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¡Publicado el libro INCLINAR LA BALANZA de Jorge Felip!

INCLINAR PORTADA

Jorge Felip Fernández
INCLINAR LA BALANZA. Un científico antes Dios

El contenido de todo un taller de ATRIO presentado en un gran libro
Para poder trabajar la propia síntesis personal más fondo
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512 pp. Disponible en Librerías citando Editorial: Libros@atriollibres.es   34-963 622 532
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Tipo de edición y envío



 

Científico y cristiano, Jorge Felip pone sus dos convicciones en los platillos. Quizás mejor, creo que lo que pone en los platillos es el método racionalista del materialismo-cientista y el método intuitivo ético-religioso ¿Hacia dónde se inclinará la balanza?

El mérito de este libro está en la sinceridad y en la independencia con la que el autor ha tratado de coordinar su fe cristiana (formada en el catolicismo tradicional en los años previos al Concilio Vaticano II) con el “materialismo-cientista más radical” (asumido durante sus estudios y su docencia en Ciencias biológicas). Sinceridad e independencia que le llevan a conclusiones que, a mi parecer, unas veces son muy acertadas y otras no tanto.

Durante más de treinta años ha reflexionado, ha asistido a cursillos de “Filosofía y Ciencias Religiosas” y, sobre todo ha leído mucho en forma autodidacta. Estas reflexiones pueden ser de gran interés para quienes encuentran dificultades al coordinar su fe con su profesión o con su cultura actual.

 

Planteamiento general

El Prólogo del autor da cuenta del difícil equilibrio que experimenta en su vida entre su fidelidad al cientifismo y a su fe cristiana. Reconoce que “no existen seguridades ni verdades absolutas”, ni en la religión ni en la ciencia, y tenemos que optar por una creencia. Tanto la afirmación de la existencia de Dios como su negación son creencias; se trata de optar por la que parezca más razonable.

Con este fin desarrolla una amplia investigación, que estructura en dos partes. En la primera indaga sobre la ciencia y la religión, partiendo de la realidad biológica del hombre y la propuesta de un “Misterio Absoluto Trascendente”, que va concretando en un Dios personal y en la fe en él. En la segunda parte analiza qué Dios y qué religión, ciñéndose a las religiones monoteístas, especialmente a la católica que le “ofrece mayor credibilidad”, y culmina proponiendo una ética de mínimos y una ética de máximos, la “ética del amor”. Cada capítulo concluye constatando un equilibrio de razones en pro y en contra del tema propuesto, y tomando una decisión que suele inclinar la balanza en el platillo de su fe. El libro termina con un Epílogo y unas conclusiones, que resumen los resultados de esta laboriosa investigación.

La extensión del libro, la complejidad del tema, y los sutiles matices elaborados durante años para justificar sus decisiones exigirían un amplísimo comentario, como ya se hizo y permanece abierto en el Taller “Inclinar la balanza” en atrio.org. Cada uno puede detenerse en el capítulo que trata sus propias preocupaciones. Por mi parte me limitaré a esta apreciación general y a la sección que más me afecta actualmente. Se trata de lo referente a las creencias de la Iglesia católica, que ambos compartimos, aunque con razones y explicaciones diferentes, y que considero importantes para equilibrar la fe con la cultura actual.

 

La fe cristiana

La bibliografía que presenta nos orienta sobre sus lecturas. Abundan los temas sobre Dios, Jesús de Nazaret, la historia de la Iglesia, la ética… Me llama la atención que no mencione ninguna obra de Teilhard de Chardin, pero más significativa aún me parece la ausencia de documentos del Vaticano II, y de teólogos actuales que plantean una visión actual del cristianismo.

El autor ha conocido en Atrio artículos y talleres que no cita, como el del jesuita Roger Laeners “Otro cristianismo es posible”; de introducción a Marcel Légaut; referencias a Bonhöffer y a Torres Queiruga, y a éste en temas tan importantes para el autor como la creación, la revelación y la resurrección. También se han publicado en Atrio artículos sobre el obispo episcopaliano J S Spong, autor del libro “¿Por qué el cristianismo tiene que morir?”. Para su laboriosa reflexión sobre el dogma de la divinidad de Jesús le habría sido muy esclarecedor el libro de Moingt “El hombre que venía de Dios”, aunque éste es menos conocido.

Una interpretación actualizada de las Escrituras (Sicre, Arregi, y Pope Godoy en feadulta.com) y la evolución progresiva de la revelación en la Historia (Torres Queiruga) delimitan mejor los campos de la ciencia y de la religión, y facilitan una aceptación coherente.

Enumero estos autores en la línea de una comprensión más abierta de la religión porque creo que el problema que se le ha presentado al autor consiste en que ha adoptado, al menos en algunos temas importantes, dos fundamentalismos enfrentados: el materialismo radical y una teología preconciliar.

En el aspecto científico parece confiar solamente en los experimentos controlados y en el razonamiento lógico: “no me puedo conformar con el puro sentimiento. No puedo detener mi racionalización… y dejarlos en una nube de misterio” (p.283). Aunque creo que al final la que va decidiendo es la razón vital de su fe que, como la decisión consciente, “se parece más a una corazonada que a una argumentación lógica” (p.456).

            En el aspecto cristiano muestra un fundamentalismo que reconoce críticas al comportamiento de la Iglesia, pero mantiene la interpretación tradicional de los principales dogmas (aunque disiente en otros aspectos de la doctrina de la Iglesia). A estos dogmas ha llegado por sus decisiones sucesivas al tratar sobre Dios, Jesús, y la Iglesia, y los acepta al pie de la letra, sin considerar la evolución histórica de la cultura en que fueron formulados y a pesar de las intricadas explicaciones que se ve obligado a elaborar para no caer en patentes incongruencias.

En un platillo de la balanza están sus conocimientos científicos profesionales y su extrema “racionalización”, en el otro sus conocimientos religiosos; pero los conocimientos religiosos no podrían equilibrar el peso de los científicos si no hubiera puesto en ellos el enorme peso de su fe en Jesús de Nazaret.

Una muestra de estas intrincadas explicaciones puede verse en las secciones que dedica a la encarnación-resurrección y a la virginidad de María (c.11, pp.376-88).

Resulta imposible resumir el alambicado análisis lógico que le permite encontrar una posibilidad de aceptar los dogmas de que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, y de que María, siendo virgen, es madre de Dios. (Sin embargo, no analiza la formación, validez y alcance de estos dogmas, como hace Moingt. Su razonamiento es más racional que histórico, más de principios teóricos que de acontecimientos reales).

Para explicar estos dogmas, afirma que la divinidad de Jesús está en la plenitud humana (un concepto clave para el autor), que se le reconoce a Jesús en su resurrección; de ahí deduce que también tiene que tenerla desde su encarnación; y explica la posibilidad de que María, siendo virgen, concibiera un varón (con cromosoma Y), en plenitud, y verdaderamente hijo de Dios. Para ello imagina una posibilidad teórica, aunque realmente imposible, que salvaría la posibilidad de coherencia entre la fe y la razón científica y lógica.

Leamos este párrafo, quizás el más exagerado de toda su reflexión, pero muy significativo como alarma que indica a dónde conduce un racionalismo radical:

Los humanos en la Plenitud futura podrían haber intervenido en la concepción de María. Toman un óvulo de María, extraen su núcleo e inyectan en él un núcleo de cualquier célula del cuerpo de Jesús resucitado, y luego lo implantan en María. Se desarrolla un varón idéntico genéticamente a Jesús, algo que al fin y al cabo resulta paradójico. Jesús resucitado tras su muerte, vive en la última generación humana, en el tiempo futuro de Plenitud. ¿Podría haberse dado una “clonación” de sí mismo, del hombre Jesús que vive en la última generación humana, a fin de realizar con todo detalle su propia biografía que ya conoce? Pienso que todo esto puede resultar como poco extraño, y a muchos les resulta más simple dejarlo en el misterio, pero como siempre a mí me gusta pensar que existe una posibilidad ni mágica ni mítica, aunque sea extraña” (p. 387-8).

Al leer este párrafo hay que reconocer que hemos llegado a un callejón sin salida; hay que volver a la encrucijada en que nos desviamos del camino correcto.

La Roma clásica conocía el proverbio “ne quid nimis” (nada en demasía). La cultura japonesa también huye de las exageraciones y pide, sobre todo “armonía” (ahora el manga japonés está divulgando a los clásicos latinos). Sin embargo, nuestro temperamento nos impulsa a la radicalidad: “sostenella e non emendalla”.

Para hacer razonable la creencia en la encarnación de Jesús y la virginidad de María se le presentaban tres caminos: misterio, milagro, o reinterpretación. El autor, fiel a su método científico de ensayo-error, ha ensayado un nuevo camino de explicaciones, pero sin resultado satisfactorio.

Ante las alternativas misterio-milagro-reinterpretación, yo me sumo a muchos teólogos actuales que optan por la reinterpretación de los dogmas y creencias, y a su inculturación conforme a los “Signos de los Tiempos”.

 

Ambigüedad de un doble final

             Curiosamente este libro presenta un doble final. En primer final se da en el último capítulo, dedicado a la Ética, que termina con la ética del amor y el epígrafe “Dios es amor”. Este último epígrafe se cierra reproduciendo el “Himno a la caridad” del capítulo 13 de la Primera carta de Pablo a los Corintios. Este final sería un triunfo de su intuición ético-religiosa.

El segundo final se produce con el Epílogo, en el que resume esquemáticamente sus conclusiones y culmina con el siguiente párrafo:

“Y las razones para la elección no es cuál de las dos es la VERDERA pues esto nadie lo sabe, sino cuál de ellas prefieres, te conviene o te parece mejor, por la que puedes apostar con tu vida porque te merece la pena”.

             Este segundo final parece querer salvar su fidelidad al método del racionalismo científico y suavizar el triunfo de la intuición ético-religiosa.

Creo que la razón vital, la lógica del corazón, l’esprit de finesse, ha superado a l’esprit de géométrie; lo necesita para justificarse y explicarse, pero de ningún modo debe ceder por un complejo de inferioridad ante la maquinaria racionalista.

70 comentarios

  • M.Luisa

    Me abstendré de prestar atención a la precipitación y a la poca delicadeza con la que  Isidoro endosa  sobre mis comentarios sus falsos criterios. No me atribuyas a mí  lo que te corresponde hacer a ti, ni falta hace que te diga  que no   estás obligado a leerme pero si me lees intenta leerme bien sin prejuicios y sepas, ahora me viene bien  decírtelo,  que yo no espero respuesta alguna de nadie  sobre las reflexiones que expreso, agradezco por supuesto  pronunciamientos estimulantes como alguno vasco que me cae de vez en cuando, pero en cualquier caso me conformo con sólo poder expresar,  por la amabilidad que ofrece  Atrio,  lo que en años he dedicado tanto esfuerzo.

    Dicho esto sí  que  quiero  restituir el sentido de aquello  en el cual has doblegado el contenido de mis  comentarios dejándolo como unos zorros.

    ¿Dónde hablo de religión? ¿Dónde hablo de demostración?  ¿Dónde hablo de razón pura? ¿dónde hablo de de deducciones lógicas?  Si con tan sólo me detuviera  a analizar el primer párrafo de tu comentario de ayer ya encontraría material suficiente  para hacer las debidas e imprescindibles objeciones.

    Pues eso, la primera frase que dice: “La realidad a conocer en religión, o sea, la “divinidad” y sus relaciones con nosotros, no es un conocimiento como lo puede ser el conocimiento de la inmensa mayoría de objetos del Universo, objetos de las Ciencias.

    Primero, la religión no es una realidad sino  una construcción  humana, por tanto lo que a primera vista nos ofrece toda religión no es “realidad” sino “sentido”. Y este sentido es diverso en las diferentes culturas.

    La realidad es anterior al sentido  por lo que  nos lanza al “fundamento” de éste, es decir, ahora sí, a la realidad de Dios. Lo que está a nuestra libre opción y  alcance es ir al fundamento  no a la  realidad misma, por eso se nos plantea su acceso desde abajo, desde la horizontalidad, desde las cosas mismas  como tan cansinamente  vengo repitiendo.

    ¿Y sus relaciones, dices,  con nosotros?  Pues a través de las cosas  con el trato real con ellas, no con su trato meramente objetivo. Las cosas aunque para la ciencia pueden ser objetos de medición para la filosofía  son estas mismas  cosas dimensionadas, no otras.

    Otro punto que    me parece erróneo y que bien centrado facilitaría  además la comprensión de lo que acabo de decir,  es  la perspectiva desde la cual conceptuáis  la idea de Universo. Hablas del Universo  como que en él hay objetos ( es una idea residual del  antropocentrismo) es decir, que son los objetos los que en su “conjunto” forman el Universo y esta idea es muy anticuada,  el típico cesto de manzanas aristotélico que su actuar unas con otras es de tipo causal.

    Así ha pensado todo el sustancialismo clásico.  La perspectiva, pues, ha de ser la contraria. Frente la visión conjuntual del  Universo su visión  “campal” en lo que lo primero no son las cosas sino el “campo” que las contiene y por tanto todas ellas antes de de su correlación causal ya  están ellas en función unas con otras ( entenderlo así es lo que nos hace decir que las cosas son complejas) No forman por tanto un conjunto sino un sistema, una estructura, en definitiva, un “campo” abierto.

    Sus relaciones por tanto no son causales, como digo, sino funcionales   siendo esta funcionalidad  donde hay que alojar la  posibilidad de la trascendencia que ellas albergan.   Es el acceso a Dios a partir del fundamento, de la horizontalidad,  no de su idea conceptual sea ésta excelsa o no.

  • Jorge

    No puedo estar más de acuerdo con el último párrafo de Isidoro. Cada uno se monta un Dios a su medida, quiero decir un estar siendo en el mundo de manera particular según su experiencia personal y el entorno en el que va viviendo. Cada uno si quiere “construye” su mundo por medio de conjeturas que va enlazando entre sí por los indicios o notas que va asimilando o no (descartes), por medio de los sentidos, intuición, aprehensión, intelección, …. las compara con la experiencia anterior, y cuando alcanzan la consciencia puede si quiere elaborar con todas esas “notas” un sistema racional más o menos lógico y coherente, del cual puede si quiere obtener un cierto sentido a su mundo que le sirve en la vida (o no, muchos no le encuentran sentido).

    Mi posición ante el Misterio Trascendente ya la conoces. He elegido cerrar cualquier acceso a la Trascendencia. Es una elección que no se apoya ni le preocupa la distancia que pueda tener con la verdad, la Verdad con mayúscula, pues sólo se trata de estrategia. Me evita problemas y cuestiones que tienen muy difícil solución o respuesta. Mis afanes o inquietudes para relacionarme con el Misterio Trascendente las he pospuesto tras el logro de la Plenitud Humana por el conjunto de toda la humanidad en el futuro. Pongo como condición necesaria la plenificación de la humanidad para abrir el acceso. Hasta que esto no se logre, el acceso permanecerá cerrado, según lo que he elegido. Entiendo que otros no puedan ni quieran hacerlo, puesto que conjeturan que en el Misterio Trascendente está la clave del sentido de la Realidad como totalidad, el de sus propias vidas y la de todos. No resisten la “tentación” de hacerlo. Y me parece bien, cada uno sabrá lo que le conviene y le sirve.

    El posponer mi relación con el Misterio Trascendente no impide la expresión de mi religiosidad. Si la Plenitud Humana abre el acceso a la Trascendencia es porque quiero y puedo suponer, creer y esperar que la Plenitud Humana esté que algún modo que desconozco incluida en la Trascendencia. Creo que Dios es a la vez Misterio Trascendente y Plenitud Humana constitutivamente, por ello mi religiosidad se expresa a través de la Plenitud Humana dejando en silencio, respetuoso y expectante, la divinidad Trascendente.

     
    Y es verdad Isidoro, que creo que desde la Plenitud Humana futura se podrá guiar el curso de la historia humana en la dirección adecuada para lograrla. Y esta guía no sólo es debida a unos cuantos “mensajeros” dispersos por la historia, aunque también, sino que podrá darse a nivel personal y colectivo. Creo como tú que no estamos solos en este esfuerzo. Esta ayuda desde la Plenitud, por tanto, desde nuestra realidad física futura, me recuerda a la propuesta de los ángeles y los ángeles custodios personales, sólo que en lugar de verlo como Mundo Espiritual tal como propones, yo lo atribuyo a conocimiento, ciencia y tecnología, de la que dispondrán los humanos de la Plenitud.

  • Santiago

    Queridos amigos, creo que hay mucha tela que cortar por aquí..Quisiera comentar cada uno de vuestras acertadas observaciones que abarcan la filosofía, la ciencia y la teología en general, pues cada uno de nosotros presenta una interesante visión de esa realidad que vivimos a diario en esta vida…pero no me va a alcanzar el tiempo…

    Con respecto a lo que escribí a Jorge sobre Jesús y la “no explicación” de la divinidad, en realidad, tuve antes que calificar un poco esa afirmación, ya que me refería a que Jesús no se dedicó a enseñar una clase de teología sistemática, sino que hablaba de Su Persona como divina…y que mas centrado está el cristianismo en la PERSONA DE CRISTO, que en su doctrina.     El cristianismo NO es un mero compendio de unas ideologías filantrópicas sino que para pertenecer a él, se requiere una adhesión personal a Jesús..Por eso yo hablaba de que Jesús siempre apelaba a la FE en EL..El siempre nos habla siempre en primera persona…y eso lo hace cuando explica también la relación co-sustancial con su Padre, y las diferencias entre ellos…porque EL es el que ES, el que ESTÁ y el que quiere relacionarse con nosotros….siempre que nosotros accedamos…

    Por otro lado, yo no me llamo cristiano para “seguir unas normas y una conducta que cualquier persona no creyente sigue igual o mejor” sino porque la vida que da Cristo  a los que creen en El, es la vida consciente de la gracia “que salta hasta la vida eterna” y que requiere nuestra cooperación…No podemos, pues, juzgar a los demás…Nosotros juzgamos solamente “las apariencias”, pero Jesús-Dios juzga “el corazón” y las “intenciones” mas profundas del ser humano…Solo El nos va a juzgar, según el Evangelio, sobre nuestro grado de amor en relación a Dios, a nosotros y al prójimo, y solo El ejercerá la justicia con la misericordia…Un mundo que se aleje cada vez mas de su centro que es Jesús se convierte en un caos  ¿No es lo que estamos viendo actualmente en todos los ámbitos, “un mundo a la deriva”?…pues El mismo dijo: “Sin Mí, nada podéis hacer”

    Jesús “nos deja instalados” en Su realidad revelándose a nosotros…Jesús SI es la única realidad absoluta…pero somos nosotros los que, por nuestra naturaleza imperfecta, no podemos “abarcarla” en su totalidad…por eso, por nuestra escasa visión no podemos “ver” todo el esplendor de la divinidad..Y es por eso también que NO podemos acceder al misterio divino, al Misterio de Cristo, con solo nuestras fuerzas humanas…Necesitamos la ayuda de la gracia, además de las¨”pistas y los indicios” y de la base histórica de la FE…La cooperación es mutua…No nos podemos quedar “en lo cósmico de las cosas”..sino profundizar “en su realidad sentida” para  “ver” “lo trascendente” y “la trascendencia misma”.

    Nosotros somos solamente “receptores” de la libertad, del poder de decisión que existe en nosotros como característica de la persona…”Recibimos” la existencia y con ella todos los otros dones dados, como la capacidad de amar, de decidir, de conceptualizar, de abstraer…y de acceder a la trascendencia…No somos “creadores” de nuestra realidad, no podemos explicarla cabalmente…Nuestra pobre visión no puede llegar mas lejos…por eso Pablo dice que vemos en “espejismo”..La realidad divina lo penetra y lo sostiene todo, a partir de nuestro ser en el Cosmos…Dios, pues, es el TODO…

    Siento dejar este amena conversación por unos días…pero volveré en cuanto pueda…

    Un saludo cordial   Santiago Hernández

  • Isidoro García

    Vamos a ver si nos aclaramos, sobre todo yo.  La realidad a conocer en religión, o sea, la “divinidad” y sus relaciones con nosotros, no es un conocimiento como lo puede ser el conocimiento de la inmensa mayoría de objetos del Universo, objetos de las Ciencias.

    En el Universo, en cada momento histórico, hay una parte que está a nuestro alcance, que estudia la Ciencia, utilizando los tres métodos lógicos: deducción, inducción y abducción.

    La deducción, nos lleva de una ley general al conocimiento de un hecho concreto.

    La inducción nos lleva de unos hechos concretos a una ley general.

    Y la abducción según la Wikipedia explica que “un razonamiento abductivo, es un tipo de razonamiento que a partir de la descripción de un hecho o fenómeno ofrece o llega a una hipótesis, la cual explica las posibles razones o motivos del hecho mediante las premisas obtenidas. Charles Sanders Peirce la llama una conjetura. Esa conjetura busca ser, a primera vista, la mejor explicación, o la más probable”.

    Pero los fenómenos religiosos no son accesibles mediante la Ciencia. En religión los hechos o fenómenos “religiosos”, son todos muy subjetivos, y poco claros, (son los indicios o pistas), y lo que se pretendería es

    1º) llegar a certificar su existencia real, y

    2º) llegar a comprender su verdadero significado para así comprender verdaderamente la naturaleza de la relación humanos-“divinidad”.

    Pero llegar a probar o certificar su existencia real, es algo muy difícil, dada su naturaleza incierta.

    – Ni es fácil demostrar la realidad de la “revelación”, y menos aún del contenido real de la misma, dentro de un gran maremágnum de revelaciones muchas de ellas mitológicas e inciertas.

    – Ni es fácil demostrar, (por ahora), la existencia de algún/algunos programas neurológicos con contenido de “sabiduría”, (integrantes del Inconsciente Colectivo universal), hipotéticamente insertados por la “divinidad” en nuestro genoma humano.

    – Ni es fácil demostrar la existencia de unas comunicaciones telepáticas, (o de otro modo desconocido), con cada humano, desde un Mundo espiritual oculto en nuestro Universo.

    Ninguno de los tres tipos de grandes pistas o indicios de la “divinidad”, es fácil de demostrar su existencia real.

    Por ello la religión no es una cosa racional. Hay que hacer un acto de fe-intuición, que no deja de ser muy subjetivo, y muy peligroso de conllevar error. Algunos hasta hablarían de fe temeraria, y es posible que lleven razón. La fe es creer algo que no sabemos.

    Por eso no se puede aplicar a los temas religiosos, los razonamientos, (muchos de los cuales no entiendo bien), que aduce M.Luisa, para el conocimiento “normal”.

    Si crees, puedes seguir adelante, pero ni no crees, no merece la pena seguir. En el frontispicio de la filosofía teológica o teología, habría que poner un letrero: “Abstenerse de entrar el que no crea en la espiritualidad-divinidad-trascendencia, aunque cada uno tenga una idea distinta de esas cosas”.

    Y una vez entrados por la puerta, la teología, debería intentar crearse un modelo religioso, que fuese coherente y racional, con los saberes generales sobre el Universo, y con la idea preconcebida personal de cada uno, de su “Dios”.

    Pero aquí no hay pruebas, solo “indicios” más o menos creíbles e intuitivos, pero que nos sirven para iluminarnos un poquito en la obscuridad cognitiva del mundo religioso-“divino”.

    Por eso en teología se usa un método abductivo, pero no científico, sino religioso. Se buscan los indicios, (yo he encontrado tres fuentes, otros encontrarán otros), se hace el acto-intuición, de creer que son verdaderos, y luego con nuestra lógica humana, (nuestra sabiduría del Universo), y nuestra intuición sobre “nuestro” Dios, se establece un “relato”-conjetura, sobre cómo puede ser el asunto, encontrando un sentido a todo ello.

    Yo creo que no es tan difícil de entender. Otro tema es que cada uno se forma su propia cosmovisión, como quiera o como pueda. Y no es un tema de discusión, como no lo es el libro de Jorge, o mis propias especulaciones. Cada uno ve las cosas de una manera diferente, y en el fondo, la verdad es que podrían ser de cualquier forma rara, o a lo peor, no ser de ninguna.

  • M.Luisa

    Con estos comentarios que se van añadiendo me asaltan deseos nuevos para seguir mi  reflexión  desde estos diversos  aspectos  y ver si en la  globalidad  de ellos  logro cohesionar todo lo que hasta ahora vengo expresando.

    Leo en el comentario de Jorge que el discurso de “las pistas y los indicios” le alejan del suyo. En cambio, a mí la comparación entre ambos discursos, el que admite “pistas e indicios” y el que no los admite,  me ha servido   para ver que es ahí justo en  ese punto donde se originó mi alejamiento con las teorías de Jorge. Algo que ya percibí   hace tiempo pero que ahora al salirnos al paso el enfoque del problema  desde la fenomenología ha quedado aquella diferencia más  perfilada y localizada.

    También considero erróneo, pos supuesto, y así lo  manifesté, sacar una deducción lógica a partir de estas incipientes experiencias.

    En qué coinciden, pues,  ambos discursos? En despreciar  dichos  indicios. Pero yo me pregunto ¿De dónde sino,  con respecto al conocimiento,  sin este puntal primigenio, sacaría la inteligencia elementos para que  a nivel de razón aquel culminase  en sabiduría?

    Pongamos un ejemplo con una  analogía detectivesca. Qué persiguen con la lupa los detectives? Indicios, pistas,  que les conduzcan paso a paso  a dar  razón concluyente de los hechos que analizan. La prueba de los hechos se basa precisamente  en estos datos incipientes y así seguiríamos  también aludiendo  a la experimentación científica.

    Con todo, ahora, para completar lo que llevo dicho  me detendré en  esa parte de su comentario donde dice: “En cierta ocasión un agnóstico decía que si se viese en la otra vida con Dios le diría que las pistas de su existencia fueron muy insuficientes y yo estoy de acuerdo. En mi opinión nada hay en nosotros que nos capacite para acceder a la trascendencia”.

    Claro que a nivel de conocimiento allí donde la razón es creadora    cualquier pista o indicio  son, con respecto a aquel,  del todo insuficientes. Pero el lado positivo de esta situación  ya quedo explicado más arriba. Y es también lo que justamente nos lleva a no   confundir conocimiento con intelección.

    Naturalmente que estos datos tan nimios no nos proporciona conocimiento pero sí que  para alcanzarlo esta  intelección es humanamente del todo imprescindible. Plasmase esta lectura como clave para leer  el artículo  que hoy abre el Portal con el título “Por una ética de la subversión ¿Qué queda por la opción por los pobres? Y se verá que en la historia se ha estado haciendo lo contrario: una vez arriba no es posible bajar a ras de suelo.

    Bueno, lo que decía, vamos pues con el amigo agnóstico del que habla Jorge. Reconozco que es un poco complicado meterme en esto berengenales   pero en fin, su  lectura  es opcional.

    Partamos, pues,  de   aquellas “pistas e indicios” que  la filosofía para sus efectos las convierte en  “notas” siendo  estas notas  el elemento básico del cual se parte en cualquier pensamiento especulativo,    así como  para un biólogo el elemento básico para sus ensayos  es la célula.

    La nota cumple una función meramente notificante, es decir algo que sólo se hace notar sin que este notar lleve conocimiento alguno, es decir no es “gnosis” sino “nota”, impresión. Pero una impresión  que no nos cierra a señal alguna  como en el caso de los animales, por ejemplo,  sino que nos abre y nos conecta   con la realidad, momento en el cual nuestro logos, nuestro decir “expresa” lo dado en esta  compactada y primigenia “impresión” lo interno sale fuera y así distanciadamente lo así expresado, la razón al fin  lo comprende dándole forma real, lo real en este proceso cognitivo  no se ha perdido en absoluto, persiste desde los inicios, no hay  pues verdad ficticia en ello, sino verdad real. Y esto es la razón de ser de la trascendencia, lo otro sería hablar de “lo” trascendente, hablar  del más allá, pero no  es mi caso.

  • Jorge

    El discurso que emplea Isidoro y Santiago con “las pistas” se aleja del mío. En cierta ocasión un agnóstico decía que si se viese en la otra vida con Dios le diría que las pistas de su existencia fueron muy insuficientes y yo estoy de acuerdo. En mi opinión nada hay en nosotros que nos capacite para acceder a la trascendencia. Para mí, no hay ninguna pista que nos permita afirmar que tenemos un ser ni tampoco un “algo” instalado en lo profundo de nuestros circuitos neuronales, como alma o espíritu, que nos relacione con la divinidad. Y menos aún puedo asumir el mito platónico de la anamnesis, el recuerdo del Mundo de las Ideas, del que procederían nuestras almas divinas caídas en el mundo de la materia. Y sacralizar la Naturaleza o la Realidad me parece improcedente desde una mentalidad científica como la mía y la tuya Isidoro.

    Que Dios juegue con nosotros al ocultamiento, dándonos pistas tenues o sutiles, o mensajes encriptados que tenemos que descifrar dispersas por la historia y culturas de los pueblos, y que las razones aducidas, para este juego de Dios de tan trágicas consecuencias, sea el respeto a nuestra libertad me parece no solo pueril, sino sobre todo que la imagen de Dios que podemos deducir de este incomprensible proceder es la de un Dios caprichoso que se divierte viendo cómo las personas supuestamente inteligentes salen del atolladero en el que han sido colocadas, ¡por él!

     
    El único plan que reconozco en Dios y que puedo justificar es el de la Plenitud Humana. Y este plan no es un juego de ocultamiento por parte de Dios, pues no apunta a descifrar la Transcendencia, ni nada del ámbito divino, sino sólo lo que se refiere al ámbito humano que sí nos pertenece. El empeñarnos en descifrar lo que sea del ámbito divino es caer en la tentación de Luzbel de “ser como Dios”. ¿Cómo sabes Santiago que Dios nos dio la libertad? ¿Hay revelación de lo divino en Jesús o más bien de la Plenitud de lo humano? Y para descifrar la Realidad Física en la que estamos incluidos, de nada me sirve ni me da conocimiento alguno, meter en ella a Dios, como su Creador, como diseñador o arquitecto del mundo, o el dedo de Dios o cualquier intervención divina,… cuando no acierto a explicar lo que tenemos  aquí en nuestro mundo, los procesos que ocurren, los hechos que suceden,… Si realmente fuesen obra de Dios, el conocimiento escapa a mis posibilidades y a las de cualquiera, y sólo sería accesible por “revelación” divina. Mi Dios no es explicación de nada.

  • M.Luisa

    Hay aclaraciones que en mi opinión  complican aún más si cabe cualquier cuestión. Por ejemplo decir que  “Dios nos ha “facilitado” los elementos necesarios y “unas pistas o indicios, que con nuestra inteligencia y trabajo y esfuerzo, poder deducir dicha realidad” son proposiciones hechas, si acaso, a posteriori, es decir, resbalando  por encima de la experiencia. Lo prueba  la propia frase en su parte final: “poder deducir dicha realidad”.
    A mi modo de ver hay que tratar la cuestión a la inversa ¿Por qué deducir la realidad  de modo meramente inteligente  al igual de como hacemos en lógica la suma de 2+2 son cuatro?    Si antes como dice el propio Santiago,  en términos teológicos, tenemos el fenómeno dado en Jesús,  ¿no es él quien deja  al cristiano   instalado en la realidad misma?   entonces si ya se está en la realidad, en ella, pues,  estarán   dadas las pistas y los indicios ¿No fue esta la obra del galileo?

    No es cuestión de esperar tales pistas e indicios fuera de donde tenemos la posibilidad ya de inteleccionar con ellos,  es decir sería un error ponernos a esperar esos indicios  de modo gracioso y sobrenatural,(dejemos esa cuestión, si acaso, para el final) Por lo contrario, es una necesidad que se nos impone precisamente  por la propia fuerza de la realidad  en la que ya se está,  puesto que al enfrentarnos con ella  estriamos también  por necesidad lo real de las cosas con lo cual los humanos construimos nuestro mundo (lo cósmico pasa a ser Mundo). Este planteamiento coloca a la inversa los elementos tan fiables dados en aquella proposición.

    Es la realidad que al estar en ella nos obliga a  profundizar  en estas pistas e indicios ya dados   a nivel de experiencia.

    Si nos quedásemos simplemente en lo cósmico de las  cosas, en la superficie de ellas  y no profundizásemos en su realidad sentida,   sí que entonces   cabría asumir el planteamiento   tal como lo expuso Santiago en la frase  que me ha servido de reflexión y  en ese sentido hablar de lo trascendente y no  de la trascendencia misma.

  • Isidoro García

    Santiago: En tu contestación a Jorge, dices: “De acuerdo, Jorge, Jesús no nos vino a explicar en que consiste el misterio de la divinidad…sino que El mismo, su misma PERSONA ES …Por lo tanto, El mismo es la Revelación…”

    Yo creo que Jesús sí que explicó, los misterios de la “divinidad”, hablando constantemente de la existencia del “Padre”, y de su relación con Él, y de su nombramiento como intermediario en la comunicación con Él, y de su designación como Mesías, el “Cristo”, para encabezar la humanidad.

    Jesús, según las narraciones evangélicas, tuvo muchos contactos con él o con sus mensajeros, y es bastante razonable, en alguien que se postula al puesto de Mesías, a no ser que fuera un trastornado. Eso aun ignorando, (no sé muy bien el porqué, la escena de la Transfiguración, y la de la aparición angélica del Monte de los Olivos).

    Pero eso fue en vida. En las apariciones postmortem, según apócrifos como el de Tomás, da muchos detalles del Mundo espiritual y de sus relaciones con el “Padre”.

    Es verdad que son retazos, indicios, detalles sueltos, que hay que integrar en un “relato” coherente, y que hay que comprender el modelo- hipótesis sobre la “divinidad”, para entenderlos y dar sentido a todos esos indicios. Por eso a Jesús se le dice el Logos = el que trae el sentido.

    El mensaje del cristianismo se compone de dos partes fundamentales, ambas complementarias, y que no se pueden separar.

    El primer mensaje, diríamos que es el exotérico, el de aquí abajo, y es el de que estamos en un proceso de creación del “Reino de Dios”, de evolución y metamorfosis de la humanidad = la especie humana, hacia una especie mejor, más inteligente y desarrollada, y por eso, más justa y solidaria entre sus miembros.

    Este mensaje, ha sido casi “nuevo”, durante cerca de dos mil años. Y digo casi, porque las llamadas a la solidaridad y a la empatía interhumana, no han sido exclusivas del cristianismo, Ni fue el primero, ni muchos menos el único que lo dijo. Con variantes, muchas éticas como la misma judía, la budista, la estoica y epicúrea, y muchas más lo proclamaban antes y después de Jesús.

    Hoy día, ese primer mensaje, ya ha calado en la humanidad, (la teoría), y no hace falta ser cristiano para defender el valor de la justicia la solidaridad, hay mucha gente justa y solidaria, (o que tiene esos valores), en el laicismo.

    Ni tan siquiera el cristianismo es necesario hoy día, para comprendernos en medio de un proceso evolutivo en el que nos jugamos mucho, porque la Ciencia ya nos lo ha demostrado fehacientemente.

    El segundo mensaje, que este diríamos que es el esotérico”, y es exclusivo de las religiones, y más concretamente el del cristianismo, es el explicar nuestra situación en el Cosmos, nuestras relaciones con “lo de fuera”, llamémoslo “Dios” o llamémoslo como queramos.

    Y esa segunda parte del mensaje hoy día, es la única razón y sentido para ser cristiano. Porque para ser justo y solidario, y creer en la importancia de nuestro proceso histórico, yo no necesito para nada ser cristiano.

    Los valores asumidos por la sociedad moderna, (otra cosa es que discrepemos políticamente en los detalles de aplicación y concreción), y la información del proceso evolutivo nos la da perfectamente la ciencia moderna.

    Ni siquiera el cristianismo tiene la exclusiva en el deseo de mucha gente de autoperfeccionarse personalmente, de conocer la realidad lo mejor posible, de sanearse psicológicamente de sus defectillos, en resumen de “ampliarse” la conciencia y autorrealizarse y madurar como personas.

    Y no solamente el cristianismo no tiene la exclusiva de eso, sino que las instituciones laicas, (psicólogos, instituciones docentes, grupos Nueva Era, etc.), lo hacen mucho mejor que las cristianas, que en ese aspecto han quedado fosilizadas en una rutina ritualista y “sacramentalizada”, insuficiente y que dice muy poco a muchas personas.

    Total, que si se le quita ese segundo componente “cósmico” al cristianismo, por mor de una “desmitificación” desaforada, estás matando al enfermo en la operación. (El secreto de una buena desmitificación es que no se te quede el paciente en el quirófano).

    Yo sinceramente, no comprendo el interés en seguir denominándose cristiano, solo para seguir unas normas y una conducta que cualquier persona no creyente sigue igual o mejor. Si quieres colaborar en la difusión de esas ideas, te apuntas a un partido político o un sindicato o lo que sea.

    La religión es otra cosa, y a nadie le obligan a creer. Es como ser socio del Madrid o del Barça y no sentir los colores: absurdo. Solo se explica por atavismos de la infancia y cosas de esas.

    De todas formas conciliar nuestra razón consciente, con los contenidos de nuestra mente inconsciente, es algo que justo en eso consiste nuestra tarea de maduración e individuación junguiana. Y por eso las contradicciones no resueltas, son lo común en todos, y la labor cotidiana de vivir buscando.

    La misión del cerebro no es descubrir la verdad, sino crear coherencia entre hechos y creencias. Y eso lo hace por lo civil o por lo militar. O sea si consigue conciliar los opuestos y contradicciones ha dado un paso más hacia la sabiduría. Pero si no lo consigue, por las buenas, lo hace mediante el pequeño delirio psicótico y la disonancia cognitiva: es la espada de Damocles que nos amenaza a todos a todas horas en nuestra búsqueda.

  • Santiago

    Isidoro, aclarando tu comentario, Dios nos da suficiente gracia para que le podamos escoger a El libremente…Por supuesto, no puede ser 2 mas 2, 4, así de claro, Dios no es una fórmula matemática….Entonces, sobraría el mérito…nuestra cooperación en libertad sería mínima…Y suscribo lo que dices de que “Dios nos ha facilitado” los elementos necesarios y “unas pistas o indicios, que con nuestra inteligencia y trabajo y esfuerzo, poder deducir dicha realidad”…Las dos cosas: cooperación divina y humana…Dios nos da la libertad para que podamos cooperar a su obra y al mismo tiempo nos ayuda a encontrar la realidad que es Dios mismo..ya que nuestra última felicidad es El mismo y no podremos encontrar esta felicidad plena y total fuera de El…Es  la interacción  de nuestro material genético, como dices, con lo que ha sido “revelado” a nosotros en la historia y la infusión del mismo Espíritu de Dios en nuestra misma naturaleza la que nos hace personas semejantes a Dios…Es la gracia de El la que actúa constantemente en “el querer y en el obrar” en nuestra libertad, para que libremente podamos caminar hacia el amor del Padre manifestado en el mundo a través del Hijo..

    Es Jesús el verdadero misterio fenomenológico del cristianismo..Es por nuestra propia experiencia personal y porque somos fundamentalmente personas por lo que podemos acceder a la Trascendencia de Jesús…La persona es lo que abarca, lo que es diferente, mayor que lo simplemente biológico…Nuestra naturaleza humana se encuentra enclavada en una persona que puede trascender el mero espacio y me abre a la infinitud…Por eso Jesús en el modelo perfecto para nosotros…ya que en El se encuentran todos los “tesoros de la sabiduría y de la gracia”.

    Un saludo cordial  Santiago Hernández

  • Santiago

    De acuerdo, Jorge, Jesús no nos vino a explicar en que consiste el misterio de la divinidad…sino que El mismo, su misma PERSONA ES …Por lo tanto, El mismo es la Revelación…Es por eso que Jesús siempre pedía un acto de FE en los que acudían o se encontraban con EL…Al ciego de nacimiento le interpela: “¿Tú crees en el Hijo del hombre?”- El (ciego) respondió con otra pregunta-¨”¿Quién es, Señor, para que crea en El”..Entonces Jesús revelándose le dijo: “Le estás viendo y es el que habla contigo. Dijo él: Creo, Señor, y le adoró” (Juan 9, 35-38)…y a la mujer samaritana le dice Jesús “Créeme a Mi, mujer”….Respóndele la mujer: “Se que viene el Mesías, el llamado Cristo. Cuando El venga nos dirá todas las cosas”…Jesús le dice: “Yo soy, el que hablo contigo” (Juan 5, 21-26)…Y a los apóstoles le dice una y otra vez “Soy yo, no tengáis miedo” “Yo he vencido al mundo”….Por tanto, los “planes y objetivos” de Jesús consistieron en darnos a conocer que el amor SI existe…. y que está presente desde la Creación del mundo…y que El era la revelación de ese amor invisible del Padre hacia todos nosotros…Somos, pues, nosotros los que tenemos que buscar ese amor que incesantemente buscamos y  que se encuentra escondido dentro de nosotros pero manifestado visiblemente en Jesús mismo, y revelado en la Historia… Ese fué el propósito fundamental de la venida de Cristo a este mundo.

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • M.Luisa

    Pues, aclárate un poquillo más Isidoro, porque no me parece que sea posible ni coherente   compaginar   la creencia en la verdad que dices  contienen las citadas proposiciones teológicas con la creencia en esta hipotética implicación filosófica en defensa de nuevos universos.  Porque de ser esto posible no sería sino dado con esa misma inteligencia  a la que, al parecer, coincidimos ambos en designarla como producto  de la evolución cósmica.
    En cambio, bastaría  con tener buena imaginación  para  creer tanto en aquellas verdades teológicas (nucleo de mi anterior reflexión)  como para creer en esa simple anécdota que dices  del  extraterrestre verde con antenas en la cabeza

  • Isidoro García

    Añadido:

    La sacralidad del Universo, que es una sacralidad sobrevenida en su maravilloso despliegue evolutivo, mediante unas leyes creadas por “Algo o alguien”, (¿o quizás autocreadas? – yo lo dudo), tiene una cumbre que sobresale y es el conjunto de la Inteligencia surgida del mismo.

    Nosotros somos el nivel más bajo, (como muy bien apunta Pepe, = Inteligencia.1), y se ha puesto la raya, por debajo de nosotros, (pero podrían haberla puesto por encima, y habríamos quedado como los mejores animales, puesto que ahora lo ocupan los neandertales).

    Ese estatus superior, intuyo yo, que es la realidad que se esconde detrás del símbolo de la gran “Redención” de la Humanidad, que nuestro Jefe y representante, consiguió para nosotros en una hipotética negociación con las otras Inteligencias, del Plan Cósmico para la Humanidad.

    Porque todo apunta a que hay en el Universo muchos más altos niveles de Inteligencia.

    Y por eso no es tan descabellados pensar que quizás el “Dios” de las religiones, y sus mensajeros, no sean más que esos hitos elevados de “Inteligencia” de nuestro común Universo sacral.

     

    Cabe la posibilidad de que todo esto no sean más que especulaciones, y estemos solos o al menos abandonados en medio del inmenso Universo.

    Pero sea cierto este “relato”, (u otro parecido), o no, para mí es consolador, que todos los descubrimientos de la ciencia astronómica, y del comportamiento de las conciencias inteligentes desarrolladas, apuntan cada vez más a que pudiera ser así. Hay una coherencia en el relato que es muy sugerente para mí.

  • Isidoro García

    Claro es que la inteligencia humana es una emergencia de la evolución, y que el conocimiento de la realidad, hay que hacerla desde ahí, desde el suelo de nuestra realidad humana.
      Pero eso no excluye, (nuevamente las cosas no son esto o lo otro, sino pueden ser esto y lo otro), el que si como parece que es cada vez más notorio, no estamos solos en el universo, hayamos tenido hipotéticamente alguna “ayudita” en nuestro duro proceso civilizador y autoevolucionario.
           El hilo del último artículo de Boff, tiene unas implicaciones filosóficas mucho más importantes, que la simple anécdota del extraterrestre verde con antenas en la cabeza. Hasta ahora se consideraba que el hombre estaba solo, o que nada menos que el incognoscible “Dios” en persona, interactuaba con él.
         Pero esta dialéctica de contrarios, (una más que hay que disolver en el camino de la sabiduría), entre horizontalistas y verticalistas, se está derrumbando ante la comprobación de la inmensa maravilla, (todavía incomprensible en muchos extremos para nosotros), que constituye nuestro universo.
    Esta maravilla que es el Universo, está dando lugar a una tercera vía, la vía “sacral”, que defiende Stuatr Kauffman, el biólogo teórico, que con su emergencia evolutiva, ha hecho una enmienda mejorativa al darwinismo clásico, otorgándole un determinismo a la evolución, hasta ahora, meramente aleatoria. Ver el artículo de Javier Montserrat http://www.tendencias21.net/Mas-alla-del-reduccionismo-Stuart-Kauffman-reinventa-la-sacralidad_a1893.html
       Dice Kauffman:
           “Dios es el símbolo más poderoso que hemos creado. ¿Debemos seguir usando la palabra Dios? Depende de nuestra elección. La mía es un tentativo Sí. Quisiera que Dios significara la vasta e incesante creatividad del único universo que conocemos, el nuestro.
            ¿Qué ganamos usando la palabra Dios? Considero que mucho, pues esta palabra lleva consigo temor y reverencia. Si podemos transferir este temor y reverencia, no al trascendente Dios de Abraham de mi tribu israelita desde tiempo inmemorial, sino a la imponente realidad ante la que nos hallamos, entonces ganaremos acceso a una renovada espiritualidad, y temor, reverencia y responsabilidad para todo lo viviente y para nuestro planeta”. 
        Sacralizando el Universo, nos sacralizamos nosotros, y esa “espiritualidad, temor, reverencia y responsabilidad”, que nos ganamos, nos son imprescindibles, para llevar a buen puerto el difícil proceso evolutivo en el que estamos embarcados.
       Y esta “sacralidad” del Universo, no es panteísmo, pues no excluye el “deísmo” del hipotético e incognoscible “Dios” creador del Universo. Y por otra parte permite colocar el “teísmo”, dentro del mismo Universo, a través de las muchas inteligencias autoevolucionadas en él.
        Por eso yo por eso no me considero verticalista, sino “inclinadista”. O sea que mi mirada no se dirige hacia un azimut de 90º, la vertical, (al “Dios” absoluto), sino hacia una altura de unos 30º, (hacia las inteligencias vecinas del Universo). Decía Sherlock Holmes: «Nuestras ideas deben ser tan amplias como la naturaleza, si aspiran a interpretarla».
        Y la naturaleza, poco a poco, según vamos conociéndola, se va ampliando sucesivamente. Y eso necesariamente tiene que influir en nuestras ideas.
          Por eso ahora va penetrando poco a poco, la idea de que quizás pueda haber una tercera alternativa. Y es que quizás podamos haber tenido cierta ayudita” de nuestros vecinos inteligentes. ¿En qué podría haber consistido esa ayudita?. En ayudarnos a buscar por nuestra cuenta facilitando de alguna manera, aquello que tenemos que buscar. Solo se ve lo que buscamos.
     O por lo menos es mucho más fácil encontrar lo que sabemos que existe. Esa es la clave de la rápida difusión de los inventos e ideas y las transferencias culturales.
          Pero se dirá, ¿y por qué meter a terceros, cuando no es absolutamente seguro que existan o intervengan?. Porque existen toda una serie de indicios e intuiciones, que quizás apuntan hacia ahí. Pero no es más que una hipótesis de trabajo, que al final se confirmará o no.
     
        ¿Cuáles son esos indicios?. Pues además de una fenomenología paranormal, (que en principio suele ser poco creíble, a excepción de la persona a la que le ha sucedido personalmente), existe toda una psicología de lo profundo y transpersonal, que cada vez más apunta hacia un misterio que deberemos resolver.

  • M.Luisa

    Me propongo esta mañana,  reflexionar sobre la verdad que se dice contiene  esta frase tan contundente  del comentario de ayer de  Santiago y señalizada por Isidoro.

    Dios nos ha creado libres…Nos da la gracia para que en libertad le podamos escoger a El libremente…”.

    Qué verdad se busca cuando se dice haberla encontrado tras esta  construcción discursiva de  Dios e independientemente de la  experiencia de su realidad?  Desde luego  la verdad  dada en cada una de estas afirmaciones, sobre la creación, sobre la gracia y sobre la libertad, ni por asomo tienen que ver con la verdad real y primaria que nos está dada en la experiencia originaria y que los humanos podemos tener  de la  realidad de Dios, sino  meramente lo que se busca en estas afirmaciones es la verdad de razón, es decir, de la “razón pura”  y por tanto  el contexto en torno al cual hay que situar a quienes con ella se conforman en tales conceptuaciones   es todavía de contexto  ideológico.

    Si la fenomenología ha tenido en la historia una cierta utilidad ha sido precisamente para corregir de algún modo los excesos en el contenido tanto del racionalismo como del idealismo.

    Hay una inadecuación formal entre nuestra  experiencia inmediata de cualquier realidad y sus descripciones  explicativas que es lo que, en cuanto a  realidad de las cosas, el fenomenólogo  pone entre paréntesis. De ahí que, para cubrir ese vacío  fenomenológico, ya en el tránsito de los siglos XIX y XX se recayó otra vez  en el  dominio que de la realidad tiene la conciencia, por eso recobró tanta vigencia en esta época las ciencias del espíritu  pero sobre todo también  la psicología racional,   con lo cual de nuevo,   otra vez,  se volvió a caer en el  idealismo en el cual  seguimos todavía  a tenor de la verdad  que se cree extraer de las  afirmaciones teológicas sacadas a colación.

    Isidoro, aunque   intenta interpretar esa verdad desde otro punto de vista no por ello deja de ser también, desde mi modesta opinión,  una concepción completamente verticalista  de Dios.

    ¿Por qué?  porque en lugar de ver  la inteligencia como  una emergencia de la misma evolución (horizontalidad) la considera como un instrumento   facilitado por Dios  y por tanto es una concepción  que no va más allá de la que Aristóteles tenía en la concepción del alma que no era sino una sustancia añadida, naturalmente por Dios.

    Que perdure aún esta concepción de algún modo tiene que ver con lo dicho anteriormente  y es que  la sola vuelta a las ciencias del espíritu no fue suficiente para corregir el método fenomenológico, hacía falta además incorporar los hallazgos de las ciencias de la naturaleza sobre todo las biológicas.

    No me extiendo más porque de ahí se puede deducir  que si la inteligencia es una emergencia de la propia evolución,  el acceso a la verdad  está ya dada en la horizontalidad de la existencia, es decir,  en la realidad intramundana.

  • Isidoro García

    El amigo Santiago nos dice que “Dios nos ha creado libres…Nos da la gracia para que en libertad le podamos escoger a El libremente…”. Y esa, creo yo, es una verdad, pero interpretable y que hay que entender bien.

    Tal como la expresas, como es moneda común de la teología clásica, “Dios” nos facilitaría todos los elementos para conocer la verdad, y estaría en nuestra voluntad el asumirla o no. Dios nos habría hecho ver que 2 + 2 = 4. Y ahora nosotros, en nuestra libertad, nos lo creemos o no.

    Yo lo interpreto, como que “Dios” nos ha facilitado unos instrumentos, y unas pistas o indicios, que con nuestra inteligencia y trabajo y esfuerzo, poder deducir dicha realidad.

    Habría sido una forma de ayudarnos y al mismo tiempo respetar nuestra autonomía de especie inteligente. Nosotros, con la interpretación de las pistas adecuadas y nuestro trabajo, tenemos que deducir que 2 + 2 = 4.

    Los planteamientos son muy diferentes. En el primero, la revelación de la verdad es clara, y solo depende de que nosotros queramos aceptarla. (No se me alcanza, la razón por la que una persona inteligente no iba a aceptar que 2 + 2 = 4).

    En el segundo, se nos muestra un respeto a nuestra capacidad y solo se nos ayuda indirectamente a descubrir la realidad por nosotros mismos, como hace un maestro con el alumno.

    Cada vez creo más, que dentro del “relato” de que la “Trascendencia”, respeta absolutamente nuestro proceso evolutivo personal y de especie, y que para ello, solo nos estimula y nos ha puesto pistas, lo ha hecho mediante tres instrumentos acumulativos.

    El primero, (es una hipótesis personal), mediante la implantación en nuestro genético y heredado, equipamiento mental innato, de uno o varios circuitos neuronales cognitivos, “arquetipos” integrantes del conjunto de nuestro Inconsciente Colectivo junguiano, sepultados en lo profundidad de nuestra mente inconsciente, con los contenidos de la Realidad que necesitamos conocer, y que resuenan y se activan en nuestro interior, en función de que voluntariamente, (meditación, autoreflexión, u otras técnicas psicológicas), o involuntariamente, (pequeños episodios psicóticos  o experiencias-cumbre, o mediante la cotidiana proyección de intuiciones), nos iluminan en nuestro esfuerzo por conocer la realidad.

    Constituirían la concrección tangible y “material”, del tan nombrado “maestro interior”, o sí mismo, o atman hindú, o chispa divina, o “espíritu”, o el Cristo interior, o el daimon socrático, etc. Sería  ese conocimiento que ya tenemos, pero que hemos “olvidado”, y que recuperamos mediante algo parecido a la anamnesis de Platón, (la capacidad del alma para recordar los conocimientos que ésta olvida al entrar a un nuevo cuerpo, explica este).

    Esta primera ayuda-instrumento, es la que utilizan fundamentalmente las filosofías y religiones orientales, mientras que en Occidente, la hemos dejado muy abandonada, y sólo recientemente la psicología humanista y transpersonal de Maslow en adelante, la está normalizando y poniendo de relieve cultural y “científicamente”.

    La segunda ayuda-instrumento, la constituye el fenómeno revelatorio directo de la “Trascendencia” o de sus “mensajeros” materiales. Constituye una intervención muy discreta y muy confusa, de los mismos en la historia humana.

    En este segundo contexto, la hipotética revelación “icónica”, no sólo no es un reduccionismo, sino que es una ampliación al fenómeno de la “revelación”. Una cosa es el texto, (muchas veces confuso, equívoco y contradictorio, fruto de las incrustaciones espurias del “profeta” y de los escribanos), y otra el contexto, que también da mucha información, a veces más que el texto.

    La existencia real de la “revelación”, constituye los cimientos, sobre la que basan las religiones reveladas, y concretamente el cristianismo. Pero es más un “proceso”, una acción revelatoria, que una enseñanza cognitiva clara. A veces el contexto es tan ilustrador o más que el propio texto.

    Un ejemplo. Podemos encontrar un códice antiguo en un lenguaje desconocido y extraño, enterrado en una tumba. Cognitivamente no nos hemos enterado de nada de su contenido, pero el hecho de que alguien se haya preocupado en guardarlo allí, e investigando, en el papel, la tinta, los posibles dibujos, el tipo de letra, etc. obtenemos mucha información del contexto.

    La revelación es mucho más compleja, de lo que muchos han querido hacer creer, reduciéndola a un simple problema de fe o no fe. La revelación es un esfuerzo interpretativo, un reto a lo Sherlock Holmes, en la que hay que utilizar todos los trucos de un buen detective o investigador: inteligencia, esfuerzo, imaginación y valentía. Es labor de sabuesos, no de obedientes seguidistas: hay que tirarse al barro, y estar dispuesto a ser tachado de todo.

    La tercera ayuda-instrumento que nos ha sido dado, es el Mundo Espiritual, (llamado también Cristo, y/o Espíritu Santo en el  cristianismo), que es un sistema de interacción personal, con cada uno de nosotros, (especialmente si lo “enciendes” = “turn on”), y que especialmente es un sistema de ayuda emocional para animar en nuestra difícil búsqueda del conocimiento de la realidad, que es la línea-eje, de la construcción del Reino de Dios.

    Con todo este equipaje, tenemos que tirar para adelante. Es verdad que esa exhaustiva investigación personal, solo está al alcance de los profesionales, (o los jubilados), con el tiempo y el interés suficiente para esa labor, y que deben descubrir esa realidad, para difundirla a los demás, ocupados en sus tareas laborales y familiares, o sea en poner cada uno sus ladrillitos en la construcción del Reino.

  • Jorge

    Creo como tú Santiago que todo el conocimiento, y no solo éste sino también la ética, la belleza, el amor, el bien, la felicidad, la abundancia,….. y también la verdad, convergerá en la Plenitud Humana. Pero el problema es que aún no la hemos alcanzado. No podemos instalarnos en ella para decidir con exactitud qué es lo que está en línea con ella y que no. Es verdad que tenemos un guía, Jesús de Nazaret, pero ninguno de nosotros puede alcanzarle. No somos Jesús, ni tampoco otros Cristos como decía Pablo de Tarso, sólo estamos en camino, en su dirección siguiéndole o tratando de seguirle. No es suficiente dar un listado de valores éticos máximos, porque en lo que siempre nos equivocamos es en concretarlos en una praxis. Y en cuanto al conocimiento estamos en una situación peor, puesto que Jesús no se ocupó de cómo son las cosas, ni de explicarnos el mundo y nuestro entorno, ni fue maestro de Filosofía o de Teología, no fundó una escuela de pensamiento. No se ocupó de ello pues no formaba parte de sus planes y objetivos, y creo que tampoco podía hacerlo pues su conocimiento no era diferente al de su contexto histórico. Esto lo tendremos que hacer nosotros, paso a paso mediante ensayo-error.

  • Jorge

    Isidoro, sobre la lección que das al final suscribo los 3 puntos y el resumen final. También estoy de acuerdo en que hay que revisar la gracia y los sacramentos en función del Reino.

    Sobre la resurrección de Jesús extraes dos componentes didácticos cognitivos. Uno el impulso que da la resurrección para la propagación de las enseñanzas de Jesús. Esto para mí también está muy claro. Pero en la segunda pongo cuidado. Es verdad que la Universidad de la Vida es mejor que las palabras, pues en ella interviene tanto la inteligencia racional como la emocional. Pero ¿revelación icónica o simbólica de la vida de Jesús? Bueno, depende del significado de estos términos, y si se pone cuidado de no reducir a Jesús a un icono o un símbolo, pues podría proponerse como se hace con el “Che” para los revolucionarios.

    Sobre la actuación de Dios o de la Trascendencia en la vida y muerte de Jesús, mi opinión es que no hubo ninguna, lo que actúa en él constitutivamente es la plenitud humana. Y desde la Plenitud futura (no desde la trascendencia), los humanos de ella tampoco intervienen, pues conocen la vida de Jesús y su destino final que él mismo asumió, y por tanto resulta contradictoria cambiarla evitando su muerte en cruz. Que el hombre Jesús de Nazaret conociera su destino final, pues opino que en realidad no es conocimiento sino previsión de que algún día los poderosos lo capturarán y le darán muerte, como la tienen tantos otros que empeñan su vida por defender la justicia de los excluidos. Lo preveía y lo tenía presente y así les previno a sus seguidores anunciándoselo reiteradamente.

     
    Dios no interviene en ningún momento de la vida de Jesús. Sólo en el momento de la resurrección-encarnación, (que es única porque tampoco es comparable o semejante a la común de todos), Dios irrumpe en nuestro mundo. Es el punto de unión, exclusivamente en Jesús, de Dios-Hombre. Punto de confluencia entre lo divino y lo humano, por el cual Jesús el hombre tiene constitutivamente la Plenitud, y convergen en él lo divino y lo humano en exclusividad. Todos los demás, sin excluir a nadie, estamos en camino hacia la Plenitud, y solo cuando la alcancemos seremos espiritualizados y divinizados. Seremos divinos, lo humano convergerá con lo divino, pero aún no. En Jesús convergen desde el principio.

  • Santiago

    LEO con interés, Isidoro, tu último comentario y la formulación de tus hipótesis y tu respuestas a éstas…No hay duda que las llamadas “misteriosas” palabras de Jesús en su supuesto “abandono de Dios” han suscitado innumerables interpretaciones exegéticas y comentarios a través de los siglos…Pero no puede interpretarse el Nuevo Testamento sin contar con el Antiguo Testamento pues la exégesis moderna descubre que el AT se vierte fundamentalmente en el NT puesto que Jesús de Nazaret es “la piedra angular” y es la promesa del Mesías hecha realidad…Por eso, el grito de Jesús “Eloí, Eloí lama sabakhthani, que, que traducido es: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado” (Marcos 15:34)….. para los que los transeúntes romanos y para los curiosos judíos y extranjeros no practicantes de la Ley judía, fue mal interpretado como algo personal…Sin embargo, este grito de Jesús no era en realidad el ordinario grito de “abandono” de nosotros…Jesús estaba recitando las palabras de comienzo del Salmo Mesiánico 22 porque el era ESA realidad presente en la Cruz…Por tanto, Jesús toma en si mismo toda tribulación humana, no solamente la de Israel, pero todas las penas y angustias de los que sufren el aparente silencio de Dios en sus vidas..Jesús en este grito trae este íntimo  grito de sufrimiento de la ausencia de Dios ante el corazón de su mismo Padre. SE identifica, pues, con el sufrimiento de Israel con todos los que sufren la oscuridad divina tomando nuestra angustia y nuestro dolor, nuestra humana impotencia, sobre si mismo para transformarlo…en bien… Sufriendo por y con nosotros en solidaridad total y por amor, nos redime en la victoria final del amor…en el triunfo de la Resurrección..

    Por otro lado, desde la FE, Dios ha creado en SU libertad, y nos ha creado libres…Nos da la gracia para que en libertad le podamos escoger a El libremente…Su providencia y su inmanencia se centran principalmente en  nuestra Creación libre y en el fundamento y sostenimiento de nuestro ser existencial…Por eso, su providencia e inmanencia es perenne y su intervención constante pero somos libres por naturaleza para escoger el bien…o decidir en contra de el…Nuestra cooperanción es necesaria…No podemos entender y abarcar totalmente esta manera de hacer de la divinidad ya que no poseemos esta naturaleza en nosotros mismos…Nosotros juzgamos los acontecimientos con mirada temporal, del tiempo que pasa y desaparece sin retorno, en tanto que Dios los considera desde su eternidaad…y ante el panorama completo de todos los siglos…

    Un abrazo   Santiago Hernández  

  • Santiago

    Muy interesante tus palabras en tu comentario al mío, Jorge…NO hay duda que tenemos que presentar la FE de una manera diferente a como se presentaba en el pasado, a un mundo como el moderno donde la información ha “explotado”, donde a una teoría sigue la otra, donde la Ciencia ha avanzado enormemente, donde es necesario probar todo, donde la tergiversación de la verdad es común y donde cada vez la relativismo moral avanza como una forma de vida…En una Europa, que fue baluarte del cristianismo y ahora cada vez mas escéptica y materialista, donde el hedonismo es lo que impera…Ante un mundo, donde en muchas partes, la vida vale muy poco, donde el crimen es la norma, un mundo amenazado por el terrorismo mas despiadado, no sólo mostrando visible cómo se decapita a un ser humano, sino con un ejército programado de “niños-jóvenes” suicidas, que muchos consideran héroes aunque esto provoquen un sinnúmero de muertes, y creyendo falsamente que ésto es un martirio digno de su entrada en el Paraíso..Un mundo de narco-droga que embota los sentidos y descalabra al ser humano reduciéndolo y degradándolo a la esclavitud mas letal y a la desesperación mas espantosa…y muchas veces con un final totalmente degraciado

    ¿Cómo hablarle a ese mundo con formas nuevas de fe? Creo que no es sólo con el esfuerzo de la Ciencia experimental, sino que la tarea se impone a ese mundo “sangrante” a todas la ramas del saber incluyendo la Teología, la Filosofía, la moral, la ciencia social y política, la ciencia económica…Todas tienen un mismo origen y van destinadas a un mismo objeto, y poseen un destino final….como la misma Creación…Somos pues “colaboradores de la verdad”, una verdad que la Ciencia como saber general cada vez nos va descubriendo más y mas…Y claro que SI…muchas cosas que hoy son misterios profundos quedaran desveladas en el futuro….y a tu pregunta final si creo que “proyectando la Ciencia hacia adelante e intuir ciertas explicaciones” NO tenemos porque contradecir las Leyes que hoy conocemos que son las mismas que rigen y regirán el Universo hasta el fin de los tiempos…Y por supuesto para el conocimiento del Cosmos y del ser humano para nada necesitamos la FE…La Fe, pues, no es visión pura sino que es otro tipo de conocimiento que se encuentra por encima de la razón. Sin embargo, la FE no es magia sino que se apoya en la visión del Cosmos y del ser humano ya que lo meramente cósmico y la exclusivamente humano tampoco explica ni el por qué de nuestro origen, ni el por qué estamos aquí, ni hacia donde vamos, ni nuestro destino final. La materia-energía no puede explicarse a si misma por si sola..ya que necesita de algo o alguien que la explique y esta es precisamente la pregunta existencial acuciante..que de alguna manera o en algún momento el ser humano acaba por formular de si en realidad hay un sentido trascendente en la vida y si estos deseos INFINITOS e insaciables que sentimos todos no serán sino la indicación de que, en realidad, estoy en el camino hacia esa otra vida trascendente a la que tiendo constantemente, de manera consciente o inconsciente…Por eso, el conocimiento es ecléctico y no todo “en humano” puede resolverse con el experimento científico, sino que necesitamos del pensamiento filosófico, y de la verdad que ha sido revelada por la Teología…Todo esto pertenece a la Ciencia universal del ser humano….Y todo ésto puede actualizarse “científicamente” en lo humano…

    Por lo demás, los “milagros” de Cristo fueron públicos…y en el siglo I, en vida de Cristo, también hubo muchos que “no creyeron” aunque los presenciaran en toda su realidad…Jesús le dice que son bienaventurados los que creen, sin siquiera haber visto…

    Un saludo cordial Santiago Hernández

     

     

     

     

  • Isidoro García

    En mi búsqueda personal, similar a la de Jorge, de un encaje de los mensajes religiosos “revelados”, estoy siguiendo una larga e interesante serie de posts, en el blog de Antonio Piñero, http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php, sobre las muchas huellas e indicios que han quedado en los evangelios, sobre la naturaleza violenta y militar que iba aparejada a la autoproclamación de Jesús, como Mesías-Rey de Israel, que era un cargo eminentemente político y militar.

    A pesar de los esfuerzos de Marcos, (que fue el primero, y que marcó el camino), cuando compiló y editó interesadamente, los testimonios y recuerdos sobre la vida y dichos de Jesús, en pleno periodo histórico de la larga guerra judía, testimonio dirigido a judíos y paganos que convivían pacíficamente en todo el Imperio romano, y que no hacían aconsejable señalar a Jesús como resistente antirromano.

    Y de ahí se infiere una idea muy inquietante: que Jesús, fue al desastre político y militar, que le llevó al patíbulo, por la no intervención directa divina en su apoyo, con una de tres posiciones:

    1. O sabía perfectamente, de entrada, que no iba a suceder dicha intervención, y así y todo fue al “matadero”, él y sus seguidores,

    2. O no lo sabía al principio, y en un momento dado, al igual que le fue comunicado su elección como Mesías, (nadie se autoproclama Mesías, si no se lo han comunicado, o es un perturbado), también le fue comunicado que no iba a tener apoyo divino, (quizás la noche angustiosa en el Monte de los Olivos), y así y todo siguió adelante,

    3. O no lo supo nunca en vida, y de ahí su último comentario en la Cruz, “¿Por qué me has abandonado…?”.

    Tanto si lo sabía cómo si no lo sabía, lo que está claro, es que en la intervención de “Dios” en la historia, aquí se produce una actitud cuanto menos extraña: se induce a alguien a que se presente a un cargo, contando con que va a tener apoyo divino, y luego, no se le da apoyo alguno.

    Pero eso debería tener una explicación más allá  de que se trata de una broma divina, bastante pesada.

    Algunos dirán que la explicación es muy sencilla: todo no es más que una autoficción humana, y “Dios” no está ahí interviniendo, y la explicación es claramente esa.

    Pero resulta, que en este suceso, al igual que en el inicio, (la ejecución pública), no hay intervención alguna, sí que la hay posteriormente. Se produce una pretendida “Resurrección” del cuerpo muerto de Jesús, que si es más o menos dudosa, se la acompaña de una multitud de “apariciones” aparentes de Jesús, a mucha personas.

    Yo opino, que la creciente creencia en la Resurrección de Jesús, solo se puede producir, si se producen dos factores concatenados:

    1. La resurrección o resucitación real de Jesús,

    2. O la desaparición del cuerpo de Jesús de la tumba, (lo cual puede ser obra divina, o ser simplemente un traslado a otro sitio, realizado por algún o algunos seguidores, secretamente),

    3. Y la subsiguiente aparición pública de Jesús, aparición imaginal o “fantasmal”, o en “Cuerpo espiritual”, a un número grande de seguidores, que pudieran dar testimonio del suceso.

    Por ello parece claro, que algo sí se realizó por parte de la “Trascendencia”. ¿Y por qué se actuó después y no se actuó antes, en los tiempos antes de la ejecución de Jesús?.

    Pues quizás porque la “revelación” del suceso jesusita, tenga dos componentes didácticos cognitivos. Uno, constituido por las enseñanzas verbales que Jesús impartió a sus discípulos para que al final se transmitieran a la posteridad.

    Y el otro componente quizás sea una revelación “icónica”, simbólica, con la “vida” de Jesús. Hay enseñanzas que se aprenden en la Universidad o los libros, u otras se aprenden en lo que ahora se llama “la Universidad de la Vida”. 

    Y estas últimas enseñanzas entran y se interiorizan mejor, si somos capaces de entenderlas y comprenderlas bien, porque se aprenden no solo con la razón, sino con la mente entera, la racional la emocional.

    Pero como constituyen una lección simbólica, hay que descodificarla e interpretarla adecuadamente.

    ¿Cuál es la triple lección que el suceso jesusita, en sus tres actos, nos dio a los humanos?.

    1. Qué el anunciado “Reino de Dios”, que tenemos que construir, hay que hacerlo, asumiendo cada uno el papel que podamos o queramos, sin mirar e tener el éxito garantizado, que muchas veces es azaroso. Jesús asume su papel de Mesías, independientemente de tener o no garantizado el éxito.

    2. El abandono de “Dios”, en esa aventura, (que se visualiza emocionalmente en la angustia del Monte de los Olivos, y en la soledad del patíbulo), esconde una lección clara: “Dios” no nos va a ayudar en nuestro objetivo vital, estamos como dice Bonhoeffer, ante Dios, pero como si Dios no existiera. Toda la teología de la gracia y los sacramentos, hay que revisarla limpiándola de un provindencialismo falso, que tanta desesperación y sensación de abandono, causa a  mucha gente.

    3. La “Resurrección” de Jesús, sea real o solo apariencial, (lo que no deja de ser un detalle secundario), es la tercera lección “revelada”: una fuente de esperanza de futuro para la humanidad. Esperanza de una posterior vida futura, posterior a la muerte terrena.

    En resumen: tenemos que asumir cada uno nuestro papel en la construcción del Reino, a pesar del resultado incierto, y sin esperar ayuda alguna directa de Dios, (otro tema es la ayuda emocional, consoladora en instigadora), y con la esperanza de que sea como sea el resultado obtenido, al final, todo acabará bien, para todos.

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