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Las mentiras del Jueves Santo

miquelAPROVECHANDO UN ESCRITO DE UN CATÓLICO PRACTICANTE LATINOAMERICANO

Hace un par de años escribía a un amigo diciéndole que, por diversas razones, ya no solía asistir a los “oficios litúrgicos” del Jueves Santo. Su respuesta fue enviarme un escrito de un católico practicante latinoamericano (del Perú, por lo que se puede deducir) en el que exponía sus razones para “dispensarse” de la liturgia de este día.

No hay otro día del calendario litúrgico en que se acumulen mayor cantidad de errores teológicos en la predicación.

Y ponía estos ejemplos, que todos hemos escuchado más de una vez:

“Hoy celebramos el día del sacerdocio”

“Un día como hoy conmemoramos la instauración de la Eucaristía”

Hoy ya no nos pilla ningún pavor si decimos u oímos decir que Jesús no fundó la iglesia y que, por lo tanto, no instituyó ninguna clase de ministerio eclesial y así podemos aceptar que

Todos los ministerios fueron creados por la tradición y las necesidades pastorales

y mantener nuestra negativa a reconocer

…una clase selecta que remonta su existencia a la propia voluntad de Jesús

¿Y qué decir de la “instauración de la Eucaristía”?

Lo que se recuerda en el Jueves Santo es que Jesús festejó la pascua con sus discípulos y que los primeros discípulos, por ser judíos, continuaron celebrándola con un enfoque nuevo: la muerte de Jesús es el inicio de nuestra liberación.

No tenemos ninguna razón para descartar que Jesús con los suyos (sin querer precisar más quiénes -ellos y ellas- formaban parte de este “con los suyos”), judíos como eran, celebraran la Pascua (y sin querer precisar más ni el lugar, ni el tiempo, ni el cómo).

Lo que me parece es que, hoy día, no podemos llegar a precisar cuándo “los primeros discípulos, por ser judíos”, comenzaron a celebrar su fiesta pascual con “un enfoque nuevo”, dando un valor salvífico a la muerte de Jesús.

La doble plegaria eucarística, que muestran un trasfondo judío, conservadas en la didaché (La doctrina de los Doce Apóstoles), pronunciadas “una vez estéis saciados“, no hacen ninguna mención de la muerte de Jesús, ni recuerdan para nada una Última Cena. Cedo la palabra a John Dominic Crossan:

a a finales del siglo I había ciertos cristianos en Siria (¿meridional?)que celebraban una eucaristía del pan y del vino sin el menor rastro de banquete pascual, de Última Cena, o de simbolismo de la Pasión basado directa o indirectamente en ella. No me cabe en la cabeza que este grupo tuviera conocimiento de todos estos elementos y se hubiera tomado la molestia de omitirlos. Lo único que puedo es presumir que, desde luego, no estaban a disposición de todo el mundo desde un principio, y que por tanto no eran una institución solemne, formal y definitiva del propio Jesús… Lo único que digo es que su existencia hace que resulte tanto más inverosímil una Última Cena con el simbolismo de la Pasión instituïda por Jesús el día antes de su muerte con el mandamiento de repetirla periódicamente.

Jesús: Vida de un campesino judío
Pág. 420s

Si quieres saber más…

La crítica de nuestro católico latinoamericano al acto simbólico de lavar los pies podría parecer a algunos ya desfasada, después que el Papa Francisco, el año pasado, fuera a una cárcel de menores, y formaran parte del grupo de los doce diez chicos y dos chicas y, entre los doce, hubiera dos musulmanes. Por mi parte yo mantendría la crítica, pues la “mentira” de este acto simbólico está en lavar lo que ya está más que lavado. Supongo que un buen chorro de agua de colonia llevaría cada pie… Lavar aquello que ya está lavado, ¿no es hacer comedia?

Leer el escrito
de este católico latinoamericano

4 comentarios

  • George R Porta

     
    Toda persona tiene derecho a afirmar que no cree aquello que considera falso. Otra cosa es calificar de mentira a algo que otros creen verdadero.
     
    Lo primero solo requiere el ejercicio de la razón y la voluntad. Lo segundo requiere, muy importantemente, la evidencia de la falsedad, o lo que es lo mismo, la certidumbre que demuestra que lo denunciado sea mentira.
     
    Es absolutamente cierto que la religión es opio para mucha gente. Como se consideran los cuidados paliativos un derecho universal humano, la religión constituye un derecho, sobre todo cuando no se provee acceso universal a la educación y al cultivo de la razón, la cultura, etc.
     
    ¿Qué quedaría a aquellas personas que se alivian cuando contemplan a Jesús crucificado e identifican sus propios dolores y problemas con los que debió tener alguien que fuera clavado a una cruz? ¿Qué importa todo el rollo si se trata de otro cuento de los hermanos Grimm? ¿Por qué es perfectamente ético contar historietas de hadas y fantasías imposibles a los niños y hay que negarles la religión a quienes solo tienen eso si no se les provee lo que necesitan para cambiar su situación de opresión?
     
    No creo que las instituciones religiosas tengan ningún derecho a explotar las creencias y las miserias de las gentes. Es justo que se les exija y se les lleve a los tribunales si actúan mal y se les denuncie en sus hipocresías…
     
    Si alguien quiere mirar «El Secreto de Puente Viejo» y a Francisca que sobrevive el paso de los años como nadie en la TV, ¿por qué no debe poder hacerlo?  Yo no resisto esos culebrones, pero la solución está a mi alcance, no mirarlos.
     
    ¿por qué quienes necesiten creer en los rituales del Jueves Santo tienen que escuchar que todo lo que se hace y dice en los rituales de esos días sea «mentira»? ¿No fuera más apropiado educar para que la gente pueda optar si va a la iglesia que prefiera o no?

  • Hay una aptitud de crítica frente a la Iglesia, especialmente contra los obispos, sucesores de los apóstoles. Incluso desde dentro de ella. Critica más o menos objetiva y más o menos injusta; algunas veces, despiadada con respecto al pasado: sobresalen, por ejemplo, el tema de la Inquisición, la convivencia con el poder temporal etc.
    Ante todo, lo que debemos afirmar es que la crítica a la Iglesia, como a cualquier institución (no olvidemos que la Iglesia también tiene carácter divina por su Fundador), se puede dar, incluso es conveniente que se dé. Solamente que el calificativo de crítica “despiadada” es lo que hay que matizar.
    En general, para que una crítica sea realmente digna de un acto religioso interno, y que tenga una finalidad constructiva, el que critica tiene que criticarse a sí mismo; es decir, no creerse un santo y que critica desde fuera. Si es cristiano, tiene que sentirse involucrado también en aquello que critica. Él es un responsable de la Iglesia: eso tiene que notarse.
    Toda crítica en que no se note que el que la hace, está criticándose a su vez, es decir que se siente responsable, sujeto mismo de la crítica, ciertamente no es una crítica intraeclesial.
     
    Desde luego hay cuestiones históricas muy complejas de resolver. Por ejemplo, la Inquisición, el caso Galileo etc. Yo, en general lo que diría sin entrar en exámenes históricos que la pureza del cristianismo no se mide por los errores que haya cometido. Lo que debe examinarse más bien, es si esos errores fueron en contra de su propio espíritu o no; y si para salir de ellos tuvo que arrancar páginas de su escritura o de su doctrina. En este caso fue al revés: para suprimirlos tuvo que volver a sí misma. De allí que, aunque objetivamente, se dieron algunos errores en el pasado, ello no dice nada contra el cristianismo.

  • Daniel

    Escuchando en estos momentos la radio (jueves,2030) además de dar la noticia sobre procesiones de rigor,(Valladolid) la noticia más importante era la ocupación hotelera, la ocupaciòn de las casas rurales, el número de turistas que se espera mañana, cómo la hostelería está encantada de la Semana Santa. Total: nada. Lo más importante: nada. La Semana Santa de Valladolid, es una llamada al turismo. Los pasos que salen en la procesión se pueden contemplar en el Museo Nacional de Escultura durante todo el año, tranquilamente.

  • ana rodrigo

    Creo que ya hay muchísimos cristianos y cristianas que pensamos igual que este católico peruano.

    Pero el pueblo, los templos llenos de gente fervorosa creyendo lo de siempre, está ahí. Y no hablemos de las procesiones en Semana Santa aquí en España.

    Esto sí tiene mucho futuro, en cambio el estudio serio para diferenciar entre textos evangélicos y tradiciones, no tiene interés para las masas, diría más, lo rechazaría con gran furia.

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