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A quién le conviene el Papa “Súper estrella” 3/4

vatican insider Aniversario de la elección de Francisco; la tercera parte del análisis de Gianni Valente.
La obra de los cambios en las estructuras curiales y la trampa del neo-triunfalismo

GIANNI VALENTE. CIUDAD DEL VATICANO. VaticanInsider

Papa Francisco repite a cada paso (lo acaba de hacer con «Die Zeit») que es un pecador falible. Los pobres del Pueblo de Dios advierten que también esta confesión les hace compañía y los consuela, porque recuerda a todos que el Papa va por su camino solamente porque va abrazado sostenido por la misericordia y por la bendición de Dios.

 Pero sin dones particulares, en los aparatos eclesiales no es posible permanecer durante mucho tiempo suspendidos en el «vértigo» del milagro, encomendados a la aparente precariedad de la gracia. Rápidamente surgen los que se equipan para «cosechar ganancias», los surfistas que están listos para cabalgar la ola evangélica que transmite el nuevo Papa al cuerpo eclesial. Los aspirantes a arquitecto que siempre tienen listos proyectos para «dar nuevo impulso» o para «cambiar a la Iglesia». Listos para adaptar al nuevo contexto los reflejos condicionados ya ensayados en otras estaciones eclesiales.

 

  • Nuevas consignas

A una parte de los aparatos clericales que se formaron en las últimas décadas no les parece verdadero poder reciclar en nuevas partituras y nuevas consignas la instrumentalización con la que contaban principalmente durante la larga época wojtyliana. La que trata al Papa como «psicopompo» de la Iglesia (singular fórmula utilizada ya hace tiempo por Giuseppe De Rita), una especie de Rey taumaturgo, el «motor primero», el sujeto primordial capaz de infundir energía vital a la máquina eclesial. «Cuando me idealizan me siento agredido», repite, sin que se le escuche, Papa Francisco. Jugando con el ícono pop papal, bendecido por el “mainstream” mediático, e incluso con la polarización fomentada por los «apaleadores» virtuales anti-Bergoglio, muchos aficionados al Risk eclesiástico-clerical realínean sus frentes bajo las banderas de un nuevo (paradójico culto al Papa-justiciero) héroe solo contra el mundo que liberará a la Iglesia de los malos. Con respecto al pasado reciente, en el fondo, se trata solamente de afinar un poco más a la izquierda las consignas del nuevo clericalismo. Los «wojtylianos de izquierda», después de lustros de perder partidos contra los «wojtylianos de derecha», a menudo están dispuestos de buen grado a repetir como pericos las frases célebres de Papa Francisco sobre los pobres y la «Iglesia en salida», en el caso de que sirviera para balancear las relaciones de fuerza entre los grupos clericales.

 

  • Los atajos de la imagen

Bajo los humores ebrios de la auto-celebración puede pasar de todo. Incluso las palabras y las fórmulas más importantes para Papa Francisco, desmenuzadas en las licuadoras del nuevo conformismo, sufren una mutación genética y se transforman en su opuesto, en el léxico de un neo-triunfalismo clerical que siempre está ocupado, como los de otra factura, en aplaudirse. Vuelve a difundirse, en el tejido eclesial, el extendido frenesí de utilizar atajos de imagen, efectos especiales y esa obsesión por los «récords» y por los «cambios históricos» que congestionó también los últimos años del Pontificado wojtyliano. Las «groupies» del neo-conformismo clerical se deleitan hablando de la «Iglesia de Papa Francisco» para referirse a la Iglesia que es de Cristo (Pablo VI, “Ecclesiam Suam”). Cargan sobre su paso titubeante el peso de liberar al cuerpo opaco de la Iglesia de todos sus atrasos, de las artrosis que la vuelven lenta e ineficaz, de sus verdaderos o presuntos retrasos con respecto al ritmo de la historia.

 

  • Operaciones de mercadeo

Los grupos de fans y seguidores le aplauden al Papa para aplaudirse a sí mismos. Lo pintan como un Superhéroe con poderes especiales, mismos que hay que difundir con adecuadas operaciones de mercadeo, transformando en mantras para la fidelización sus frases más recurrentes. Pero también los que siempre están angustiados por la «irrrelevancia» de la Iglesia, y a quienes tal vez no les causa tanto entusiasmo el Papa argentino, le reconocen el marido de haber rescatado la imagen de la empresa, que estaba maltrecha. Y hacen de todo para sobrevivir a esta estación, tratando de no tomar ninguna postura. En privado muestran sus disgustos por el estilo del Obispo de Roma, pero después escriben artículos y cartas pastorales llenas de «periferias», «discernimientos» y «olor de las ovejas». Parece que se sostienen y justifican recíprocamente los seguidores interesados y las bandas de «asesinos mediáticos» contratados en su contra.

 

  • La obra de la reforma

Las distancias más alarmantes y objetivas entre el «sensus Ecclesiae» confesado por Papa Bergoglio y ciertas dinámicas operativas puestas en marcha en su nombre se advierten en la obra de las reformas. En donde los objetivos y los recorridos delineados hasta ahora parecen siempre tener como fundamento y criterio la naturaleza propia de la Iglesia y la acción que le conviene, pero a veces parecen copiados de los parámetros de eficiencia y «éxito» de las compañías que dictan el ritmo de la globalización occidental. Mientras el Papa tiene en mente a la Iglesia «extendida» que vive en cada una de las diócesis y en cada una de las parroquias del mundo, alimentada localmente por al eucaristía, los dicasterios romanos, en lugar de perseguir reducciones «sustanciales», son fundidos con lógicas que acabarán reduciendo el personal con el tiempo, pero, mientras tanto, los delinean como súper-ministerios dotados de «una relevancia mayor» (discurso a la Curia del 22 de diciembre de 2016), centrales más eficientes en el ejercicio de ciertas pretensiones de dirigir a la Iglesia universal, según los cánones más actualizados de la «business organization» empresarial.

 

  • Multinacionales y consultorías

El Papa cuenta con buenas reservas de pensamiento crítico frente a los mecanismos de financiación económica y a las pulsiones tecnocráticas del poder global, mientras los artífices de la reforma económica hecha en su nombre comenzaron a moverse al principio dentro de los cánones más patentados de la ideología neo-capitalista «compasiva» de origen anglosajón: eficiencia y transparencia, inversiones y capitales que hacer crecer según las reglas del mercado, obviamente «por el bien de los pobres». En la discutible fase inicial, las comisiones y los órganos instructores a los que se encomendó la reforma fueron infiltrados por agentes de todas las multinacionales y sociedades de consultoría que marcan el ritmo de la globalización financiera del Atlántico Norte (McKinsey, Promontory, Erns Young, KPMG). Todos dispuestos a ofrecer asesorías «imprescindibles» para arreglar un banco modesto, cuyo «core bussines» deberían ser las cuentas de las monjas y de los institutos misioneros.

 

  • Correcciones a media obra

Los documentos administrados por las comisiones de ese periodo acabaron en los libros de «Vatileaks 2». Los informes del proceso vaticano en contra de los responsables de aquel lío revelaron que quienes expresaban sus reservas frente al «modus operandi» del obispo Vallejo Balda y de su equipo eran catalogados de «enemigos de la reforma» impulsada por Papa Francisco. A cuatro años de distancia, la reforma económico-administrativa del Vaticano, la primera que comenzó, sigue sufriendo ajustes y correcciones. Y se necesitó tiempo y esfuerzo para corregir la dirección mal orientada que todo el mecanismo «reformador» había tomado al inicio, arrastrándolo todo, aprovechando un énfasis puramente retórico. Desde que Papa Francisco recuerda insistentemente a los sacerdotes la fisonomía paterna de su vocación y de su ministerio pastoral, la eclesialidad oficial parece nunca haber estado tan llena de monseñores, obispos y cardenales «dirigentes». Cuanto más más repite Papa Francisco que la Iglesia está compuesta principalmente por laicos y laicas, más monopolizan los clérigos (con fajas violeta o con birretes púrpura) roles de responsabilidad y funciones que, en sí mismos, no exigen el sacramento de la orden.

 

  • El caso de la Radio Vaticana

La última distancia entre las vías sugeridas por la predicación de Papa Francisco y los senderos que han tomado las reformas vaticanas es lo que ha sucedido en la Radio Vaticana: el principio del desmantelamiento de una red capilar de información libre –y también récords de audiencia y de publicidad–, fuente confiable de noticias sobre el Papa, la Iglesia y el mundo en general, por un equipo de trabajo internacional. Un patrimonio precioso y vital de competencias que debe ser valorizado, sí, incluso con las esperadas racionalizaciones y la reducción de las estructuras. Durante décadas, la Radio que inauguró Pío XI y que los Papas encomendaron a los jesuitas ha alcanzado todos los rincones del mundo, contando las historias de los pueblos con una mirada abierta propia de la fe cristiana y de la Sede Apostólica. Ahora, con las decisiones que se han tomado sobre la radio en el marco de la reforma de los medios vaticanos (como indicó el portal especializado «Italradio»), «parece inevitable que las transformaciones en acto dejen a muchos sin la posibilidad de escuchar la Radio Vaticana». Y esto, prosigue el portal especializado, se muestra «en dramática contradicción con los valores que la Radio Vaticana siempre ha encarnado, desde el primer día de su fundación, considerada, desde siempre, como el medio con el que la Iglesia llega incluso a los últimos y a esas periferias a las que dedica tanta atención Papa Francisco. La radio era el símbolo mismo de la universalidad del mensaje que transmitía. Hoy falta esta universalidad, porque la percepción que se tiene de la comunicación vaticana es que debe poner en el centro las tecnologías en lugar de los usuarios y que debe dirigirse solamente a quienes puedan utilizar los nuevos medios, mientras que los radioescuchas tradicionales son tratados como un fastidioso y costoso peso del que hay que librarse lo antes posible». Mientras el Papa «porteño» aleja todavía más a la Iglesia católica de cualquier identificación exclusiva y obligada con el Occidente avanzado, las estrategias mediáticas construidas a su alrededor afanan con la identificación con las redes sociales occidentales y con los mecanismos heterodirigidos de los motores de búsqueda. La Santa Sede (Secretaría de Estado) anunció el pasado 22 de febrero que una multinacional especializada vigilará sobre el uso de la «imagen del Papa», y se intervendrá con «oportunas medidas» en los casos de abuso. Justamente como hacen las grandes compañías para tutelar sus marcas. Y mientras en el Vaticano se anunció un acuerdo con Facebook para difundir los mensajes del Papa vía teléfonos inteligentes en 44 países africanos, la semana pasada el Secam (organismo de representación de todos los obispos africanos) difundió la carta que envió al Vaticano para pedir que se restableciera el servicio en ondas cortas de la Radio Vaticana, que acaba de ser interrumpido en África en el marco de la reforma.

(III – Continúa)

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