azar y necesidad. Juntas las dos fuerzas, acaban dando lugar a situaciones sorprendentes y cuasi milagrosas. Y todo parece indicar, que nosotros contamos con esa programación natural que al final aún con muchos tropiezos, nos facilitará el ser lo que en verdad somos.

  • Jorge

    Gracias Isidoro por acordarte de que cumplimos mañana 70 años, espero que entremos tal y como dicen en la década de la sabiduría. Felicidades.

    Diferimos, ya lo sabes, en muchas cuestiones, pero coincidimos en lo esencial, el Reino. Dices que para alcanzarlo “tenemos” que madurar en una especie de autorrealización, para dejar salir aquello que por “naturaleza” llevamos dentro, que implican la Verdad, la Bondad, la Belleza, algo que llevamos impreso evolutivamente en la conciencia, o bien en el inconsciente colectivo. Creo que estas afirmaciones carecen de apoyo científico, aunque hayan científicos de prestigio que las hagan en consecuencia con la filosofía-metafísica del autor, elaborada desde su particular filosofía de la ciencia. Desde mi filosofía de la ciencia radicalmente materialista, esas afirmaciones no pueden hacerse porque no hay forma de explicar el cómo están impresos en nuestro interior o conciencia esos contenidos, ni el proceso evolutivo emergente que lo produjo. Tú “sospechas” que están ahí, y yo “sospecho” que no hay contenidos impresos en nuestras redes neuronales previos a nuestras experiencias, sino que los vamos adquiriendo con el desarrollo y el aprendizaje. Lo previo sólo es una estructura funcional de áreas, núcleos y redes, regulada genética y epigenéticamente, que se van integrando en el “conectoma” según vayan recibiendo estímulos externos o propioceptivos de nuestro cuerpo.

    Lo que llevamos dentro no son contenidos ni valores, sino mecanismos de supervivencia para desenvolvernos con éxito no sólo en cuanto a nuestra salud biológica, sino sobre todo en el complejo mundo humano. Lo que heredamos es una mezcla de características altruistas y egoístas, seleccionadas por la evolución por y para nuestra supervivencia, como individuos y como especie.

    Verdad, Bondad, y Belleza, no son universales, basta “mirar” a nuestro alrededor para comprobarlo. Si estuviesen “impresos” en nuestro interior lo serían. Las cosas del Reino, la causa de la justicia sería muchísimo más fácil de realizar si estuviera “impresa” en todos. Hay una queja continua a Dios a lo largo de la historia, por no habernos creado con esos “valores” sellados en nuestros corazones a fuego. Y como es evidente que no es así, culpan al pecado de torcer los planes de Dios, es decir, en lugar de culpar a Dios por su supuesto error, culpan a toda la humanidad por no tener lo que no tiene, (en contradicción evidente para mí).

     
    Para trabajar por alcanzar el Reino hay que “ganarse” a la gente, para que cambie de actitud, valores y perspectivas. En mi opinión, el Reino no es un proceso “natural” de evolución de nuestra especie. Su éxito o fracaso dependerá de las decisiones que tomemos, de las transformaciones que vayan ocurriendo en el medio natural y humano, contando con diversas probabilidades de ocurrencia incluido el azar o sucesos extraordinarios, y según mi fe sobre todo por la fuerte implicación de Dios en él desde su origen, su desarrollo y culminación. Sin Dios la Plenitud Humana del Reino sería una utopía irrealizable.

  • M. Luisa

    Está bien, Isidoro,  también yo me propuse hace tiempo como tú,  exponer mis comentarios sin  animo de establecer diálogo alguno,  precisamente por los inconvenientes que tu mismo detectas, sin embargo convendrás conmigo que con ello se quebranta el carácter mismo o la esencia de todo  Encuentro que como tal  es santo y seña  de la Casa.

    En fin, el que lleva aquí muchos  años se tiene que haber dado cuenta de este distanciamiento ¿Es que a caso no nos fiamos de nuestra capacidad  para dialogar sin violentar? en cualquier caso déjame que te diga que entiendo  tu conceptuación sobre el significado de “deiforme” no obstante como ya apuntaba ayer ese carácter le compete a la realidad humana en tanto realizada. Al parecer tú también al hablar de madurez creo que lo   entiendes  así,  pero    entonces lo fundamental no es la naturaleza, es decir, su potencial natural, sino atenerse al  tipo de realidad que le concierte a la naturaleza humana, a abrirse  a ella para   realizarse de tal modo que lo que antes era mera potencia se convierta en posibilidad abierta  ¿de qué? Pues de eso, de deificación.

  • Antonio José Haya Coll

    Antonio José Haya Coll.

    Es posible esta interpretación de la conciencia es el Templo de Dios, esta interpretación la justificó desde el conocimiento de la conciencia sobre el bien y el mal. Dios es amor y no pudo inculcar en nuestras conciencias algo que no fuera el bien. Se habla de educación pero la educación son enseñanzas adquiridas o impuestas por la sociedad con el sólo objeto de servir a ella y distinta según los intereses de la sociedad a la que pertenezca el individuo. Hablemos de urbanidad, son reglas no escritas, “La Reglas de Ubanidad”, esas que nos indican en todo momento lo que es correcto, a quién ayudar, como tratar al prójimo o el medio ambiente o la Naturaleza. Nadie nos las ha enseñado, no hace falta pues en realidad es la conciencia es justo comportamiento  que Dios infunde en todos nosotros Cristianos o no, laicos o ateos. Desde este punto de vista  si es templó de Dios, en esa conciencia a depositado todo lo que es el bien sin tener que depositar lo que es el mal pues es simplemente lo contrario a lo depositado a “Su Templo”, siguiendo lo que la conciencia nos indica estamos adorando a Dios, estamos entonces haciéndolo desde su Templo.

  • Isidoro García

    Amiga M.Luisa: Hace bastante tiempo, que he llegado a la conclusión de que de los comentaristas, casi nadie lee de verdad lo que escriben los otros. Yo, el primero. (Querría creer que alguien de los no comentaristas lo haga de verdad, porque si no es así, el asunto es desolador).

    Por eso, hace tiempo que yo ya no dialogo con casi nadie, simplemente, me limito a realizar unos comentarios/artículos, en los que expongo mis ideas personales. Si los demás quieren contestar con las suyas, pues muy bien, y si no, también.

    Concretamente, he releído mi comentario/artículo de hoy, y no veo donde he entrado en consuelos y milagrerías varias. Mi teoría se limita a recoger las opiniones de una serie destacada de psicólogos y psiquiatras, obtenidas de sus respectivas prácticas clínicas. ¿Te parece poca realidad?. Podrán estar equivocados, pero desde luego si lo están no se tratará de un error especulativo, sino pragmático de investigación de campo psicológico.

    ¿Qué qué significa lo de “deiforme”?. Lo pongo muy clarito: “es (el afloramiento natural en la mente madura de) la Bondad, además del gusto y disfrute natural por la Belleza y el intenso deseo de alcanzar y poseer la Verdad”. ¿No te parece eso “deiforme”?.

    ¿Y dónde he hablado yo hoy de “auténtico”?.

    Pero comprendo que las ideas de los demás son difíciles a veces de encajar. Como decía muy bien Gonzalo Haya, “algunas propuestas nos parecen falsas porque no encajan en nuestro horizonte. Son piezas de otro mecanismo cognoscitivo que no engranan en el nuestro”.

     

  • M. Luisa

    Me rindo. Isidoro, la verdad no te entiendo!   sales ahora echando  mano del consuelo y de milagrerías varias, cuando ayer, en cambio  la medida de todas las cosas era para ti, la Realidad, además, que entiendes por deiforme?  Es a la realidad la que le compete este concepto, es  ella    la que posibilita el carácter deiforme de la naturaleza humana en tanto realizada. Ayer era “lo mejor”  lo mejor respecto a qué? te preguntaba.  Hoy,  “lo autentico” e insisto,  respecto a qué  distinguimos lo auténtico de lo inauténtico? En  fin, dejémoslo estar.

     

  • Isidoro García

    Antes que nada, muchas felicidades hoy a Santiago, mañana a Ana, y pasado mañana a Jorge y yo mismo, que cumplimos al tiempo, los sabios 70. (Me felicito yo mismo, porque los que vivimos solos, hemos aprendido hace mucho tiempo, que no pasa nada, por hablarnos y contestarnos nosotros solos).

     

    Tal como yo me veo, parecería que somos como un televisor, un ordenador o un vídeo, que tienen múltiples funciones y posibilidades, si las sabemos utilizar.

    Para ello, disponen adjunto de un Manual o Libro de instrucciones, (cada vez hay menos de eso en los cachivaches modernos), de tal forma que estudiándolo y utilizándolo, le podemos sacar el 100 %, o solo el 5 %, que es lo que suele pasar habitualmente.

    Podemos vivir al tran-tran, rutinariamente, que es lo habitual, siguiendo el primitivo estímulo-reacción, o podemos vivir intensa, o creativamente. Ayer leía de una escritora joven que confesaba: “Tengo un máster en relaciones mediocres”. Quizás quería referirse a relaciones con mediocres, o quizás podría haber dicho: hago mediocres mis relaciones y mi vida.

    Si no sacamos partido de todo nuestro potencial humano, que es lo habitual, todos acabamos así. Eso, y no otra cosa es lo de realizarse, (o autorrealizarse), que como dices M.Luisa, es ser lo que realmente somos, al igual que el buen perro es el que se comporta como un perro.

    Cuando, (los primeros días de comprar el cacharro), no sabemos bien su funcionamiento, tenemos que ir con el manual en la mano, leyendo la secuencia de botones que tenemos que apretar, para cada función.

    Posteriormente, cuando ya nos lo sabemos de memoria, no necesitamos el manual. Eso mismo es lo que nos pasa, con las religiones y los códigos morales religiosos. No son más que unas prótesis, unos pobres sustitutos de nuestro conocimiento propio que llevamos en nuestro interior, interior que hay que reordenar para que fluya hacia la consciencia.

    Toda la ascesis humana, consiste en crear caminos de salida y eliminar obstáculos, para que aflore  nuestro programa comportamental que constituye nuestra naturaleza.

    Eso me lleva y justifica mi postura antimoralista a ultranza. No existe una moral extrínseca al ser humano, un ideal que flotaría en una nube, o en un mundo moral, paralelo y similar al mundo de las ideas de Platón. Y la prueba de que no existe, es su nula capacidad de actuación práctica. Los sermones se oyen por un oído y salen por el otro.

    Las personas morales, no lo son porque se adhieran a un código cultural, sino porque su código moral interior, coincide con parte de ese código exterior cultural. Y de ahí se desprende la inconsecuencia general de las personas, que cumplen unas cosas y otras no.

    Y cuando hay alguna persona, férreamente voluntariosa, que cumple a rajatabla, un código que en realidad e inconscientemente, no siente totalmente en su interior, eso le genera una neurosis de caballo, con grandes trastornos personales.

    Esas neurosis que son causadas inevitablemente, por todas las grandes contradicciones interiores no resueltas. (Por eso la sabiduría, consiste en la conciliación de opuestos o contradicciones).

    Y estas neurosis, suelen venir acompañadas por mecanismos internos, para paliar, o más bien esconder daños, (algo así como poner un cuadro encima de un desconchón en la pared). Esos son la disonancia cognitiva, el autoengaño, la ceguera parcial ante los hechos y razones que no nos “vienen bien”, la exaltación de las virtudes de la humildad y la obediencia al superior, etc. etc. (El esconder la cabeza en la arena del avestruz).

     

    El comportamiento ideal del ser humano, su moral, es ni más, ni menos que ser humano, seguir su naturaleza.

    Pero dirán algunos, ¿y si su naturaleza es ser cruel, insolidario, violento y asesino?. Sería un buen dilema.

    Pero, los estudios de la moderna psicología, nos consuelan: “milagrosamente”, (o por pura chiripa), la naturaleza del humano que sigue su auténtica naturaleza interior, es “deiforme”, nos dice Maslow.

    Pero yo no creo mucho en los milagros ni en la fortuna inesperada. Parece que lo natural, lo consustancial, (la otra cara de la moneda), con la Inteligencia, (de la que somos copartícipes), es la Bondad, además del gusto y disfrute natural por la Belleza y el intenso deseo de alcanzar y poseer la Verdad.

    Y cuando conseguimos eliminar los obstáculos para la evolución preprogramada de nuestra mente o conciencia, de una forma natural afloran en nosotros esos tres grandes Valores, con los que nacemos en estado latente.

    De todo esto se desprende, una magnífica noticia: un Evangelio moderno: Por unas razones o por otras, el Ser humano tiene unas potencialidades maravillosas en su naturaleza, y esto es de tal forma, que somos potencialmente “semidivinos”.

    Ahora lo que toca, es crear y organizar una sociedad que estimule y facilite, la puesta en valor de esas potencialidades de cada uno de nosotros. Eso es trabajar por “el Reino de Dios”.

  • M.Luisa

    Hola Isidoro, de nuevo aquí con un poco  de retraso.

    Es de agradecer tu interés en no desaprovechar cualquier dudosa interpretación allí donde ves que haciéndolo nos podría llevar a un mejor esclarecimiento de la cuestión sobre la que tratamos  y  por tanto justo a esto es a lo que me voy a referir.

    Nada más al comenzar tu comentario del pasado día 22 el de las 12h 18´ hablas de la “configuración” de nuestra naturaleza humana. Creo entenderte pero permíteme situar adecuadamente los términos porque  de  hecho lo que  tenemos, es decir  de lo que disponemos,  es precisamente   de  naturaleza, de la figura humana  de nuestra naturaleza. La cual sí podría decir ahí contigo que es la parte biológica,  la que posteriormente  con ella, de modo consciente,  con-figuraremos nuestra realidad (entera).

    Es a eso a lo que se apunta cuando se habla de realización. Poseernos por entero, ser nosotr@s mismos, configurarnos conforme a nuestra propia estructura. Lograr nuestro Yo sustantivo, ese que se enfrenta con la realidad habiendo superado el pequeño yo egoico y meramente sustancial. “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” dijo el filósofo ( no recuerdo ahora mismo quien)

    Fíjate que ahí tu mismo me lo has puesto en bandeja ya que cuando te pregunté respecto a qué se debería salvar la ambigüedad que supone el discernimiento sobre lo que sería “mejor” para progresar en el aprendizaje o en el comportamiento, tu me respondiste “ pues con respecto a la Realidad, que es la medida de todas las cosas” perfecto! He aquí el punto de apoyo.

    Yendo ahora al cuestionamiento que te plantea lo relativo a la estructura,  ahí la tienes, tu mismo puedes descubrir la función estructural de la realidad, puesto que a ésta como mil veces se ha dicho aquí no se puede definir pero sí transitarla y experimentarla a la vez con  una base  esquemáticamente científica como tú siempre reclamas.

    Precisamente cuando en algunas ocasiones hablo de estos dos subsistemas, el físico y el psíquico que nos constituyen en miras de nuestra propia configuración  unitaria, soy plenamente consciente del rechazo que esto supone para sintonizar con empatía, pues puede pensarse que se huye de todo lenguaje místico o poético que es el que nos atrae más, sin embargo creo que para que éste sea real nos será   imprescindible dar este  rodeo con sus pequeñas aportaciones científicas en las que aquel pueda  sustentarse   y a las que torpemente he intentado explicitar.

  • M.Luisa

    Es interesante lo que dices, Isidoro, descubro tema para  responderte  pero no sé cuando podré pues hoy  tengo familiares  a comer, pero, repito, estamos acercándonos!

  • Isidoro García

    No sé si he entendido bien lo que dices, M.Luisa. Pero me explico de nuevo a ver si me he expresado mal o lo has entendido mal.

     

    Casualmente, con el señalamiento de la importancia del inconsciente colectivo en la configuración de nuestra naturaleza humana, he colocado una parte muy importante de la misma, en la parte “biológica”, que no cultural del ser humano. Ese inconsciente colectivo lo heredamos genéticamente todos, y luego se transcribe durante el desarrollo embrionario y neonatal, a lenguaje neuronal.

    Posteriormente ya empieza la fase cultural del aprendizaje, que es donde se introducen los errores cognitivos y emocionales dese nuestros instructores, padres, maestros y sociedad en general.

    E incluyo en esta fase cultural también los errores emocionales, porque se enseña y se aprende a amar y odiar ciertas cuestiones, lo que constituye un proceso cultural. Nosotros disponemos congénitamente de las “programas-máquinas” de amar y odiar, o despreciar, o temer, pero el objeto de dichas emociones, los aprendemos culturalmente.

    Lo que no he entendido bien es la frase: “Sólo así desde la perspectiva  de una estructuración evolutiva  previa se pueden evitar los errores cognitivos y no designárselo a un aprendizaje o comportamiento más o menos correcto”.

    Yo pienso que tener una perspectiva correcta de la realidad evolutiva de la mente humana, es muy positivo, pero los errores cognitivos, (que simplemente son apreciaciones erróneas de la realidad), solo se arreglan con ciencia y conocimiento correctos, (¿correctos respecto a qué?: respecto a la Realidad, que es la medida final de todas las cosas).

     

    En resumen, que si por una parte unimos un correcto y natural desarrollo de la mente humana, programada en nuestros programas arquetípicos internos, con su reloj implacable biológico correspondiente, que va marcando el tempo de dicho proceso de maduración, (pero que se puede ver frenado y hasta parado por graves problemas emocionales),

    – junto con el correspondiente esfuerzo de clarificación y purificación de los inevitables errores culturales recibidos en nuestra infancia y adolescencia,

    – entonces llegamos a la autorrealización personal.

    La teoría, (y la práctica observada por muchos psiquiatras y psicólogos en sus tratamientos clínicos), además dice, que si hacemos eso, y dejamos vía libre a nuestra sabiduría interior natural, empezarán a surgir de nuestro interior, una serie de intuiciones, (no cognitivas, sino sobre la perspectiva adecuada para contemplar la realidad), que nos capacitará para conciliar los opuestos y contradicciones que surgen, y aflorarán claramente los valores de Verdad, Bondad y Belleza, que llevamos en nuestro interior más profundo.

    Esto no lo dicen solo poetas y místicos, sino también científicos, como los de la psicología profunda, (Jung), y transpersonal, (Maslow, Assagioli, Wilber…).

    Parece fácil, pero es un largo y tortuoso camino que no se acaba nunca. Y esa es la nueva espiritualidad laica del futuro, que no será incompatible con la visión religiosa, cuando las Iglesias se modernicen de verdad.

  • Isidoro García

    El problema de hablar en términos poéticos y alegóricos, es cuando olvidamos esa condición y pretendemos racionalizar literalmente las palabras.

    La gran diferencia entre el mundo moderno del futuro, (que ya está asomando la patita), y el del pasado, es que los sabios, en el pasado/presente, describían el Universo con metáforas y símbolos, mientras que el futuro lo harán con fórmulas matemáticas, y diagramas científicos.

    Parafraseando a Churchill, nos encontramos entre el final del pasado y el principio del futuro. Y de ahí nuestro desconcierto general.

    Un ejemplo. Decía Teilhard de Chardin que “El amor es la más poderosa y la más desconocida energía del mundo”.

    Me da la impresión que el genio de Teilhard, estuvo en que su mente se adelantó varios siglos, y veía al amor como una energía “cuasifísica”, con bastante relación con la gravedad.

    Si estamos compuestos de materia y de “información”, (una especie de precipitado de la inteligencia), quizás el mismo papel que ejerce la gravedad en la parte “material” del Universo, lo ejerce el “amor”, (la “simpatía”, la “mutua atracción”), en la parte “informacional” del mismo.

    Pues el mismo proceso cultural-cognitivo, que hizo Teilhard, con el “amor”, hay que continuar haciendo respecto al “alma humana” – aquello que marca y señala la condición humana. Y hasta si se me apura, diría que lo mismo hay que hacer con el término poético-simbólico de “Dios”.

    Poquito a poquito iremos reemplazando nuestras imágenes poéticas, por fotos y fórmulas matemáticas. Y empezaremos a saber de verdad de lo que estamos hablando.

  • M.Luisa

    La tesis de Isidoro según la cual  defensa  que en toda determinación programática de la naturaleza de cualquier especie viva  es preciso que se desarrollen correcta y adecuadamente los procesos de desarrollo embrionario, primero, y neonatal infantil posteriormente, pues bien,  ante este planteamiento  en el que estaría  también yo  de acuerdo,  me pregunto sin embargo,  ¿entonces por qué en el reconocimiento que hace  de ese componente intelectual que caracteriza a los humanos sitúa lo emocional en el ámbito de los valores y la cultura  cuando lo emocional en cuanto sensorio no sólo es anterior al intelecto sino que como  pretérito próximo  heredado  en el orden evolutivo  le sirve precisamente a éste, al intelecto,  de base emergente.

    Sólo así desde la perspectiva  de una estructuración evolutiva  previa se pueden evitar los errores cognitivos y no designárselo a un aprendizaje o comportamiento más o menos correcto, es decir, en esa ambiguedad de lo que sería lo mejor, lo mejor respecto a qué?

    En esto sí le doy la razón ya que en este eslabón olvidado ha sido donde la religión lo ha aprovechado para hacer de las suyas.  En este sentido es por lo que pienso,  el autor, mediante la conciencia le da al alma un sentido más laico y universal. Quiero resaltar  la importancia  de este pequeño gran  matiz (el eslabón perdido) expuesto más arriba que como tal es también tenido en cuenta por los actuales estudios neurocientíficos.

  • Jorge

    La consciencia ¿templo laico de Dios? Mi pregunta es ¿para qué y por qué voy a necesitar, entre algunos o muchos, un templo para Dios?

     

     
    En primer lugar, no lo necesito para orar, pues cualquier lugar es adecuado para hacerlo, no solo de mi entorno (en un edificio construido para tal fin o en los claros de un bosque o en las cimas de las montañas, …), sino sobre todo en mi interior, en mí mismo, pues no solo ora mi conciencia ética y el resto de estados conscientes, sino que también ora mi mente-cerebro, mi organismo, mi vida, …, al poner todo cuanto tengo en función o referencia a Dios, en el tiempo de oración explícita que reservo cada día, que procuro extender a lo largo del día tratando de vivir en presencia de Dios. Un templo solo sirve en mi opinión para reunir una comunidad religiosa orante, y punto.
     

     
    En segundo lugar, ¿por qué y para qué tendría que haber un lugar privilegiado para la presencia de Dios? Pienso que cualquier lugar es adecuado para su presencia, tanto en el entorno externo de las personas como en el interior de sí mismas. Depende de las características y circunstancias concretas de las personas que lo buscan. Si alguien me preguntase por un lugar privilegiado para buscar a Dios, yo no le respondería que lo buscase en su interior, en su consciencia ética, o en su experiencia vital, o en su alma-espíritu, o en su mente-cerebro, …, le diría más bien que lo buscase en todo aquello que se mueva hacia la Plenitud Humana, ya sea en sí mismo o en los demás, sobre todo en los demás. Supongo que debe ser a la particular idea o contenido de Dios que tengo, como Plenitud Humana.
     

     
    La idea y contenido de Dios que propone Gonzalo es radicalmente distinta a la mía. Lo propone como un ser personal (al menos será persona), trascendente e inmanente en el mundo y en el ser humano, fundamento del existir de éste y del mundo, fundamento de valores y belleza, y por tanto fundamento de la experiencia ética. Para mí la idea y contenido de Dios no me sirve ni como explicación ni como fundamento de nada, tampoco de la experiencia ética. Para mí los problemas que surgen de buscar explicación y fundamentación de nuestra realidad incluida la ética, no se resuelven sacándolos de ella y situándolos en perspectiva sobrenatural o divina, anulando con ello la posibilidad de resolverlos, sino más bien buscando soluciones en la misma realidad aumentando nuestro conocimiento.
     

    La fe en Dios como Plenitud Humana “me sirve” para sostener una fe confiada en el triunfo final del bien y la esperanza viva de alcanzar una vida plena. Para ello no necesito tener a Dios en ninguna parte, ni en mi interior, ni en ninguna estructura o constitución de la realidad en la que vamos siendo y viviendo. Dios, como Plenitud Humana, es una apuesta por un futuro espléndido para toda la humanidad sin exclusiones. Y la Plenitud Humana funciona en sentido laico (sin religiosidad), pero también puede sostenerse con sentido religioso.

  • George R Porta

     
    ¡Hola, Gonzalo! Lamento haber publicado mis discrepancias con respecto a tus afirmaciones, pero te pido disculpas por ello.
    Estoy seguro de que te sobrarán quienes apoyen gustosamente lo que afirmas porque, en efecto tus ideas encajen en sus respectivos modos de pensar, lo cual no quiere decir, aceptando lo que afirmas, que esa circunstancia sea evidencia de que estés acertado en lo que afirmas. Será solo la evidencia de que piensan y sienten lo mismo.
     

  • Gonzalo Haya

    Sin entrar en detalles, estoy de acuerdo con lo que propone Isidoro, pero no puedo hablar de neurociencia porque apenas he leído algo sobre ese nuevo campo científico. En el campo espiritual (o teológico) empecemos por reconocer que la existencia de Dios es razonable pero no demostrable (creo que tan indemostrable, pero más razonable, como la no existencia, aunque esto sería muy largo de explicar). Actualmente la tendencia es a rechazar cualquier interferencia de Dios en el mundo y en la Historia (rechazo al Dios tapa-agujeros). Creo que es una reacción excesiva a la tendencia milagrera que hemos vivido. Creo que un Dios inmanente, un Dios Espíritu y energía, fundamento inseparable de nuestro ser, no influye desde fuera violentando nuestra libertad, sino desde nuestra misma voluntad y libertad. También influye en nosotros, sin violentar nuestra libertad, un pensador, un ejemplo heroico, o la opinión pública. Quizás a través del “inconsciente colectivo”.

  • Gonzalo Haya

    Amigo George, creo que haces un excesivo análisis de algunas frases, y los árboles no te dejan ver el bosque. Las frases por separado se prestan a interpretaciones que no encajan en el conjunto del texto. Por otra parte creo cada vez más en el pluralismo cultural (y religioso); porque creo que la Realidad es tan inabarcable que no cabe en nuestros límites cognoscitivos. Algunas propuestas nos parecen falsas porque no encajan en nuestro horizonte. Son piezas de otro mecanismo cognoscitivo que no engranan en el nuestro. En conjunto, “sólo diferimos en nuestras explicaciones”.

  • Isidoro García

    La idea de que la conciencia moral es el “templo de Dios”, es una expresión alegórica y poética, constituye el pretendido fundamento de la llamada Ley natural, que habría instalado Dios en el hombre, y que por ello, adquiriría vigencia universal, y además tendría carácter de Ley divina.

    En principio, y formulado como lo formula Gonzalo, no es más que un apriorismo, una intuición personal, que en estos tiempos modernos hay que explicar, (no son buenos tiempos para la lírica), y en su explicación hay dos grandes problemas a aclarar.

    El primero, es el mecanismo material-mental concreto a través del cual se aplicaría esta acción divina en el hombre. Si no queremos entrar en el “sobrenaturalismo”, y la acción de la voz de Dios, directa sobre cada persona, deberíamos encontrar el sistema con el que Dios habría realizado su obra.

    Y este no puede ser otro que un locus neurológico. (El gran problema de la modernización de la religión estriba en encontrar donde concretamente está la llamada “alma humana”).

    El segundo, es la evidente pluralidad moral, en la especie humana, que no se resuelve solamente, aduciendo que hay unos, los buenos, que obedecen dicha Ley natural, y otros, los malos que no.

    Por la necesidad de resolver esos dos problemas, he planteado la hipótesis de la existencia de unos programas conductuales heredados genéticamente, que establecen la “naturaleza humana”, lo que caracteriza a nuestra especie humana.

    Para los creyentes, este diseño concreto de la especie humana, directa o indirectamente, proviene de Dios y en ese sentido es “la mano o la voz” de Dios.

    Ahora bien, como todos los programas determinantes de la naturaleza de cualquier especie viva, es preciso que se desarrollen correcta y adecuadamente, los procesos de desarrollo embrionario, primero, y neonatal infantil posteriormente.

    Y en el humano, que tiene un fuerte componente intelectual, además se precisa que su posterior proceso de aprendizaje cultural, y emocional, sea correcto y adecuado, evitando errores cognitivos y creencias erróneas, y que su mente se desarrolle lo mas equilibradamente posible. Sería lo de la “conciencia debidamente formada”, de que habla la iglesia, para condicionar la libertad de conciencia.

    En resumen, que dicha “mano o voz” de Dios, aflora de nuestro interior, cuando hemos logrado un proceso de maduración y autorrealización psicológica, proceso que no entiende de religiosos o creyentes, o sea es totalmente indiferente a la fe religiosa.

    La fe religiosa, puede ser, si es correctamente asumida, un elemento de estímulo y aclaración de conceptos cognitivos. Pero como señalaba antes, la maduración personal, más que saber muchas cosas, consiste en saber las cosas “importantes”, y evitar las ideas y creencias erróneas, que son como echar tierra en el café con leche.

    Y en este proceso de discernimiento de las cosas importantes, y de las cosas que no merecen la pena creer o saber, las intuiciones surgidas de la profundidad de nuestra mente, (llamémosle el Inconsciente colectivo, o como queramos llamarlo), son el elemento clave de todo. Y eso lo tenemos todos, creyentes y no creyentes.

    Y ese conjunto de ideas morales, aprendidas culturalmente, y corregidas y tamizadas por nuestras intuiciones sabias, son las que constituyen en nuestra mente consciente, la conciencia moral o imperativo moral.

  • George R Porta

    Mi Resistencia a que se utilicen expresiones en primera persona del plural no es ni resultado de un capricho, ni es resutado de algún razonamiento absurdo.

    Cuando se trata de experiencias humanas que pueden ser más bien generales a fuer de comunes, claro que es posible y en ocasiones se debe utilizar el «nosotros» o las formas verbales de la primera persona plural.

    Lo que me parece impropio es utilizar la primera persona plural o sus correspondientes formas verbales para afirmar ideas, doctrinas, puntos de vista, conformidades, generalizer actitudes favoritas o conductas propias, o, como lo escribió una persona en otro hilo, para intimar «alguna forma de complicidad» (no sé si esas fueron las exactas palabras).

    Cualquier afirmación general de ideas, creencias, opiniones o lo contrario negaciones, protestas, denuncias, antes de emplear el lenguaje inclusive, primero es solo cuestión de buenas maneras y de respeto que los demás que se verán indirectamente envueltos tengan la oportunidad de consenter a ello o no.

    No en balde cuando se circula una petición o se hace una denuncia se solicitan las firmas de aquellas personas que deseen apoyar (u oponerse a ella) en el caso que sea.

    Ya sé que a menudo se hace automáticamente, lo cual explica ese proceder, pero desafortunadamente no los justifica.

  • George R Porta

    ¡Hola Asun! Desde luego que no, pero pensándomelo mejor… no, sigo pensando que no. Un saludo cordial.

  • Juan Ramón

    Gracias, Gonzalo, poniendo palabras a aquellas intuiciones que tantos compartimos. Un abrazo.

  • Asun Poudereux

    Gracias, Gonzalo, por este artículo y tantas cosas que compartes activamente. Y especialmente por tu moderación. Y ahora me explico.
    Si como dices y entreveo, la consciencia es lo más inmediato y directo que nos vincula a lo que es y somos en última instancia, dejemos de una vez de pensar y hablar por los otros, y en este caso concreto, en los laicos no creyentes, trayéndoles a nuestro terreno como del que surge toda verdad. Lo que llamamos Dios queda reducido y quizá más ignorado al ponerle nombre, además de ser ubicado en un lugar cerrado, enaltecido y magnificado por el celo religioso.

    Sé que es difícil desenmarañarse de aquello en lo que hemos crecido y se nos ha formado, a pesar de que cada vez nos vamos liberando de lo que no nos es coherente o nos impide ver, experimentar por nosotros mismos.

    La consciencia no queda delimitada por la conciencia, de la que tanto efecto e influencia religiosa ha tenido en nuestras vidas de creyentes. De la consciencia emerge el conocimiento, la sabiduría, el amor, no excluyendo sino incluyendo y desplegándose en todo lo que es. Somos en ella y en ella estamos aun siendo de ello no-conscientes.

    En la vida práctica, mi padre, un hombre sencillo y aprendiz de la vida, solía decir: No hay religión más que hacer aquello, que en nuestro interior más íntimo nos hace sentir en paz, y próximos a los demás. Con sus gestos desvelaba una gran profundidad de sentimientos y sabiduría. No decía mucho más, no hacía falta. Le conocíamos bien.

    ¡Ah!Espero que George no me llame, bueno no me llames la atención por utilizar el nosotros. ¿VALE CON UNA SONRISA? Gracias.

  • George R Porta

    Leo: «La conciencia es el verdadero templo de Dios, tanto para los creyentes como para los laicos». (Énfasis mío).

    Si la conciencia es el «verdadero» templo de Dios, cabe interpretar que haya templos falsos. También que es, en este lugar o «templo», e. d., la conciencia, donde el ser humano opta por el bien o el mal, y que lo primero sea quizás análogo a la oración o la adoración y lo segundo —siempre análogamente— sea blasfemia.

    En el mejor de los casos se tratará de un «templo neurológico» y eso parece más bien una complicación innecesaria, aunque los científicos lloren de alegría.

    El cerebro parece que sea el lugar de la conciencia, de las funciones ejecutivas que materializan el discernimiento, que es la operación de la conciencia.  

    El cerebro parece estar evolucionando aún. Afirmar que la conciencia sea «verdadero templo de Dios» plantea una multitud de problemas teológicos, sobre todo innecesarios, pero además incluso como metáfora parece demasiado «lanzada». ¡Inevitable no recordar aquí el dogma eucarístico de la «presencia real»! ¿Otro dogma a estas alturas?

    Si Dios existe como deseo y espero que exista, no puedo explicarme que este Dios que «habla» al menos en cada eucaristía celebrada en los «falsos templos», permanezca mudo o impasible «en su verdadero templo», e. d., la conciencia, sin persuadir efectivamente a quien por ignorancia o con toda mala intención decide infligir el mal a otra persona o lo autoinflige. O el mismo Dios al que todavía, de modo tan cuestionable, el magisterio católico-romano le atribuye haber aceptado aquello que prohibió a Abraham, el asesinato sacrificial (Juan 11, 49-50) de su propio Hijo.

    Con respecto al aún no resuelto problema del silencio actual de Dios vale la pena de recordar que la tradición Midrásica del canto de alabanza de Moisés y los israelitas (Éxodo 15, 11) —en las traducciones «¿Qué dios hay que sea como Tú?» o algo semejante— el traductor hebreo, traduce controversialmente «¿Quién es como tú entre los mudos porque su Dios no es como los ídolos o falsos dioses de barro que «tienen boca y no hablan» (Salmo 115, 5; Habacuc 2, 18). (La Cattedra dei Non Credenti, en Opere di Carlo María Martini, Milano, Bompiani, 2015, 476-477). 

    Situar a Dios como residente en la conciencia o en el sagrario, replantea el silencio de un Dios que como aquellos «ídolos» permanece impasible ante el sufrimiento de su pueblo, contrario al Dios de, por ejemplo, Éxodo 3, 7.

    En este caso todo el problema está causado por la autorectificación final del autor del hilo, de otro modo la metáfora es desafiante y poéticamente hermosa.

  • Gonzalo gracias por este articulo cuyo titulo me gusta mucho. En francès tenemos una canción religiosa que dice” Tu es là au coeur de nos vies”  “Estas allí en el corazón de nuestras vidas”

    !Que mas que la consciencia personal como la consciencia de la comunidad pueden ser el templo de Dios! Poner la consciencia en la cabeza de toda autoridad no es negar la autoridad sino modularla a la autoridad de nuestra consciencia. En este sentido necesitamos todos desarrollar un oido especial para escuchar lo que nos dice la consciencia. Esta consciencia tiene que conjuntarse con la buena fe. Uno no puede hacerse cuentos para tenerlo mas facil. La consciencia nos libera de los fantasmas y de las mentiras que a veces se imponen en nosotros.

    Gracias Gonzalo por tu reflexión : Dios esta en el corazón de cada uno de nosotros somos su templo com él es nuestro acompañante.

     

    Buen dia

     

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